Julio Calvo: “Las lenguas indígenas me preocupan como lingüísta y como persona”

Es catedrático de Lingüística General de la Universitat de València, Doctor Honoris Causa por la Universidad Ricardo Palma de Lima (Perú) y autor del diccionario bilingüe español –quechua/quechua-español, basado en la Teoría Topológico-Natural de la cual es también autor. Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua y director técnico de DIPERÚ, el diccionario de peruanismos que elabora en la misma institución.

Carolina Moreno/OEI- AECID Julio Calvo me recibe en su despacho de la Universitat de València después de pasar un examen a sus alumnos de Licenciatura. Está recogiendo libros y ordenando su mesa de papeles, como cada año al finalizar el curso académico. Sin embargo, este año es especial para él porque ha decido jubilarse para dedicarse a investigar, sin la presión de los planes de convergencia europea, ni de los créditos ECTS de los nuevos grados de Bolonia. El espacio es muy luminoso y sus estanterías albergan volúmenes de libros, diccionarios y tesis doctorales. Es un hombre tranquilo, quijotesco, pero de aspecto jovial. Si fuera un personaje de ficción, le sentaría bien el papel de juez, porque te lo imaginas con una toga impartiendo justicia, a pesar de que no se le daban bien las asignaturas que tuvieran que ver con el derecho o la legislación. Me cuenta que nació en La Peraleja, una aldea de La Alcarria, en la provincia de Cuenca (España), en 1946. En aquella aldea comenzó a estudiar sólo, porque es autodidacta. Toda su formación educativa la adquirió por enseñanza libre: primero la escuela, después la secundaria, magisterio, y finalmente la universidad. Me dice con tono de exclamación: ¡Hasta griego tuve que estudiar solo! Era el pago que tenía que hacer por vivir en una aldea de Cuenca y querer estudiar. Siempre tuvo que compaginar trabajo y estudio. Su padre era yesero y él le ayudaba. A veces, también le dejaba al cuidado del molino. Y en los ratos libres, él estudiaba.

¿Usted cree que las nuevas tecnologías, es decir la enseñanza on line, permiten que estudiantes que viven en zonas aisladas, puedan hoy acceder más fácilmente al conocimiento?

“En principio creo que sí, que podrían tener las cosas más fácil de lo que las tuve yo, pero no tengo claro que las nuevas tecnologías hubieran facilitado mi aprendizaje porque considero que las posibilidades de la enseñanza on line está muy bien porque es una ventana abierta al conocimiento, pero también es un riesgo. Cuando uno no tiene libros y necesita leer, los busca como sea, pero ahora hay un exceso de información. Si no sabes dónde mirar, te puedes equivocar con Internet. En mi época, yo abarcaba todo lo que había en mis manos. Ahora, me incomoda tener tanto material a mi alrededor y no poderlo aprovechar porque no llego a todo”. Se detiene un momento y reflexiona sobre la pregunta… Entonces me cuenta que cuando estudió en la Universitat de València, al principio de curso venía y recogía los programas de las asignaturas y la bibliografía, y luego se dedicaba a estudiar por libre, hasta que llegaba la época de los exámenes. Me explica que en un par de días se examinaba de todo. “Aquello era terrible”. Entonces él vivía en Játiva. Tenía que estudiar, trabajar y compartir tiempo con su familia. Tiene cuatro hijos y recuerda que cuando los gemelos eran pequeños, a veces pasaba alguna noche que otra sin dormir. En una ocasión después de una mala noche tuvo que conducir trescientos kilómetros para poderse examinar de Historia Contemporánea. “Antes de pasar al examen me mareé totalmente y estuve mareado todo el examen”, aduce. Se siente muy orgulloso de sus cuatro hijos y me comenta que supo proyectar en ellos lo que no consiguió hacer él. Uno de ellos es músico y él dice que tiene un oído fatal. Una de sus hijas es profesora de matemáticas, que fue quizás su intento fallido. “Yo siempre quise estudiar matemáticas pero uno no puede estudiar matemáticas solo. Supe inculcárselo a mi hija, que hoy día es profesora de esta universidad”. Otro de mis hijos estudió Derecho, él confiesa que con el Derecho Romano comenzó y terminó esa disciplina.

¿Cuál fue su recorrido profesional hasta llegar a la Universitat de València?

