OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Mujeres Científicas ¿Cómo sos? Así quiero ser

9 de mayo de 2016

Ana Cerini. Paraná, Entre Ríos, Argentina
IBERCIENCIA, Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
La educación con el ejemplo refuerza aquello que queremos enseñar. Al abordar valores es fundamental vivirlos. Si consideramos que las mujeres son una fuerza importante para el desarrollo científico del país, es necesario que haya muchas ejerciendo las diversas disciplinas. Ellas se convierten en ejemplos a ser imitados; promueven numerosas alumnas en las carreras de grado y postgrado, con la consecuente inserción en laboratorios especializados de todo tipo. Ya nos son las excepciones, se desenvuelven en planos de normalidad y cotidianeidad en el contexto donde se hallan.

Todos hemos vivido nuestra experiencia infantil y también el ser adolescentes. Todo lo que vemos ser si nos gusta, eso aspiramos para nosotros mismos. Los tiempos no han cambiado acerca de ello. Aún hoy los niños, adolescentes y jóvenes, a pesar del peso grandísimo que ejercen los medios, tratando de imponer valores relativos,…aún hoy miran a sus maestros y profesores, en quienes se inspiran para ser ellos en adelante, al ir creciendo y desarrollando su propio ser. El valor del ejemplo es enorme, mucho más que cualquier predicación.

Tanto a padres como a docentes hemos enseñado que siempre muestren una faz veraz y creíble si pretenden educar en valores. No es posible enseñar algo que no se cumple en la propia vida. Los alumnos te observan, miran tu vida, tus coherencias y ejemplos, y desde allí, te toman como marco referencial para la vida propia. Recuerdo cuando enseñaba ética profesional a técnicos en Marketing y en Comercio exterior. Me preguntaban directamente, además de observar mi vida, si eso que les enseñaba yo lo vivía. Hasta, algunas veces de modo jocoso, me decían que de ser así, nunca me contratarían para asesora en sus empresas marketineras, ya que seguramente se fundirían si trataría de hacer valer prioritariamente la voluntad libre de elección de sus clientes, y no tanto el “doblarles la voluntad” para que utilicen los productos que ellos vendían. La verdad esto resultaba para el conjunto como algo muy gracioso, cuando también comprendían el valor del respeto por el ser personal de quienes los escuchaban y el actuar democrático para ejercer en las propias vidas de docentes y de usuarios de todos los servicios que emprendieran o usufructuaran.

Lo mismo acontece con cada valor en los que queramos formar. Recordemos al Profesor Dr. Alfredo López Quintás, quien en sus libros nos señala la importancia de introducir a los alumnos en campos valiosos para que dentro de ellos desarrollen juegos interactuando, que los llevan a reconocer, aceptar e incorporar tales valores. Con la temática de la aceptación de la inclusión en planos no tradicionales, ocurre lo mismo señalado previamente. Es de gran importancia mostrar y hacer comprender que toda mujer tiene el derecho y el deber de educarse y desarrollar la ciencia elegida en el mayor nivel de sus posibilidades y de su formación. Esencialmente hombres y mujeres detentamos la misma dignidad en el ser y eso es lo valioso que hay que aprender respetar. Ya que no es la fuerza física la determinante sino lo valioso de ser humanos.

Gracias a Dios y a los argentinos, en mi país es algo muy frecuente ver mujeres desarrollando su profesión a nivel universitario y ya desde hace muchísimos años. Cuando yo me inicié en la vida universitaria, ya era muy frecuente que las jóvenes mujeres estudiaran en ese nivel. Pero no siempre fue así concebida la educación femenina en Argentina.

Si pudiéramos escuchar hoy a nuestras abuelas, nos dirían que les enseñaban declamación, canto, bordado y a ejecutar el piano. Todo muy bonito, pero sin una escolaridad mayor al logro de la lecto escritura; muchas lograban terminar la escuela primaria, y no todas concurrían a la escuela secundaria, que no tenía los visos de universal que hoy se le ha dado, incluyendo la obligatoriedad. No hago referencia al siglo XIX, sino que estoy hablando que esto acontecía en el siglo XX, cuando recién a mediados del mismo se crean las escuelas de capacitación laboral femenina, permitiendo a las mujeres del pueblo lograr puestos de trabajos mejor calificados.

Recuerdo que, cuando yo era una niña, en mi familia, una pariente de mi padre había estudiado en la Universidad de Buenos Aires Odontología y todos, grandes y chicos la llamaban “la doctora” por el galardón no común alcanzado, destacando que era la única mujer en la familia que había alcanzado tal logro. No tengo conocimiento si se insertó a enseñar alguna disciplina en alguna institución escolar; si en cambio sé que desarrolló prestigiosamente su profesión a nivel hospitalario.

