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Superhéroe: encrucijada de educandos entre el cole, la familia y su propio proyecto de vida

25 de mayo de 2017

Pedro Antonio Ruiz Martínez. Cancún, México. Universidad del Valle de México.
IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la cultura científica
La responsabilidad familiar y el compromiso escolar; así como la aprobación, alejamiento y desapego de padres de familia y docentes, origina en los adolescentes tomar decisiones apresuradas que afectan su realidad, identidad y actitud personal en su proceso de formación y cotidianidad escolar.

A primera vista, la sociedad considera el tema “adolescencia” como crisis. Situación por la que atraviesan los jóvenes entre los doce y los veintiún años; cuyo rango educativo corresponde al nivel secundario o preuniversitario, quienes enfrentan un cambio histórico, a una nueva cultura, a nuevas prácticas sociales y a una modificación de las funciones parentales. Parten de afirmaciones aparentes como: «los padres abandonan su autoridad y responsabilidad a otros, y ocupan el lugar de espectadores al ver cómo sus hijos se convierten en individuos extraños en un entorno de convivencia y participación desconocido», la crisis de valores, la crisis del mundo globalizado, etcétera.

Esta creencia no es extraña por existir vinculación estrecha entre educación y vida real. Una relación histórica–tradicional aséptica y despreocupada, sin ser ajena a su propia naturaleza. En este sentido, como docentes hemos vivido la encrucijada que enfrentan nuestros discentes; en dos aspectos:

  • Normas, cambios, conflictos maritales, económicos y las responsabilidades implicadas como integrante de la familia.
  • Obligaciones, compromisos, convenios, responsabilidades, conflictos entre iguales, de aceptación grupal, de personalidad, convivencia multicultural; aunado a los propios problemas del ejercicio docente: estrés, apatía, continuidad de la práctica tradicional docente – pero ahora, ya incluimos Tablet, PowerPoint, Internet y algunas aplicaciones educativas –. Dentro de su contexto de enseñanza y aprendizaje.

A partir de éstos aspectos formadores, surge en la mayoría de los educandos un vació de ser y de sentido. Está más solo. Aliado de la tecnología globalizada, y con ello, ha descendido la fuerza protectora de los sistemas de parentesco. Ha crecido la desfamiliarización. Cuando ésta, es protagonista en la transmisión de la cultura, valores, conocimientos, tradiciones, sentidos, proyectos, esparcimiento y diversión; todo esto, al perpetuar la convivencia, diálogo cotidiano entre padres, abuelos y familiares. Sin embargo, está en crisis forja con lentitud un discente “al descubierto”, un individuo biológico cuyo proceso socializador presenta carencias en sus relaciones primarias de crecimiento. Mientras tanto, los lazos afectivos, de valores, acuerdos y límites se reciben a “cuentagotas”. En este sentido, se incrementa la presencia de conductas conflictivas, aquellas donde el contenido ético positivo no esta presente, tanto en los cambios profundos como en el conformismo. Ante esta encrucijada adjudicada a nuestros educandos, la crisis familiar se acrecienta, por una parte, y por otro, la desvalorización escolar, permiten la presencia de factores críticos de una socialización parcial como practicas conductuales negativas: alcoholismo, drogadicción, trastornos de personalidad, apatía, crisis de identidad, deserción escolar, problemas de salud, trastornos alimenticios, entre otros.

Con base en ello, las familias y la escuela se han distanciado del crecimiento de los chicos, y con ello, otros participantes han adquirido esa responsabilidad: los medios, la cultura de la publicidad, el marketing dirigido a esa población cautiva: adolescentes y jóvenes.

La brecha generacional entre los adultos y los adolescentes se ha hecho presente con mayor énfasis. Lo cercano y cautivante es la cercanía con el mercado. Siendo este, sutil al subyugar con imágenes tentadoras, con estudios de necesidades y deseos; así como, encuestas para posicionar artículos, objetos e instrumentos, marcas, bebidas alcohólicas, energizantes y drogas. Por ejemplo, la venta de ropa o accesorios deportivos mostrados por el jugador de moda, hasta un estilo de vida “cool” llevado por una celebridad o personaje delictivo.

