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¿Qué debería (deberíamos) cambiar en la Formación Docente Inicial para enfrentar los cambios (educativos)?

29 de diciembre de 2016

Gladys Liliana Furlani
La Rioja, República Argentina. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Se habla de cambios de manera constante, natural y casi permanente en los discursos sobre educación y en referencia particularmente a la formación inicial del profesorado. Reflexionaremos sobre algunas cuestiones a cambiar en la formación de los formadores de formadores, quienes tienen la responsabilidad de que los futuros docentes sean protagonistas y responsables de cambios educativos importantes.

Elegí algunas estrofas de esta canción como introducción de este artículo que pertenece al genial artista chileno Julio Numhauser y que inmortalizara la voz de nuestra querida Mercedes Sosa (los invito a que la escuchen completa), como introducción para este artículo que nos invita a pensar en los cambios que atraviesan la educación y que solicitan del sistema formador cambios en la formación inicial. Cambios que no siempre trascienden y garantizan mejores niveles de desempeño de los futuros docentes para el logro de metas educativas vinculadas con la calidad de los aprendizajes, la tolerancia en la aceptación de las diferencias, la inclusión y el bienestar de nuestros ciudadanos, entre otras. 

Cambia lo superficial 
Cambia también lo profundo 
Cambia el modo de pensar 
Cambia todo en este mundo 

Cambia el clima con los años 
Cambia el pastor su rebaño 
Y así como todo cambia 
Que yo cambie no es extraño

(...)
Y lo que cambió ayer 
Tendrá que cambiar mañana 
Así como cambio yo 
En esta tierra lejana.

Canción, Julio Numhauser Navarro

Las sucesivas reformas educativas en nuestro país, y posiblemente también en otros países, se han centrado pretensiosamente en la redefinición de propuestas curriculares definidas para los diferentes niveles educativos. Muchas discusiones entre expertos y el colectivo docente estuvieron centradas en el currículum y sus cambios; cambios en sus teorías, enfoques, dimensiones, alcances, contenidos. Estas propuestas elaboradas y redefinidas en diferentes tiempos, se conocen como Diseños Curriculares y están determinadas, y determinando de alguna manera, cada uno de los niveles educativos, y aun cuando estos Diseños Curriculares puedan considerarse técnicamente casi perfectos, no siempre han podido plasmar cambios que demandan urgentemente la actualización de la enseñanza, sobre todo en los niveles de escolaridad obligatorios, y por lo tanto y en primer lugar, en la formación inicial de los docentes.

Podríamos reflexionar entonces, si los cambios propuestos por estas reformas recuperan y contemplan la voz de los docentes que se desempeñan en los institutos formadores, o se apoyan demasiado en la experiencia técnica y en el conocimiento teórico de los expertos que pocas veces tienen un contacto fluido, y sostenido, con los colegas formadores de formadores.

Si hablamos de cambios en este nivel, pensemos en el tiempo que se necesita para implementarlos, tiempo y espacio para que la puesta en marcha de los Diseños Curriculares (DC) para la formación docente tenga lugar, para que los DC sea conocidos, discutidos e internalizados por los actores responsables de su transposición en las aulas del profesorado.

Aparece aquí un primer obstáculo, no todos los docentes de las instituciones formadoras cuentan con horas institucionales para reunirse y hacer lectura colectiva de las propuestas, para generar buenos acuerdos que puedan poner en funcionamiento proyectos de trabajo compartidos, posibles articulaciones entre campos de formación que son necesarias para que los estudiantes establezcan vínculos solidos entre el saber disciplinar, la formación general y la práctica profesional que aparece como otra dificultad en estos días.

Podríamos pensar entonces en la necesidad de cambiar las condiciones institucionales para garantizar la apropiación del currículum por parte de los docentes formadores de formadores.

Si pensamos en cambiar la formación inicial de los docentes, formando parte de los elementos a revisar, encontraríamos algunas demandas que interpelan esa formación y que están fundamentadas en los bajos niveles de desempeño docente que se observan, sobre todo, en los noveles. Estos bajos niveles de desempeño parecen vincularse con la dificultad para transferir los saberes adquiridos en la formación inicial, a situaciones nuevas propias del aula; con complejidades que ameritan la elaboración de propuestas áulicas que incluyan múltiples formas de apropiación del conocimiento por parte de los alumnos destinatarios.

Podríamos pensar entonces en la necesidad de cambiar la gestión del currículum en las instituciones formadoras para garantizar la articulación entre campos y el diseño de una práctica profesional que se acerque a las necesidades que demanda el trabajo docente.

Se presentan situaciones en las instituciones formadoras que describen otro obstáculo vinculado con los cambios de rumbo en la formación inicial de los docentes, y es presentar alternativas de cambio como la gran solución para resolver las debilidades de la formación, a partir de propuestas de mejora que incluyen algunos enfoques considerados relevantes para la formación, como es desarrollo de competencias y capacidades. Podríamos decir que, aun cuando la normativa enuncie que ese será el norte a seguir, no siempre se trabaja en el desarrollo de competencias y capacidades en las aulas del profesorado, no se garantiza por lo menos de forma sistemática y sostenida este trabajo. Estas propuestas no siempre incluyen a los docentes formadores en el diseño, sin embargo y a partir de una demanda que emerge del sistema educativo (ministerial) ellos serán los encargados de que se implementen en las aulas en beneficio de la formación inicial de los estudiantes.

