Silvia Torres Castilleja, primera mexicana en doctorarse en Astronomía

(Agencia ID. OEI-AECID) Stephen Hawking, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno y Johannes Kepler son sólo algunas de las mentes que han hecho grandes aportaciones a la Astronomía; pero entre ellos destaca la de Galileo Galilei, considerado el padre del telescopio.

Cabe señalar que este último tuvo conflictos con la iglesia por sus ideas revolucionarias al plantear que la Tierra giraba alrededor del Sol y viceversa como lo establecía el paradigma antropocentrista del siglo XVI.

La lucha emprendida por Galileo en contra de la autoridad para tener libertad de investigación puede ser equiparable a la de la mujer por ocupar un lugar en el ámbito científico.

Ejemplo de esta lucha por obtener oportunidades es el caso de la doctora Linda Silvia Torres Castilleja, una de las primeras mujeres que incursionó en la rama astronómica mexicana, y la primera con formación de doctorado.

Torres Castilleja ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Distrito Federal; donde afianzó su gusto por ciencias básicas como Química, Física y Matemáticas.

En 1958 se integró a las filas de estudiantes de la Facultad de Ciencias, de la misma universidad, donde no tardó en incorporarse como asistente de investigador en el Observatorio Astronómico Nacional

Posteriormente, obtuvo una beca para estudiar el doctorado en la Universidad de California, Berkely, Estados Unidos. A su regreso, se reincorporó a la UNAM como investigadora del Instituto de Astronomía.

Desde su llegada a este plantel de investigación se especializó en el estudio de la composición química de los gases calientes que existen en el espacio interestelar; es decir, la zona que está entre las estrellas.

A decir de Torres Castilleja, quien fuera coordinara en 2009 del Año de la Astronomía en México, la región interestelar no está completamente vacía, pues contiene gas muy tenue y pequeñas partículas sólidas de polvo, cuyo análisis aporta información sobre el origen y evolución de las estrellas y sistemas planetarios.

Comentó que en nuestra galaxia las densidades típicas del gas son de un átomo por centímetro cúbico y apenas una partícula de polvo en cien mil centímetros cúbicos.

El gas está constituido principalmente de hidrógeno (H) y Helio (He); así como de carbono (C), oxígeno (O), nitrógeno (N) y el resto de los elementos químicos en menor cantidad.

Asimismo, explicó que en la galaxia la distribución del gas no es uniforme, ya que en algunos lugares es mucho más denso y frío y se encuentra en estado molecular; mientras que en otras regiones es caliente y está ionizado (cargado eléctricamente).

Indicó que a los astrónomos les interesa determinar las propiedades de este material no sólo como uno de los constituyentes del Universo, sino para entender la relación entre el gas y las estrellas; además de las primeras fases de la evolución del cosmos.

Actualmente, la experimentada investigadora estudia estrellas que pierden su masa para arrojarla al espacio y con ello convertirse en grandes nubes gaseosas o nebulosas planetarias.

Ha sido una pionera en México en el uso de los satélites astronómicos para el desarrollo de su trabajo de investigación, pues en 1979 obtuvo tiempo en el Observatorio Espacial Explorador Ultravioleta Internacional (IUE, por sus siglas en inglés) y más recientemente en el Telescopio Espacial Hubble para estudiar las propiedades de las nebulosas planetarias, el espacio interestelar y núcleos de galaxias, entre otros fenómenos.

Sus aportes a la Astronomía le han valido múltiples distinciones, entre las que destacan: la medalla Guillaume Bude, del Colegio de Francia, el Premio Universidad Nacional, en el área de Ciencias Exactas, y en 2007 fue nombrada Investigadora Emérita Nacional del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, que otorga la Presidencia de la República, por  sus estudios del gas caliente entre las estrellas.

De acuerdo con la investigadora, esta presea es un gran reconocimiento a la labor desempeñada durante años; así como un estímulo para continuar por la misma senda. Empero, aseguró que incluso sin las distinciones, ella desempeñaría su trabajo con la misma pasión.

Este ímpetu por el trabajo es el que le ayuda a sortear las desventajas que, a su parecer, presenta la ciencia mexicana: “falta instrumentación, pues cada vez es más sofisticado y caro. Acceder a él requiere de participar en consorcios de varias universidades, incluso de diferentes países”, dijo.

Además, enfatizó que no existen suficientes plazas para los jóvenes que egresan. “Hay una demanda de educación en todos sus niveles, la cual tenemos que atender.”

La investigadora emérita de la UNAM explicó que formar nuevas personas que conozcan el campo de la física, matemáticas y astronomía también es parte de su responsabilidad como científica.

“La interacción con los investigadores jóvenes implica un crecimiento para ambos, pues el viejo se renueva y el joven retoma un poco de su experiencia; aunque a veces ocurre totalmente lo contrario”, comentó la investigadora.

En cuanto a la incursión de la mujer en la ciencia, apuntó que aún hay camino por andar, ya que por razones históricas ésta había sido marginada y disminuida.

“Históricamente ha habido astrónomas que han hecho aportaciones importantes; sin embargo, fueron reconocidas tardíamente. Ahora la situación es distinta, ya hay mayor aceptación tanto por parte de lo hombres como de los colegas; además de que las mujeres exigen su papel en el concierto de la ciencia”, señaló.

De acuerdo con Torres Castilleja, la ciencia requiere de los mejores cerebros y talentos; por lo que al sólo se concentrarse en los hombres pierde la mitad de sus oportunidades de crecimiento y desarrollo.

 

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