OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos


Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura
50 Aniversario

IX CONFERENCIA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN

(La Habana, Cuba, 1 y 2 de julio de 1999)

Calidad de la educación: desarrollo e integración ante el reto de la globalización

Documento base1

Darío Pulfer - Lesbia Cánovas - Gabriel de Pujadas

Índice

1. Introducción
2. La educación frente al proceso de la globalización
3. La educación para un desarrollo justo, pertinente y democrático
4. La educación: los desafíos del desarrollo de su calidad, su equidad y gestión participativa
5. Educación e integración, instrumentos fundamentales del desarrollo
6. Aportes para la reflexión
Notas
Declaración de La Habana

1. Introducción

1. Este documento hace alusión a las Conferencias de Ministros de Educación ya efectuadas en diferentes países, con resultados diversos, pero que han tenido en común el hecho de ser pasos progresivos y graduales para la construcción de unas ideas educativas que se van haciendo comunes y propias a todo el conjunto de países que conformamos Iberoamérica. Quizá el gran mérito de las Conferencias anteriores ha sido abrir caminos hacia diferentes temas cruciales en cada momento histórico. Este documento intenta, en un afán de consolidar lo avanzado, ser una síntesis de ello y progresar hacia compromisos políticos y financieros sobre medidas operativas, para hacer carne uno de los deseos más fervientes que ha sido integrarnos para apoyarnos, crecer y desarrollarnos en paz, justicia y democracia, en conjunción con los intereses e identidades de nuestras sociedades, unidas y diversas a la vez, para enfrentar otro gran desafío con éxito, como lo es la globalización del mundo y sus relaciones planetarias.

2. Se ha trabajado sobre un diseño simple: de una parte, se ha considerado a la educación, sus características más relevantes, singularmente sus aspectos de calidad, equidad y participación; se han analizado los desafíos que nos imponen los procesos de globalización mundial y el desarrollo de nuestras sociedades, y cómo la educación se inserta en ellos de la manera más adecuada posible para ayudar a las mayorías nacionales, en ocasiones marginadas de los beneficios por una insuficiente cobertura y, en otras, por una deficitaria calidad educativa; por último, y no por un simple orden de prioridades sino por exigencias lógicas del trabajo, se ha analizado lo relativo a los procesos de integración de las sociedades iberoamericanas como un mecanismo o herramienta fundamental para el futuro en relación a los desafíos planteados por el fenómeno de la globalización.

3. El centro de interés de este documento es la educación como un proceso multivariado, del cual emergen desafíos y compromisos cada vez más complejos y urgentes, necesarios de enfrentar con decisión, voluntad y creatividad. El trabajo concluye con algunas propuestas concretas que pueden servir de aporte para el logro de los objetivos de las políticas educacionales de la región y de sus respectivos países.

4. Se ha considerado la disyuntiva que se plantea frente al proceso de la globalización y el cómo enfrentarlo, entendida ésta, como lo dijeron los Ministros en Sintra, Portugal, “como un proceso amplio, contradictorio, heterogéneo y profundo de cambio en las relaciones entre sociedades, naciones y culturas que ha generado una dinámica de interdependencia en las esferas económica, política y cultural en las que se desenvuelve el actual proceso de mundialización”2 .

5. Por una parte, una opción es aceptarla tal cual ésta se presenta, con sus características propias y frente a cuya realidad la educación puede dar una respuesta mecánica y acrítica.

6. Por otra, se trata de reconocer en profundidad la existencia de este proceso de globalización como un hecho de la realidad que se inscribe con fuerza en la historia contemporánea, y quizá estará presente por mucho tiempo en el futuro de la humanidad. Es una evidencia que no podemos soslayar, pero frente a la cual debemos pensar estrategias que favorezcan el auténtico desarrollo de nuestros pueblos.

