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CULTURA Y SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Frances Badía.
Fundación Interarts / Omar Rincón. Pontificia Universidad Javeriana, Colombia

 

 

DECÁLOGO DE IDEAS PARA EL DEBATE

 

NUEVO TIPO DE CULTURA

 

Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación están teniendo un impacto transversal en todas las actividades humanas. La revolución afecta también, como todas las revoluciones tecnológicas de la historia, al conjunto de los procesos culturales que conforman la nueva sociedad, llamada del conocimiento.

 

Cuando la Red entra a formar parte estructural de la nueva sociedad, vemos como la emergencia de un nuevo tipo de cultura, la llamada cultura digital, viene a superponerse (aunque no es sustitutiva) a otros tipos de cultura conocidos, desde la cultura ancestral y tradicional, la herencia dinámica del patrimonio y del folclore, hasta la cultura de la educación básica, la cultura mediática o la cultura académica, científica y artística.

 

CULTURA CONSTITUIDA POR IMAGENES Y SIGNOS

 

Siguiendo a Manuel Castells, podemos decir que desde una perspectiva histórica amplia la sociedad red representa un cambio cualitativo en la experiencia humana. Debido a la convergencia de la evolución histórica con el cambio tecnológico hemos entrado en un nuevo paradigma de interacción y de organización social que es puramente cultural. De ahí que la información sea el ingrediente clave de nuestra organización social y que el flujo de mensajes e imágenes entre las redes constituya el hilo conductor de nuestra estructura social.

 

Así, lo que es específico de los nuevos sistemas de comunicación, organizados alrededor de la integración de todos los modos de comunicación, desde la escritura, el sonido y la imagen hasta el multimedia, es que su contenido es cada vez más «cultura», entendida ésta como constituida particularmente de imágenes y de signos. Sabemos (desde Barthes y Baudrillard) que todas las formas de comunicación se basan en la producción y en el consumo de signos.

 

Sabemos que las culturas están hechas de procesos de comunicación. En este sentido, todas las sociedades humanas han existido en (y actuado a través de) su entorno simbólico. De ahí la importancia crucial de la digitalización de todas las formas de expresión simbólica. De ahí también el impacto revolucionario de las nuevas formas de comunicación y la aparición de una nueva cultura, llamada cultura digital o, mejor aún, cultura del conocimiento.

 

ESTRUCTURA ABIERTA DE LA RED

 

Si las redes constituyen hoy la nueva morfología de nuestras sociedades, importa saber que las redes tienden a funcionar bottom up, esto es, de abajo hacia arriba, y que ello les confiere más poder y eficacia que las formas tradicionales de ejercer el poder de arriba hacia abajo. Las redes están constituidas por algunos elementos básicos hechos de puentes o links, como se dice ahora. Los links conectan puntos o nodos a través de una estructura abierta que permite su extensión sin límites aparentes y la integración dinámica de nuevos nodos, siempre y cuando sea posible su intercomunicación.

 

Esta nueva morfología imprime un fuerte dinamismo a las interrelaciones culturales en un sistema abierto que impulsa la innovación y la creación de nuevas posibilidades de expresión y desarrollo. Su estructura, que concede un importante poder de comunicación a los individuos y los colectivos, inquieta sin embargo a los gobiernos y a los poderes clásicos, pues hace muy difícil, sino imposible, su control efectivo.

 

INTEGRACIÓN A TRAVÉS DE LA FRAGMENTACIÓN

 

Es precisamente la condición de ingobernabilidad desde arriba lo que está haciendo aparecer nuevas formas de interacción social y cultural muy poderosas. Observamos como sectores de la sociedad cada vez más amplios (dentro de esa poderosa minoría del 5% de la población mundial que hoy accede a la Red) se están apropiando de las oportunidades de comunicación y de creación que la Red ofrece.

 

En este sentido, asistimos a la formación de una cultura-red basada en el hipertexto electrónico que está rompiendo los medios de comunicación de masas, debido, sobre todo, a su enorme flexibilidad, su capacidad de integración de la diversidad, de segmentación y de adaptación a las demandas individuales. Observamos así un proceso aparentemente contradictorio que podría ser definido como de integración a través de la fragmentación.

