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¡¡¡Y … a pesar de todo juegan!!!

2 de junio de 2017

Por César Vicente Benavides Torres
Museo Interactivo Casa de la Ciencia y el Juego. I.E.M. Aurelio Arturo Martínez.
Facultad de Educación Universidad de Nariño. Pasto. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
Me impresionó mucho y es el causante de esta reflexión. De vez en cuando en la televisión Colombiana se presentan documentales que impactan el alma, el corazón y el cerebro de sus televidentes. Eso creo; lo cierto es que me arrugó todas mis emociones cuando la periodista, cuyo nombre no recuerdo, presentaba su documental desde Siria, en medio de la guerra. Ella, se toma la libertad de ver lo que otros no miran y ponerlo en la pantalla para sensibilizar a la humanidad. El título sugestivo y dramático decía: “Los niños de la guerra”. Admiro a las personas que son capaces de “mirar lo no mirado” o “sentir lo no sentido” o “palpar lo no palpado”. Para ello se necesita libertad de pensamiento, sensibilidad social, ser amante de las experiencias discrepantes y tener una altísima capacidad de asombro.

El programa transcurre mostrando las actuales condiciones de la guerra de un país: Siria. Luego el tema se enfoca en las niñas y los niños. Son entrevistados sobre sus vivencias y cuentan los terribles sufrimientos que padecen, el hambre, el miedo, las dificultades para sobrevivir. No entienden lo que pasa, pero lo padecen a profundidad. La muerte de sus seres queridos, sus lágrimas y el dolor se reflejan en cada palabra que pronuncian. Sin embargo y a pesar de todo este terrible panorama, las niñas y los niños Sirios salen a la calle y en medio de la destrucción por los bombardeos, se dedican a jugar, sonríen, se divierten, viven y soportan las atrocidades de la guerra. Para mí la guerra solo trae destrucción y violencia, provenga de donde provenga. Y los que más sufren son los pequeños.

¿Qué tiene el juego que aparece incluso en los momentos difíciles para subsistir como la guerra? Homo Ludens (1938) es el título de un libro publicado por el profesor, historiador y teórico de la cultura holandesa Johan Huizinga. El título se podría traducir al español como Hombre que juega. Aquí se analiza la importancia social y cultural del juego y la importancia del juego en el desarrollo de los humanos. La tesis principal de Johan Huizinga consiste en destacar que el “acto de jugar es consustancial a la cultura humana”.

Si acudimos primero a la etimología, la palabra juego se deriva del latín iocus o acción de jugar, diversión, broma. Uno de los intentos más significativos por caracterizar y definir al juego lo encontramos con Johan Huizinga quién se encargó de reflexionar al respecto y lo definió con los siguientes rasgos: Es una actividad libre, una situación ficticia que puede repetirse, está regulada por reglas específicas, tiene una motivación intrínseca y fin en sí misma, genera cierto orden y tensión en el jugador. Son características que podemos observar cuando los pequeños se ponen a jugar en serio, en cualquier parte del mundo.

Muchos autores han estudiado el juego. Schiller dice que “sólo se es hombre completo cuando juega y es parte integrante de la vida”. Huizinga: “El juego es una acción o una actividad voluntaria y es el origen de la cultura”. Caillois : “La función propia del juego es el juego mismo. Lin Yutang : “Lo que define al juego es que uno juega sin razón, y que no debe haber razón para jugar”. Hoy las nuevas generaciones poco juegan y menos al aire libre en contacto con la naturaleza. Están inmersos en los aparatos electrónicos y muchos hijos se niegan a jugar sin que haya tecnología de por medio. Una investigación que forma parte de la campaña “Liberen a los Niños”, estableció recientemente que mientras los presos de Estados Unidos pasan dos horas diaria al aire libre, los niños y niñas salen apenas una hora. Y qué decir de los recreos en las instituciones educativas que cada vez son recortados y están en vía de extinción, porque no se quiere perder tiempo para “aprender datos”. Terrible panorama el que estamos viviendo.

La vida infantil no puede concebirse sin juego. Jugar es la principal actividad de niños y niñas y responde a su necesidad de mirar, tocar, curiosear y experimentar. Jugar es una de las fuentes más importante del progreso y aprendizaje. Todas la competencias se potencian con el juego.

Francesco Tonucci nos hace reflexionar cuando nos pregunta: ¿Para quién es una ciudad?. Y afirma que en guerra, las ciudades se cierran para que pasen las tropas. Todo funciona alrededor de la guerra. Cuando termina la guerra, se elije otra misión. Las ciudades son para el trabajo. Tonucci dice que la ciudad debe ser adecuada y adaptada para el juego. La misión primaria de la ciudad como gran aula, debe ser el desarrollo de las niñas y los niños.

El Juego es cultura porque es obra humana, es criterio porque en el juego se toman decisiones, se toman caminos, es diversión, entretenimiento, es reto, es autoevaluación de sus propias capacidades, no tiene límite, es igualdad, se respeta el reglamento, es experimentación, nos hace pensar, es comprensión, nos permite explorar, es sociabilidad, es placentero por estar juntos, es conocimiento, nos despierta el afán de saber más, es libertad, es disfrutar. El juego es el gran cebo del apetito del saber. Si los niños y niñas están aburridos, podemos inventar, soñar, generar espacios para forjar las ganas de aprender y el juego su gran aliado.

La convención de los derechos de la infancia de 1989, en su artículo 31 consagra el derecho a jugar. Este derecho es el único que la guerra no les puede robar. La Casa de la Ciencia y el Juego, como Museo Interactivo, utiliza en sus visitas diarias el juego como la “herramienta” que invento la naturaleza para aprender. Las sonrisas, las caras emocionadas, los ojos abiertos, los oídos despiertos y una gran energía desplegada, nos alimentan la sospecha que el juego es vital para aprender ciencia, sensibilizarlos frente a la necesidad de conservar nuestro planeta y aprender a convivir con los diferentes. Cuando cerramos la puerta de nuestro centro interactivo, colocamos un letrero que dice: “Cuidado hay niños jugando”, no los interrumpa y prohibido jugar al balón, excepto niños.

Si este mundo dedicara unos pocos minuto al día a escuchar a los niños y a las niñas, podríamos tener más amigos, más sensibilidades, más paz, menos guerra, más tolerancia, más perdón. Y los infantes podrían jugar y divertirse ad infinitum.

Cuando los pequeños sufren la guerra, una forma de evitarla y esquivarla es jugar. ¡Y a pesar de la muerte, juegan!!. Tremenda lección para la sociedad de los adultos.

 

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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