Ingresamos a una sociedad dirigida por los otros, descrita por D. Riesman (1949): “Cada vez más, las relaciones con el mundo exterior y con uno mismo se producen por el flujo de la comunicación masiva. […] En las familias más pequeñas de la vida urbana, y con la difusión del tipo “permisivo” de educación infantil en estratos cada vez más amplios de la población, se produce una relajación de las antiguas pautas de disciplina. Bajo estas nuevas pautas, el grupo de pares (el grupo de los propios asociados de la misma edad y clase) se torna mucho más importante para el niño, mientras que los padres lo hacen sentir culpable, ya no tanto por la violación de normas internas, sino por la incapacidad para alcanzar popularidad o manejar de alguna otra manera sus relaciones con esos niños. Además, las presiones de la escuela y del grupo de pares se ven reforzadas y continuadas, por los medios masivos”. Bajo estas condiciones, emergen tipos de carácter que aquí llamaremos dirigidos por los otros” (pp:31 – 32).

Desde esta perspectiva, nuestros estudiantes comparten actitudes y conductas similares a sus iguales; al ser éstos, el modelo a seguir, sean los conocidos o aquellos con quienes mantiene una relación indirecta, mediante amistades o personalidades posicionadas por los medios de comunicación. Desde luego, esta fuente es “interna” y dependerá del momento en que se implante en el crecimiento del individuo. Las metas variarán a partir de esa orientación. Por consiguiente, la confusión característica puede ser:

  • Originalidad. – El discente persiste en adoptar o imitar un estilo con el cual se identifica: imagen, comportamiento, actitud, lenguaje oral o escrito. Este proceso puede originarse para causar molestia en los padres, aprobación del grupo dominante en la escuela y, tiende a hacer de sí mismo algo especial, único. A partir de un sentimiento de aversión o rechazo a normas, reglas, compromisos y responsabilidades establecidas o derivadas en su proceso de formación y crecimiento. La crisis suele originarse por un suceso de alejamiento, perdida, deceso, engaño, desilusión, anhelo no alcanzado, violencia, decepción, etc. Puede ser: individual, al descubrir su Yo, preferencia a estar solo, retraído, apartado, por el secretismo. Social, rebeldía hacia el mundo adulto, los sistemas de valores o ideas recibidas. Debido a la falta de comprensión y atentar contra su independencia. Sorprender, afirmación de sí mismo y distensión son sus fases (Debasse, 1936).
  • Identidad. – Al comparar experiencias adquiridas a través de la toma de decisiones en diferentes contextos de participación y convivencia, las cuales, requieren responsabilidad, compromiso y obligaciones entre iguales, el centro escolar y la familia. Entre sus características, la crisis de identidad, presenta una clara incapacidad para comprometerse con otros – iguales, docentes, padres y adultos –; desinterés por el tiempo – estudio, realización y cumplimiento de actividades, establecimiento de metas, entre otros –. Asimismo, se ha observado cierta incapacidad de concentración y desorganización en el trabajo (E.H. Erikson, 1980).

Mantener, por lo tanto, cierto nivel relacional con los otros, hace posible una gran correspondencia en la conducta, no mediante un ejercicio de la conducta misma, como suelen ser los consejos, enseñanzas o normas habituales que se dan para encaminar un comportamiento, conducta o actitud ante el proceso de formación, sino más bien a través de una insólita sensibilidad a las acciones y deseos de los otros.

Es importante identificar quiénes son esos “otros”, es decir, si éstos, pertenecen al círculo inmediato de convivencia del educando o corresponden a un entorno superior, o se trata de personalidades anónimas de los medios de comunicación, las redes sociales o tribus urbanas: Bakalas y makineros, sureños, Canis, Flaites, Ñeros, Turros, Nacos, Chakas, Cholos, Cumbieros, Emos, entre otros. Si el discente teme la hostilidad de las relaciones casuales o sólo la de aquellos que cuentan – padres y familiares, docentes, compañeros de clase o escuela; así como, iguales fuera del centro escolar –. De este modo, cubrir la necesidad de aprobación y dirección por parte de esos otros, y de aquellos otros contemporáneos quienes ostentan mayor relevancia que los propios padres y profesores, va más allá de las razones o prioridades de desenvolvimiento, participación, conductuales y de comportamiento que presenta la mayoría de las personas de cualquier edad y de cualquier entorno sociocultural y económico al atribuir mucha importancia a la opinión que se tiene de ellos por los demás.

