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Los Huarpes, pioneros del desarrollo sostenible

6 de febrero de 2017

Cecilia Rosales Marsano, Mendoza, Argentina IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica. Pontificia Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas. Ilustraciones: María Julia Linares
Los Huarpes, comunidad originaria que aún habita en el extremo noreste de la Provincia de Mendoza, tienen una cultura ejemplar en los aspectos de sostenibilidad y resiliencia. Desde la llegada de los conquistadores habitan las “lagunas”, siendo un ejemplo de desarrollo sostenible.

El objetivo de desarrollo sostenible identificado con el Nº 15 aspira a “Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica”. Esta acción viene siendo desarrollada por los huarpes desde que los conquistadores arribaron a Cuyo 1 en 1561.

El pueblo Huarpe, hasta entonces amo y señor de estas tierras, caracterizado por una cultura del trabajo y excesiva confianza, provocó que su destino fuera la encomienda, siendo desarraigados para trabajar en las minas de oro de La Serena y los más afortunados, a servir a las familias y realizar las tareas agrícolas en los fundos españoles. En aquel momento, traspasar el muro de la Cordillera de los Andes, cuyos picos alcanzan los 7.000 metros en estas latitudes, era no volver a ver a sus familias. Así, algunos nativos avizorando el destino que les esperaba, huyeron y se escondieron en los montes y lagunas, que hoy se han convertido en el desierto que nos ocupa. Cuesta imaginar que con sus 140 mm de precipitación promedio anual, hace sólo 400 años, haya sido la tierra prometida de las comunidades nativas que estaban siendo desplazadas de sus hábitats originales por la corona española. Este actual desierto fue el paraíso de los huarpes que huían tratando de mantener sus costumbres

El mito: los huarpes habitaban las lagunas

A propósito, resulta necesario reflexionar sobre un error ampliamente difundido en el ámbito escolar: a los niños cuyanos se los educa a respetar a nuestros pueblos originarios, a quieres se los vincula geográficamente con “las lagunas”. En consecuencia se les enseña que eran recolectores, que vivían de la casa y de la pesca, sobre su cultura lacustre, su habilidad para construir canoas. Contrariamente, cuando Mendoza del Nuevo Valle de la Rioja fue fundada sobre Huentata en 1561 y San Juan de la Frontera, sobre Tucuma, en 1562, sendos oasis estaban densamente poblados por los huarpes, quienes eran agricultores, por consiguiente sedentarios. Más aún, aprovechaban las bondades del suelo, sin dejarse doblegar por la aridez de la zona, merced al acerbo cultural heredado de los Incas, habiendo por entonces desarrollado importantes obras de riego, que fueron apropiadas por los colonizadores. En resumen, no eran pescadores, su temperamento resiliente desarrollado para adaptarse al clima desértico, se puso a prueba una vez más cuando fueron desalojados de las tierras que habitaban hasta el siglo XVI, y se debieron reconvertir a la vida en las lagunas.

Las lagunas de Guanacache en tiempos de la colonia

En aquellos días, el complejo lagunero era muy extenso y estaba poblado desde antes de la conquista, sin embargo el arribo de los numerosos exilados, debe haber provocado un gran desequilibrio en su ecosistema y seguramente conflictos territoriales. Esta nueva morada posibilitó la subsistencia de la lengua huarpe y de ciertas costumbres, no obstante, debieron retrotraerse al nomadismo y a actividades asociadas como la caza, la pesca y la recolección de frutos que les proveía el bosque autóctono, dando prueba de su espíritu de superación, capacidad de adaptación y desarrollo cultural. Entonces debieron desarrollar nuevas destrezas para adaptarse y aprovechar el actual entorno, así se convirtieron expertos mimbreros, construyendo sus tiendas, cestos y canoas para aprovechar la considerable diversidad de fauna presente en la laguna, alimentándose de raíces de junco secas al sol, en cambio del maíz que otrora cultivaban con destreza. Definitivamente siempre agradecidos, bautizaron al marginal paraje, con el nombre Telteca, que significa fruto maduro, en clara alusión al algarrobo que los alimentaba y acogía, permitiéndoles vivir libres, juntos y en paz, librándose de la encomienda y de las minas de un metal que no valoraban, disfrutando de su tierra prometida. Por el contrario, desde otra perspectiva, las crónicas jesuíticas del 1600 describen este Edén como una "tierra miserabilísima falta de todas las cosas", donde sólo había mosquitos y arenales. Si hoy, aquellos hijos de Loyola visitaran estas tierras, seguramente las describirían como el infierno mismo, porque la llegada del ferrocarril en 1884 y el aprovechamiento hídrico aguas arriba iniciado en 1889, han borrado casi por completo al complejo lacustre, permitiendo el avance del desierto. Paradójicamente ese reducto que atrajo a un grupo reducidísimo de hijos de la Compañía de Jesús y no por mucho tiempo, hoy representa uno de los acervos patrimoniales más antiguos de la arquitectura religiosa de Cuyo, ya que Mendoza, en 1861 y San Juan, en 1944, fueron arrasadas por los dos de los terremotos más destructivos registrados en la Argentina.

