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Siete no es un número, es un hallazgo

18 de enero de 2018

(o como cambiar la educación mundial modificando qué es siete…)

José Luis Castillo. Un aula centrada en competencias no es igual que un aula centrada en transmisión de datos o conceptos. Cambian las emociones, cambia qué produce el alumnado (ya no son exámenes), cambia qué y cómo se evalúa. Y, sobre todo, cambia qué significa la nota y como se halla. Porque la nota ya no es un número...

1) Las competencias no son un problema ni tecnológico ni metodológico, son un problema emocional. Porque la gente docente tienen que dejar de hacer lo que sabe para pasar a hacer lo que aún no sabe. Eso genera ansiedad y rechazo. Y en el alumnado esa ansiedad es mayor porque se juegan la nota. Hace falta crear verdaderos equipos para no hacer el cambio en solitario. Equipos a veces del mismo centro, a veces no. Y se requiere formación en gestión de emociones de aula y creación y mantenimiento de vínculo para ayudar a los docentes a acompañar a sus alumnados. Porque ese es el verbo: acompañar.

2) El proceso de aula comienza definiendo el producto que se pedirá. Un producto respetuoso con el talento del alumnado, suficientemente abierto como para personalizar el aprendizaje. Durante su creación el alumnado irá incorporando currículum en él, explicando sus porqués.

3) El error deja de ser criterio de calificación. Valía (quizá) para datos pero ya no vale para competencias. En su lugar aparecen otros dos criterios: transferencia de lo aprendido y trabajo. Y la nota no es un número que se pueda calcular, sino un descriptor. Poner una nota es investigar en qué descriptor encaja lo hecho por el alumnado.

4) El proceso de evaluación se puede documentar a nivel de grupo (con un registro diario y detallado de sus acciones) y a nivel individual mediante un diario de aprendizaje (con un registro detallado de datos conocidos, habilidades desarrolladas, objetivos personales a los que eso pueda servir, emociones sentidas y valores presentes en lo hecho). Todo ello verificable mediante entrevista. Aquí el error sí forma parte de la evaluación porque es un elemento del aprendizaje, pero sin servir para calcular nota. Y la complejidad de los verbos que representan las acciones se corresponden con la profundidad del aprendizaje.

5) Es necesario dedicar tiempo específico a enseñar al alumnado a evaluar y evaluarse (listas de verificación y rúbricas, principalmente).

Para cambiar la educación mundial es preciso participar de forma abierta sobre estos temas. Toda opinión nos ayudará a lograr el objetivo. Por eso te invito a unirte a un grupo en Telegram al que le hemos puesto el nombre de “Disfrutar del cambio” https://t.me/disfrutardelcambio

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