OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Una importante dimensión de la interdisciplinariedad en la Escuela Primaria: la Educación para la Salud

17 de abril de 2016

Dra. C. Adania Guanche Martínez. La Habana, Cuba.
Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
En la labor diaria en la Escuela Primaria, la Educación para la Salud constituye una dimensión del trabajo educativo, que junto a otras, puede agruparse bajo la denominación de Educación para el Desarrollo Sostenible, aunque esta, a veces, no es reconocida por muchos como expresión de la interdisciplinariedad.

La Educación para un Desarrollo Sostenible, en opinión de la autora, comprende la Educación Sexual, la Energética, la Ambiental, la Vial, y todas ellas, integradas con la Educación para la Salud, orientan hacia el desarrollo de actitudes que a los seres humanos les permiten asumir conductas responsables y consecuentes hacia el entorno y hacia sí mismos, como forma de garantizar un sistema de relaciones que aseguran la salud individual y colectiva, y que son premisas para el logro de un desarrollo de la sociedad a largo plazo, sin afectar el entorno y sin degradar la naturaleza. Por ello, la Educación para un Desarrollo Sostenible es un buen ejemplo de interdisciplinaridad.

La Educación Sexual muestra a los estudiantes cómo debe ser una conducta responsable con respecto a su vida sexual, entre otros aspectos; la Educación Energética instruye y educa para aprovechar estos recursos que mueven la vida de la sociedad actualmente; la Educación Ambiental ofrece conocimientos variados para que todos cuidemos del entorno natural y aprovechemos los recursos de forma responsable, sin agotarlos; la Educación Vial se propone hacer de nuestros estudiantes, personas respetuosas y corteses en las calles, al tiempo que aprenden a orientarse con seguridad en ciudades llenas de tránsito.

Detengámonos en la Educación para la Salud, que al abordarla como sistema, debe asegurarse una adecuada preparación del maestro en su rol de orientador cotidiano de sus escolares, en problemas que atañen a su bienestar personal.

Existen múltiples ejemplos de actividades que pueden desarrollarse en la escuela, y que estén dirigidas a la conservación de la salud y la del medio ambiente, y hacia la formación de una conciencia en este sentido. El objetivo máximo, por tanto, es que cada uno de nuestros alumnos sepa cuidar de su salud y de su higiene personal y evitar los contagios con enfermedades peligrosas. De esta manera, la Escuela no solamente da instrucción, sino que se preocupa de garantizar el futuro de cada estudiante y de su comunidad.

En este sentido, se comprende la amplitud de conocimientos que debe tener cada maestro, pues es en la etapa de la niñez y la adolescencia cuando los escolares que están bajo su cuidado y educación, son más vulnerables y cuando hay que formar y desarrollar en ellos cada hábito que resulte beneficioso.

Sencillamente, cada concepto que el maestro pueda llevar al niño de manera práctica, será mejor comprendido por este, y también debe lograrse que aprenda a observarlo todo, a analizarlo todo y a sacar conclusiones de sus observaciones.

En este sentido, el maestro señala y demuestra cómo lograr el equilibrio salud-enfermedad, y, junto al médico, es el profesional que vela porque sus alumnos se concentren mejor, aprendan más y se desarrollen armónicamente.

El concepto de salud humana ha cambiado en los últimos años, pues una persona puede estar padeciendo de una enfermedad transitoria y ser considerada una persona saludable; por el contrario, alguien aparentemente sano, puede estar padeciendo de un desajuste psicológico, o de otra índole, lo cual constituye un problema de salud.

De esta manera, el maestro, al realizar el diagnóstico integral de sus alumnos, debe analizar, no sólo los conocimientos que estos poseen, sino que también puede y debe percatarse de desajustes, tanto físicos, como mentales, en cuyo caso, debe tomar como medida inmediata, la conversación con los padres y su orientación acerca de los derroteros a seguir.

Para ello, el docente debe conocer los parámetros normales de desarrollo de los niños en cada edad o etapa de su vida infantil. Al mismo tiempo, debe tener una idea de las enfermedades más comunes que pueden padecer los escolares, y esto es lo ideal en países cuyos climas propicien la existencia de infecciones producidas por microorganismos, ya sean bacterias, hongos, protistas, helmintos u otros tipos de endoparásitos o ectoparásitos.

Consecuentemente, algunos conocimientos que antes eran del dominio exclusivo del pediatra, tienen hoy día que estar al alcance del maestro o la maestra, lo que es imprescindible, por ser este profesional el que a menudo detecta que algo no anda bien en el desenvolvimiento de alguno de sus alumnos, debido a problemas de salud.