Esta tendencia, pese al cuidado, atención y cercanía de los padres, representa un dilema, situación por la cual, las y los estudiantes sienten una separación(distancia) o alejamiento (desapego) de profesores y progenitores, sobre todo en una etapa tan complicada como la adolescencia. Se trata del constante balance entre equilibrio y libertad; ambos de forma excesiva generan rebeldía, apatía, abandono de metas y desinterés personal. Este comportamiento apático y rebelde puede relacionarse a mínimos niveles de cohesión y adaptabilidad de los educandos.

En este sentido, la estructura y cohesión familiar son fundamentales, por lo que, establecer un clima familiar adecuado, disminuirá el sentimiento de abandono experimentado por los hijos al no existir la intimidad familiar, y que impide compartir sentimientos y emociones; y, por tanto, buscarán la aprobación y aceptación de otros. Los factores de riesgo familiar más comunes son: apoyos y controles familiares débiles; problemas de violencia, alcoholismo y drogadicción entre padres y familiares; familia caótica o desorganizada; falta de contacto familiar – separación violenta de padres o lugar de origen, y en momentos críticos del desarrollo –; situación económica y desempleo. Este aprendizaje es intransferible, ser padre requiere habilidades que son adquiridas a través de la experiencia (ver figura siguiente).

Al hablar de la escuela como institución, entendemos que ésta se estructura a partir de un sistema normativo, con mayor o menor fuerza, pero de un modo u otro, los miembros de la misma deben atenerse. Es así, como una institución atiende necesidades sociales y, su contexto sociocultural es necesario para responder a determinados requerimientos de los miembros de esa sociedad.

Comprender la idea de una relación contractual entre la institución y la sociedad, donde ambas comprometen y exigen algo, conlleva atender las demandas planteadas por el conjunto de la sociedad, que hace referencia a cuerpos normativos, así como también, leyes y disposiciones, ideas, valores y creencias. Por consiguiente, se establece una doble consideración de lo institucional:

  • A partir de aspectos jurídicos – legales,
  • A partir de principios establecidos sin registro fehaciente en el campo de la legalidad, pero en igualdad de fortaleza con los anteriores.

Ambas dimensiones presentan fortaleza equivalente, mientras los miembros de la institución las reconocen como condicionantes de su conducta e intercambios institucionales.

Cuando hablamos de la institución escolar como organización, hacemos referencia a un sistema donde sus aspectos técnicos y socioculturales se encuentran integrados entre sí en función de una meta o propósito, configurado a modo de proyecto. Sus componentes o aspectos formadores son:

  • Espacios y tiempos de trabajoencuentros compartidos, comunes y simultáneos– que se constituyen alrededor de un proyecto más o menos explícito.
  • Metas, propósitos, objetivos o finalidadesjustifican la existencia de la organización–.
  • Existe un “objeto”hace referencia a la producción de determinados productos u oferta de algunos servicios–.
  • Hay personasrelaciones entre sí, en función a la pertenencia a la organización y el rol que desempeñan–.
  • Sistema de rolesdistribución determinada de tareas y responsabilidades –.
  • Diversos tipos de relaciones entre miembrosinteracción social, basados en sistemas de comunicación organizacional–.
  • Funcionamiento fuerzas políticas internas, luchas de poder entre oponentes con mayor o menor grado de visualización de su existencia –.

La organización educativa en su interior, mantiene un elemento fundamental en el proceso de enseñanza y aprendizaje: la comunicación entre los participantes involucrados. No sólo por ser originada mediante la cultura de socialización educativa y la construcción conjunta del conocimiento a través del discurso y la interacción entre el enseñante y aprendiente, sino también, contemplar a los marcos formales de aprendizaje como espacios interactivos dedicados a definir intercambios diversos, donde se desarrollan y compiten aspectos lingüísticos–discursivas diferentes, cuya presencia es fundamental en la evaluación de los educandos.

