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La motivación hacia la ciencia. Soy Juan José, el ímpetu del cambio. Soy estudiante…

20 de julio de 2017

Dra. Florinda González Villafuerte. Tapachula, Chiapas; México. IBERCIENCIA Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Repensar nuestra labor en las aulas cada determinado tiempo como un ejercicio que nos lleve a cambiar estrategias, modificar actitudes, ser más perceptivas, empáticos, genuinos, con la intención de encontrar eso que encienda la chispita en los alumnos y los atrape en la vía de la sorpresa continua y elijan voluntariamente el camino de la ciencia.

Cuántas veces nos aferramos a nuestras verdades absolutas sin querer ver más allá y un día con sorpresa descubrimos que estamos equivocados y empezamos a explorar, a escuchar al otro que hace lo mismo que yo y ahí empieza el cambio.

En esta entrega quiero hacer mención lo que IBERCIENCIA ha logrado con Juan José, alumno del Área Químico Biólogo de la Escuela Preparatoria Tapachula, a partir de las aportaciones en los contenedores, de las sugerencias de lecturas, de las producciones de los que conformamos esta gran familia de docentes Iberoamericanos, de las invitaciones a foros de discusión y sobre todo como dice Juan José “por el reflejo de aquel docente que presta su propio ímpetu para obtener frutos en sus educandos”.

No quiero usar mis palabras porque la expresión de Juan José quedaría limitada a mis pensamientos, por el contrario, quiero resaltar los logros obtenidos pero contados por el actor principal.

“Mi nombre es Juan José Espinoza Guillén, actualmente tengo 18 años, radico en la ciudad de Tapachula, Chiapas; México, un lugar donde la fuerza de voluntad marca el panorama de aquél que se deja guiar por el saber, es esa extracción, lo que hoy relato, esa minoría que hace la diferencia.

Me traslado hacia la preparatoria, donde ha sido marcada por esa fuerza, ese ímpetu que necesita nuestra juventud, nuestra sociedad, dejar de ser parte de aquellos que conformamos el <<montón>> para ser aquél que haga el cambio posible para una sociedad que espera, pero reluce, bajo un futuro incierto.

Una persona que cree en sus capacidades, y que es capaz de cimentar sus conocimientos a base de aquello que le apasiona, abre rubros inimaginables, pero posibles en su entorno, tal es el caso de mi persona en la actualidad. En febrero del presente año, junto a mi clase de preparatoria, fuimos partícipes en la redacción de una relatoría divulgativa, a través de nuestra profesora de Ciencias Químicas, la Dra. Florinda González Villafuerte en la plataforma de divulgación, IBEROAMÉRICA DIVULGA, respecto al video EL FUTURO PERDIDO que nos presenta el incógnito futuro que se aproxima, cada vez, con mayor rapidez a un colapso de nuestra sociedad, como fue en su tiempo, con las diferentes sociedades que no pudieron sobrellevar el costo de su existencia, cabe señalar personalmente, que creo firmemente en que, como seres humanos, en particular, como personas en actual formación académica, debemos buscar en nuestra mentalidad y rebuscar en nuestras visiones hacia donde nos dirigimos, el cuestionamiento como una manera de vivir, y así, entender nuestro entorno y comprenderlo.

En pleno desarrollo del siglo XXI, donde una revolución tecnológica parece haber hecho evolucionado al hombre, sin embargo, este sólo y únicamente debe adaptarse a tal fenómeno y aprovechar la productividad y los frutos que la tecnología puede ofrecernos; como jóvenes del presente, estamos llamados a hacer de las diferentes TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) herramientas vitales para el desarrollo y aporte hacia lo que la sociedad necesita y nuestro aporte a la misma, como <<revolucionarios de la humanidad>> es así como distingo mi aportación actual, donde, a través de una TIC, como lo es la red social tecnológica Facebook, descubrí una convocatoria para participar en un Taller de Ciencia. De forma autónoma y cumpliendo con los requisitos que se me pedían, envié mi solicitud de ingreso al TCJ 2017 (Taller de Ciencia para Jóvenes San Cristóbal de las Casas 2017) donde ECOSUR ( El Colegio de la Frontera Sur de San Cristóbal de las Casas), el CIMAT (Centro de Investigación en Matemáticas) y Banco Santander buscan reunir a jóvenes de toda la República Mexicana con una perspectiva hacia la ciencia, como parte fundamental de sus vidas y como aspiración profesional; la aceptación de participantes es reducido a solamente 20 lugares a nivel nacional, y dentro de esos participantes estoy incluido para representar mi preparatoria, mi ciudad, mi estado, y sobre todo, mis propias aspiraciones a ser un joven que aporte a gran medida a la humanidad, esto mencionado, es posible, gracias a la fuerza del cambio, a sobre todas las cosas, querer serlo, y ese querer queda al descubierto del estudiante que es guiado por el camino del saber, por el reflejo de aquel docente que presta su propio ímpetu para obtener frutos en sus educandos.”

Los docentes somos los responsables del cambio que logra el alumno, no somos entes separados de ellos por el contrario, tenemos que despertar el amor hacia la ciencia con nuestras acciones; si somos maestros apasionados con nuestro quehacer muchos quedarán atrapados.

La motivación, factor imprescindible en la enseñanza de cualquier campo de la ciencia no es solamente un afán loco de impresionar con un experimento, con una lectura, con una demostración, es ese algo que queda impreso en el espíritu del alumno que lo impulsa a seguir caminando para entender el fenómeno, para predecir resultados en situaciones semejantes, para resolver problemas desde una perspectiva más holística e integradora y si vislumbramos en ellos a los futuros docentes entonces será aún más productivo el trabajo realizado.

Si tenemos la capacidad de despertar su curiosidad por el campo de la ciencia, que aprenda a preguntarse y preguntar, a buscar respuestas, a cuestionarse hechos, a leer la naturaleza, a criticar resultados, a intercambiar opiniones, a tener objetivos, a proponer explicaciones, de este modo estamos logrando que nuestros alumnos aumenten su cultura científica y aprendan a desarrollar de forma óptima sus habilidades.

Es apasionante leer las producciones de los alumnos y es un ejercicio que vengo realizando año con año en los diferentes niveles en que estoy al frente con la asignatura de Química, busco diferentes motivos para percibir a través de la palabra escrita a aquellos que por diferentes circunstancias aún no se han descubierto, el platicar con ellos y “ver” a través de una conversación más guiada sus inclinaciones o no en el campo de la ciencia; creo que esto es una obligación que tenemos con nuestros jóvenes.

Estoy en deuda con IBERCIENCIA y con todos los compañeros docentes Iberoamericanos cuyos aportes me han servido para encontrar más y mejores apoyos didácticos, estrategias de enseñanza vinculadas con la disciplina que imparto, conocer a través de mis compañeros de otras latitudes que los problemas en el ámbito educativo son semejantes pero la manera en que cada uno de nosotros lo resuelve es distinta y esto me permite tener otra mirada y otra posibilidad de resolverlo.

Es por ello que deseo compartir el testimonio de un joven tapachulteco preparatoriano en camino hacia un espacio de educación superior, que refleja la influencia de todos y cada uno de los nichos de aprendizaje que han permitido su crecimiento y la humildad con la que reconoce el papel que jugamos los docentes. 

Cuántos semejantes a Juan José tenemos y no se han descubierto, pero lo más preocupante es: “Cuántos Juan José tuvimos y no hicimos nada por ellos”; me declaro culpable.

 

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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