El Telteca arrasado por el progreso

Las tribulaciones y lamentos del bosque y sus habitantes no terminaron en el siglo XVI. De nuevo, entre fines del XIX y principios del XX, el proyecto del moderno del estado argentino agro-exportador arrasó con el bosque nativo, pauperizando la economía de sus habitantes, quienes otra vez debieron poner a prueba su templanza. Pero esta vez, la disponibilidad de vastos territorios recientemente despojados a tehuelches, pehuenches, puelches, mapuches y ranqueles, más amigables para el cultivo, no provocó otro desarraigo a los habitantes de Guanacache. Sin embargo el arribo de inmigrantes con sus modernas técnicas industriales y agrícolas, especialmente la sistematización del riego aguas arriba y el ferrocarril, impactaron la economía de subsistencia del bosque nativo. El gran desarrollo de los oasis irrigados hizo secar las lagunas, agudizando la desertificación y castigando una vez más a su ecosistema cultural. Por otra parte el FFCC, imprescindible para el modelo porque permitía trasladar grandes cantidades de materia prima a bajo costo, ocasionó la explotación intensiva del recurso forestal como combustible y para producir durmientes y postes telegráficos. Cada una de sus voraces locomotoras consumía al año 17 toneladas de carbón, que significaban 68 toneladas de leña de algarrobo o retamo. Por otro lado, la naciente industria vitivinícola que había sido estratégicamente asignada a la región cuyana, necesitaba rodrigones para el cultivo de la vid. Asimismo, la creciente inmigración, aumentó la población que demandaba calefacción y alumbrado, actividad que devoraba 100 toneladas de leña/mes, para la producción de “gas pobre”. En definitiva, la insostenible "industria forestal" que produjo pingües ganancias a sus empresarios, arrasó con 50.000 toneladas anuales de bosque nativo, compuesto por inmensos algarrobos dispuestos en galería, retamos, atamisques y jarillas de buen tamaño 2, dejando tan sólo una tímida presencia de arbustos como el Tamarindo. 3 Así una superficie boscosa equivalente al 2% de la superficie de las provincias de Mendoza y San Juan, cayó sin dejar otro rastro que un tremendo impacto ambiental en esta zona árida por naturaleza, a la par que despojó otra vez, a los huarpes de los recursos básicos para su subsistencia.

Demora en la reacción

Resulta importante reflexionar acerca del tiempo recorrido desde la creación del primer parque nacional, hasta la fecha en que se acude en auxilio de los bosques nativos. Al respecto, la Argentina es pionera en la materia y cuenta con el tercer parque nacional del mundo, después de Yellowstone en EEUU y el Royal National Park de Australia. En efecto por decreto nacional de 1922, crea el “Parque Nacional del Sur", hoy Nahuel Huapi. Posteriormente en 1934, promulga la Ley 12.103 de creación de la Dirección de Parques Nacionales que reza: "podrá declararse parques o reservas nacionales aquellas porciones del territorio de la Nación que por su extraordinaria belleza, o en razón de algún interés científico determinado, sean dignas de ser conservadas para uso y goce de la población de la República". Sin embargo, dejó desaparecer que una gran parte de su flora y fauna nativa, porque demoró en reconocer la extraordinaria belleza y el goce que provoca al visitante este paraje, donde sólo un milagro y el paso de siglos, permitió que crecieran árboles de gran porte sobre médanos, en un entorno de aridez extrema. ¿Será que nuestra querida región del monte, no era considerada ni de extraordinaria belleza ni de interés científico por el paradigma imperante en 1934, al punto tal que no se hizo nada para impedir su tala feroz? Quizás la "ausencia de belleza" se debe a lo rústico de sus especies frente a las esbeltas coníferas del Nahuel Huapi y su “ausencia de diversidad”, derive de su comparación con la extraordinaria variedad de especies del Iguazú.

Más vale tarde que nunca

Pero no todas son malas noticias, en 1986 por Ley Provincial N° 5.061, el pedido de auxilio del algarrobo fue escuchado y hoy se mantiene en pie en una superficie de 20.400 hectáreas, conocida como "Reserva Natural, Cultural, Santuario de Flora y Fauna Telteca", último bosque del desierto conocido como Travesía de Guanacache.

