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Los mejores profesores deben estar en la básica primaria

8 de octubre de 2018

César Vicente Benavides Torres. Casa de la Ciencia y el Juego. I.E.M. Aurelio Arturo Martínez. Facultad de Educación Universidad de Nariño. Pasto Nariño Colombia. Comunidad de Educadores por una Cultura Científica. IBERCIENCIA. 
En la Facultad de Educación de la Universidad de Nariño, se prepara una nueva oferta educativa denominada Licenciatura en Educación Básica que busca preparar a los futuros docentes que van a trabajar con las niñas y niños de primero a quinto de básica primaria. En este contexto y por considerarla de mucha importancia, me permití plasmar unos pequeños aportes para su fortalecimiento y referido al tema de las ciencias naturales.

"Para abrir nuevos caminos, hay que inventar, experimentar, crecer, correr riesgos, romper las reglas, equivocarse... y divertirse."
Mary Lou Cook 

La preocupación por la formación de los futuros profesores es hoy uno de los debates más importantes en materia de política educativa en el mundo y en ese sentido son válidos las reflexiones que se realicen en esa dirección. Estas preocupaciones que quiero formular, buscan contribuir en el debate, concebir un programa actualizado a los tiempos modernos, de cara al siglo XXI y con la fortaleza para cambiar el papel que se viene practicando en la básica primaria. No olvidamos que los primeros profesionales que este año se inscriban en la Facultad de Educación, saldrán a la luz pública en el año 2023, época en la cual los avances en la ciencia y la tecnología nos asombrarán y no podemos ser inferiores a dicha realidad: Inteligencia artificial, automatización, Internet de las cosas, la impresión en 3D y los vehículos autónomos que ya no son ciencia ficción.

Por ello, los programas de Licenciatura en Educación Básica Primaria deben estar orientados a fomentar, contribuir o generar una cultura de la ciencia, la tecnología y la innovación. Es muy importante contribuir de manera decidida a formar los investigadores noveles que son las niñas y los niños con capacidad para formular problemas e hipótesis, escribir pequeños informes, capacidad para sorprenderse por los fenómenos de la vida cotidiana, indagar sus causas, examinar sus semejanzas, perseverar en la indagación permanente. Si queremos que luego transiten por la senda de la investigación profesional, es vital crear los escenarios, los ambientes para disfrutar y vivir la investigación en las aulas universitarias, con docentes y estudiantes capaces y dispuestos a cambiar las nuevas formas de aprender y enseñar.

Todos sabemos del interés de la niñez por el mundo que lo rodea. Desde que nacen ven, mirar y observan todo a su alrededor. A medida que se van desarrollando, tocan, prueban, experimentan y preguntan. Las niñas y los niños son “investigadores” por naturaleza.

La niñez debemos asumirla como las “divisiones menores” de la comunidad científica nacional y por ello deben aprender a asumir la ciencia, la tecnología y la innovación como parte de su vida cotidiana, familiarizándose con su lenguaje y métodos, reconociéndose como productores de conocimiento, y aportando soluciones a los problemas locales y nacionales.

Por lo anterior, es muy importante que los programas de Licenciatura en Educación Básica Primaria, preparen a los futuros profesionales, para que diseñen los espacios alternativos para que la niñez, puedan desarrollar las competencias ciudadanas y científicas como la reflexión, la argumentación, la controversia, el respeto al otro, el reconocimiento, la experimentación, el derecho a la crítica y ser oído en el seno de una sociedad, si se quiere favorecer la construcción de una democracia participativa y polifónica. Más que memorizar contenidos, se debe buscar que desarrollen las habilidades y actitudes para explorar hechos y fenómenos, analizar problemas, observar y obtener información, definir, utilizar y evaluar diferentes métodos de análisis, compartir los resultados, formular hipótesis y proponer soluciones.

Carl Sagan en su libro El Mundo y los Demonios señala: “Yo fui niño en una época de esperanza. Quise ser científico desde mis primeros días de escuela.” Creemos como Carl Sagan, que “la ciencia más que un cuerpo de conocimiento, es una manera de pensar” y los programas de Licenciatura en Educación Básica Primaria debe enrumbarse en estas nuevas maneras de conocer, puesto que la ciencia es una herramienta absolutamente esencial para toda sociedad que quiera sobrevivir hasta el próximo siglo, con sus valores fundamentales y ello se construye pacientemente desde la cuna hasta la tumba.

