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La importancia de una cultura científica

30 de julio de 2016

Celia Rosa Fierro Santillán. Ciudad de México, México.
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores de la Cultura Científica.
Vivimos en una sociedad que aprovecha la tecnología, sin embargo, la percepción social sobre la ciencia y el proceso de generación de conocimientos a través del método científico está distorsionada, y poco apegada a la realidad. En México y otros países de Iberoamérica prevalece el pensamiento mágico sobre el pensamiento científico

Junto con la sociedad del conocimiento llego la globalización y el ciudadano común comenzó a utilizar en forma más cotidiana las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC), en un día común, despertamos gracias a una alarma instalada a base de software en el equipo móvil (ipod, tableta, computadora híbrido) o teléfono inteligente (Smartphone) que además de activar el tono o fragmento musical de nuestra preferencia, nos da el pronóstico del clima, el tiempo aproximado que tomará el recorrido de nuestro hogar hasta el trabajo o la escuela.

Hoy nos mantenemos en contacto con amigos y familiares en distintas ciudades o países, en un abrir y cerrar de ojos a través del teléfono inteligente con apoyo de las redes sociales y la red (Internet). Hasta podemos programar la hora para encender y apagar aparatos eléctricos, o manejarlos en forma remota con ayuda del Internet por ejemplo: lavar y secar la ropa en la lavadora, verificar que hace falta en el refrigerador. Nos preparamos café en una cafetera eléctrica, bebemos un jugo preparado en casa gracias a un extractor, calentamos la comida en el microondas.

Nos transportamos en un automóvil o transporte público, vehículos cuyos motores alimentados por diesel, gasolina, energía eléctrica y ahora híbridos, que generan energía mecánica que nos permite desplazarnos en forma más rápida y segura inclusive varias Marcas automotrices Audi, Mazda, Nissan, Volvo, Volkswagen, Mercedes e incluso Google han anunciado para los siguiente años modelos de conducción autónoma, lo que demuestra que vivimos, en una sociedad que aprovecha al máximo la tecnología.

Sin embargo, la percepción social sobre la ciencia, el proceso de generación de conocimientos a través del método científico, y la importancia del trabajo de los científicos está distorsionada, y poco apegada a la realidad. De acuerdo con la Encuesta de la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (ENPECYT) realizada en México en 2013 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 51% de los encuestados (2,789,789 mexicanos mayores de 18 años) piensa que “debido a sus conocimientos, los investigadores científicos tienen un poder que los hace peligrosos” y el 57% “confía más en la religión que en la ciencia”.

En parte esta visión distorsionada de los encuestados es producto de lo que la población en general de México, entiende o ignora y peor aún, lo que imagina que es el trabajo científico. Vemos aquí la importancia de una cultura científica, que parta desde los centros de enseñanza, pero que se extienda más allá de la población docente y escolar hasta penetrar en la toda sociedad en su conjunto.

Desafortunadamente, la cultura popular y las compañías cinematográficas y de entretenimiento muestran a través de caricaturas y películas la imagen del “científico malvado” que busca solo hacer el mal o “dominar el mundo”, incluyendo el caso de dos ratones de laboratorio que cada noche “tratan de conquistar el mundo”; en parte la idea de que “los científicos tienen un poder que los hace peligrosos” está relacionada con esta visión alterada de lo que es un científico.

Claro que hay algunos centros de investigación que se esfuerzan por dar una imagen positiva de los científicos y hacen divulgación a través de conferencias dirigidas a la población en general (La noche de las Estrellas) y eventos como el día de “puertas abiertas” que se realiza en varios de los Institutos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A través de estas actividades se comunica a la población los conceptos e ideas relevantes sobre un tema, se explica el proceso por el cual se llega a ciertas conclusiones a través del método científico, pero sobre todo, se da una convivencia de los investigadores científicos y el público, se motiva a las nuevas generaciones de estudiantes a explorar sus habilidades y eventualmente a descubrir su vocación por la ciencia.

En México y otros países de Iberoamérica prevalece el pensamiento mágico sobre el pensamiento científico, de ahí que un alto porcentaje de la población confíe más en la religión que en la ciencia; y si bien es cierto que parte de la riqueza cultural tiene que ver con los ritos y tradiciones asociadas al pensamiento mágico, muchos de los problemas actuales en temas de salud, vivienda y desarrollo sustentable solo se resolverán satisfactoriamente, si la población en general tiene una adecuada cultura científica que permita tomar mejores decisiones como individuos, como familias, como grupos sociales y como sociedad en conjunto.

¿Cómo desarrollar una cultura científica?

Como muchas otras habilidades y competencias, la única forma es practicándola. Una forma de contrarrestar desde el aula la marcada tendencia errónea hacia el trabajo científico en la sociedad es involucrar a los estudiantes desde los niveles básicos de educación en actividades y proyectos de investigación documental y aplicación del método científico experimental. Cuando los estudiantes se involucran en una investigación documental o experimental, al principio todo les parece confuso pero con paciencia, así como la guía y orientación adecuada todos somos capaces de comprender las partes principales de la investigación:

  1. Observación.
  2. Hipótesis.
  3. Diseñar un experimento. Este debe permitir verificar o desechar la hipótesis. Y en el caso de una investigación puramente documental, solo se cambia el experimento por el análisis y discusión crítica de las diversas fuentes.
  4. Análisis de resultados.
  5. Conclusiones.
  6. Bibliografía.

Practicar el método científico, permitirá que los estudiantes lo hagan parte de su vida, incorporándolo a los procesos cotidianos de su pensamiento. Para finalizar, como siempre el reto para los docentes está en descubrir las interrelaciones y la interdisciplinariedad de los conocimientos de la materia que cada uno imparte con los pasos del método científico.

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