Un análisis elemental de la cuestión nos debe rememorar que la unidad indivisible del hombre está integrada por tres esferas: la esfera psicológica, compuesta por los sentimientos, el intelecto y las emociones, entre otros aspectos; la esfera biológica comprende los sistemas que componen el organismo y la esfera social demuestra la relación con los demás sujetos. Cualquier alteración en alguna de estas esferas puede destruir rápidamente la armonía de las otras dos, perjudicar la salud, e impedir un normal desarrollo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Carta Magna de 1946 definió la salud como “El estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” . La importancia de la salud se manifiesta en el empeño sostenido por lograr un estado satisfactorio en cada persona o colectivo.

La Educación para la Salud es, pues, un campo especial de las ciencias médicas y de la salud pública, pero lo es también de la Educación y su objetivo es la transmisión de conocimientos y el desarrollo de una conducta encaminada a la conservación de la salud del individuo, del colectivo y de la sociedad. El propósito es desarrollar generaciones de hombres y mujeres sanos, aptos para transformar positivamente su entorno, y por lo tanto, se puede asumir también la Educación para la Salud como la actividad formativa y educativa, dirigida al desarrollo de una actitud consciente y responsable por parte del ser humano ante el fomento, la conservación y el restablecimiento de la salud y su capacidad de rendimiento.

En la salud influyen muchos factores, como son la vivienda, la alimentación y el desarrollo económico; los alimentos constituyen componentes de gran importancia dentro de este grupo. Los componentes naturales comprenden el clima y los agentes físicos, entre otros. Los factores biológicos comprenden el sexo, la edad, la herencia y los agentes biológicos, los cuales, en algunos casos, son portadores o transmisores de severas enfermedades.

En diversos países se desarrollan cursos para la prevención de enfermedades, o campañas, como las que se sostienen contra el tabaquismo y las drogas; en Cuba, participamos todos en la erradicación del mosquito Aedes aegypti (agente transmisor del dengue, el chikungunya, y el zika).

Ciertos aspectos relacionados con la higiene escolar merecen un tratamiento particular, pues a veces no se enfrentan debidamente por el maestro algunas enfermedades causadas por ectoparásitos. Se conocen con este nombre a los agentes parasitarios que actúan en la parte externa del organismo, aunque también existen endoparásitos, o sea, los que parasitan en el interior del cuerpo de otros animales o de plantas.

A los primeros pertenecen ciertos insectos denominados Pediculus humanus que abundan en determinada época del año, que se alojan en el cabello, causan una afección que se ha denominado pediculosis, y son vulgarmente denominados piojos. El maestro debe orientar a los padres acerca de las medidas higiénicas que deben ser mantenidas por la familia y remitir al escolar al médico de forma inmediata, si se detectan estos ectoparásitos.

Menos frecuente son los casos de escabiosis, enfermedad producida por un ácaro que habita en el interior de la piel. Los ácaros son artrópodos, o sea, organismos de patas articuladas, que pertenecen al grupo de los arácnidos. Los ácaros de la sarna son los que producen la escabiosis, enfermedad que causa picazón intensa en la piel, pues el parásito penetra debajo de la epidermis y abre surcos por los que se traslada y pone sus huevos. Las medidas a tomar son similares que en el caso anterior, mucha higiene, consejos a los padres y aislamiento de los menores que pueden contagiar a otros niños.

Muchos escolares se infestan con organismos del grupo de los nemátodos. Estos sí son endoparásitos. Entre los más conocidos se encuentran el Enterobius vermicularis, vulgarmente denominados oxiuros, y el Ascaris lumbricoides o lombriz intestinal.

El primero de los mencionados es más común entre los niños y niñas, por ser difíciles de erradicar, ya que las hembras fértiles descienden hasta el ano por las noches y depositan sus huevos, por lo que causan gran escozor. Los niños se reinfectan, al llevarse las manos a la boca, después de rascarse las lesiones producidas en esa zona de su cuerpo. El maestro puede detectar algunas de estas maniobras realizadas por los menores y esto los alerta para efectuar la pertinente comunicación con las madres y su orientación precisa.

La Educación para la Salud es una disciplina formadora de valores, porque su objetivo esencial es el de desarrollar las potencialidades individuales, familiares y grupales, dentro de un conjunto social, para el logro de actitudes y conductas positivas, tendientes a una mejor calidad de vida. En cada una de nuestras escuelas, nuestras aulas, o en cualquier lugar donde se encuentre un maestro o maestra, pueden abrirse un espacio distinto, alternativo, estructurado en el diálogo, la cooperación, la comunicación y la solidaridad.