Tanto el escepticismo como el asombro son habilidades que requieren atención y práctica. Su armonioso matrimonio dentro de la mente de todo niño o niña debe ser su objetivo principal. El escepticismo y lo asombroso, son dos modos de pensamiento difícilmente compaginables que ostentan a diario los pequeñines y que son herramientas fundamentales en la investigación y que los nuevos programas deben ayudar a desarrollar.

En un artículo de El espectador de 14 de febrero de 2012, “Sin talento calificado no hay paraíso” de Rafael Orduz, se lee lo siguiente: “Mientras que en las economías avanzadas y en países emergentes que le apuntan al conocimiento como fuente básica de prosperidad, los estudiantes que cursan ciencias básicas representan entre el 5% y el 15% de la población estudiantil (OECD, 2011), en Colombia seguimos felices graduando economistas, administradores y abogados, mientras que sólo el 1,6% estudia ciencias básicas (MEN)”. Por ello, es indispensable incentivar, estimular, fomentar el pensamiento científico desde tempranas edades. Lo que no se haga en esta época, después es difícil construirlo. No perdamos el tiempo y apostémosle a fortalecer las “divisiones menores” de nuestra comunidad científica porque son un tesoro en bruto que hay que pulir todos los días.

Las pedagogías tradicionales no motivan la actitud científica de los alumnos, ni los interesa por la ciencia. Francesco Tonucci un “niñologo” como él se define, señala que “cada niña y niño tiene algo que le gusta y la función de la escuela es ayudarle a descubrir su “juguete favorito”, es decir a descubrir sus habilidades, sus gustos, sus pasiones. Por ello advierte, “las aulas se deben convertir en talleres”, para que los pequeños puedan hacer cosas, porque ellos tienen la inteligencia en sus manos. Bruner afirma que “La escuela no puede ser aburrida” y tenemos que brindar la capacitación adecuada a los futuros Licenciados para contribuir en esa dirección. El neurofisiólogo Rodolfo Llinas que estuvo en Colombia Y afirmó que “la educación es malísima” y propone una nueva forma de aprender con el programa de Cosmología.

Es buenos recordar que la convención de los derechos del niño, en su artículo 12 señala que “Los niños y las niñas tienen derecho a expresar su opinión cada vez que se tomen decisiones que los afectan” y se los debe tener en cuenta. En este sentido hay que preguntarse si el micro currículo de ciencias naturales contribuye en esa dirección y potencia las habilidades y actitudes de los pequeños. Además es importante reivindicar el acercamiento de los niños a la naturaleza para un desarrollo positivo.

Es fundamental que los niños y las niñas toquen, hagan, piensen, prueben, se equivoquen y sean ellos mismos, junto a sus compañeros, los protagonistas del aprendizaje. Igual ambiente de exploración debe vivir los futuros Licenciados en sus clases, ellos deben tocar, probar, equivocarse y vivir todas las competencias que se quiere desarrollar en la niñez. Lo que es más importante, el salón de clase debe ser un modelo de comunidad comprensiva, respetuosa e incluyente en la que los estudiantes y adultos vivan estas habilidades a diario. Para ilustrar lo anterior comparto esta frase que resume nuestro aporte: ¿Cómo podemos llorar sobre el escenario, si no lloramos en la vida? Las aulas universitarias deben ser espacios para vivir las competencias naturales de las niñas y los niños.

Si aprovechamos la capacidad de observación de las niñas y los niños, si centramos su curiosidad alrededor de la naturaleza, podemos generar reflexiones, comprobar leyes de la naturaleza y entonces podemos hacer que la niñez entienda el comportamiento de la materia, la energía y la vida.

Es necesario advertir que el papel de juego ha sido relegado a un segundo plano en la vida de los niños. Hoy cada vez, hay menos espacios para jugar. Es necesario que en la formación de los nuevos profesionales de la educación, el juego sea el centro de su desarrollo, como la estrategia que inventó la naturaleza para aprender.

En definitiva la idea central de este aporte, es que el nuevo programa debe vivir nuevas condiciones de formación, nuevos ambientes retadores, nuevas relaciones docente estudiante y trabajar todos los días, las competencias, actitudes y habilidades que desarrollarán las niñas y los niños. Si los futuros Licenciados no actúan en un escenario distinto, con metodologías alternativas, activas, a lo largo de su carrera, se convertirán en docentes tradicionales que no le aportarán a la etapa de la vida más importante de la existencia de un niño o una niña. Por ello creemos firmemente que los mejores docentes de una sociedad deben estar en la básica primaria, al frente de la formación de las niñas y los niños, por ser ellas y ellos el recurso natural más importante de un país que hay que cuidar, proteger, estimular e impulsar.

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