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Un “mapa genético” de la placenta podría ayudar a prevenir la transmisión del Chagas de madre a hijo

10 de septiembre de 2018

Un equipo de científicos de Argentina, Chile y Uruguay pretende facilitar el desarrollo de intervenciones que reduzcan el riesgo de contagio intrauterino.

(Agencia CyTA-Fundación Leloir)-. Científicos de Argentina, Chile y Uruguay armaron un “mapa genético” de la respuesta de la placenta ante la presencia del parásito de la enfermedad de Chagas, lo que podría inspirar futuras terapias para evitar el contagio intrauterino del bebé. En la actualidad, se calcula que el 40% de los nuevos casos en Argentina de la enfermedad se debe a la transmisión vertical madre-hijo.

“Conocer la respuesta de la placenta ante la presencia del parásito, Trypanosoma cruzi, permitirá en el futuro diseñar estrategias terapéuticas así como tener marcadores que podrían eventualmente predecir si el bebé se infecta o no. Actualmente las drogas disponibles para el tratamiento de la enfermedad de Chagas no son recomendados para el tratamiento de la madre embarazada, ya que son dañinas para el feto”, afirmó a la Agencia CyTA-Leloir, la autora correspondiente del avance, la doctora Ulrike Kemmerling, Directora del Programa de Anatomía y Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en Santiago.

Del trabajo también participaron científicos de los laboratorios de Carlos Robello, del Instituto Pasteur y de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, en Montevideo; y de Alejandro Schijman, del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular “Dr. Héctor Torres” (INGEBI), que depende del CONICET y de la UBA.

Según describe la revista “Parasites & Vectors”, los científicos incubaron “explantes” de placenta humana: fragmentos de tejido que cultivaron en un medio artificial con diferentes concentraciones del parásito durante 2 y 24 horas. En cada condición experimental, y mediante tecnología de punta, evaluaron los cambios de expresión génica (activaciones o “apagados”) de más de 26 mil genes.

El proceso tiene la dinámica de una batalla. “Estudios previos de nuestro laboratorio demostraron que, por una parte, el parásito intenta romper la barrera placentaria y que, por otro lado, la placenta cuenta con mecanismos para impedir el avance del parásito”, puntualizó Kemmerling. El análisis logró describir que esa “disputa” se refleja en cambios en la actividad de algunos genes, como CXCL9, TLR-7, LBP y CD14, que están implicados en la respuesta inmune, remodelación y reparación del órgano cuando enfrenta la agresión del Trypanosoma cruzi.

Kemmerling, Robello y Schijman coincidieron en que los resultados del flamante estudio se pueden extrapolar a la situación que acontece durante la transmisión de madre a hijo. “La novedad de nuestro estudio está dada por el hecho de que trabajamos con explantes de placenta humana, un modelo más complejo que aporta mejor información de la que los modelos animales y las células en cultivo suelen arrojar”, enfatizó la científica chilena.

Aún no se sabe por qué en algunos casos los bebés nacen sin evidencia de una infección con Trypanosoma cruzi pese a que sus madres están infectadas. De acuerdo con Schijman, quien también es investigador del CONICET, entre los factores que influyen podrían citarse la carga parasitaria, la cepa del agente y las características genéticas e inmunológicas de la mujer gestante. “Es preciso seguir investigando cómo se comporta la infección durante el embarazo a fin de diseñar estrategias que eviten que los bebes se contagien”, puntualizó.

Otro estudio – publicado en junio pasado en la revista “American Journal of Pathology” – que fue liderado por Schijman, y cuya primera autora es Natalia Juiz, también del INGEBI, se describen diferencias genéticas y proteicas tras comparar análisis de muestras de placenta de mujeres infectadas y sanas. “Este trabajo, que evidenció una serie de rutas metabólicas y familias de genes de expresión diferencial ante la infección, complementa el trabajo hecho en explantes ex vivo”, afirmó Schijman.

Los autores del estudio planean seguir analizando algunas de las respuestas de la placenta ante la infección para que, en el futuro, se puedan utilizar como blancos terapéuticos y biomarcadores de pronóstico de la transmisión congénita.

De la investigación regional también participaron Christian Castillo e Ileana Carrillo, de la Universidad de Chile; Gabriela Libisch, del Instituto Pasteur de Montevideo; y Natalia Juiz, del INGEBI. Y fue financiado parcialmente por el subsidio internacional “ERANET-LAC HD 328” que apoya la cooperación científica entre países de la Unión Europea y América Latina y el subsidio REDES 130118 de CONICYT que financió la cooperación entre los laboratorios de Uruguay y Chile.

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