            “Durante trece años fui maestro. Me hice maestro por necesidad. Desde una aldea de Cuenca no se podía estudiar otra cosa. Tuve que decidir entre irme a Francia como inmigrante porque tenía el deseo de aprender lenguas y en una zona monolingüe como era Castilla y en aquella época era imposible. Mis padres me obligaron a hacer Magisterio. Así que fue por necesidad pero luego me dí cuenta que coincidió con mi vocación. Después de trece años ahí como maestro y estudiando, ingresé en un Instituto de Enseñanzas Medias, como Catedrático de Literatura, donde estuve ocho años más. Mientras tanto, me doctoré. Entré en la Universitat de Valencia, como Profesor Titular de Universidad, directamente, en 1986, y hasta hoy. Había leído la tesis doctoral dos o tres años antes, tenía buen curriculum y bastantes trabajos publicados y salió una plaza.  Y hace dos años conseguí la Cátedra. Fui poco a poco fraguando lo que ha sido mi vocación. Yo empecé a trabajar mi tesis sobre Literatura, sobre Vicente Aleixandre que era mi poeta favorito, aunque terminé haciéndola no sé si gracias a o por culpa de Ángel López (Catedrático de Lingüística General del Departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación de la Universitat de València) sobre Lingüística Teórica y ya desde entonces me dediqué a la investigación en Lingüística en diversos apartados”.

¿Cómo llegó a usted a especializarse en las lenguas indoamericanas?

            A las lenguas indoamericanas llegó motivado por el V Centenario del Descubrimiento de América. Calvo, se acerca la mano a la cabeza, con  un gesto que indica que está intentando recuperar de la memoria el periodo por el que le pregunto, y explica: “Formamos un equipo de investigación, liderado por Ángel López, con diez o doce profesores, para estudiar diversos grupos lingüísticos, pero como no nos subvencionaron el estudio de campo, todos los miembros del equipo investigador se fueron retirando poco a poco. Pero yo con la cabezonería o el tesón que me caracterizan continué adelante e hice un par de gramáticas sin financiación pública y ya inicié un primer diccionario quechua español – español quechua. A mí me motivó mucho aquel trabajo y en cierto sentido era como la deuda de Europa y, sobre todo, de España con Latino América, como si yo me viera obligado a devolver algo de lo que España recibió de América Latina. Y comencé a trabajar en estudios peruanos”.

            A lo largo de la entrevista, Julio Calvo va desvelando aspectos de su vida profesional y de su vida íntima. Me dice que se vuelca cuando alguien se encariña con él. “En esa línea, los peruanos me han acogido con mucho afecto. Empecé a descubrir el quechua no solo como lengua que expresaba no solo la cultura de un pueblo si no sus fracasos y sus ilusiones. Todo lo que representa una lengua realmente, y entonces  ya me dediqué a su estudio. El quechua no está en la enseñanza reglada en Perú. Vicente Velasco lo quiso oficializar en 1965 y lo hizo, se publicaron algunas gramáticas, hasta seis, de los distintos dialectos quechuas y pequeños diccionarios. Después las cosas no han ido bien en Perú. Solo el presidente Alejandro Toledo, al poco de llegar a la Presidencia, se ocupó de lo que pudo del quechua y formó un equipo en el Ministerio de Educación, para poder afrontar la educación bilingüe intercultural. Sin embargo, en otros países como en Ecuador la fuerza indígena es mayor. Se está viendo ahora con el presidente Correa, por ejemplo. O en Bolivia donde la fuerza del aymara es grande y se está enseñando más, y en las escuelas es enseñanza reglada, y con la Presidencia de Evo Morales se va a pretender hacer algo parecido a lo que se hace en España, que también sean lenguas de la Administración algunas de las lenguas indígenas, allí donde corresponda. El bilingüismo se ha extendido mucho, pero también hay zonas alejadas que son monolingües de quechua y de aymara. Zonas hacia la selva. Hay zonas trilingües donde hablan quechua, aymara y español. En La Paz, cohabitan y la fuerza indígena es grande”. En este repaso que Julio Calvo va haciendo de los países en los que ha estado investigando sobre las lenguas y sus culturas, se detiene para exponer dos escenarios: el que representa la realidad social de los pueblos indígenas que transmiten sus lenguas y el otro escenario el de la preocupación académica por esta realidad. Y continúa: “Hasta ahora no había habido una  preocupación. Había habido equipos de trabajo desde las universidades pero que no pretendían hacer estas lenguas indígenas oficiales. Eso también ocurre en los regímenes de izquierdas. En el caso del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, es muy lamentable lo que está ocurriendo porque siempre he defendido los derechos humanos al defender los derechos de las lenguas, pero ni el misquito ni el garífuna que son las principales lenguas indígenas que se hablan en Honduras, me parece que se hayan respetado mucho hasta ahora. Y desde luego desde el Golpe de Estado en adelante, lamentablemente mucho menos y me preocupa como lingüista y como persona. Poco a poco las distintas constituciones de los países han ido integrando las lenguas indígenas, en Colombia, sobre todo. Incluso está reconocido el derecho constitucional indígena y muchos asuntos que se juzgan desde él, son juzgados por los propios indígenas. El caso de Colombia es ejemplar, pero aún así queda mucho camino por recorrer y, mientras tanto, las lenguas se van perdiendo. Son como especies en extinción. Por ejemplo, en el caso de Honduras que comentaba antes pues hay lenguas indígenas como el lenca que puede llegar a tener cien hablantes o el tol que es una lengua aislada que tiene 300 ó 350 hablantes y que es el único dialecto de una serie de lenguas que ya han desaparecido que se hablaban en la zona. Es el discurrir lamentable de las lenguas indígenas en América”.

