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Rompiendo paradigmas, mujeres haciendo ciencia

20 de junio de 2016

Edwin Oswaldo Flores Lazo. San Miguel, El Salvador. IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Reflexión sobre el papel de las mujeres en la ciencia. Una mirada a la realidad nacional y algunas consideraciones para reflexionar sobre la importancia de la participación e incidencia de la mujer en la ciencia.

“Y como a medida que pasa el tiempo, estoy más cerca del final de mi vida, siento que debo lograr más cosas en el tiempo que me queda.
Por eso, en lugar de relajarme y bajar el ritmo, ¡lo estoy aumentando aún más!”
Jane Goodall

Las mujeres a lo largo de la historia han tenido que romper paradigmas respecto a su rol en la sociedad. Estos espacios se han ganado a base de esfuerzos, lucha y una tenacidad inquebrantable para conseguir equiparación de derechos en los comicios, participación social y política, acceso a formación y oportunidades de desarrollo. Muchos de estos derechos fueron conseguidos a través de luchas y de pérdidas de mujeres que como el histórico 8 de marzo han dejado un legado para que las demás mujeres continúen forjando esa historia que se empezó a construir.

Las mujeres siempre han tenido la capacidad y tenacidad para lograr sobresalir en todas las ciencias, no obstante, en un mundo históricamente conducido por hombres y con un patriarcado instalado y reforzado por la religión y la tradición social, emanadas incluso de las mismas mujeres difícilmente se podría tener mucho espacio, y las mujeres que lo consiguieron, igual tuvieron que lidiar con esos retos sociales para agenciarse un puesto en los espacios laborales, académicos y políticos.

Estas realidades en países como El Salvador, considerados países en vías de desarrollo, se agudizan en relación a la pobreza, aspectos jurídicos, institucionales, políticas de participación social y hasta de la misma cultura, debido a las diferencias a las que se ven expuestas las mujeres. En el último informe presentado sobre Trabajo Social al Servicio del Desarrollo humano realizado por el PNUD en diciembre del 2015 encontró que las mujeres siguen teniendo menos espacios de participación en el mercado laboral, ya sea en el área urbano o rural, y de acuerdo a supuestos presentados por el estudio, El Salvador necesitará 40 años para que la tasa de la participación femenina alcance el promedio nacional entre hombres y mujeres.1

Esas realidades son propias de las mujeres no sólo en el mercado laboral sino también en política y en los espacios académicos y jefaturas empresariales. Sin embargo, pese a este aparente desolador panorama algunas mujeres, ignorando estas circunstancias han dejado un legado en el país y siguen haciendo historia. Una investigación realizada por Camila Calles Minero2 recoge que el país, en lo que respecta a la formación de la mujer no estuvo exento de debates, entre el pensamiento liberal y el pensamiento dogmático de la iglesia que consideraba que “la misión de la mujer era eminentemente maternal y, por ende, debía recibir una educación religiosa. Esta educación por supuesto que estaba alejada a fomentar las acciones relacionadas con el quehacer científico” manifiesta el estudio.

La Política Nacional de Innovación, ciencia y tecnología en el 2012, define entre sus objetivos fortalecer la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación precompetitiva, en donde está fundamentada entre otras cosas, en principios de inclusión, facilitando igualdad de oportunidades a las ciencias y tecnologías, así como en la implementación de la política. Sin duda permite al menos teóricamente abrir muchos más espacios de participación e incidencia a las mujeres. Pero pese a no contar con estas herramientas de participación, algunas mujeres señala el estudio conducido por Minero, han logrado destacarse en la esfera nacional, sin que por ello, tuvieron que enfrentar algunos obstáculos, entre los cuales el estudio encontró:

  1. La cultura sexista.
  2. La falta de recursos económicos
  3. Las dinámicas familiares, entendida como el protagonismo de las mujeres en la familia, a la vez que deben lidiar con sus trabajos de investigación simultáneamente.
  4. Falta de oportunidades de formación en doctorados en diferentes áreas en el país. Para el acceso a estos programas se tiene que viajar al extranjero y no siempre las mujeres disponen de los recursos u oportunidades para hacerlo.
  5.  Ausencia de una cultura científica en el país que estimule la formación de científicos y científicas.