Su objetivo es salvaguardar los algarrobales en buen estado de conservación, que acompañados por otras especies como chañares, retamos, y arbustos como jarilla, zampa, llaullines, atamisques, y pastos como flechilla y junquillo, constituyen el hogar de una variada fauna. En él conviven maras, vizcachas, cuises, tucos, zorrinos y ratones de campo con sus predadores: zorros grises, hurones, gatos monteses y pumas. Asimismo más de 40 especies de aves anidan en el bosque, entre ellas: monteritas de collar, gallitos copetones, chuñas de patas negras y los ñandúes, excelentes cantores como los sietecuchillos y las calandrias e inclusive especies que se encuentra en peligro de extinción, como el águila coronada. Asimismo una variada población de reptiles tales como: teius, lagartos colorados, tortugas y yararás, habitan en los médanos ubicados en la zona más árida de Mendoza, caracterizada por escasos 100 a 180 mm de precipitación anuales y amplitudes térmicas que varían entre 48°C a -10°C.

La asignatura pendiente

En conclusión, este verdadero paraíso que ha sido tardíamente valorado por los mendocinos, ha sido respetado y sostenido por los huarpes que lo habitan desde el siglo XVI. Sus descendientes se concentran en su mayoría en un pueblo denominado Asunción y varios puestos diseminados en el paraje conocido como Lagunas del Rosario, en donde se dedican principalmente a la cría de ganado caprino y al turismo sustentable. Ellos siempre han sabido cómo aprovechar el monte, su leña, sus frutos y su fauna, manteniendo el equilibrio con la naturaleza, por lo cual aún lo podemos continuar disfrutando. Sin duda, su presencia en el lugar, ha permitido que se conserven muchas especies y esas 20.400 hectáreas que, de otra manera hubieran sucumbido frente a la cultura hegemónica y al desierto que devoró más de 450.000 hectáreas del bosque nativo original. Hoy por ley se asigna un presupuesto para el sostenimiento del bosque Telteca, que incluye la remuneración del guardaparques, sería bueno calcular, cuántos sueldos adeudamos los mendocinos a los ancestrales guardianes que llevan 500 años en función. Merced a su presencia el bosque ha permanecido de pie, desafiante contra las inclemencias climáticas y del “progreso”. Sin embargo sus históricos guardianes, aún en el siglo XXI, no cuentan ni con agua potable 4, ni con ninguna infraestructura básica que los invite a permanecer en el lugar y a seguir siendo sus custodios. Esa asignatura pendiente debe ser saldada en breve, si no queremos que los hijos de aquellos Huarpes abandonen el lugar y desaparezca para siempre su cultura resiliente.

 

BIBLlOGRAFIA
MICHIELl, Catalina Teresa. Antigua Historia de Cuyo. San Juan, Ansilta S.R.L., 1994.
VILLAGRA, Pablo E. et al. Ecología y manejo de los algarrobales de la Provincia Fitogeográfica del Monte, Mendoza, Arturo M.F., lL.Frangi y J.F.Goya, 2003
ALVAREZ, JUAN AGUSTÍN et al. Estructura y estado de conservación de los bosques de Prosopis tlexuosa D.e. (Fabaceae, subfamilia: Mimosoideae) en el noreste de Mendoza (Argentina). Rev. chil. hist. nat. [online]. 2006, vo1.79, n.l, pp. 75-87. ISSN 0716-078X.
MARONE, L. 1992. Estatus de residencia y categorización trófica de especies de aves en la reserva de la biosfera de Ñancuñán. Mendoza. Hornero, 13 (3): 207-210 VILLAGRA, Pablo E. et al. Documento de Ordenamiento de Bosques Nativos de la Provincia de Mendoza, Mendoza, Secretaría de Medio Ambiente - Dirección de Recursos Naturales Renovables, 2010.
ROJAS, Juan Facundo et al. Procesos socioeconómicos y territoriales en el uso de los recursos forestales en Mendoza desde fines de siglo XIX hasta mediados del XX.
Proyección 7. Facultad de Filosofía y Letras. U. N. Cuyo. Año 5, (2):1-33 ISSN 1852-0006


1 El nombre "Cuyo" se aplica en la actualidad a una región de la República Argentina, en el pasado fue la "Provincia de Cuyo", que pertenecía a la Capitanía General de Chile. Desde 1776 pasó a integrar el Virreinato del Río de La Plata. En la actualidad es conocida como "Nuevo Cuyo" y está integrada por las provincias de Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja.

2 El algarrobo es el nombre con que se denomina comúnmente en Cuyo a la Prosopis flexuosa; Tamarindo, al Tamarix gallica; Retamo al Bulnesia retama; atamisque al Capparis atamisquea y jarillas al Larrea spp..

3 Lamentablemente la práctica apuntaba a todos los ejemplares (tala rasa), sin precaución de conservar algunos, ni siquiera su estrato arbustivo.

4Se abastecen de agua de pésima calidad a través de jagüeles que son precarios pozos cavados en la arena o la greda

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