El diccionario que ha publicado este año es la mejor aportación que se ha hecho hasta ahora de una lengua indígena

“El diccionario tiene hasta 2500 páginas y una introducción de 80 páginas. Es el diccionario más abundante que se ha hecho nunca de una lengua indígena. Se llama nuevo diccionario porque está hecho con una nueva metodología. Y el quechua no es la lengua peor parada. Fíjate que el primer vocabulario es de 1560. Se publicó en Valladolid y desde entonces se han publicado muchos. Pero obras menores”. Le interrumpo para preguntarle si actualmente existe alfabetización en quechua y me responde que: “En aquellos lugares donde se está aplicando educación intercultural bilingüe pues se ha enseñado a leer y a escribir a los niños en quechua, es decir en las dos lenguas. Hay vocabularios fijos ya desde hace más de 50 años, que han ido evolucionando, son bastante fonéticos, bastante parecidos a como se habla. Y bueno pues hemos intervenido los lingüistas y estoy bastante satisfecho porque he hecho este libro con arreglo a este criterio. Yo he querido demostrar en él que por muy complejo que sea el léxico general de la Humanidad, cualquier lengua es capaz, si no lo está, de ponerse a la altura de las circunstancias para que la educación total y global pueda ser incluso en esa lengua, no solo para esa lengua. En  fin como instrumento de enseñanza. Bien es verdad que el quechua en aspectos terminológicos pues es una lengua pobre porque mientras no se enseñe Geometría o no se enseñen otras disciplinas pues el vocabulario técnico no se desarrolla bien. Y muchas veces esto además depende de criterios internacionales como sabes y no solo de criterios de un país. Tampoco  ha ayudado mucho que quieran encerrarse en sí mismos y no tomar nombres externos”. Se refiere usted a tomar prestadas palabras técnicas de otras lenguas. “Sí exactamente. De hecho, a la investigadora Ileana Almeida la contrató con una beca el gobierno vasco para que inventara un diccionario de 2 000 palabras técnicas del quechua. Ella lo hizo y luego se arrepintió, claro, porque ella inventó como habría que decir desde aspirina, avión, zapato, y evidentemente así las cosas no pueden entrar en una lengua. Los hablantes tienen que practicarlo y vivirlo, aunque sea un fracaso”.

¿Esta última obra, no será la última de su trayectoria investigadora?

“Mi labor investigadora ha sido ilógica porque yo tuve un periodo muy largo desde el momento en que me hice maestro de escuela en el año 1964, y empecé a ejercer, hasta que comencé a estudiar en la universidad, en la que buscaba libros de Lingüística y los estudiaba por mi propia cuenta. Sobre todo, me dediqué a leer mucha literatura y a jugar. Conozco decenas de juegos de cartas que he practicado, he jugado al dominó, y me federé como jugador de ajedrez y lo tuve que dejar al final porque no era bueno. Yo pasé años estudiando Lingüística y preparando aperturas de ajedrez. Entonces fue cuando lo cambié todo por la Lingüística. Inicialmente era lúdico porque me gustaba, pero luego condensé tanto la investigación para poder recuperar aquellos seis o siete años perdidos que quizás me pasé mucho y dediqué demasiadas horas a la investigación y a la docencia y me cansé, no definitivamente, pero me he cansado mucho. Sin embargo, la investigación no la quiero dejar nunca, y con eso contesto a tu pregunta”. De hecho, Julio Calvo tiene tres proyectos que le van a durar cuatro o cinco años y defiende que el entusiasmo por la docencia se puede hacer de otra manera que no sea reglada, a través de conferencias, de asesoramiento a alumnos, de seminarios. Reflexiona sobre el acontecer de nuestra universidad de Valencia y confiesa que está más volcada en el mundo mediterráneo, y que no ha considerado propulsar un instituto importante de lenguas y culturas de América, que tiene un nombre IVALCA, pero nada más, porque nunca se pudo dotar de contenidos porque jamás tuvo presupuesto. Dirige una revista de lenguas amenazadas que se llama UniverSOS, donde el “SOS” no es por prepotencia sino por la señal de socorro, y la universidad la va a seguir publicándo. De modo que esto es ubicuidad, irse y quedarse.

Es la primera vez que entrevisto a un investigador  que me indica que su vida laboral concluye en breve ¿Tiene usted la sensación de que ha agotado el periodo de vida laboral?

“No, no tengo la sensación de haberlo agotado. Quizás se me ocurre que el símil se podría hacer como con un deportista de elite o un deportista cualquiera, hay que saber dejarlo a tiempo, aunque después uno siga practicando el deporte. Incluso puedan ser entrenadores, digo yo. Entonces uno puede tener la sensación de querer agotar todo y no va con mi psicología. Esto no quiere decir que yo me vaya a ir definitivamente. Voy a seguir trabajando con muchos proyectos, algunos ya empezados como el diccionario de la academia peruana de la lengua de español, que estamos haciendo en Perú. Allí tengo un equipo de quince personas que dirijo desde aquí y al menos voy dos veces al año, entre tres semanas y un mes, cada vez para ir coordinándolo todo, y bueno pues ese tipo de cosas las voy a seguir haciendo. Yo he tocado casi todos los palos dentro de la Lingüística, tanto la Sintaxis, como la Semántica, como la Teoría Lingüística, también la Teoría de la Traducción, y ahora pues estoy abducido en aspectos de Lexicología y Lexicografía, como es este diccionario español quechua- quechua-español. Y quiero que se me entienda que quiero decirlo como una manera de ganarme la gratitud en Latinoamérica donde probablemente llegue esta entrevista más a través de la OEI. He decidido, aunque quizás me equivoque, dejar la docencia reglada porque quiero enseñar con honradez pero no me veo con fuerzas para iniciarme en la preparación de nuevos temas de aspectos más que lingüísticos, paraligüísticos, que es a lo que estamos llegando ahora, sobre todo con los planes de Bolonia”.

¿En toda España cuántos investigadores están investigando sobre lengua quechua?

“Trabajando lengua quechua yo solo. No creo que le interesa a nadie. Bueno, digo yo, eso de a nadie. Al decir a nadie no es un nadie exclusivo del todo, si no es un nadie relativo. Por cierto, sabes que en Perú distinguen entre nadie y nadies. Por ejemplo, cuando una profesora dice aquí nadies copia es absolutamente nadie. Si alguien dice no ha venido nadie a la reunión, significa que ha ido poca gente, pero bueno. Esto lo vamos a introducir en nuestro diccionario”.

¿Incorpora el DRAE o está interesado en la incursión de términos de las academias de las lenguas de América Latina?