En el estudio conducido por Minero encontró que las científicas de su estudio eran mujeres en donde la inclinación por la ciencia surge en los primeros años, las familias y algunos docentes las estimularon a realizar carrera en la ciencia y por supuesto, este grupo de mujeres contempladas en el estudio, la mayoría son de clase media y no todas estudiaron en el país.

Sobre el trabajo científico en el país, la investigación de Minero, recoge algunos elementos que es preciso destacar como el hecho que “se hace ciencia, pero no hay una cultura científica que potencia el quehacer científico nacional”. Esto solo por mencionar algunos de los postulados que recoge la autora. El que hacer de las instituciones de educación superior es de Docencia, investigación y proyección social, no obstante, el tema de presupuestos en las universidades ha sido y sigue siendo un gran debate entre la necesidad del “deber ser” y la vocación de fomentar ciencia desde los recintos universitarios.

Esto por supuesto, no sólo tiene que ver con el enfoque académico local y una cultura que no estimula la producción de ciencia, un estado que no estimula la producción científica ni la divulgación de sus investigadores, aunado a las realidades ya mencionadas de pobreza, desempleo, acceso a oportunidades de formación de espacios escolares, falta de espacios de formación y especialización en el país.

Es importante destacar que no todo está perdido, citando una vez más el trabajo de Minero señala que para el 2012 “La Red de Investigadores Salvadoreños recuenta 623 registros de científicos y científicas que han elaborado al menos un proyecto de investigación. De esos, el 38 % son mujeres” aunque el número de mujeres sigue siendo menor, al menos la distancia se va acortando en la medida que las mujeres se van haciendo espacio en las comunidades científicas del país.

La asamblea general de las Naciones Unidas proclamo el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, en el marco de lograr los objetivos de desarrollo sostenible es preciso la ciencia y la igualdad de género. Este tipo de celebraciones busca fomentar la participación de las mujeres, eliminando todo tipo de discriminación, facilitando con ello espacios jurídicos, económicos y sociales que permitan a las mujeres participación e incidencia.

Es importante destacar el papel de las niñas en la ciencia. Ya esta generación de niñas está cansada de ver en las redes como esos personajes del espectáculo se drogan, desnudan y son capaces de hacer la mayor estupidez con tal de estar en las primeras portadas. Las niñas deben empezar a ver ejemplos de mujeres inspiradoras, como Marie Curie, Rosalind Franklin, Jocelyn Bell, Augusta Ada Byron, , Lise Meitner, Barbara McClintock, Emmy Noether, Sophie Germain, Cecilia Payne y Jane Goodall que han influido y otras que siguen haciendo su parte por transformar nuestro mundo.

Es nuestro deber promover el trabajo de estas mujeres si queremos inspirar a estas futuras generaciones a buscar ser mujeres de ciencia. De mi parte gracias a Minero; conocer y divulgar el trabajo de estas grandes mujeres que al igual que dicha autora han hecho ciencia y continúan haciendo ciencia en mi país, mujeres como Antonia Navarro Huezo, Maria Isabel Rodriguez, Etelvina Morillo, Marta Rosales, Vianney Castañeda de Ábrego, nohemy Ventura, Herlinda Handal Vega y Matilde Elena López.

Los retos son grandes, pero dentro de esos mismos desafíos se encuentran las oportunidades para una nueva generación de hombres y mujeres de ciencia, con especial oportunidades de participación e incidencia. Un espacio que se tiene que generar no sólo desde el Estado, sino también desde las instituciones de educación superior, dejando atrás la visión mercantilista del estudio, también de ciudadanos informados y comprometidos con desarrollar espacios para que las niñas y niños tengan acceso a modelos de formación y espacio donde se fomente el amor por la ciencia y la tecnología apoyados por profesores y profesoras comprometidos en las escuelas y familias conscientes de su rol protagónico en esta coyuntura histórica que nos ha tocado vivir.

Referencias
1. Presentación Informe mundial sobre desarrollo humano 2015. PNUD El Salvador.
2. Camila Calles Minero. “Participación científica de mujeres en El Salvador”. Actualmente, docente investigadora de la Universidad Tecnológica de El Salvador, en donde realiza investigaciones científicas institucionales en el área de comunicaciones.

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