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Trabajo colaborativo en educación, fuerza en movimiento

30 de junio de 2018

Ernesto Ezequiel Angulo Julio. Panamá, República de Panamá
IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica
Llevar el trabajo colaborativo a la educación involucra el trabajo docente y el intercambio entre pares. También el uso de las TIC como plataforma de intercambio de saberes. Llegando al trabajo colaborativo interdisciplinario asignando proyectos en el que los estudiantes utilicen conocimientos, habilidades y destrezas de distintos campos de estudio

El trabajo colaborativo emerge cuando un grupo de personas compartiendo conocimientos, experiencias, habilidades y destrezas buscan llegar a una meta común. Generalmente no tiene una estructura formal si no que las personas cooperan con los pares en una base principalmente de intercambio. En educación, no se trata de copiar modelos, por el contrario, se trata de buscar nuevas alternativas que podamos incorporar efectivamente a nuestra metodología para lograr mejores resultados en el proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes. Compartiendo estilos y técnicas de enseñanza vamos mejorando nuestros recursos y adaptando la metodología a este mundo tan cambiante.

Nuestra vida en general, la familiar, social y la comunitaria se basa en la colaboración. Entonces, ¿por qué no incorporar el trabajo colaborativo también a nuestro ámbito educativo en aras de orientarnos siempre hacia la excelencia educativa? Hay tantas posibles alternativas de donde escoger que resulta altamente difícil estudiar las distintas posibles opciones. El compartir nuestros éxitos y escuchar el de nuestros compañeros nos permite refrescar ideas e implementar nuevas técnicas modificándolas y adaptándolas a nuestra realidad educativa particular. Más aun cuando son docentes de nuestro mismo centro quienes están en contacto con nuestro mismo entorno. Al fin y al cabo, casi no hay trabajo en el mundo que requiera de esfuerzo individual. La inmensa mayoría se fundamenta precisamente en la cooperación mutua.

Trabajando colaborativamente podemos desarrollar una experiencia y un conocimiento grupal que nos permita, en sinergia, obtener metas más altas de las que podríamos lograr trabajando cada uno por separado. Es como tener un banco de experiencias y conocimientos al que podemos recurrir para utilizarlos como herramientas en nuestra labor educativa, tomando las que necesitamos en cada caso específico según las características de los estudiantes que tenemos a cargo, evitando caer en la monotonía que causa el buscar inconscientemente mantenernos dentro de nuestra zona de confort. Debemos tomar en cuenta que generalmente nos enfrentamos cada año a nuevos grupos de estudiantes con su propia personalidad y estilo de aprendizaje por lo que no podemos mantener siempre la misma metodología.

Por otro lado, dicho proceso de colaboración puede ser fácilmente extendido a otras regiones geográficas y abierto a nuevas experiencias gracias a la globalización y a la interconectividad con la que nos beneficiamos por las tecnologías de información y comunicación. IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica, es un claro ejemplo de las ventajas de cómo podemos nutrirnos de conocimientos y experiencias gracias al intercambio altruista entre pares de diferentes áreas y con diferentes prácticas docentes. El mantenernos colaborando con artículos desde nuestra experiencia y conocimiento personal y leer los de otros colegas nos permite amalgamar todo ese caudal cognitivo y adecuarlo a nuestra realidad y contexto personal para beneficio de nuestra práctica educativa.

Herramientas como la comunicación a distancia por videoconferencia, mensajería, correo electrónico, chat y otros nos permiten estar en contacto directo de forma sincrónica o asincrónica, según sea nuestra posibilidad, compartiendo con pares en una relación simbiótica de ganar-ganar para compartir y obtener beneficios mutuos. El objetivo es mantenernos actualizados y compartir experiencias para pulir y mejorar nuestro desempeño.

También podemos hacer uso de trabajos colaborativos como los sitios Web, blogs, canales de video, etc… que podemos abrir para estar en contacto directo con colegas y desarrollar proyectos en conjunto aportando nuestras ideas a medida que avanzamos en el mismo. También tenemos la opción de abrirlo en línea a otros colegas y hasta al público en general permitiendo así que terceras personas puedan beneficiarse de la investigación. Ni hablar de aquellos proyectos colaborativos que permiten la participación de cualquiera que tenga conocimientos específicos que aportar enriqueciendo así el caudal cognitivo de contenidos específicos. Ejemplos de ello lo vemos en sitios como Wikipedia y Proyecto Gutenberg que combinan los saberes de miles de personas de distintas áreas para centralizar información en otras miles de distintos campos y áreas y compartirlos en la red.

Ahora bien, hay una modalidad muy interesante del trabajo colaborativo entre docentes que permite ampliarlo a los estudiantes poniéndolos en contacto con la vida real aplicando los conceptos aprendidos al diario vivir, como debe ser. Este tipo de trabajo colaborativo va un poco más allá del mero intercambio altruista de conocimientos entre docentes llegando a una organización un poco más formal. Se trata de la interdisciplinaridad de los proyectos. Nada más productivo que desarrollar proyectos en conjunto con otros docentes de forma que su desarrollo incluya aprendizajes adquiridos en distintas materias combinándolos en una meta final. Además, se enseña a los estudiantes a trabajar en equipo – aunque trabajo colaborativo y en equipo no es exactamente igual – aplicando las fortalezas de cada uno en el proyecto y apoyando sus debilidades en las fortalezas de los demás.

Las TIC ofrecen un ambiente ideal para el trabajo colaborativo que los docentes podemos perfectamente aprovechar. Todo centro educativo tiene (o debería tener) coordinación por nivel y coordinación por departamento que en muchas ocasiones funcionan básicamente para fines administrativos. Pongamos estos niveles administrativos a trabajar en pro de nuestra educación coordinando actividades y prácticas colaborativas que propicien un desarrollo cónsono con las necesidades y realidades de nuestros estudiantes compartiendo nuestras experiencias y conocimientos. No hay nada más provechoso que poner a nuestros estudiantes a trabajar aplicando lo aprendido a proyectos de vida que les mostrarán la aplicación práctica de los conocimientos aprendidos. Esto lógicamente a través del trabajo colaborativo interdisciplinario desarrollado por los docentes.

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