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Otra vez, viaje en el túnel del tiempo

4 de enero de 2018

Adriana Ivón Ospina Hernández Bogotá, Colombia. Colegio Las Américas I.E.D. IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica. Ingeniera de Alimentos de la Universidad INCCA de Colombia. Magister en Didáctica de las Ciencias, Universidad Autónoma de Colombia.
Ahora con el auge de la cuarta revolución, y con todos los avances que se alcanzan y se alcanzaran, de manera inevitable en tan poco tiempo; me permito presentarles este artículo que resumiría, en dos de las frases célebres de Albert Einstein, “Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela”. Y, “La palabra progreso no tiene sentido, mientras haya niños infelices”.

Lo invito a experimentar este viaje juntos.

Me sorprendo a mi misma, nuevamente, reflexionando acerca de las dificultades que como docentes, tenemos en nuestras diferentes áreas de desempeño.

Comienzo escudriñando, ese túnel un poco oscuro de las causas de dichas dificultades y aparecen por doquier orígenes, razones, sin razones las cuales confluyen en la conocida “desmotivación estudiantil”.

Hoy en día, es raro el programa de capacitación, para docentes principiantes y en ejercicio, que no tengan que ver con nuevas didácticas que lo que pretenden es despertar la motivación de los estudiantes. En estos programas podemos encontrar la gamificación, las clases invertidas, la educación emocional, entre muchas otras. Y aunque estos programas son muy buenos y enriquecen el abanico de recursos para orientar los procesos de enseñanza y de aprendizaje, aún no se llega al meollo del asunto. Se siguen presentando dificultades, en la construcción del conocimiento por parte de nuestros pupilos.

Entonces me remito a mi experiencia personal, cuando tuve la oportunidad de vivir en tierras selváticas de mi país (Vaupés, Colombia). Allí, donde las condiciones de vida son muy diferentes a lo que familiarmente es conocido para nosotros, donde hay escasez del fluido eléctrico y por lo tanto el uso de las tecnologías es mínimo, donde hay muy pocas vías de comunicación, donde predominan otras lenguas y otra cultura, ya que la mayoría de la población son indígenas que pertenecen a una de las 23 o más comunidades que allí conviven.

Cuando se llega a este territorio, parece que se hubiera viajado en el tiempo y su hubiese llegado a épocas remotas.

¿Pero para que les cuento esto? Creo que lo hago, para que de alguna manera observemos otras formas de conocimiento, muy aparte de lo que sabemos en las “culturas occidentales”.

Los indígenas viven en la abundancia de sus riquezas culturales, la forma como cuidan de sus familias, cómo se distribuyen el trabajo y cómo aprenden.

Al conocer estas culturas, no niego, que hay un choque cultural muy fuerte, porque no entendemos por qué los niños y los ancianos no demandan tanto cuidado de los adultos, por qué la labranza de la tierra corresponde a las mujeres y por qué su interés por el conocimiento del mundo occidental y su tecnología es mínimo.

Ahora considero, que ellos tienen un sistema organizado donde se realizan como personas y son felices disfrutando de las maravillas naturales y culturales que poseen, y no quieren verse transformados porque perderían su identidad.

Solo ahora, alcanzo a comprender, que el orden para ellos, es la felicidad de su propia realización en lo que conocen y manejan.

¿Qué será de estas culturas cuando sean arrolladas por la cuarta revolución?

Y cuando vuelvo a mi realidad, pienso que, en estos momentos, existe un choque cultural entre la generación que educamos y nuestra propia generación.

Sus legados culturales, no son los nuestros, aunque parezca extraño. Apareció un muro de la nada que nos aisló de sus intereses y su propia cultura.

Su generación tiene muchas potencialidades con respecto a la adaptabilidad en diferentes contextos, a la convivencia en colectivos, si me lo permiten del caos, al ir y venir de sus emociones, y a la producción esmerada de sus expresiones culturales.

Los docentes, no hemos descubierto con certeza, cuál es el orden de felicidad y realización personal de nuestros estudiantes. Orden, que ellos no quieren ver transformado, porque han encontrado sus propios métodos para construir conocimiento y tal vez, somos nosotros quienes no salimos del túnel del tiempo.

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