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regular, todos, útil, diversificada ...

27 de octubre de 2018

Mª Azucena Matilde González. Redondela (España) IES de Mos. IBERCIENCIA: Comunidad de educadores para la Cultura Científica
Será una reflexión sobre lo que la teoría nos va mostrando y la práctica docente nos va enseñado...siempre en movimiento, siempre dinámico. Que la monotonía no nos haga tomar el camino más sencillo sino aquel que logre de nuestro alumnado todo aquello que este pueda ofrecer

Haber leído toda esa información sobre la teoría de la evaluación y tratar de relacionar esto con la formación que todos fuimos recibiendo a lo largo de nuestra vida: como estudiantes, como futuros docentes, o como profesores en práctica nos debe permitir hacer ciertas reflexiones.

Como estudiante odiaba:

  • Los exámenes sorpresa: a mi no me gustaban estas sorpresas, y siempre creí que lo que pretendía ese profe era hacernos estudiar todos los días su materia, no bajar nunca la guardia y él nunca se comprometía a tener preparado un examen para un día concreto, siempre podía cambiar de opinión. No estábamos en igualdad de condiciones. Ahora pacto las fechas de las pruebas escritas con mi alumnado.
  • Los exámenes que duraban uno o varios días, no creo que las víctimas de esa tiranía fuésemos más inteligentes o tuviésemos más conocimientos que aquellos que tardaban mucho tiempo en tener valor para enfrentarse a pruebas que eran más de resistencia física que de conocimientos. Los míos duran una sesión.
  • Los exámenes “tipo test”, del cual recuerdo varias modalidades. Los había de verdadero/falso, donde las frases eran tan largas y había tantas negaciones que no sabías realmente si se trataba de una afirmación o de una negación. Y los había con muchísimas opciones: a, b, c, d, a y b, ...todas las combinaciones habidas y por haber y, por supuesto, ninguna de las anteriores es cierta. No me gustan las preguntas tipo test (no lo puedo evitar).

Estas son situaciones vividas y de las que tengo peor recuerdo. Y no “son las cosas que hacemos porque estamos convencidos de que son mejores para nuestros alumnos” sino “porque son más fáciles para nosotros”. Yo lo tengo claro.

Cuando me formé como docente había muchas teorías sobre evaluación, y a lo largo de mi vida dichos conceptos fueron evolucionando (y seguirán haciéndolo). Pero hay cosas que tengo muy claras: No buscar mi comodidad, sino la de mi alumnado. Y esto implica algunas ideas:

  • tengo que obtener lo mejor de cada alumno así que tengo que tratar de diversificar las formas de recoger información sobre su proceso de aprendizaje para (al final) emitir una calificación numérica. Esta nota numérica hay que emitirla...por muy doloroso que sea reducir todo ese esfuerzo de ambas partes del proceso a un número que oscila entre 0-10 o entre 1-10. En una ocasión, una profesora de plástica nos obligaba a ponernos nuestra propia nota; empezaba porque pusiésemos un adjetivo a nuestro “producto”, luego nos hacía reflexionar sobre el esfuerzo realizado...al final poníamos la nota numérica.
  • dichas situaciones de recogida de datos deben ser lo más variadas y en diferentes momentos del proceso enseñanza-aprendizaje. No entiendo por qué hay que situar al alumnado en una situación de ansiedad en dichas pruebas o tareas, puede que darles confianza y calma permita que los resultados sean mejores.
  • como son diferentes y con distintas necesidades y habilidades igual de diferentes deben ser las técnicas. Cuando tenemos a un niño con necesidades educativas especiales tenemos en cuenta su ceguera, su sordera… pero cuando tenemos un TDAH no adaptamos el proceso a esa necesidad particular.

Tener en cuenta que no sólo los evalúo a ellos, estoy evaluando su trabajo, pero también a mi.

  •  tengo que tener en cuenta lo que piensan de mi forma de trabajar, ir cambiando y adaptándome a cada promoción, a cada grupo y a cada alumno.
  • el aprendizaje no sólo tiene lugar en ellos, también en mi.
  • y el sistema (la legislación, las nuevas teorías) también va variando (aunque nosotros nos resistimos a ello)
  • puedo y debo ir introduciendo cambios que hagan que, la mayoría de mi alumnado, aprenda más, mejor y con menos esfuerzo.

En cambio, se cosas que hago mal: sigo haciendo exámenes, y éstos siguen teniendo un enorme peso en esa cualificación, las pruebas suelen durar una sesión, hago hincapié en “conceptos”, “procedimientos” (aunque ahora sean estándares) pero las “competencias” quedan relegadas a un segundo plano.
 
Y si se todo esto, por qué no lo evito: al final, mis alumnos (más pronto que tarde) tendrán que someterse a pruebas mucho más estrictas que las mías y que les condicionarán su futuro así que deben ser “entrenados” para superarlas con éxito. Y las “competencias” (que además se que se van desarrollando y se van alcanzando) sólo se avalúan en pruebas que no tienen trascendencia práctica.

A cambio de esas incongruencias, procuro (en cada nivel educativo es diferente puesto que no tengo el mismo nivel de exigencia ni la misma metodología en ESO que en Bachillerato) dar valor a todas y cada una de las actividades que utilizo para evaluar: prácticas, debates, exposiciones, resolución de problemas, productos, …

  • Trato de recoger información a lo largo de todo el proceso,
  • hacer correcciones individualizadas sobre lo que recojo,
  • que las formas de expresar sus aprendizajes sean diferentes para que ninguno se sienta limitado (al que se le dan bien las exposiciones orales no se le dan bien los exámenes o no destaca en el laboratorio…),
  • pedir su opinión sobre la nota recibida, y (una vez calificados, y siendo ellos conocedores de la nota final y que yo ya no puedo cambiar) tienen que contestar las cuestiones sobre mi trabajo (esas cuestiones varían según el curso, la materia…) y terminan poniéndome una nota (como yo a ellos).

¿Y la mejora continua? ¿cómo puedo ir evolucionando y experimentando con cambios? Además de tener en cuenta todas y cada una de sus opiniones e ir introduciendo los cambios que considero oportunos (algunas de sus ideas no se pueden poner en práctica en el sistema educativo que tenemos) puedo permitirme el lujo que probar a no hacer exámenes: Llevo dos cursos impartiendo un asignatura optativa de una hora a la semana en bachillerato y ahí es donde puedo comprobar que sus notas (utilizando diferentes actividades y métodos) son muy semejantes a las de otras asignaturas (tanto impartidas por mi como por mis compañeros) que se evalúan de un modo más tradicional.

Así que seguiré cambiando, aprendiendo y el proceso seguirá siendo e v a l u a d o.

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