Columna del Secretario General Ciudadanía, Multiculturalidad y Cohesión Social (2)
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Columna del Secretario General - Álvaro Marchesi

Ciudadanía, Multiculturalidad y Cohesión Social (2)

Vivimos, no cabe duda, en una sociedad multicultural. Así ha sido durante largos siglos pero es ahora, en las últimas décadas, cuando se ha tomado conciencia de esta realidad histórica, tal vez por las crecientes migraciones, o por la presencia activa de las minorías culturales habitualmente olvidadas en sus países, o quizás, ojalá sea así, porque un mayor sentido de la justicia se extiende entre los pueblos.

¿Qué hacer ante las exigencias de igualdad y de integración educativa y social que demandan las minorías culturales de cada país y los colectivos inmigrantes? Hay dos objetivos que deberían orientar la acción educativa en todos los casos: proporcionarles las mismas oportunidades de aprendizaje que al resto del alumnado y valorar su cultura y su lengua originaria.

No es sencillo garantizar ambos objetivos dado el tradicional abandono de las minorías culturales y la insuficiente consideración de los alumnos inmigrantes y de sus familias en los países receptores. Garantizar una educación de calidad a todos los alumnos de un país, cualquiera que sea su origen cultural o su lengua, exige que todos ellos dispongan de condiciones similares en relación con sus escuelas, con la capacitación de sus maestros, con los programas de estudio ofrecidos, con el tiempo escolar, con los materiales curriculares, con el apoyo a las familias, con su salud y con su alimentación. Pero al mismo tiempo es preciso reconocer y valorar el papel de su cultura y de su lengua originaria, lo que se debe traducir en una sensibilidad especial para que los alumnos no pierdan su lengua ni se desvinculen de sus raíces. En el ámbito de la atención educativa a los alumnos inmigrantes, es preciso combinar una escolarización integradora y de calidad con la atención diferencial a sus características personales, culturales y comunicativas. Este es el gran reto al que debe enfrentarse la educación.

Como señala Kymlicka (1996) con acierto al debatir sobre la ciudadanía muticultural, hemos interiorizado una narrativa cultural determinada a través principalmente de la lengua, pero a través también de las tradiciones, los ritos, los símbolos y la historia de nuestra cultura. Por ello, el mantenimiento de la cultura originaria y de la lengua materna es un derecho de los ciudadanos ya que les amplía las posibilidades de conseguir una vida satisfactoria, por lo que los poderes públicos deberían garantizar el ejercicio de ese derecho.

Esta ciudadanía multicultural debe vivirse y aprenderse principalmente en el funcionamiento de la escuela, en las relaciones entre los propios alumnos y entre los alumnos y sus profesores, en el currículo escolar, en las formas de participación y de reconocimiento de todos y de cada uno de los alumnos. Pero también ha de servir de ayuda en este propósito la existencia de una materia escolar sobre la educación para la ciudadanía y los derechos humanos. En ella debe favorecerse que los alumnos se enfrenten a los dilemas éticos que surgen en las sociedades multiculturales y reflexionen sobre el significado de las normas y valores de cada cultura. Este proceso debe contribuir a que los alumnos acepten el pluralismo existente en la sociedad, pero también a que sean capaces de hacer explícitas las razones por las que cada uno de ellos defiende sus propios valores. El reconocimiento y el respeto del pluralismo cultural deben armonizarse con el reconocimiento de la propia identidad cultural. La educación para la ciudadanía debe de animar a los estudiantes a una actitud crítica permanente, que ha de tener como único límite el respeto de la democracia, de los derechos humanos y el necesario cumplimiento de la ley. Desde esta perspectiva, no cabe duda de que la educación para una ciudadanía multicultural supone un enorme reto para los profesores pero es una estrategia poderosa para mejorar la convivencia y el respeto mutuo en nuestras sociedades.

Julio de 2007

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Álvaro Marchesi

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