“La explicación de esto sería larga. Cuando se fundó la Academia Peruana de La Lengua hace 125 años, Ricardo Palma vino a España con algunas propuestas muy razonables de palabras que no estaban y que eran muy abundantes no solo en Perú sino en toda América del Sur. No fue bien recibido. Ahora mismo le he escrito a D. Víctor García de la Concha, el seis de mayo de este año (2009), diciéndole que he publicado este libro y que estoy en la academia peruana haciendo un diccionario en el que se respeta escrupulosamente el DRAE. La verdad es que a la Academia Española no es demasiado sensible a lo que hacen otras academias, incluso a veces sienta mal. No obstante, ahora como nunca se están haciendo esfuerzos, sobre todo, desde el V Centenario por la aproximación del español de América y el peninsular, hasta el extremo de que por ejemplo Humberto López Morales está dirigiendo un macro-diccionario de americanismos en toda América, pero todavía no se ve con buenos ojos que se hagan diccionarios propios de los distintos países, porque se puede pensar que por recoger el léxico diferencial uno lo que está haciendo es partir la lengua o querer fragmentar la lengua y el español es una lengua bastante unificada. Hay un español estándar internacional, sobre todo a nivel periodístico y ensayístico, que para nada augura que el español se vaya a romper, pero hay diferencias y ese es nuestro patrimonio, y hay que recogerlas guste o no guste en la academia española”.

Usted se refiere a que hay un español estándar hasta fonéticamente que se utiliza por ejemplo en los canales temáticos de América Latina y en ciudades como Nueva York en los informativos que se transmiten para los residentes hispanos en los que no se puede identificar ningún acento particular en los locutores y, sin embargo, con el que todos los espectadores de esa comunidad se sienten identificados…

“Sí, claro, esto es así. A propósito de esto, hace unos días el profesor Ángel López publicaba un libro titulado La lengua común en la España plurilingüe. Es un libro interesante porque plantea cómo nacen las lenguas comunes. Por ejemplo, como el valenciano ha sido la lengua común para relacionar el resto del español con el catalán oriental, o como fue el español como lengua romance común utilizado por los vascones que no sabían latín, lógicamente, para poderse entender con el romance latino verdadero que había nacido en otros lugares. Eso es una tendencia general que ocurre en todas las lenguas del mundo, que normalmente comienza siendo lo que se denomina un criollo, una lengua de intercambio económico, nada más. Pero los hijos la aprenden y tiene sus reglas sintácticas y fonéticas. Así se forman lenguas criollas y el nacimiento de las lenguas en el mundo probablemente siempre haya sido por esa vía. A veces dicen bueno una lengua corrompida porque se empieza a modificar. Las lenguas siempre se modifican por influencia de otras lenguas vecinas. Por lo general, donde haya dos hablantes que convivan nace una lengua nueva. Entonces es un poco lo que está pasando con el spanglish, en EEUU. Se está buscando una legua común que sirva como almohadilla entre el español propiamente dicho y el inglés y de ahí pues lo que se ve que hay una fonética adaptada y un léxico adaptado; es decir que se está formando una especie de coiné, pero no dentro de una misma lengua para unificarla, como ocurre aquí, por ejemplo, con el euskera batua o en Grecia en los antiguos tiempos, sino como mecanismo intermedio de comunicación”.

¿Se siente usted satisfecho con su trayectoria profesional?

“Sí me siento contento con la trayectoria profesional. Mi ilusión cuando ya por fin me hice maestro, fue la de obtener algún día una licenciatura en Humanidades pero para seguir siendo únicamente maestro, esa era mi meta. Te lo digo sinceramente. Lo que pasa es que mi mujer se puso en jarras, me ganó la distancia física y me dijo vamos a ver si yo me he estado sacrificando especialmente por mantener a los niños horas lejos de ti para que puedas estudiar, tú ahora aprovechas esto en beneficio de nuestra familia. Te has licenciado pues ahora haces algo más en lo que proyectes tu licenciatura. Y le hice caso, y entonces empecé a prepararme para Inspector de Enseñanza, pero como no me gustaba el Derecho pues dije, se acabó”. Entonces decidió preparar oposiciones de Instituto. Empezó a preparar Latín y Literatura. Y por fin se decantó por la Literatura. “Yo oposité con Ángel López para la Cátedra de Instituto en Zaragoza. Yo estaba en un tribunal  y él en otro. Había tres tribunales o cuatro, pero coincidíamos bastante. Y alguien me dijo que Ángel López, dos o tres años después, había venido a Valencia con una plaza a la Universidad. Y un día que vine por aquí, me pasé por la facultad y logré hablar con él. Hablamos y me convenció para que me doctorara. Pero en realidad, yo ya había sobrepasado mi ilusión primera que era licenciarme en algo, tener una cultura suficiente para poder enseñar adecuadamente cosas a mis alumnos de primaria. Me doctoré con Ángel López. Yo quise hacer una tesis literaria y terminé haciendo una tesis de Lingüística Teórica, sobre el Léxico. La Gramática Liminar de Ángel López no se había aplicado nunca al Léxico ni a la Pragmática, todo hay que decirlo, y yo luego desarrollé lo que he llamado la Teoría Topológica Natural, que no es exactamente la Gramática Liminar pero bueno nace de mi tesis. Y ahí puedo decir que ya tuve un maestro”.