 

DIVERSIDAD CULTURAL EN LA RED

 

La conciencia de la importancia central de la diversidad cultural está ganando terreno en los foros internacionales de reflexión política y cultural. La reciente Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad, que viene a sumarse a la declaración previa del Consejo de Europa en el mismo sentido, califica la diversidad cultural como patrimonio común de la humanidad y la considera tan necesaria para el género humano como la diversidad biológica.

 

Las tecnologías de la información, al subrayar el papel del conocimiento y al generar un nuevo lenguaje para la creatividad y la comunicación, han supuesto un salto cualitativo gracias al cual la diversidad cultural y el diálogo que se establece suponen una oportunidad para la comprensión mutua, para el intercambio y para la tolerancia.

 

EL ACCESO: UNA CUESTIÓN POLÍTICA

 

Para que el proceso tenga éxito y sea realmente democrático, participativo e innovador, es imperativo garantizar el acceso a la información, especialmente a la información cultural. Los poderes públicos deben intervenir para asegurar que el espacio Internet tenga una dimensión de espacio público, donde sea posible poner a disposición del ciudadano la información y el conocimiento, no sólo de bienes y servicios, sino también de ofertas y procesos culturales diversos. Se trata de impulsar un instrumento de apreciación y de elección que deberá permitir a los ciudadanos asumir responsabilidades y compartirlas con los otros.

 

De ahí la necesidad de desarrollar políticas que garanticen el acceso libre (o por lo menos muy asequible) a las nuevas tecnologías, acceso que deberá estar al alcance de cualquier persona, y deberá ser comprensible y de fácil utilización por todos en contextos culturales diversos.

 

Para que aparezca realmente una cultura del conocimiento ciudadana y democrática, las políticas públicas deberían garantizar el impulso de por lo menos cuatro condiciones interconectadas, que podrían definirse de la siguiente forma:

 

1. Saber identificar la información relevante: evitar el «ruido» y la «basura» en el acceso a la información.

2. Capacitar en el conocimiento y el uso de los multimedia.

3. Apoyar el acceso significativo: facilitar la buena comprensión y el procesamiento efectivo de la información para generar conocimiento.

4. Impulsar la participación ciudadana.

 

NUEVA FORMA DE EXCLUSIÓN SOCIAL

 

Si los grandes procesos económicos, políticos, sociales y culturales se están estructurando en y por la Red, la exclusión de amplias capas de la ciudadanía del acceso a la tecnología se convertirá en una exclusión todavía mayor que la exclusión económica o cultural.

 

Por eso es tan importante asegurar la infraestructura para las comunicaciones y el acceso de la población. De otra manera, convertiremos esta gran oportunidad en un nuevo fracaso.

 

VALOR ESTRATÉGICO DE LA CULTURA

 

Ante la dimensión estructural de la tecnología en la sociedad, el valor estratégico de la cultura está en su capacidad para inventar, a través de la creatividad y sus distintas expresiones artísticas, nuevos usos sociales de la tecnología que nos ayuden a habitarla y a apropiarnos de su condición transformadora de la sociedad.

 

En la nueva sociedad del conocimiento estamos viendo como la cultura, antes relegada al papel de acompañante de los procesos sociales y económicos, adquiere centralidad. Algunos han definido el fenómeno como un doble proceso: por un lado asistimos a una culturalización de la economía y, por otro, a una economización de la cultura. Ante este fenómeno, hay que estar atentos, pues vemos como la ideología del mercado se aproxima a la cultura considerándola como el gran proveedor de contenidos para la Red. Pero la cultura no puede ser considerada únicamente como una fuente de contenidos. La morfología de la Red permite su apropiación y su transformación por parte de la sociedad, y en este proceso, que es eminentemente cultural, el sector tiene mucho más que aportar que sólo contenidos. Puede aportar creatividad, experimentación e innovación y, sobre todo, valores.

 

DIFICULTAD PARA ANALIZAR EL FENÓMENO

 

Como en otros períodos de cambio revolucionario, la velocidad de la transformación que estamos viviendo dificulta la acumulación de conocimiento de un objeto de estudio que cambia muy rápidamente. Esta dificultad de conocer realmente lo que está ocurriendo hace que la mitificación, la ideología o el rumor proliferen en la interpretación del fenómeno, oscureciendo nuestra comprensión y, por tanto, dificultando la acción política, que debe ser anticipativa y no reactiva, como muchas veces sucede.

