Darwin y la teoría de la evolución

Alicia Bruno y Antonio Martinón

Se conmemora este año el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y los ciento cincuenta años de la publicación de El origen de las especies (1859), su obra más notable, en la que presenta su teoría de la evolución y explica el procedimiento de la selección natural, hasta donde era posible entonces, antes de los avances de Mendel en Genética.

La aportación de Darwin se considera justamente uno de los puntos álgidos en la historia de la Ciencia, especialmente de la Biología, comparable a la obra de Copérnico, Kepler o Newton en Astronomía.

Del mismo modo que los avances en la descripción del universo, la teoría de la evolución supuso un cambio cultural de primera magnitud, modificando la cosmovisión de los seres humanos, la propia idea que el hombre tiene de sí mismo.

La obra de Darwin vino a ofrecer una teoría global de la Biología, en la que se explica cómo a partir de formas extremadamente simples de vida se ha alcanzado la enorme complejidad de algunos seres y la extensa variedad de las especies.

Nuestro protagonista participó en el viaje del HMS Beagle, que zarpó el 27 de diciembre de 1831. En enero de 1832 el barco estaba en las aguas de Canarias y Darwin, como tantos otros naturalistas europeos, deseaba visitar Tenerife, lo que finalmente no fue posible debido a una epidemia de cólera. Durante casi cinco años el barco dio la vuelta alrededor del mundo y Darwin conoció un gran número de especies, lo que constituye la base experimental sobre la que sustentó su teoría de la evolución. El periplo del Beagle concluyó el 2 de octubre de 1836, cuando arribó en la costa inglesa.

En el volumen 71 de Números hemos querido sumarnos a esta conmemoración y dedicamos parte del mismo a Darwin y la teoría de la evolución. Aunque pueda pensarse que poco tiene que ver con las Matemáticas, aquí ofrecemos varios trabajos en los que se muestra que no es cierta esa idea y que se pueden ofrecer relaciones entre nuestra disciplina y la evolución. Debemos avanzar hacia una enseñanza integral, en la que sean menores los compartimentos disciplinares y más amplios los espacios interdisciplinares, en la que la Ciencia se presente a los alumnos de manera más unificada.

Número 71 de la Revista Números

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Publicado por cortesía de la Revista Números

      

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