Hoy toda la carrera docente tiene rango universitario, y el desarrollo educativo de sus carreras acontece a nivel profesional, con todos los compromisos que un profesional atiende y reviste. Destaco esta importancia, porque la mirada que puede efectuar un maestro o profesor que tan solo reproduce el status quo de la sociedad, o los conocimientos alcanzados por otros, es diversa de la de quienes ejercen la educación desde un compromiso profesional con sus alumnos y colegas y con el conocimiento mismo.

Soy una gran defensora de educar con el ejemplo. Quien puede mirar su futuro encarnado en la persona de ciertos profesores profesionales ejerciendo sus cátedras, buscará imitarlos y superarse para insertarse en iguales lugares o aún mejores, profundizando en una larga hondura lo brindado por ese ser personal que reviste la característica de ser “mi maestro” o “mi profesor”.

Ya no vivimos en tiempos patriarcales, y por ende las mujeres no están “destinadas” a un lugar de menor rango social y científico; muchas son investigadoras en todo tipo de disciplinas. Recientemente se ha dado difusión en todos los medios que una joven científica argentina la doctora Gabriela González, investigando las ondas gravitacionales, confirmó existencialmente lo que había predicho en su teoría de la relatividad general Albert Einstein hace más de 100 años. Las mujeres científicas tal vez no han sido tantas, o no se ha difundido suficientemente su presencia. Es necesario detenerse a buscar quienes han ganado premio Nobel y nos daremos cuenta de ello. Es importante destacar que, cada vez más, estudian y desarrollan su profesión, ocupando lugares de importancia en centros de investigación, como el CONICET. Su presencia enseñando en las universidades es frecuentísima, y esto es muy bueno, porque buscaran, las alumnas mujeres, imitar a sus profesoras en las ramas de la ciencia de sus preferencias: antropología, historia, física, química, genética, matemáticas, economía, todas las ingenierías, las vinculadas con la energía nuclear, literatura, educación, etc.

Todas ellas, además de desarrollar sus profesiones en laboratorios de investigación, enseñando en escuelas medias y preparando para el ingreso a la universidad, como así también en la universidad misma en carreras de grado y de postgrado.

En los últimos 30 años, podemos decir que se ha logrado visualizar claramente a las mujeres insertas como profesionales e investigadoras que han efectuado contribuciones enormes para el progreso y cosmovisión humana y social. Podemos destacar que las mujeres, por lo menos en mi país, han sabido desempeñar su papel de científicas, sin quitarse las responsabilidades de ser buenas madres y buenas constructoras de sus hogares, conversando con sus hijos, orientándolos y promoviéndolos; trabajando hombre a hombro con sus maridos en un plano de franca igualdad y responsabilidad.

Los avances en los estudios neurológicos sobre conectividad cerebral marcando las diferencias entre hombres y mujeres , como los de Ragini Verma, nos demuestran las posibilidades que ellas tienen de poder atender varias cosas a la vez, por las múltiples conexiones entre los hemisferios cerebrales, sin dejar de lado ninguna, como una característica propia, que hay que fomentar. Cuanto mayor sea el desarrollo que se alcance en el nivel de las ciencias, así como aconteció con el del arte, la plasticidad y la música, mayor será la cantidad de personas mujeres que se volcarán a brindar mayores frutos innovadores para el bien del país, de la región y del universo.

Afirmamos con seguridad que, en nuestro tiempo y lugar, las mujeres han desarrollado ciencia, dejando de ser la excepción para mostrarse como ejemplos de normalidad. Mucha tristeza sentí, hace varios años, cuando vi en los periódicos que en Irán, cuando se buscó por razones religiosas volver a ubicar tan solo como amas de casa y madres a las mujeres, muchas de ellas científicas y universitarias, éstas buscaban mayormente el suicidio, porque les habían quitado el sentido de sus vidas.

Podemos hoy- en mi país desde hace muchas décadas- dedicarnos con libertad a ejercer aquello que queramos ser, sin necesidad de actuar como Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, quien debió adoptar en el siglo XIX el seudónimo de George Sand y vestirse como hombre, cuando quiso escribir y presentar en público sus obras. ¡Desde esta situación a hoy, hay un largo trecho, que es necesario expandir en todo el universo! Tengamos presente que nuestra cultura se va desarrollando a partir de los ejemplos que brindamos, tanto en lo familiar, como en lo educativo, en lo laboral, en el ejercicio de nuestra ciudadanía y con nuestra vida toda. Y, así, volvamos al inicio de nuestra nota, considerando el razonar de un alumno joven, niño o adolescente cuando al mirar a sus docentes, si les resultan gratos y valiosos, se preguntan “¿cómo sos? …así quiero ser.

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac