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La tristeza del humo del monte gallego

2 de diciembre de 2013

María Elena Guntiñas Rodríguez. IES “As Fontiñas” Santiago de Compostela. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
En los periódicos de los días de verano se pudo ver y leer titulares como Extinguido el incendio que arrasó unas 280 hectáreas en Os Ancares; A prisión un hombre al que se le atribuyen 16 fuegos y un incendiario de Outes (La Voz de Galicia, 3 de septiembre); El incendio de Os Ancares quemó 100 hectáreas de bosque protegido; El fuego arrasó 22 hectáreas en Monterrey y se acercó a un pueblo de Ponte Caldelas; Medio Rural da por extinguido el incendio de Oia y el de Boiro está controlado (La Voz de Galicia, 2 de septiembre).

En un artículo del 20 de agosto en el Faro de Vigo se escribe: El fuego se ha intensificado en los últimos cuatro días, en los que se han registrado hasta 150 incendios en Galicia con un balance de unas 700 hectáreas quemadas. Noticias semejantes a las anteriores se pueden leer en todos los periódicos nacionales. Si, es cierto, como cada verano se quema España y de forma desastrosa Galicia ¿Que nos pasa? ¿Que ocurre? ¿Nos falta información o no queremos saber?

Este sinfín de fuegos, el gran desastre, se inició el 12 de agosto de este año, ese día comenzó el primer gran incendio forestal en Galicia, ardieron 500 hectáreas en O Barco de Valdeorras (Orense) debido a una chispa del tendido eléctrico, y causó daños por 450.000 euros. Pero este incendio no fue el primero. Las fuentes oficiales aseguraron que, hasta este mes de agosto, el número de incendios del año 2013 era de 1.300, de los que más de un millar se quedaron en conatos, por los que unas 2.200 hectáreas de superficie resultó quemada, mas las altas temperaturas del mes de agosto fueron la causa del recrudecimiento del fuego y a primeros de septiembre son 2.000 fuegos y 8.000 hectáreas de monte arrasadas. Pese a ello, se comenta que las cifras son mejores que las del año 2012.

Sin embargo, las noticias más preocupantes son las que señalan que el número de incendios superiores a las 20 hectáreas, en esta Galicia verde y húmeda, es muy superior al de campañas anteriores y que el 55 % de los incendios forestales son intencionados. Esta mala conducta, que refleja la existencia de conflictos sociales y económicos importantes, es difícil de corregir ya que queda impune en la mayoría de los casos como se puede leer en una de las noticias…en la última década solo han sido identificados el 1,5 % de los responsables de dichos incendios. Se estima que en Galicia podrían existir más de 3.000 incendiarios que en su mayoría no son pirómanos, si no vecinos de la zona y con alguna razón para quemar. Hay datos que justifican tal estimación, así en lo que va de año, de las 33 personas que la Guardia Civil ha detenido en toda España, 11 son gallegas. Este comportamiento junto con otros factores como las condiciones meteorológicas extremas, el que la orografía gallega sea complicada, el abandono del medio y de los usos tradicionales que elevan la vulnerabilidad de las masas forestales, la deficiente planificación y ordenación territorial, son los causantes de que el monte gallego arda.

Me invade una gran tristeza cuando pienso que estamos quemando nuestro gran patrimonio natural. Soy sabedora de que en el medio rural es costumbre usar el fuego como herramienta para la regeneración de pastos o la quema de restos agrícolas, mas actualmente se sobrepasan los límites. No tiene valor el que una zona sea Reserva de la Biosfera, que pertenezca a Red Natura, tampoco que sea un Lugar de Interés Comunitario ni un Espacio Nacional de Caza, puesto que todas estas denominaciones ambientales no fueron suficientes para proteger del fuego a 270 hectáreas de “Os Ancares”, de las que 100 correspondía a bosque protegido de castaños y robles centenarios. En el 2012 el fuego también se cebó durante cuatro días en el Parque Natural de las “Fragas do Eume”, el bosque atlántico mejor conservado de Europa, en el que 3.253 hectáreas son de bosque autóctono gallego. En esta ocasión las llamas arrasaron 520 hectáreas (ha), 274 en la zona más valiosa, la de reserva, en pleno corazón del parque. En ambos casos fueron incendios intencionados, pero no se han identificado a los culpables.