En esta entrevista  es un constante su familia. Intuyo que ha tenido un apoyo constante…

“Sí casi todos los libros se los dedico a Ana, mi mujer. Francamente, ella me ha llevado por la vida. Bueno las cosas en la vida son producto de las circunstancias, de la suerte, del azar. Si yo no hubiera ido a Zaragoza a opositar pues probablemente mi trayectoria habría sido otra. Si en lugar de solicitar como destino Valencia, me hubiera decantado por Santander, que fue una ciudad que se quedó libre y me encantaba, como profesor de Instituto, quiero decir, pues hubiera estado allí e imagínate todo hubiera sido distinto. Bueno, entonces he seguido con una trayectoria azarosa como cualquier ser humano pero claro en casa siempre tuve el apoyo y luego supe como transmitir a mis hijos estas cosas y, gracias a eso, a que se me ha liberado en casa de muchas cosas, yo he seguido adelante. Y todavía se me anima y desde luego se me desanima a que me jubile como profesor”.

Me gustan las entrevistas donde se destaquen los rasgos humanos de los entrevistados y también la trayectoria ¿Cómo ha transcurrido su vida en Valencia?

“Valencia es poco pudorosa en la manera de relacionarse, de vestirse, de sus fiestas. Aquí se busca el contacto más que la empatía. También se nota en los alumnos. Fui maestro desde 1964 a 1970 en pueblos de Cuenca. En 1970 yo llegué a Játiva. Al año siguiente se incorporó mi mujer, que era maestra también. Y allí estuvimos viviendo 20 años. Allí ejercí hasta 1977. Entre 1970 y 1977 concluí mi licenciatura y preparé mis oposiciones de Instituto de Secundaria. Allí comprendí la diferencia que había entre los alumnos disciplinados, callados, educados de Cuenca y estos estudiantes nuestros más díscolos, más abiertos, diferentes, más inquietos, seguramente. España no es un país. España fue siempre un país plural, donde cada pueblo hablaba su lengua, los tartessos, los iberos, los vascones, y otras muchas lenguas también hasta el oeste, a parte del céltico, se hablaban. Entonces una pluralidad sucedió a otra pluralidad. Ninguna lengua puede ser exclusiva en España sobre las demás lenguas de España porque todas vinieron a nacer juntas. Ni siquiera el eusquera moderno, que puede ser más nuevo que el castellano. Por ejemplo, las primeras noticias de las dos lenguas escritas se tienen en las Glosas Emilianenses. Y hoy sucede lo mismo, si alguna comunidad ha querido imponer, como ha ocurrido en el País Vasco hasta ahora, una sola lengua sobre las demás en la universidad, en la administración, se equivoca. Las lenguas conviven. Tú no puedes exclusivizar unas lenguas por otras porque también en las comunidades autónomas sigue habiendo pluralidad y en cada una de sus provincias, y cada uno de sus municipios, y en cada una de sus aldeas sigue habiendo pluralidad. Se equivoca quien quiere exclusivizar las lenguas. Ojalá todos pudiéramos nacer en zonas bilingües, trilingües. Oficializar unas lenguas respecto a otras trae como consecuencia modificar su expansión natural y crear fronteras de aislamiento de unas lenguas con otras. Es un error. Actualmente nuestros alumnos se han abierto a estudiar lenguas y se acogen a los programas de intercambios de Erasmus. La España de hoy se ha abierto mucho pero se están cometiendo bastantes errores. También debería haber cátedra de catalán, de euskera, de gallego, en el resto de las universidades fuera de sus lugares de oficialidad. O incluso que se pudieran estudiar lenguas de otros lugares como opción en el Bachillerato. ¿Por qué un alumno de Madrid no puede querer estudiar euskera simplemente porque quiere aprenderlo? Uno siempre aprende de la pluralidad. Hay que pensar en los otros… Se merecen un respeto”.

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