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FUEGO EN LAS ALTURAS
Octavio Arbeláez.

 

 

Octavio Arbeláez Tobón, colombiano ( Borges decía que ser colombiano es un acto de fe), ha sido fundador y presidente de la red de promotores culturales de Latinoamérica y el caribe, decano de la facultad de artes de la Universidad Nacional de Caldas, profesor universitario, director del Festival Latinoamericano de Teatro de Manizales, columnista de revistas y de periódicos de Iberoamérica.


“El mascarón.!Mirad el mascarón!
¡Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!.”
Federico Garcia Lorca
Poeta en Nueva York

 

 

Parecía una broma macabra , un poco en la clave de H.G.Wells , las llamas abrasaban el icono , el mundo asistía a la representación, los medios nos asombraban con sus mediaciones, el miedo comenzaba a devorar el alma de occidente...

 

El suceso tantas veces mencionado, genera visiones y re-visiones en el corazón de un imperio desconcertado, pero también en quienes , como nosotros, debemos pensar en el grado en que la actual coyuntura puede alterar las nociones mas generalizadas sobre la globalización y su incidencia en el arte y la cultura latinoamericanas, desde un panorama desalentador que implica una vuelta atrás en  relación con una dinámica de apoyo a las propuestas contenidas en buena parte de nuestros proyectos que implican la circulación de ideas, bienes y productos culturales por el continente.

 

Siguiendo a Michael Mann la globalización hace referencia a la expansión de las relaciones sociales por todo el planeta, en un hecho que va mas allá de lo meramente singular para insertarse en la multiplicidad y la fragmentación.

 

El  orden mundial (que algunos prefieren llamar “el nuevo desorden”), la emergencia de una cultura universal, o la convergencia de los estados en visiones  que controvierten el empoderamiento de un estado predominando sobre los otros, determinan una lectura pesimista en torno a los caminos que el arte y la cultura deberán seguir recorriendo en el siglo que comenzamos a habitar. En efecto, para la mayor parte de nuestros creadores , la globalización implicaría el uso de lenguajes “internacionales”que no son otra cosa que los paradigmas de la cultura occidental como elemento articulador del mundo contemporáneo, si es que quieren insertarse en los mercados y las dinámicas de circulación de los tiempos que corren.

 

Sin embargo la “políticamente correcta“ alteridad, la presión del multiculturalismo hacia la pluralidad, y esa mirada hacia el exotismo, generaron la aparición de una tolerancia paternalista, cuya cumbre puede verse en la pasadal edición de la Documenta de Kassel en la que la periferia era el centro. Como señala Gerardo Mosquera “...la nueva atracción de los centros hacia la alteridad  permitió una mayor circulación y legitimación del arte de las periferias, sobre todo delimitadas dentro de circuitos específicos...” en los cuales nos insertamos cuando queremos mirar con detalle el momento y las tendencias predominantes  en la última década del siglo pasado, las que su vez se ligaban con el predominio de la teoría de las interdependencias ,   que  generaron un espacio vital para el surgimiento y desarrollo de nuestra propuesta de una Red Latinoamericana, cuya premisa filosófica era la ruptura del tradicional aislamiento de la región.

 

Con el paso del tiempo y la consolidación de la experiencia, aparecen también nuevos elementos de reflexión que corren paralelos a la acción concreta. La inclusión del Caribe aparece como una meta posible, generando una  apertura de la organización no sólo hacia una región geográfica sino hacia otras manifestaciones artísticas que ampliaran su plataforma de acción.   Tal vez se justificara esta suma regional en una estrategia geopolítica de expansión, pero también en la incorporación de estas “zonas silenciosas” de ese Caribe insular que se conecta muy poco entre si o de manera indirecta a través de las metrópolis, al caribe continental y a una América Latina  sin duda más próxima.

 

Es este el momento en que la globalización aparece como un elemento dinamizador, especialmente en el área de las comunicaciones, y como un detonador de la circulación cultural, de una manera plural, múltiple y diversa, no obstante sigue los modelos de reproducción de las estructuras de poder de los países centrales, especialmente en lo que toca con esa “cierta mirada” neo-exótica con que son apropiados los productos artísticos de la periferia, especialmente en el caso de la música, pero también presente en la danza ”contemporánea” y en las diversas formas de representación de las artes escénicas.

 

Aparece entonces el fuego en el cielo mediático, y con el o los  sucesos del once de septiembre y sus derivados se produce  una nueva ruptura. Sostenemos que la mirada post-evento, verdadero inicio del presente siglo y símbolo de su nacimiento, asume como su rol emblemático  una especie de yo globalizador, que se ubica en la cabeza de un Estado en claro predominio sobre los otros en todos los planos en que se puede leer el poder: político, militar, económico y cultural. Este último, objeto de nuestro interés prioritario,  nos hace retroceder en el tiempo hacia formas de pensamiento en que la temida homogeneización  parece ser retomada y nuevamente los recelos de caminar hacia una radicalización del discurso de una ”cultura internacional” con paradigmas dictados desde y por los estados centrales nos inserta en una lógica cuyas señales parecen comenzar a darse a partir del cierre de las fronteras, el recorte de los apoyos  financieros por la vía de la cooperación internacional estatal o fundacional, la limitación de las posibilidades de intercambios artísticos (en forma de disminución temporal a las entradas en territorio de la unión americana por ejemplo) y el predominio del interés por el discurso propio en desmedro del discurso de “los otros”.

 

Los sucesos que afectaron a Madrid y a Londres, hacen que aparezca  la paranoia en su manifestación mas extrema : el temor a los otros, la mirada inquisidora hacia otras culturas, pese a los llamados a los “diálogos entre civilizaciones”, con su contenido eminentemente cultural, por parte del gobierno español, el discurso predominante hace relación al aislamiento y el cierre de fronteras que impidan la entrada de todo aquello que signifique una amenaza para la seguridad europea, pero no solo la seguridad en términos de los atentados, sino de la vida cotidiana y su contexto cultural.

 

Es la cultura el nuevo escenario en que se articulan las luchas de poder, por ello no debemos permanecer ajenos a la construcción conciente de un nuevo discurso que involucre a la cultura como un espacio crucial para la acción de los sectores periféricos, o marginados del orden global.  Latinoamérica y el Caribe contribuyen a la pluralidad cultural del mundo, permean a través de sus procesos migratorios internos y externos a las metrópolis proponiéndole nuevos paradigmas multiculturales y nuevas heterogeneidades en el corazón de las  ciudades-estado, procesos de hibridación, nuevos sincretismos,  y nuevos significados a la mirada occidental.

 

Deben estar las redes imbricadas en estos movimientos históricos, asumir su rol de liderazgo, resignificar su acción y retomar esa dinámica y esa flexibilidad que las han constituido en modelos  referenciales para los productores y artistas de nuestras áreas de influencia, repensando en cada momento su accionar, manejando la “globalización occidentalizadora” en beneficio propio, a partir de su apropiación y transformación, generando procesos autónomos   , buscando la interacción de sus núcleos y referenciando nuevas posibilidades de relacionarnos con el mundo, generando espacios para los diálogos multiculturales en que el signo sea el encuentro y el asomarse al territorio de la construcción de discursos que substituyan el temor por la confianza.

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