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Las brechas de género en la producción científica Iberoamericana

16 de octubre de 2018

Papeles del Observatorio nº 9. Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad de la Organización de Estados Iberoamericanos (OCTS-OEI).
Mario Albornoz, Rodolfo Barrere, Lautaro Matas, Laura Osorio y Juan Sokil
El Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS) publica la más reciente edición de sus Papeles. En esta oportunidad se analizan las brechas de género en la educación superior, la producción científica y las redes de colaboración de Iberoamérica, entre otros.

La perspectiva de género comenzó a tener mayor presencia en los estudios sociales de la ciencia y tecnología desde que se asumió como problema la limitada participación de las mujeres en la producción del conocimiento científico y tecnológico. Algunos estudios se han enfocado en analizar la ausencia e invisibilización de las mujeres en la ciencia, así como la desigualdad de su acceso a la formación y a la investigación, lo cual termina incidiendo en su ingreso y permanencia en carreras científicas, grupos de investigación y cargos de decisión jerárquico, entre otros (Holloway, 1993; Grant, 1995; González y Pérez, 2002; González, 2016).

De acuerdo con la ampliación de la información sobre esta problemática, diversos fenómenos como el “techo de cristal”, el “efecto Matilda” o el “efecto Curie”4, entre otros, han sido tomados como referencia para interpretar la situación las mujeres en la estructura científica en todo el mundo y para demostrar que, por más que el acceso de éstas a la educación superior en varios países ha llegado a ser equitativo y hasta en algunos casos supera el de los hombres, aún se siguen presentando diferencias significativas en el ascenso (segregación vertical) y permanencia en las carreras de especialización y posgrado.

Se ha señalado que existen sesgos en la elección de temas de trabajo y disciplinas científicas por parte de las mujeres, hacia disciplinas de corte histórico, sociológico, económico y biomédico, pero no de carreras de tipo tecnológico, lo que es interpretado como una tendencia a perpetuar los estereotipos construidos en torno al género, lo que consolida y aumenta la brecha (González, 2016). Los datos corroboran que las mujeres tienden a seguir carreras tecnológicas y de ingeniería menos frecuentemente que los hombres y, por el contrario, se concentren en ciencias sociales y en ciertas áreas de las ciencias naturales o médicas (también denominada segregación horizontal) (BID, 2018).

Para hacer frente a tales sesgos, la cuestión del género en educación y ciencia ha sido gradualmente incorporada a las agendas políticas de los países de Iberoamérica, repercutiendo en programas y proyectos enfocados en promover la formación, capacitación y desarrollo profesional de las mujeres en disciplinas científicas, tecnológicas, ingeniería y matemáticas (denominadas en inglés como STEM). Sin embargo, a pesar de que la participación de estas ha ido aumentando notablemente, se mantiene en varios países y en ciertos sectores disciplinarios una brecha de género que incide en el reconocimiento del trabajo de las mujeres en ciencia, su acceso y permanencia en puestos relevantes y en la remuneración económica. Esto no siempre se explica por diferencias en su preparación, experiencia o habilidades, sino que remite a razones propias de autoexclusión de las mujeres originadas por tensiones que provienen de la dificultad de conciliación de la vida privada y profesional. También tiene incidencia la falta de apoyo laboral durante el tránsito de la maternidad y ciertos estereotipos culturales que generan prejuicios sobre las posibilidades de éxito profesional de las mujeres y sus aptitudes para asumir posiciones de poder. Todos estos factores de tipo estructural de desalientan el avance en sus carreras.

Para analizar la situación actual y las tendencias de la brecha de género en la producción científica, es necesario contar con datos actualizados sobre la educación superior, las actividades científicas y tecnológicas (ACT) y las actividades de investigación y desarrollo (I+D) en la región. No es siempre una tarea sencilla, dado que algunos países aún mantienen un sesgo informativo que dificulta el conocimiento de la situación de las mujeres, lo que dificulta disponer de parámetros actualizados y confiables para elaborar diagnósticos que sean el soporte de políticas específicas. Esto ocurre particularmente en algunos países de América Latina que adolecen de una dificultad estructural en la construcción de indicadores que vuelvan visible la diversidad de la situación de género (Estébanez, 2010).

Por tal motivo, la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT) y la Red Iberoamericana de Indicadores de Educación Superior (INDICES), procuran enriquecer el debate aportando información relevante sobre las mujeres en la educación superior, la producción científica de las investigadoras y las colaboraciones científicas que se producen en el ámbito iberoamericano, con el propósito de observar cómo evoluciona la brecha en los diferentes países y campos de conocimiento.

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