 

OPORTUNIDAD Y DESAFIO DE LA RED

 

Internet, que es tecnología altamente maleable y flexible, es sobre todo un medio de comunicación que permite, por primera vez en la historia, la comunicación de muchos a muchos, en un tiempo escogido, a una escala global.

 

Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación ofrecen una gran oportunidad para el desarrollo de la creatividad y de la diversidad cultural a la vez que sitúan la cultura en el centro del debate social.

 

Por eso el sector cultural tiene esta dimensión estratégica. Por eso el sector tiene una gran responsabilidad en inventar los usos de la tecnología para transformar los valores éticos y estéticos de nuestra sociedad.

 

RELATORÍA DEL NETSHOP

 

El netshop sobre cultura y sociedad de la información se planteó desde una metodología multimodal para propiciar una reflexión informal alrededor de un decálogo de ideas sobre cultura y sociedad del conocimiento, que, a modo de micromódulos, sirvieron para propiciar una discusión abierta.

 

Al taller asistieron 27 participantes pertenecientes a distintas disciplinas e instituciones, en una mezcla interesante de representantes de universidades, organismos públicos y gestores culturales de América Latina, Europa y EE.UU.

 

Los coordinadores del taller propusieron un decálogo de ideas para abrir el debate con tres preocupaciones fundamentales:

 

1. Reflexionar sobre la existencia o no de una nueva cultura digital, o cultura del conocimiento; en qué consiste y cómo afecta a la construcción de nuestras identidades individuales y colectivas.

2. Reflexionar sobre si las nuevas tecnologías propician o no la diversidad cultural en nuestras sociedades cada vez más interconectadas.

3. Reflexionar sobre el rol estratégico de la cultura en la sociedad del conocimiento y su papel cada vez más central en la conformación de los nuevos procesos sociales y económicos.

 

El debate tuvo muchas aportaciones desde ángulos distintos, demostrando que el fenómeno de la sociedad de la información nos afecta a todos y que todos tenemos algo que decir.

 

El debate no tuvo una conclusión formal pero quedaron apuntadas algunas ideas:

 

1. La cultura tiene un papel central en este nuevo medio y se aprecia un fenómeno claro de apropiación de las tecnologías por parte de la sociedad. En esta apropiación social el sector cultural tiene mucho que aportar.

2. El fenómeno es revolucionario porque está cambiando la sociedad muy rápidamente y hace falta acumular reflexión e información para desarmar algunos mitos que circulan, así como para conocer el nuevo medio a fin de utilizarlo mejor en favor de la diversidad, la creatividad y la tolerancia.

3. Efectivamente, existe hoy una nueva cultura, que podríamos denominar cultura digital o cultura del conocimiento aunque no sepamos aún en que consiste exactamente. La aparición de ciertas ciberculturas nos da una pauta de las manifestaciones culturales específicas de los nuevos medios, si bien la cultura digital va mucho más allá.

4. La oportunidad que ofrece la nueva tecnología depende, en buena medida, del uso que hagamos de ella. Su flexibilidad y carácter abierto (aunque con evidentes limitaciones de formato) ofrecen importantes posibilidades para la creatividad y la intercomunicación.

5. La Red forma ya parte estructural de nuestra sociedad y está tejiendo nuevas redes de intercambio de información a la vez que facilita su continuidad y acelera las posibilidades de la interacción, de la sostenibilidad del conocimiento mutuo y de la cooperación cultural internacional.

6. La cultura de la Red debería interesarse por las formas creativas de su uso, la creación de protocolos para narrar y significar desde lo local, así como tener en cuenta las necesidades y demandas del sujeto-usuario. En este sentido, la diversidad en la Red depende, en buena parte, del uso que hagamos de ella.

7. En la cultura de la Red no se requiere (no necesitan los participantes) estar en más redes. La necesidad artificial de estar conectado provoca angustia e indefensión por el exceso de información inútil, por el exceso de ruido o de información-basura. En este sentido, hay que prevenir la «infoxicación» y oponer resistencias culturales a la colonización de los bits.

8. Decidieron (los participantes en el netshop) no crear una red, sino seguir las afinidades y afectos de cada uno para crear redes informales o, simplemente, «comunidades de afectos».

9. Para más información... dirigirse a la Red.

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