Esta situación nos plantea la necesidad de que tales demandas deberían considerar que el éxito de su intención primera estaría dado por el tiempo necesario para que los docentes se adapten a los cambios, puedan plasmar esos cambios en su quehacer y puedan sostenerlo para evaluar la viabilidad de los mismos o también flexibilizar las condiciones en que estos cambios se producen de manera de no impactar negativamente en las trayectorias de los estudiantes que en algunos casos hasta deben cambiar de planes de estudio lograr su egreso. Esto al sistema educativo le demanda mucho esfuerzo, y por qué no, dinero.

Sin olvidarnos que los estudiantes de una cohorte son los que mejor entienden y pueden dar cuenta de los cambios de sentido de la propuesta curricular, aún más que los docentes formadores, porque son los que a partir del cursado tienen la posibilidad de ser los protagonistas de las transformaciones y transposiciones que se desean alcanzar con los Diseños curriculares vigentes a partir de su puesta en acto, situación ésta que no siempre es así para los docentes que en algunos casos solamente conocen lo que debe ser modificado en su unidad curricular. En los institutos formadores también algunos docentes adoptan frente a los cambios una actitud resiliente y perseveran en la idea de que las mejoras vendrán a partir del compromiso que se logre establecer con las nuevas propuestas.

En nuestro país se ha resuelto revisar los planes de las carreras cada cuatro años, cabe preguntarse si ese tiempo destinado a una cohorte de estudiantes es suficiente para que los docentes, más allá de algunas cuestiones reglamentarias de la implementación (correlatividades, régimen de evaluación, entre otras), puedan haber recabado el conocimiento necesario sobre la propuesta implementada como para decidir qué debe ser cambiado. Y que este no sea un acto de gatopardismo más...” cambiar todo para que las cosas sigan iguales”. 

Este proceso de cambio y posterior implementación determinará que antes de que se llegue a evidenciar un cambio en la enseñanza en las aulas ya está en marcha otra propuesta de revisión de diseños curriculares en las agendas ministeriales. Podríamos preguntarnos si es un tiempo suficiente para que los docentes de los ISFD responsables de las implementaciones en el trabajo áulico con los destinatarios de las propuestas curriculares puedan opinar al respecto del diseño vigente y qué debería cambiarse.
 
Podríamos pensar entonces en la necesidad de cambiar responsablemente un Diseño Curricular, de acuerdo a la información recuperada en la voz de sus actores, conservando algunos logros y metas alcanzados en la propuesta implementada y vigente.

Otra cuestión a considerar es que los currículums no han logrado plasmar íntegramente los enfoques, necesidades y dar respuesta a la educación de ciudadanos que, como valor agregado, han optado o elegido la docencia como modo de vida, más allá de que sea considerada una actividad profesional como cualquier otra. Esto hace que los currículums en revisión, desde el costado más interesante, incorporen y utilicen el concepto de flexibilidad para avanzar en los cambios necesarios para su adecuación y que lleguen así a las aulas, pasando previamente por el análisis, discusión y posible interpelación de los docentes formadores de formadores.

Una diferencia entre esta elección y la de otra carrera, es que se trabajara en la educación de niños, niñas y jóvenes, reproduciendo en las prácticas áulicas muchas veces la propia historia como alumnos. Por lo tanto, no es menor considerar a la experiencia transitada en los años de educación obligatoria, como un faro que a veces alumbra de manera satisfactoria y en otros deja casi en penumbras a aquellos que deberán enseñar en el futuro.

La formación Inicial entonces, tendrá que recuperar los saberes que como alumnos han construido los jóvenes que hoy transitan por las aulas del profesorado. Esta tarea de recuperar saberes no es menor y sobrexcede a los diagnósticos y a los ciclos nivelatorios o introductorios donde en algunos casos las actividades preparadas son genéricas y utilizadas por más de una cohorte de estudiantes.

Para finalizar podríamos preguntarnos ¿cómo desafiar la formación inicial de un docente frente a tantos y vertiginosos cambios educativos para enfrentar otros cambios en el futuro?

Podríamos pensar quizás que es necesario cambiar la idea de que todo cambio será la solución a los problemas de actualidad y otros de ataño que se evidencian en la educación en sus diferentes niveles. Bajar los niveles de ansiedad y reforzar el trabajo con los docentes, y entre diferentes actores del sistema educativo, que no solamente ven comprometida su vida profesional, sino también la personal, frente a los cambios de rumbo.

Incrementar los niveles de democratización de las instituciones formadoras, la circulación de información relevante y sobre todo del conocimiento sobre el currículum y sus posibilidades para el trabajo articulado y en equipos docentes. Despegarnos de la idea de que los cambios serán la mágica solución, sobre todo cuando no se analizan desde una mirada crítica y reflexiva, sino que se implementan como parte de un mandato que a veces genera pocas oportunidades y muchas dudas e incertidumbres y pocos buenos resultados. 

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