Con el apoyo de:

 

En el marco de:

 

 

LAS NECESIDADES DE LOS ARTISTAS
Gil Mendo.
Gil Mendo Presidente del Consejo Artístico-Científico, Escuela Superior de Danza, Instituto Politécnico de Lisboa, Portugal

 

 

Me propongo abordar el tema de las necesidades de los artistas, enfocándolo de forma específica en el campo de las artes interpretativas, y más particularmente en el de la danza contemporánea, el campo que mejor conozco, aunque considero que esta reflexión puede extrapolarse a otras áreas artísticas con ciertas adaptaciones.

 

Parto del siguiente planteamiento: ¿qué debe ofrecer el entramado artístico, en una determinada sociedad o comunidad humana, para que la actividad artística se lleve a cabo de manera saludable y el artista pueda aspirar a su plena realización?

 

En primer lugar, un entramado artístico saludable debe asentarse en una red de infraestructuras que garantice la existencia de un espacio de trabajo para la investigación y el desarrollo de proyectos artísticos, de equipos para su producción y divulgación y de lugares adecuados para su presentación y difusión. Esta red debe ser plural, contemplando la diversidad de opciones artísticas y profesionales característica del mundo contemporáneo, y articulando la actividad de proyectos y organizaciones de dimensiones muy diversas, desde la institución pública de gran dimensión a la pequeña estructura independiente de producción.

Con la presentación de las obras se logra una mayor visibilidad pública de esta red de infraestructuras –la realización de festivales o la programación de temporadas– pero la mayor parte de la actividad es un proceso anterior a esa presentación: una actividad compleja y poco visible, pero crucial para el desarrollo artístico y cultural.

 

La existencia de esta red de infraestructuras es esencial para la salud del entramado artístico, y ésta sólo cumplirá cabalmente su función si responde a todas las necesidades de los artistas, que es lo mismo que decir “a todas las necesidades del desarrollo artístico”, y si existe una verdadera articulación y comunicabilidad entre las organizaciones e instituciones que atienden a estas necesidades.

 

Imaginemos un joven artista que se está iniciando en su actividad. Necesita encontrarse en el terreno con sus compañeros, aquellos con quienes sienta afinidad y puedan ayudarle a realizar sus proyectos. Lo ideal sería encontrar una organización artística que no esté centrada en un solo artista, aunque pudiera, y de hecho sería deseable, ser dirigida por un artista más experimentado. Esta organización se dispondría a acoger y apoyar a los más jóvenes, a ayudarles en el desarrollo de sus ideas, a respaldarles en la producción de sus primeros proyectos y a encontrar los espacios adecuados para la presentación de sus primeras obras. Tal vez les ayudaría a encontrar espacios de residencia artística que les pongan en contacto con otros jóvenes artistas, que les faciliten la participación en prácticas y laboratorios artísticos, que les ayuden a definir sus ideas y su camino; que les ayude, en definitiva, a crecer.

 

Esta red de infraestructuras necesita por tanto contar con organizaciones artísticas que acojan y estimulen a los artistas emergentes, necesita centros de residencia artística que concedan a los artistas el espacio, el tiempo y las condiciones necesarias para la investigación y el intercambio de ideas. También necesita entidades que se ocupen de la organización de prácticas y laboratorios, necesita integrar no sólo la producción y presentación de las obras sino también el pensamiento y la reflexión sobre las cuestiones artísticas. Igualmente, necesita espacios de producción y presentación suficientemente flexibles para integrar lo que es nuevo, los pequeños formatos y, sobre todo, el riesgo asumido.

 

Pensemos ahora en ese otro artista, más experimentado, que ha conseguido obtener los medios para dirigir su propia organización artística. Si el precio que ha pagado por obtener estos medios ha sido un pliego de condiciones con un determinado número de creaciones al año y la presentación de un número igualmente determinado de espectáculos, estará probablemente en situación de riesgo. Porque nada me parece más peligroso para el desarrollo de una carrera artística que forzar los ritmos de creación de cada artista. Pero si éste puede acoger en su organización otros proyectos y a otros artistas, si puede organizar prácticas de formación, si su organización viene avalada por su aportación al desarrollo artístico y no sólo por las producciones y espectáculos que pone en circulación como si de una fábrica se tratase, tal vez entonces pueda crear apenas cuando siente el impulso de crear y, mientras tanto, mantenerse atento al mundo, en contacto con los demás, particularmente los más jóvenes; ciertamente sus creaciones serán más relevantes, aunque posiblemente en menor cantidad.

