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SOMOS PATRIMONIO

Ana Milena Escobar. Secretaria Ejecutiva del Convenio Andrés Bello

 

 

Celebro la oportunidad de encontrarnos reunidos compartiendo nuestras opiniones, experiencias y conocimientos acerca de la cultura, y me complace especialmente que esta reunión la estemos realizando en esta ciudad, pues Cartagena, que históricamente jugó un importante papel en las luchas de independencia en este país, se ha ganado el título de ciudad heroica, y desde 1854 es considerada patrimonio histórico y cultural de la humanidad.

 

Hago propicio este momento y este lugar para manifestarles que, fiel al compromiso de quien fuera el inspirador de las ideas que dan razón de ser a nuestra organización, el Convenio Andrés Bello ha venido apoyando acciones para promover la apropiación del patrimonio cultural, el que nos identifica, nos une y a la vez nos diferencia, porque si algo es manifestación de la especie humana y, por tanto, parte de la definición de tal, es la cultura.

 

Por eso, nuestra organización asume con verdadera convicción la tarea de facilitar la apertura de nuevos espacios, donde la interacción de diferentes actores nos conduzca a compartir experiencias e ideas que permitan generar soluciones originales. La originalidad de estas soluciones son las manifestaciones tangibles e intangibles de los resultados de esta interrelación.

 

Hemos atendido el llamado de este espacio tan importante, como es el II Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, porque existen coincidencias de fondo, las cuales hemos venido impulsando y que tienen que ver con la convocatoria a diversos actores que están en el mundo académico, artistas, responsables de políticas públicas y, en general, gente vinculada al ámbito de la cultura, que siempre está convencida y segura de la valía del aporte de este campo del quehacer humano a la sociedad.

 

Uno de los propósitos del CAB es el de orientar las políticas futuras en el tema del patrimonio cultural y natural. En este sentido, hemos propuesto una nueva concepción de patrimonio, en la cual tienen cabida otras expresiones, como las llamadas «intangibles», que incluyen la manera en que las comunidades se proyectan a través de su forma de vida, de construcción y preservación de su patrimonio.

 

Es un hecho real que a la entusiasta idea de que es necesario preservar y divulgar el patrimonio cultural de cada pueblo, se ha venido agregando otra no menos importante: la convicción de que la concepción de patrimonio no debe estar siempre en referencia exclusiva al pasado y a lo monumental, y que, por el contrario, se le debe asignar un valor fundamental a todo aquello que lo asocie con la vida cotidiana, el presente y el futuro de los pueblos, etnias, naciones y comunidades donde se crea.

 

Podemos decir que, como resultado de nuestro trabajo, hemos propiciado el surgimiento de una serie de nociones y conceptos —patrimonio cultural viviente, patrimonio oral, patrimonio intangible, persona patrimonio— que tiene el propósito común de designar aquella parte del patrimonio no necesariamente constituida por monumentos, objetos o documentos preservables en el tiempo, sino por hechos vivientes, es decir, por hechos protagonizados por personas que actualizan permanentemente una determinada memoria o tradición y que, por su naturaleza, no pueden ser tratados como cosas, sino como procesos inseparables de los actos, comportamientos y actividades personales o grupales dentro de los cuales se actualizan.

 

Desde hace varios años, el CAB ha pretendido difundir, valorar y exaltar esta visión del patrimonio a través de nuestro concurso internacional Somos Patrimonio, experiencias en apropiación social del patrimonio cultural y natural, mediante el cual hemos logrado reconocer, difundir y compartir experiencias de comunidades rurales y urbanas que logran crear y descubrir espacios de convivencia y desarrollo, de reconocimiento colectivo y de integración en la diversidad a partir de sus relaciones de promoción, preservación y valoración de su patrimonio cultural viviente o intangible, materializado en hechos, de una apariencia muy sencilla pero llenos de contenido y significado como las tradiciones gastronómicas, las creencias y las prácticas mágico religiosas, las leyendas y otras tradiciones orales, imaginarios colectivos, fiestas populares, ritos tradicionales o contemporáneos, saberes y oficios.