Incluir una perspectiva etnográfica de la comunicación en el aula aporta un marco metodológico de interés a estos estudios y ha logrado diferenciar categorías útiles a los investigadores en la detección de objetos y variables de análisis pertinentes para una descripción descentralizada, en relación al carácter cognitivo e individual, y así, proponer un acercamiento sociocultural. El resultado de este tipo de acercamiento, puede relacionarse con otros datos, así, por ejemplo, aquellos obtenidos a través del análisis crítico de las formas de comunicación y su articulación discursiva con las identidades socioculturales de los participantes. Asimismo, el sistema de creencias mediante la legitimación o cuestionamiento de cierto tipo de comportamiento comunicativo y cierta propuesta pedagógica; ya sea positiva o negativa su valoración.

La imagen creada de nosotros mismos, la identidad edificada mediante nuestros propios discursos, la imagen de los otros que promocionamos – nuestros grupos –, de nuestros espacios de referencia – geográfico, cultural y social – y las referencias mencionadas en nuestro repertorio lingüístico establecen diversidad y semejanza, de lo que creemos a partir de nuestra cultura y hemos compartido o no.

Por consiguiente, el enfoque etnológico es importante para describir y profundizar en cada elemento de la realidad de la escuela, en las relaciones e implicaciones que surgen entre ellos: rupturas, disidencias, conflictos, atracciones, entre otros. Así como también, en aquellos valores subyacentes y enfocados a orientar el funcionamiento cotidiano, en las normas, costumbres, tradiciones o creencias de la vida diaria o en las conductas y comportamientos de los participantes – profesores, discentes y padres – en relación con la funcionalidad del grupo (López Martín 2001; pp: 14 – 28).

Para concluir, es primordial tener en cuenta nuestro enfrentamiento frecuente con el fariseísmo, cuya correspondencia e interpretación con diferentes significados, nos muestra que el estudio etnológico de la encrucijada que enfrenta el educando para anteponerse al fracaso y deserción escolar es asunto de superhéroes, donde la aceptación de comportamientos y conocimientos, conlleva una gran responsabilidad. Constancia palpable de numerosas cualidades de los adolescentes y jóvenes que son injustamente calificados entre la familia y el profesorado; encasillados en estereotipos que no siempre son reales, lo cual no debe ocultar la preocupación que generan ciertas conductas relacionadas con el ocio, la sexualidad, el consumo de drogas legales e ilegales, la violencia y la actitud ante la vida. Un diagnóstico profundo de valores y virtudes, nos puede conducir a indicar graves culpas morales en múltiples casos en los que un examen superficial, conductista, lo hallaría todo en orden.

Como docentes realistas debemos procurar la diversidad cultural y personal a partir de la formalidad integral y vivida, en los niveles de las diferentes construcciones cognitivas y en la historia del alumnado. Conviene aplicar el antiguo axioma que nos dice que “el obrar se sigue del ser”, no sólo en un sentido metafísico y ontológico, sino sobre todo en el sentido de la presencia dinámica, actualizada, de las potencias de una estructura personal única, irrepetible.

REFERENCIAS:

Dobles Badilla, Ricardo R. (1990). Escuela y comunidad. San José, Costa Rica. Editorial EUNED.

Harf, Ruth. y Azzerboni, Delia. (2008). Conduciendo la escuela: manual de gestión directiva. 1ª ed. Buenos Aires, Argentina. Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico.

López Martín, Ramón. (2001). La escuela por dentro. Perspectiva de la cultura escolar en la España del siglo XX. Valencia, España. Universitat de Valencia. Departamento de educación comparada e Historia de la educación.

Marcelli, Daniel. y Braconnier, Alain. (2005). Manual de psicopatología del adolescente. 2ª ed. Barcelona, España. Editorial MASSON

Poveda, David. (Coord.). (2003). Entre la diferencia y el conflicto, miradas etnográficas a la diversidad cultural en la educación. España. Cuenca: ediciones de la Universidad de Castilla – La Mancha.

Riesman, David. (1949). La muchedumbre solitaria. Un estudio sobre la transformación del carácter norteamericano. Buenos Aires, Argentina. Editorial PAIDOS.

Yaría, Juan A. (2005). Drogas: escuela, familia y prevención. 1ª ed. Buenos Aires, Argentina. Borum Editorial y Librería.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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