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Querer que el futuro de la ciencia nos alcance

11 de noviembre de 2016

Ulises Solís Hernández. Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México.
IBERCIENCIA. Comunidad de educadores para la Cultura Científica.
Lograr que los estudiantes se vean a sí mismos como futuros científicos es una buena forma de motivar el interés por las ciencias y de incentivar las vocaciones científicas en las escuelas.

El futuro es incierto y a pesar de eso siempre está en nuestras mentes. Todos especulamos sobre el mañana y las expectativas que crean los políticos, los científicos o escritores siempre llaman nuestra atención, es con ellas que queremos amainar esa incertidumbre y prepararnos para el porvenir. Por eso, hablar del futuro siempre es muy interesante para los jóvenes, estimula su imaginación, los hace conscientes de su importancia en la construcción del mundo y, en el mejor de los casos, sirve para que se planteen un proyecto de vida.

A los jóvenes se les puede hablar del futuro partiendo de los éxitos de la humanidad o de sus fracasos, siendo optimista, o vislumbrando las peores calamidades. Todos estos enfoques son legítimos y necesarios, y, en todos los casos, se usa a la Ciencia para justificarlos, para presentar a ciertos escenarios futuristas como posibles y hasta inevitables.

Los docentes podemos usar el interés de los estudiantes en su futuro en beneficio de la enseñanza de las ciencias y en la promoción de las carreras científicas. Si conseguimos que desde temprana edad sueñen con ser los físicos, médicos o mecatrónicos del mañana, entonces tendremos unos fuertes candidatos para las facultades de ciencias e ingenierías.

Pensar en el futuro puede ser también un recurso en el desarrollo de la cultura científica de los ciudadanos. Al hacer una proyección, lo más realista posible del mundo para los siguientes años o siglos, nos damos cuenta de la necesidad de entender cómo funciona la naturaleza. Meditar en las condiciones futuras de nuestro planeta y de la humanidad requiere usar la ciencia y es así como muchos comprenden la importancia de financiarla, divulgarla y enseñarla. 

Cuando pensamos en la ciencia como un instrumento que sirve para planear y conseguir el futuro que queremos, estamos reflejando una visión utilitaria de la misma que la mayoría de la gente tiene. Es común entender a las ciencias naturales como una fuente de solución a los problemas económicos, sociales o ecológicos. Muchas personas piensan que la química, la física o la biología sólo están para aportar soluciones a estos problemas y sólo por eso creen que es necesario apoyarlas.

Pero en las aulas los docentes queremos que los estudiantes vean a la ciencia como algo más que una profesión que resuelve problemas; queremos que la vean como la actividad humana en la que pueden explotar su creatividad, la que les permite entender al mundo, la que los inspira.

Por eso, en las escuelas es bueno hablar del mañana usando la ciencia y de los retos que todavía tiene, con las cuestiones y enigmas que aún no puede responder. En lo personal prefiero hacerlo así, siento que es más estimulante para los chicos y además tiene la ventaja de que este enfoque puede servir para motivar a que los estudiantes tengan una vocación científica.

Un estudiante querrá estudiar una carrera científica si se ve tratando de responder a los misterios más emocionantes de la ciencia, y no me refiero a los problemas de la humanidad, sino a las preguntas básicas y fundamentales que se formulan continuamente los físicos, los genetistas o los neurocientíficos.

Por ejemplo, el año pasado el premio Nobel de física correspondió a los líderes de dos experimentos internacionales que contribuyeron a confirmar la realidad de un sorprendente fenómeno de la física cuántica: los neutrinos (partículas fundamentales de la naturaleza) y que, hasta donde se sabe, hay de tres tipos diferentes: ¡Son capaces de cambiar de identidad entre ellos! Estos importantes hallazgos lejos de completar y cerrar un campo de conocimiento, dieron lugar a más interrogantes y han abierto nuevas áreas de investigación en la física. Podría haber cambios en la teoría que explica las interacciones entre las partículas fundamentales (el Modelo Estándar), pues hay muchas preguntas que responder: ¿cuánto valen las masas de los neutrinos? ¿Hay sólo tres especies de neutrinos? ¿Un neutrino es igual a su antineutrino? Las respuestas a estas cuestiones tendrán que ser una nueva física y, entre los especialistas, es común llamar a estos posibles nuevos descubrimientos como la física más allá del modelo estándar.

Las preguntas abiertas y los problemas sin resolver de la ciencia son alicientes para el desarrollo científico y un impulso hacia el futuro que queremos. Lo que se haga para resolver estas grandes dudas científicas será tarea de los que se dediquen a la ciencia. Por eso, debemos transmitirles a los estudiantes estos misterios sin resolver, para motivarlos a ser ellos quienes los respondan y para incitarlos a ser los descubridores, inventores e innovadores del mañana.

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