 

Hoy, gracias a la maravillosa oportunidad que nos brinda este encuentro, queremos presentarles la obra que recoge las experiencias ganadoras y más significativas de la segunda versión del concurso Somos Patrimonio, que adelanta el Convenio Andrés Bello en todos sus países miembros.

 

El libro Somos Patrimonio constituye, sin duda, una valiosísima compilación que refleja experiencias exitosas de apropiación social de esta noción de patrimonio, en donde se registran las diferentes maneras en que las comunidades sienten, cuidan, estudian, valoran y disfrutan de su patrimonio, expresando así un sentido de pertenencia que los va llevando a una verdadera apropiación social de su patrimonio cultural.

 

Gracias al trabajo realizado por un jurado internacional, conformado por María Luisa Cerrillos, Thomas van der Hammen y Ramó Rocha Monroy, entre 104 trabajos recibidos, se premiaron experiencias como los proyectos «Plan de rehabilitación integral de Santa Ana de Velasco», en Chiquitos, Bolivia, en la categoría de sociedad civil, y «San Isidro, un programa de conservación del patrimonio cultural como proyecto socio-comunitario», de Cuba, en la categoría de sociedad gubernamental.

 

En esta publicación recogemos las experiencias ganadoras y cinco destacadas con menciones especiales por el jurado, así como quince experiencias exitosas de apropiación social del patrimonio, todos ellas reflejo de trabajos comunitarios que propenden a la recuperación de los hilos de la memoria; memoria que para el CAB es un derecho irrenunciable. Todas estas experiencias tienen como características comunes la sostenibilidad de los proyectos en el tiempo, dada la participación de amplios sectores sociales en los mismos y la recuperación, junto con el patrimonio, de la autoestima y la construcción de identidad de las comunidades.

 

Con mucho acierto, los expertos en el tema de la apropiación social del patrimonio señalan que, ya en el siglo XXI, no hay otra salida viable para recuperar el patrimonio que devolvérselo a la comunidad, pasando de las declaraciones sobre su importancia a las iniciativas efectivas y eficaces para su revitalización. En este propósito está comprometido el Convenio Andrés Bello.

 

En el documento Somos Patrimonio, se sostiene, justamente, que la necesidad de defenderse contra el olvido que imponen las leyes del mercado que banalizan la cultura es cada vez más impostergable. La única forma de hacerlo es a través de la memoria. La memoria es para el CAB el patrimonio del alma; y el patrimonio no sólo es un conjunto de elementos tangibles o intangibles, es una forma de ser y de estar en el mundo. En él nos asentamos para identificarnos, para saber quiénes somos, para saber quiénes no somos; para entender quienes no queremos ser y quienes queremos que sean nuestros hijos.

 

Aprovecho esta oportunidad para mencionarles que, en el marco de nuestro compromiso de seguir trabajando en este sentido, nos encontramos en pleno desarrollo de la Tercera edición del concurso Somos Patrimonio.

 

Quiero cerrar esta intervención invitándolos a enriquecer la dinámica de nuestro concurso y difundir, en conjunto, la idea de que el patrimonio cultural de nuestros pueblos está vivo y es vigente, es algo que nos hace partícipes no sólo de un pasado sino de un presente y un destino común. Son los habitantes de los pueblos, las circunstancias morales y políticas que les ha correspondido vivir en cada época y su forma de asumirlas, los aspectos que construyen su identidad.

 

Deseo manifestarles que, tener la oportunidad de conocer Cartagena de Indias es un verdadero privilegio. Tan pronto se pisa tierra cartagenera, uno siente el calor húmedo de mar, percibe el olor a sal; Cartagena ha sido desde siempre una joya.

 

Y desde estas imponentes murallas, deseo invitarlos a trabajar por el reconocimiento y la apropiación del patrimonio cultural en todas sus manifestaciones, a cuidarlo y a defenderlo, como hiciera con Cartagena el rey Felipe II, quien construyó estas murallas que circundan la ciudad para protegerla de enemigos y piratas.

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