Me pregunto si los que prenden fuego al monte, hombres y mujeres de cualquier edad, saben que solo el 18% de los bosques gallegos está incluido en algún espacio natural tutelado por la Administración y que solo el 34,9 % de nuestra superficie forestal son bosques naturales frente al 80% de España. Que los bosques naturales gallegos son ricos en biodiversidad por lo que botánicamente se incluyen entre los caducifolios mesófilos, subesclerófilos marcescentifolios, esclerófilos, laurifolios y ripisilvas, ¡tenemos que conservarlos! Es cierto que hay grandes extensiones de plantaciones de coníferas, eucaliptos y otras frondosas, que ocupan el 65% de la superficie forestal gallega, mientras que el total nacional es del 9,5% (Fuentes: FAO; INIA). Si, además, tenemos en cuenta que el 70% de los 29.575 km2 de extensión de la comunidad gallega están cubiertos por bosques, un total de 2.060.453 ha, de las que 1.242.222 ha (60,3%) son monte arbolado, 182.505 ha (8%) son monte arbolado raro y 535.726 ha (31%) son monte desarbolado, podemos concluir que el paisaje de Galicia es fundamentalmente forestal. En estos momentos y dentro de la Unión Europea, tan solo Suecia y Finlandia sobrepasan el porcentaje del 48% de superficie arbolada que posee Galicia (Tercer Inventario Forestal). Deberían conocer las conclusiones de un estudio del 2011 realizado por la Universidad de Vigo en las que se dice que en los 10 últimos años Galicia perdió 400.000 ha de bosque arbolado, de un 1.400.000 pasó a poco más de 1.000.000 debido a: abandono de los productores, incendios, falta de silvicultura y fenómenos atmosféricos.

Tal vez, hayan olvidado que los árboles son los sumideros de CO2 más eficientes, una vía para secuestrar el carbono (C) atmosférico, y que esta acción es dependiente de las condiciones del suelo y del clima. Puede suceder que desconozcan que el suelo es la segunda mayor reserva de carbono del planeta, la primera son los océanos, y que, en los ecosistemas terrestres, es el destino final de la mayoría del carbono fijado por la fotosíntesis. En muchos sistemas forestales la mayor parte del carbono orgánico se acumula en el suelo en el que puede permanecer durante cientos de años (Bouwman, 1990). En el caso de Galicia Macías et al. (2001) estiman un valor medio en el contenido de carbono de los suelos gallegos de 150 Mg C ha-1, estando el 95% del carbono acumulado en los suelos forestales y no en los cultivados. La importancia de esta superficie forestal hace que Galicia sea una de las comunidades de España con mayor capacidad como sumidero de gases de efecto invernadero. Es muy importante que sepan que los incendios forestales poden llegar a producir pérdidas superiores al 90% de la materia orgánica presente en el suelo, sobre todo cuando se llegan a superar los 450 ºC. 

No es menos cierto que el 97% de los bosques gallegos son de propiedad privada y que la mayor parte están abandonados, de tal forma que solo el 9% de la superficie forestal de Galicia está cuidada y es explotada comercialmente. Que la gestión forestal en la última década propició la reforestación de las superficies agrarias y de las forestales desarboladas, de manera que tanto la superficie forestal como la superficie forestal arbolada aumentaron, 92.142 y 379.350 ha respectivamente. En el informe del IFN de 2007 consta que en los últimos años, en Galicia, el conjunto de las superficies arboladas se incrementó en un 36%, es decir, un total de 1.425.000 ha equivalentes al 48% de la superficie total de Galicia. Hay que tener presente que casi la mitad de los incendios que tienen lugar en España se producen en Galicia, seguida muy de cerca de Castilla y León y Asturias, debido al uso del fuego como herramienta de gestión en estas regiones. Este hábito distorsiona las estimaciones que se realizan con datos climáticos, no obstante dentro de la comunidad gallega se aprecian diferencias entre los distritos forestales de las zonas litorales más húmedas y los de las zonas del interior más áridas, así en A Mariña se producen 23 fuegos al año frente a los 537 de Verín-Laza, 1.386 de A Cañiza y 1.108 de Viana do Bolo (IGE, 2007). Sin embargo, a pesar del gran número de fuegos que tuvieron lugar en Galicia solo el 0,09% fueron grandes incendios.

Por supuesto que la mejor forma de evitar esta lacra es la prevención, en la que es necesario invertir. En este 2.013 la Xunta de Galicia destinó 25 millones de euros para las labores de prevención, los datos que poseo no me permiten analizar si es mucho o poco presupuesto, si la gestión es buena o mala, probablemente podría ser mejor, pero pienso que, en los tiempos que corren, deberíamos concienciarnos en que EL MONTE NO SE PUEDE QUEMAR, ya que no solo causa tristeza si no que despilfarramos nuestra herencia, contribuimos a contaminar, al cambio climático, a la pérdida de biodiversidad…del planeta y todo el dinero que se destina a paliar estos desastres se podría invertir en otras prestaciones sociales, es un acto antisocial.

 

 

 

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