Columna del Secretario General
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Columna del Secretario General - Álvaro Marchesi

Ciudadanía, Multiculturalidad y Cohesión Social (1)

La noción de ciudadanía, con profundas raíces históricas, se está abriendo camino para articular en torno a ella la educación moral. Ciudadano, como escribe Adela Cortina, es el ser humano autónomo, que hace la vida en común junto a sus iguales, que no es siervo ni súbdito y que es consciente de que construye su autonomía en solidaridad con los otros. Ciudadanía supone libertad, igualdad, pertenencia, dignidad, respeto y diálogo.

Desde esta perspectiva, la educación para la ciudadanía se ha convertido en uno de los ejes principales para incorporar los valores en la acción educadora de las escuelas. Sin embargo, su concreción y articulación en los proyectos educativos no es sencilla. En primer lugar, porque no se trata sólo de que los alumnos conozcan sus derechos y sus deberes sino que los experimenten en la escuela y adquieran la preparación suficiente para ejercerlos después en la sociedad. En segundo lugar, porque no existe un modelo de persona ideal ya que la sociedad es plural en sus culturas y en sus valores, lo que provoca en ocasiones controversias y contradicciones.

Algunos estudios sobre la educación cívica han diferenciado tres enfoques, que no pueden ser alternativos sino que han de ser complementarios: la educación para la ciudadanía, la educación a través de la ciudadanía y la educación sobre la ciudadanía. En el primer caso, el énfasis se sitúa en la capacitación de los alumnos para que lleguen a incorporarse de forma activa y responsable a la sociedad.. Supone, por tanto, asegurar que todos los alumnos alcanzan los aprendizajes básicos para vivir en la sociedad actual, lo que incluye la adquisición de las competencias cognitivas, comunicativas, de conocimiento del mundo actual, éticas, etc. que permitan un suficiente nivel de autonomía y de progreso personal y profesional. Es el significado más amplio de ciudadanía pero también el más exigente, ya que incluye el compromiso de que todos los alumnos terminen de forma satisfactoria su educación básica.

La segunda perspectiva, educación a través de la ciudadanía, se orienta a que los alumnos aprendan los valores cívicos por medio de su ejercicio en la escuela. En consecuencia, la educación en valores y para la ciudadanía debe tener su concreción en el propio funcionamiento del centro educativo, es decir, debe impregnar y transformar el significado y la acción educativa global de las escuelas, en las que la participación, el respeto mutuo, la tolerancia y la solidaridad con los más débiles, la responsabilidad y la exigencia a los alumnos de sus deberes sean una guía que oriente la adopción de decisiones y las iniciativas de la escuela.

También unas escuelas inclusivas e integradoras, abiertas a todos los alumnos, en las que la marginación y la intolerancia están desterradas, son el horizonte deseable en el que se ha de concretar la educación a través y para la ciudadanía. En este sentido, la integración de los alumnos con necesidades educativas especiales en una escuela es una opción de valor con profundas consecuencias. La convivencia de todos los niños, sea cual sea su capacidad, aporta una experiencia enriquecedora y fomenta la comprensión y la ayuda mutua. La empatía con los más débiles es uno de los impulsos de la acción solidaria que se ve reforzado en edades posteriores por convicciones morales más racionales.

Finalmente, el tercer enfoque se refiere a la educación sobre la ciudadanía. La educación moral y cívica debe completarse a través de la reflexión. La formación del juicio moral de los alumnos y el desarrollo de su autonomía moral han de estar presente en las diferentes materias, pero posiblemente también debe de existir un tiempo específico de formación en una asignatura específica.

Esta triple perspectiva debería de orientar la acción educadora en este campo. No es una tarea sencilla ya que debe sortear no sólo las presiones explícitas y veladas que se dirigen hacia el sistema educativo para limitar la inclusión de todos los alumnos en las mismas escuelas o para no plantear de forma crítica los valores dominantes, sino que también ha de tener en cuenta la presencia de diferentes culturas en las escuelas y las exigencias que ello comporta. La educación en una ciudadanía multicultural capaz de favorecer el cohesión social es el horizonte necesario.

Junio de 2007

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Álvaro Marchesi

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