7. Frente a esta disyuntiva se ha optado por creer que nuestros pueblos no sólo tienen la opción de responder mecánicamente a la globalización, que sería una primera alternativa, sino que es posible que, como región iberoamericana, con todo lo que ello significa de común y de diverso, de riquezas y pobrezas, de elementos facilitadores y obstaculizadores para nuestro desarrollo, se busquen en éste “las oportunidades que puede ofrecer este proceso”. Como ser alternativas más democráticas, de mejor manejo de los propios recursos y capacidad productiva, de una mayor voluntad y capacidad para abrir espacios de libertad y justicia para nuestras sociedades, cambiando el rostro valórico desde el individualismo competitivo hacia el mundo de la solidaridad y la comunión de intereses.

8. Buscar respuestas alternativas en educación, innovadoras y creativas, es quizá el gran desafío que tienen los países de Iberoamérica en el marco de la globalización y el futuro. Desarrollar a la persona humana de manera integral, como ya se ha mencionado en otras Conferencias, el desarrollo de competencias de distinta naturaleza (personales, de autoaprendizaje permanente, de interacción social, de conocimientos y técnicas o instrumentales), hechas actualidad en cada persona, adecuada a las necesidades y expectativas educativas existentes en la comunidad, es otro de esos desafíos.

9. Pero, sin duda, en donde se coincide es en el hecho de que es necesario un espacio de profundización y afirmación de los valores compartidos, mediante un intercambio constante de experiencias educativas, pedagógicas, culturales, sociales y económicas, que haga realidad lo ya manifestado por los Jefes de Estado en múltiples Cumbres celebradas en años anteriores, y en donde de todos modos se reconoce la diversidad de situaciones y valores que sustentamos.

10. Ante los acelerados procesos de cambio, la educación no tiene la capacidad sólo por sí misma de dar respuesta a todos los desafíos que tiene el desarrollo de nuestros pueblos, aunque constituye un eje clave en el crecimiento de éstos, siempre que esté acompañada de medidas asociadas. Una mayor democratización de los sistemas políticos y un compartir los esfuerzos de nuestros aparatos productivos y de servicio (diversificándolos, focalizando acciones conjuntas y modernizándolos), son piezas claves conexas a las importantes Reformas Educativas que se están desarrollando en nuestros países.

2. La educación frente al proceso de la globalización

11. La IX Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación se celebra a las puertas del siglo XXI, cuya tendencia es la internacionalización de la economía y de las relaciones sociales, alcanzando en muchas ocasiones una escala planetaria, que suele denominarse como globalización.

12. Conforme a lo acordado por los Ministros de Educación en las Conferencias ya efectuadas, existe la voluntad política y técnica para hacer que este proceso de globalización, que se presenta con una gran contundencia en el mundo, esté orientado por los valores de un desarrollo humano, económico, social y cultural de carácter integral y del cual puedan beneficiarse las mayorías de los países y en su interior, especialmente aquellos sectores que hoy están marginados del justo beneficio de los bienes que dispone cada sociedad.

13. Resulta evidente que en el mundo contemporáneo ya se sienten los cambios que indican el nacimiento de una nueva etapa histórica que ya estamos transitando, la cual difícilmente puede ser definida hoy día con toda claridad por la magnitud de los cambios en cuestión.

14. Uno de ellos, y quizá el de mayor importancia para este tema, es la tendencia a caracterizar con mayor precisión cuál es el sentido que debe prevalecer en las orientaciones generales de dichos procesos.

15. Se trata de la filosofía educativa que oriente explícitamente hacia el tipo de persona y sociedad justa, democrática y equilibrada que buscamos con nuestras acciones pedagógicas. De la inspiración que podría darle sentido a las políticas educativas, programas y proyectos puntuales que conforman los múltiples esfuerzos de cambios educativos que se viven en Iberoamérica y que, en ocasiones, pese a las grandes inversiones y esfuerzos que se realizan, podrían estar desarrollándose sin una clara orientación valórica y conceptual adecuada a nuestras idiosincracias. Este marco orientador debe nacer, por una parte, de los propios elementos de identidad cultural y de la realidad socioeconómica que vivimos y, por otra, de los desafíos operativos que el desarrollo, la globalización y la integración hacen a nuestras conciencias y a los sistemas educacionales de nuestros países.

3. La educación para un desarrollo justo, pertinente y democrático

16. En Sintra, Portugal, los Ministros de Educación se pronunciaron por la idea que desde la perspectiva de la educación la opción es afrontar y reconocer la globalización, pero marcada por los valores y acciones de la solidaridad y de la hermandad como núcleos éticos esenciales del proceso de desarrollo e integración a que nos convoca la historia.

17. Esa globalización —que podría internacionalizar la solidaridad—puede aportar enormes ventajas a la humanidad, aumentando la fuerza sinérgica de esfuerzos conjuntos para el desarrollo de la educación. En cambio, si su marca distintiva es el predominio de la dimensión económica sin un contrapeso en la justicia y libertad social, económica y cultural que debe primar en las decisiones de los pueblos y de sus Gobiernos, ella conducirá a ahondar, posiblemente a escala jamás antes vista, las diferencias en el desarrollo entre los diferentes países y entre los grupos de menores y mayores niveles de calidad de vida en cada uno de ellos.

18. Se observa acompañando a los movimientos de la economía una tendencia a la homologación de los sistemas de valores y las concepciones culturales que tienen una directa relación con la base de identidades de las sociedades como tales, apoyándose para esto en la rápida difusión de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

19. El mundo de los países del Tercer Milenio no podrá ser el mismo de hoy, en que el 20% más rico recibe el 86% de los ingresos totales del planeta, mientras que el 20% más pobre sólo alcanza el 1,3% de esos ingresos, donde existen más de 900 millones de analfabetos y un número indeterminado en condiciones de analfabetismo funcional; y el 21% de los niños en edad escolar primaria de los países en desarrollo (130 millones) no asisten a la escuela. Los recursos que actualmente se destinan a la educación reflejan, nítidamente, esa desigual distribución de la riqueza mundial. Mientras que los países desarrollados dedican 1.211 dólares por habitante a los gastos públicos destinados a la educación, en América Latina y el Caribe esa cifra sólo llega a 153 dólares por habitante3.

20. En ese sentido las estadísticas describen una desigual realidad: el 50% de las películas que se elaboran y se exhiben en el mundo son de empresas de países desarrollados, así como el 80% de las seriales de televisión, el 70% de los vídeos, el 50% de los satélites de comunicación, el 60% de las redes mundiales y el 75% de INTERNET.

21. Algunos datos de los países iberoamericanos: anualmente se estrenan 245 películas como promedio; de ellas, el 10% corresponden al cine doméstico, el 70% son norteamericanas, 14% son europeas y únicamente el 3% iberoamericanas. Debe añadirse a ello que el 79% de los programas de televisión que importa Iberoamérica provienen de los Estados Unidos de América.

22. Agréguense a estos datos que el promedio de libros que se publican en los países desarrollados es de 54 por cada 100.000 habitantes, en contraste con los 7 de los países subdesarrollados, más el hecho de que el hábito de leer va desapareciendo en los niños de las familias que cuentan con televisión, pues éstos permanecen 3 horas ante la televisión en su tiempo extraescolar, como promedio diario.

23. Ese dominio casi absoluto en el mundo de los principales medios de comunicación, es empleado para divulgar una cultura uniforme, caracterizada por la violencia, el sexismo y otras conductas de riesgo, que ignoran las tradiciones de cada país, la relevancia de sus constructores más significativos y su propia historia, introduciendo además patrones irracionales de consumo que llevan a la destrucción del medio ambiente y entrañan el peligro, ya real, de la desaparición de la propia especie humana.

24. Se hace indispensable que la educación desarrolle una conciencia crítica sobre este fenómeno condicionante de las percepciones que las personas y los grupos sociales tienen sobre la realidad, desarrollando competencias de lectura y un análisis crítico de los medios de comunicación e información.

25. Desde la primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Guadalajara, hasta la octava, celebrada en Oporto, se ha venido tratando de una u otra forma la relación entre la educación y el desarrollo, lo que ha constituido una evidente preocupación de los Mandatarios en todas sus citas Cumbres. Se ha producido así un proceso creciente de profundización sobre esta relación.

26. Es así como la Cumbre de Guadalajara reconoció que las aspiraciones al desarrollo económico, social, tecnológico y cultural exigen un decidido impulso a la educación y a la cultura como vías para enfrentar los grandes retos de las naciones en el contexto actual, en especial los que afectan a su propia identidad.

27. En Madrid se plasmó la voluntad de prestar un impulso decidido a la educación, a partir del postulado de que “el conocimiento es el gran capital del siglo XX”. Salvador de Bahía fue el escenario donde los Mandatarios concluyeron que hay que apostar decididamente por la educación como factor clave en las políticas y las estrategias de desarrollo económico, social y cultural. En Cartagena se analizó la formación del ser humano desde su infancia como sujeto central del desarrollo, para potenciar sus capacidades creativas, lo que supone el apoyo decidido a una educación relevante y de calidad. Los Jefes de Estado y de Gobierno declararon en Bariloche que los términos educación y desarrollo no son antagónicos, sino que forman parte de un mismo sistema, al constituirse “la educación en un factor esencial del desarrollo”. En Concepción se insistió en la gobernabilidad de los sistemas educativos para aumentar su efectividad. En Margarita, por último, establecieron el compromiso de fortalecer, desde la más temprana edad escolar, “los programas de formación ciudadana y de educación para la democracia y la participación”.

28. En todas estas ocasiones ha estado presente la democratización como uno de los sustentos claves de un desarrollo justo, pertinente y democrático para los países. Justo, en la medida de que es necesario incrementar la inserción de las mayorías nacionales al uso de los bienes sociales existentes y por producir mediante una distribución justa de los mismos. Pertinente, en cuanto el desarrollo debe ser adecuado a las necesidades y aspiraciones de los pueblos de acuerdo a sus propias idiosincracias. Democrático, en el sentido de que todos los actores sociales tienen el derecho a participar en las decisiones que los afecten, como sujetos históricos que construyen su propio destino con libertad y justicia.

4. La educación: los desafíos del desarrollo de su calidad, su equidad y gestión participativa

29. Este tema llama a reflexionar acerca de qué y cómo hacer para que la educación de los países Iberoamericanos se ponga en sintonía con los relevantes cambios que tienen lugar en el mundo actual y, a su vez, posibilite y oriente, en la medida de sus posibilidades, el desarrollo de éstos.

30. No hay que olvidar que, hace ya mucho tiempo, José Martí, el gran cubano, advirtió que “es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época y la época”. Por décadas nuestros sistemas educativos se fueron separando de las demandas reales de la sociedad, entre otras cosas por la escasa vinculación de éstos con el desarrollo de la comunidad y de los sistemas productivos. Las reformas educativas que tienen lugar en la región buscan saldar esta ruptura histórica y todos los esfuerzos deben orientarse a superar este dramático divorcio.

31. La educación debe cumplir una serie de funciones en los nuevos contextos vinculados al desarrollo. Hoy se pide, entre otras cosas, una nueva ciudadanía para los contextos políticos de creciente participación y apertura. Una formación básica que ofrezca fundamento para la integración social y la inserción en nuevos y cambiantes ambientes productivos. Una educación que afirme críticamente los valores de la propia cultura e identidad, a la vez que permita una apertura a los procesos de integración y mundialización en curso.

32. Esto implica una “escuela renovada e innovadora”, que trabaje con un curriculum pertinente a su propia realidad, considerando la perspectiva de grados crecientes de complejidad (local, departamental, provincial, nacional, regional), con una acción pedagógica consecuente con lo que se quiere lograr.

33. Frente al desafío de la globalización actual, en relación al desarrollo de la competitividad, la educación debe estar signada por los valores de la solidaridad y la hermandad como una respuesta de países que tienen la posibilidad de cambiar el rumbo de sus historias, humanizándolas.

34. El acelerado proceso de globalización de la economía tiene como sustento un enorme desarrollo de los conocimientos científico-técnicos, las comunicaciones, la microelectrónica, la biotecnología y la creación de nuevos materiales. A estos no es posible cerrarse. Por el contrario, la educación debe abrirse a su adquisición y adaptación y, de ser posible, lograr su propia elaboración mediante esfuerzos conjuntos entre países iberoamericanos que comparten un destino común.

35. El fenómeno de la globalización ha generado en el mundo una lógica de la competitividad que se intenta introducir en los sistemas educacionales. En este contexto, para que un país pueda desarrollarse con éxito en estas condiciones, es necesario que tenga acceso a la información más avanzada, al conocimiento científico y a las innovaciones tecnológicas.

36. Del mismo modo, esta competitividad exacerbada ha desarrollado en las personas un nuevo individualismo, muchas veces ajeno al respeto a las libertades reales, lo que introduce desequilibrios psicosociales antes desconocidos en los países de Iberoamérica, y frente a los cuales la educación puede constituirse en una herramienta para atenuar sus efectos.

37. Sólo se ha pretendido describir el telón de fondo del escenario, más complicado aún, en el cual los países entrarán en el siglo XXI. El modelo de competencia a todo trance resulta inadecuado por sus efectos sobre las personas y las sociedades, pues está basado en la ventaja que generan en el comercio internacional las bajas remuneraciones y el uso destructivo de los recursos naturales.

38. Esto está obligando a la búsqueda de otro orden de cosas en materia de competencia, que esté basado en la incorporación del progreso técnico y la elevación de la productividad dentro de una concepción más humanista y solidaria de las relaciones entre las personas y los pueblos. Si bien se reconoce que el mercado es un importante factor en las relaciones económicas, no puede ser el único que defina el tipo y prioridad de las relaciones grupales e interpersonales que deben prevalecer en la sociedad.

39. La acumulación de conocimientos técnicos implica una complementación entre la creación de ellos, la innovación y la difusión. En esta tarea, los sistemas educacionales pueden y deben jugar un rol de vital importancia, elevando la calidad y pertinencia de los aprendizaje y desarrollo de las nuevas generaciones en estas materias. De entre los recursos con que cuentan nuestros países los más valiosos son sus personas, las cuales se forman en el conjunto de las instituciones educacionales y de las unidades productivas del país que las pueden capacitar. La preparación de un país para enfrentar los retos del presente y del futuro pasa por lograr una efectiva y voluntaria cohesión social e integración en sí mismo, que posibilite la consolidación de sus recursos naturales y humanos y pueda elevar el nivel de vida de sus ciudadanos y trabajar en el campo internacional de manera cooperativa.

40. No es difícil de apreciar que para enfrentar la competitividad en las condiciones difíciles en que se desarrolla hoy día, resulta necesario elevar la calidad de la educación y, con ello, aumentar la capacidad de valor agregado en las personas. No se puede desconocer que se han hecho esfuerzos significativos por mejorar la educación en la mayoría de nuestros países en magnitudes y escalas distintas, mediante la puesta en marcha de reformas educativas en la década del ’90.

41. No obstante, persisten situaciones críticas que deben ser corregidas en forma urgente. En los países de América Latina este fenómeno es agudo. Hay que tener en cuenta que, a los problemas de equidad y cobertura educacional que enfrentan hoy los pueblos menos desarrollados, se suman los graves problemas relativos a la calidad y a la pertinencia de la educación. En Latinoamérica la tasa de repitencia se encuentra entre las más altas del mundo, concentrada en los primeros grados, y el 40% de los niños escolarizados abandona la escuela antes de finalizar la primaria. Las heterogeneidades tienden a hacerse más profundas, así como los desequilibrios urbano-rurales4 .

42. El sistema educativo se siente cada vez más presionado frente a las demandas del mercado de trabajo, las exigencias generales del desarrollo y del fortalecimiento de la democracia, por lo que resulta imperativo profundizar las reformas educacionales o mejorar la calidad de las que ya están en marcha mediante evaluaciones ad hoc.

43. En el contexto social contemporáneo se manifiestan diferentes criterios sobre qué debe entenderse como calidad de la educación, en dependencia de los diferentes paradigmas que se adopten: filosófico, sociológico, psicológico, pedagógico, económico o tecnológico. Para que la calidad de la educación se eleve es necesario tener en cuenta dos tipos de factores: unos relacionados con el proceso educativo mismo, y otros, que pueden aparecer como factores asociados, pero que tienen gran importancia, a veces decisiva, para elevar la calidad de la educación, en consonancia con las complejas exigencias del mundo contemporáneo. Algunos de estos factores asociados (infraestructura, material didáctico, las nuevas tecnologías, etc.) muchas veces han sido absolutizados y se constituyen en determinantes para orientar las inversiones en educación, dejando de lado los factores propiamente educativos.

44. Sin embargo, a la luz de la problemática del tipo de hombre y sociedad que se desea formar en el contexto de la globalización, los conceptos de calidad y equidad de la educación no deben valorarse a partir de criterios unilaterales sino con un enfoque holístico, en donde la concepción de la formación del hombre y sus capacidades, el proceso educativo y los logros programados, constituyan también una unidad integrada.

45. En el Primer Estudio Internacional Comparativo, realizado por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de Calidad de la Educación en un grupo de países de esta región, se puso de manifiesto que la calidad de la educación está asociada íntimamente a factores tales como el clima escolar, las condiciones sociales y económicas de la familia, su nivel de escolaridad —sobre todo el de la madre—, y el compromiso educacional familiar; la atención educativa temprana de los niños; la disponibilidad de libros de texto y materiales de trabajo. Asimismo, el grado de satisfacción del maestro con su labor, los años de experiencia, la calidad en su formación y la posterior superación, y una supervisión escolar que sea percibida como adecuada por directores y personal docente.

46. Como es comprensible, no puede lograrse calidad y equidad educativa sin la adopción de políticas que focalicen acciones para potenciar todos los factores asociados que influyen decisivamente en el proceso educativo.

47. Una calidad y equidad de la educación que no se limite a la producción de conceptos, habilidades y capacidades, sino aquella que posibilite la integración de los valores propios que caracterizan y unen a los pueblos.

48. Una educación que no sea sólo una responsabilidad de los centros educativos, sino aquella donde estén inmersos todos los factores comprometidos en su concepción, en su proceso de desarrollo y en sus resultados: el alumno y especialmente su familia, el maestro y la comunidad educativa, el director y el microcosmos escolar, las autoridades públicas y el macrocosmos social, las organizaciones políticas, laborales y sociales integrantes de la sociedad y los medios de comunicación. En otras palabras, la calidad y equidad de la educación implican participación en su diseño y gestión por parte de los actores involucrados.

49. Una calidad y equidad de la educación a la que tengan acceso todos los educandos, sin discriminación de ningún tipo, como reflejo de un deber y un derecho de todos, que surja de una oferta amplia del servicio educacional, de la participación de todos los ciudadanos. No se puede hablar, por lo mismo, de una calidad educativa que se caracterice por su elitismo, donde la concepción del hombre que es necesario formar, el proceso para su desarrollo y el resultado esperado esté impuesto por grupos tecnocráticos o políticos cerrados. La participación democrática en los diseños y gestión de los sistemas educativos es un imperativo de la calidad y equidad educativa.

50. Una educación que se corresponda con los aspectos que unen a las nacionalidades, considerando las diferencias reales que las separan, sobre la base de una relación fluida entre la unidad y la diversidad que las caracterizan.

51. Una calidad y equidad de la educación que se exprese también en los cambios cualitativos generados en las formas de pensar, sentir y actuar de los pueblos, en los efectos positivos evidentes de las acciones educativas en cada individuo, grupo de individuos y en toda la sociedad.

52. De lo que se trata es de una concepción de calidad en que la educación sea capaz de formar a una persona que comprenda los desafíos que tiene la humanidad ante sí, con arraigados conceptos éticos y morales que estén asociados a lo mejor del desarrollo de sí misma y su sociedad, que domine los recursos de la ciencia y la técnica contemporáneas y que esté en capacidad de actuar con competencias y valores propios a estas circunstancias, que le permitan trascenderse y hagan que ella sea un sujeto constructor protagónico y no un objeto de la historia.

53. Por lo anterior, es deber indelegable del Estado, de las familias y otros actores sociales, ofrecer a las nuevas generaciones, desde sus propias perspectivas (públicas y/o privadas), una educación de calidad con equidad, a partir de la aplicación de políticas que tiendan a reducir las brechas de cobertura y calidad de los servicios educacionales que existen actualmente en nuestras sociedades. La educación es una cuestión pública que atañe a toda la sociedad.

54. En particular, al Estado le corresponde cumplir funciones indelegables de coordinación y planificación descentralizada del sistema educacional en sus diversos niveles; supervisión del servicio público educativo (no importando el tipo de propiedad de los establecimientos educacionales); control y sistema de sanciones en relación al uso de los recursos públicos (o fiscales) destinados a educación; promoción y facilidades para la realización de inversiones y recursos suficientes para el desarrollo educacional de cada país; información transparente sobre calidad y equidad educativa de acuerdo a sistemas de evaluación claramente definidos ex ante; apoyo e incentivos a los esfuerzos educativos realizados por los medios de comunicación.

5. Educación e integración, instrumentos fundamentales del desarrollo

55. El proceso de globalización que tiene lugar en el mundo actual es la consecuencia de un desarrollo nunca visto antes, tanto por sus adelantos como por el ritmo en que se presenta, pero que de hecho expresa también la necesidad de un uso y control social de esos progresos, en función de la preservación de la humanidad y la continuidad de la vida.

56. La tendencia a la integración y la constitución de bloques regionales se presenta actualmente como una necesidad para los países y como una respuesta creativa ante la globalización. Acompañando estos procesos al potenciar en el plano de la educación los lazos históricos y culturales existentes entre los países iberoamericanos se contribuye al afianzamiento de la integración.

57. La integración ha estado presente en el espíritu de todos los documentos de las Conferencias de Ministros de Educación, lo que refleja la conciencia de querer encontrar, de manera conjunta, las vías que posibiliten la cooperación de los esfuerzos y las acciones de los países iberoamericanos, para así enfrentar los retos que la realidad de la globalización y el desarrollo han impuesto, y con esto aprovechar las ventajas que pudieran derivarse de este fenómeno.

58. La educación puede contribuir a la integración iberoamericana favoreciendo los valores de apertura, de reconocimiento del otro, de la aceptación de las diferencias existentes, a la vez que promueve la afirmación de los valores propios de cada sociedad, de las tradiciones locales; en definitiva, la singularidad cultural de cada sociedad. La educación puede contribuir al desarrollo de esta doble direccionalidad del desarrollo (apertura y autorreferencia), con la trasmisión sistemática de valores que potencien a la vez la idea de nación y de región, generando con esto nuevos y originales hechos de muy variadas connotaciones que hoy son difíciles de predecir.

59. Una integración en el ámbito educativo debe potenciar la calidad de las ofertas educativas que brindan nuestros países, al compartir recursos y experiencias y desarrollar una fuerte defensa de nuestras identidades nacionales. Más aún, si se comprende que el grueso de los pueblos que forman la familia iberoamericana ha llegado a las actuales condiciones de globalización del mundo con grandes desventajas y, por lo mismo, sufren sus consecuencias de manera más dura.

60. La idea integracionista viene desde el fondo de la historia. Los siglos compartidos, los procesos de liberación que han vivido los países, constituyen un mandato de unidad que se debe recuperar en momentos en que el mundo marcha hacia una unidad fundamental, que no necesariamente representa nuestros propios intereses. Mediante el proceso de integración de nuestros países, rescataremos la propia memoria cultural que poseemos y que muchas veces se olvida como trasfondo histórico de nuestras identidades.

61. La integración supone, por lo mismo, la identificación clara de los intereses que son comunes, ya que no sólo basta el legado histórico, que sin duda se posee y que se presenta como un imperativo histórico. Es necesario, además, identificar esos intereses, esos parámetros comunes de beneficios para los pueblos, que los impulsen efectivamente hacia una integración iberoamericana, no sólo en el campo educacional sino en otras esferas de la vida de las sociedades involucradas.

62. Se está lejos de posturas aislacionistas o presuntuosas que daban la espalda a los países de una misma base cultural. La historia enseña que la apertura y la solidaridad son un buen antídoto contra el aislacionismo cuando este tiende a producirse.

63. Hay que aprovechar la sinergia que se produce por la integración y el trabajo coordinado hacia objetivos de la educación que sean comunes entre los países iberoamericanos.

6. Aportes para la reflexión

64. Se proponen a continuación una serie de ideas que pueden servir de estímulo al desarrollo de acciones favorables a los procesos de mejoramiento de la calidad de la educación en procesos crecientes de integración regional:

65. El logro ininterrumpido de una educación de calidad y equidad para todos, a partir de la aplicación de políticas que tiendan a reducir las brechas de cobertura y calidad de los servicios educacionales que existen entre los diferentes estratos sociales y ámbitos (rural y urbano).

66. Buscar y apoyar diferentes medios de movilidad e intercambio entre los países para producir en los habitantes de Iberoamérica un conocimiento real de nuestros elementos comunes y aquellos que nos caracterizan y nos dan identidad. Entre estos conviene destacar:

67. Fortalecer los mecanismos existentes de integración Iberoamericana y buscar alternativas innovadoras, a partir de los lazos históricos y culturales comunes, que potencien los intercambios de experiencias en todos los niveles decisorios.

68. Impulsar a la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) para producir un proyecto de Cátedra de Historia de Iberoamérica, como una instancia de investigación, producción intelectual, capacitación y difusión del pasado común de las sociedades iberoamericanas, que contribuya a un mayor conocimiento de los procesos históricos constitutivos de los países de la región.

69. De manera especial se propone la profundización de los programas de formación de responsables de aplicación de políticas de formación del personal docente y directivos del sistema, de las renovaciones curriculares y de los diversos sistemas de evaluación educacional y pedagógica que es necesario crear o consolidar en Iberoamérica.

70. Acrecentar las inversiones en materias educacionales, no sólo en lo que hemos denominado los factores asociados sino en sus recursos humanos, especialmente sus docentes, elemento clave para el mejoramiento de la calidad y equidad de la educación y el éxito de los cambios educacionales, valorando su función.

71. Favorecer los mecanismos de cooperación horizontal de acuerdo a las ventajas comparativas existentes, y fortalecer a la Organización de Estados Iberoamericanos para que se movilice en los países que la conforman para atender situaciones críticas o de emergencia y, con ello, garantizar una calidad mínima en los servicios educativos.

72. Dada la multiplicidad de organismos internacionales que actúan en la región, debe producirse una concertación de acciones entre dichos organismos para favorecer el apoyo coordinado al desarrollo educativo de cada país. Realizar evaluaciones de los programas actualmente en marcha a través de la OEI y los distintos países, para estudiar y evaluar sus fortalezas y debilidades, sus proyecciones o sus cambios necesarios, con el fin de registrarlos en memorias ad hoc.

Notas

1 El documento que se presenta a continuación es el resultado de un trabajo realizado por expertos de los Ministerios de Educación de Argentina, Prof. Darío Pulfer; de Cuba, Dra. Lesbia Cánovas, y de Chile, Dr. Gabriel de Pujadas.
Las opiniones vertidas en el mismo no son necesariamente compartidas por la OEI.

2 VIII Conferencia Iberoamericana de Educación. Declaración de Sintra, 1998.

3 PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 1997, PNUD, Washington, 1997.

4 Ottone, E., “El papel de la Educación frente a las nuevas condiciones de productividad y competitividad”; en Las transformaciones educativas en Iberoamérica. Tres desafíos: Democracia, desarrollo e integración, Buenos Aires, Troquel–OEI, 1998, pág. 129.

Declaración de La Habana

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