 

En la actualidad, la mayor parte de la actividad artística es intermitente. ¿Quiere esto decir que los artistas no tienen nada que hacer durante gran parte del tiempo? No, los artistas siempre tienen algo que hacer. Tienen que practicar, depurar su técnica, su inventiva y su creatividad. Y ello es una necesidad diaria. No tienen que estar siempre en proceso de producción de alguna obra con plazo de entrega. El problema se plantea si sólo tienen medios de supervivencia cuando están trabajando en una producción. Por eso es importante que una red de infraestructuras incluya centros de residencia y de formación, y que las entidades públicas o privadas que financian esta actividad, comprendan la importancia de todas las fases del proceso de desarrollo artístico, ya que las más importantes no son necesariamente las más visibles.

 

Pero, obviamente, la producción y la difusión de las obras debe también asegurarse a través de esta red de infraestructuras, que debe ser capaz de generar las asociaciones necesarias para la viabilización de los proyectos.

 

No todas las infraestructuras que constituyen el tejido artístico tienen la misma función, ni siquiera la misma dimensión. Pero una red eficaz es aquella en que la articulación, las asociaciones y el mutuo reconocimiento no se determinan por jerarquías, ni por tamaño, ni por ninguna de estas cuestiones.

 

Para las grandes instituciones que producen y presentan grandes obras y artistas o proyectos artísticos consagrados, el trabajo de otras estructuras pequeñas, más flexibles, más cercanas a la base de lo que está emergiendo, es esencial. Y viceversa. La permeabilidad entre organizaciones e instituciones artísticas muy diversas resulta necesaria para los artistas a fin de no encontrar bloqueos y constreñimientos en el desarrollo de su actividad. La jerarquización de las organizaciones artísticas en niveles relacionados con su dimensión, conlleva casi siempre una idea igualmente jerarquizada de la carrera de un artista, que empieza en la base o en el pequeño formato y va evolucionando hasta la gran obra y la gran producción, de la que queda prisionero. En las artes interpretativas, como en las demás expresiones artísticas, el formato debe estar relacionado únicamente con el proyecto concreto de un artista en un determinado momento, no tiene nada que ver con el estatuto o el escalafón de la carrera en que se encuentra.

 

Dejo para el final las cuestiones relacionadas con la formación que, como es obvio, considero que debe estar igualmente contemplada en esta red de infraestructuras y que incluyo en el espacio de la investigación y del desarrollo. Es importante reconocer y aceptar que una buena parte de la formación artística se hace al margen de las instituciones formales de enseñanza. Gran parte de la formación, de la inicial a la más avanzada, viene por parte de organizaciones artísticas sobre el terreno. De hecho, en el ámbito de las artes interpretativas, la investigación más avanzada se realiza por parte de organizaciones artísticas en el propio terreno. Sería importante que, de la misma manera que defiendo esta opinión con respecto a las restantes organizaciones e instituciones artísticas, las instituciones y organizaciones formales e informales que promueven la enseñanza y la formación fuesen permeables entre sí. La existencia de instituciones formales de enseñanza hasta el más alto nivel es esencial, porque ya es tiempo de que las actividades artísticas tengan el debido reconocimiento académico. Pero un artista en formación no ingresa necesariamente en esta enseñanza formal desde su inicio, y es importante que el sistema le pueda recibir en cualquier momento de su desarrollo. Personalmente soy optimista. Pienso que la tendencia es, efectivamente, la de acreditar el conocimiento desarrollado en la práctica y hacer posible el acceso al plano académico. Por mi parte, deseo que las organizaciones artísticas sigan teniendo una actividad de formación que se realizará de acuerdo con los proyectos artísticos que desarrollan, sin someterse a un formato institucionalizado. La articulación y la colaboración entre la enseñanza formal y la práctica artística son hoy condiciones esenciales para la existencia de una enseñanza artística que responda a las necesidades de los artistas en este campo. La formación es una necesidad permanente de los artistas. Las cosas no son hoy como en un tiempo en que primero se iba a la escuela y luego se desarrollaba la profesión: se consideraba que la práctica habitual de la profesión era una formación continua suficiente. Actualmente, aunque aceptando que hay un lado formativo en la propia práctica artística, los artistas necesitan dedicar tiempo y atención a su formación continua. A esta formación continua dedican las organizaciones artísticas un gran esfuerzo, tanto si se trata de organizar proyectos de residencia e intercambio artístico entre iguales como si se trata de prácticas orientadas por maestros o artistas especialmente experimentados en determinadas áreas. Y este esfuerzo debe ser reconocido y valorado, principalmente por las instituciones capaces de apoyarlo y financiarlo.

 

En la práctica, por ejemplo, es donde mejor se pueden abordar, experimentar y vivir las cuestiones de la transdisciplinariedad, que están tan presentes en las artes interpretativas contemporáneas sin haber generado todavía otra disciplina. No quiero entrar en un tema tan amplio, pero puedo tal vez mencionar una necesidad de los artistas: la de no verse limitados por un rótulo que tiene que ver con su punto de partida pero que no puede, y no debe, condicionar su movilidad o restringir los caminos para que su creatividad se manifieste.

Texto legal - Copyright

Textos: reproducción con autorización previa. Enviar solicitud >>