Por supuesto, el maestro primario debe incluir en los temas que trate en todas las asignaturas, elementos que vinculen estos conceptos de la salud, con los objetivos de esas materias. Pero es necesario tener conocimientos profundos acerca de estos y otros elementos que deben buscar en la bibliografía especializada o al asesorarse con un facultativo.

La educación para la salud es un elemento muy valioso para fomentar estilos de vida sanos en las nuevas generaciones y propiciar procesos de enseñanza-aprendizaje más desarrolladores. El maestro o maestra organiza la vida de sus alumnos, de tal modo que estos aprenden en la escuela a comer, a comunicarse, a participar, a amar, a vivir en general, y como resultado, se obtienen formas de conducta que, por su repetición involuntaria, se transforman en hábitos pero que se iniciaron en algún momento y fueron encauzadas también, bien o mal, en algún sitio preciso de la intimidad familiar o comunitaria en nuestra más tierna infancia o juventud.

Dentro de los hábitos que se pueden formar para orientar la Educación para la Salud se encuentran el de realizar ejercicios físicos, tomar el Sol de forma moderada y en las primeras horas de la mañana y últimas de la tarde, el de ingerir todo tipo de alimentos y el de sentarse y ponerse de pie correctamente.

Es importante que tratemos sobre otros aspectos acerca de la higiene personal, que se define como el conjunto de medidas y normas que deben cumplirse individualmente para lograr y mantener una presencia física aceptable, un óptimo desarrollo físico y un adecuado estado de salud. Por eso, la higiene personal no significa solamente la práctica del baño diario; es mucho más que eso, pues también significa la higiene de las axilas, el lavado del cabello, la higiene de las manos, de las fosas nasales, los ojos, los oídos, la higiene buco-dental, la del vestuario y la higiene mental y de los procesos biológicos.

Es conocido por los maestros y maestras de primaria, que algunos niños, en las edades comprendidas entre 10 y 12 años, son remisos a mantener una higiene adecuada. El educador debe tener tacto al tratar con ellos acerca de este problema y dar la recomendación indirectamente, es decir, mostrando fotografías, ilustraciones, carteles, en los que se pondere la buena presencia de los escolares, su limpieza, el uso adecuado del uniforme y se promuevan concursos para estimular a los alumnos más limpios, a los que mantienen la mayor higiene posible, entre otras acciones que entusiasman a los menores.

El sueño forma parte de la higiene mental y de los procesos biológicos. La importancia que se le atribuye radica en que el sueño posibilita el restablecimiento de la energía gastada en el momento de la vigilia. Durante el sueño, se produce una disminución de la intensidad de las funciones orgánicas, por lo cual este constituye un excelente reparador de energía, con la consiguiente elevación de la capacidad de trabajo. Un déficit en el sueño repercute negativamente en el estado de salud y ocasiona fatiga, disminución de la capacidad de trabajo, apatía y hasta puede provocar amnesia parcial. Hay niños que no duermen bien y el maestro, en el aula, lo reconoce por la forma de conducirse este menor, que bosteza con frecuencia, se queda dormido sobre el pupitre o pierde momentáneamente la facilidad para prestar atención.

La promoción de la salud es un concepto que alude a la ganancia de bienestar como un todo; es un concepto positivo e integral que no se relaciona con la evitación de una enfermedad específica, sino más bien con la convicción de “ganar en salud o conservarla”, independientemente de que ya se esté sano. Ejemplos de promoción de la salud están en la educación entendida como formación integral, los ejercicios físicos, la recreación, las mejoras de las condiciones de vida de la gente, que impactan su salud como un todo.

En la escuela primaria frecuentemente se olvidan un tanto los problemas que afectan o que atañen a la salud de los escolares que tenemos a nuestro cargo. Y esto no ocurre por descuido de los docentes y a veces por no querer afrontarlos. Sencillamente se produce porque vivimos inmersos en un ámbito en el que priman otras preocupaciones y a veces el maestro o maestra insisten mucho más en el desarrollo de sus lecciones, que en el estado de salud de los niños y niñas a los cuales estas van dirigidas. La Educación para la Salud no es una asignatura independiente; se integra coherentemente al currículo.


Tomado de la Carta Magna de la OMS. 1946.

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac