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Número 3 - Febrero - Mayo 2003  

Universidad, deportes y medios de comunicación
Una ensalada que puede construir nuevos modos de creación cultural

Gabriel Arrabal(*)


Síntesis

Una de las asignaturas pendientes de la universidad es su diálogo con la sociedad, esto es, con la cultura. Aunque los medios de comunicación son grandes espacios de construcción cultural, la universidad no se ha valido de ellos para abrir sus puertas y compartir proyectos, estudios, investigaciones, incertidumbres y respuestas. ¿Cuál sera el mejor medio para establecer esta interacción pendiente?

Un medio de comunicación, como la radio, por su interactividad, puede ser una buena solución. Permite la participación en vivo, la transferencia inmediata y los mecanismos de ida y vuelta.

¿Qué tipo de radio puede garantizar una audiencia que justifique los esfuerzos que se dediquen al proyecto?

Los medios de mayor seguimiento son aquellos que tienen por objeto la información deportiva.

Pero ¿es el deporte buen compañero de viaje en este diálogo universidad – sociedad?

Educación y deporte comparten valores: dedicación, esfuerzo, sacrificio, competencia, entrenamiento... Históricamente han sido excelentes compañeros. Sobre todo si ambos se dejan nutrir por los aspectos más nobles del otro.

Al menos, en principio, la audiencia parece garantizada. Y el razonamiento... curioso.

Relación universidad – sociedad

La “proyección exterior” es uno de los objetivos previstos en casi todas las actas fundacionales de las universidades, en sus misiones y en sus estatutos.

Sin embargo, los mismos actores que han diseñado esas líneas programáticas perciben con impotencia que la universidad y cuanto en ella se cocina sigue siendo un lugar aparte, alejado del discurrir de la sociedad y ajeno a los intereses de ésta. Los propios responsables de las universidades constatan que el entorno cultural que se teje alrededor del campus y el entorno cultural de la sociedad no tienen tantos puntos de confluencia y encuentro como ellos quisieran.

Tendencias y dinámicas fuertemente arraigadas hacen que la universidad se convierta sin quererlo en un reducto infranqueable que no se deja contaminar por la cultura que le rodea, alejándose de su naturaleza de agente dinamizador y enriquecedor de las expresiones culturales de la sociedad.

La relación de la universidad con la sociedad se tiñe así de dos sentimientos en apariencia contrarios pero que conviven sobrevolando los debates que se abren en los foros universitarios: por un lado, de complejo y decepción por saberse incapaz de instaurar un diálogo fluido; por el otro, de atrincheramiento inconsciente en torno a la idea de considerarse la depositaria de la cultura, concebida como la pura producción intelectual, la mayoría de las veces mera reproducción de contenidos.

El Informe Universidad 2000, publicado en marzo de ese año por el profesor Joseph M. Bricall, que generó una viva polémica en España sobre la reforma universitaria y que terminó con una tímida Ley de Universidades en 2002 (LOU)(1)(2), puso el dedo en la llaga, desde dentro del mismo sistema, sobre las grandes fracturas que separan a la universidad del entorno social: desajustes entre los objetivos de los planes de estudio y las demandas provenientes del mundo del trabajo, fracaso escolar, escasa transferencia de los resultados de la investigación universitaria a la solución de los problemas sociales, ausencia de espacios de debate y crítica social y de generación de ideas, desajustes entre los distintos sistemas nacionales en el interior de la Unión Europea, etc.

En las líneas que siguen describo un intento de romper este aislamiento mediante el uso de los medios de comunicación.

La universidad y los medios de comunicación

La presencia del mundo de la universidad en los tradicionales medios de comunicación ha ido aumentando significativamente en los últimos años. Muchas universidades se han dotado de estrategias de márketing externo e interno y de gabinetes de comunicación que se ocupan de emitir comunicados sobre noticias de interés protagonizadas por algún miembro o equipo de la universidad, logros, proyectos de investigación, premios, publicaciones internas, página web, comunicados oficiales, etc.

Internet ha ofrecido a las universidades la posibilidad de abrir sus puertas a la calle y ofrecerse, pero el sentido de dicha comunicación es aún hoy casi exclusivamente unidireccional.

Algunos medios de comunicación, conscientes del significativo mercado que constituye el estudiantado universitario, ceden espacios de información a las universidades para que directamente informen de sus actividades.

También ha crecido el número de salones nacionales o internacionales del estudiante, donde las universidades muestran su oferta educativa e intentan mostrar su mejor cara, y su más elaborado merchandising, para captar la atención de sus posibles futuros clientes.

Y también muchas universidades, especialmente en América Latina y desde hace tiempo, han creado sus propios medios de comunicación (emisoras de radio y televisión y publicaciones periódicas).

Respecto a las emisoras de televisión, probablemente por el alto costo humano que requiere y las altas inversiones, su radio de acción suele ser limitado, así como el horario de programación. También es frecuente que dichas inversiones sean utilizadas no sólo para producir una programación en vivo, sino para generar productos "enlatados" que son cedidos a emisoras de mayor audiencia para su emisión.

Las publicaciones periódicas escritas de las universidades asumen formas dispares, tanto en los formatos como en los contenidos o la periodicidad de las mismas. Muchas tienen su origen en las Facultades de Comunicación. Pero casi todas, al menos aquellas que pretenden tener una incidencia social significativa, se topan con el mismo handicap que las emisoras de televisión: el alto costo del soporte y la exigencia de dedicación del equipo humano.

Sin embargo, son muchísimas las universidades que se han dotado de una emisora de radio propia, algunas de ellas con un alcance muy respetable y con 24 horas de emisión continua. A esto ha ayudado el bajo costo de producción e inversiones, el que el número de personas implicadas pueda ser controlable, y otras características intrínsecas del medio, que lo han convertido en un instrumento privilegiado de comunicación: su flexibilidad frente a la segmentación de audiencias, los altos niveles de interactividad que permite, sobre todo si se complementa con el chat y el e-mail, la inmediatez, el efecto multiaudiencia, la proximidad, la calidez, la frescura y, sobre todo, su credibilidad(3).

El denominador común de las programaciones de estas emisoras universitarias suele apoyarse en dos columnas: los programas culturales y los programas musicales, sobre todo en estos últimos.

Frente a otros medios de comunicación tradicionales, parece que la radio es un excelente instrumento para reducir la brecha que separa a universidad y sociedad, y es, además, barato y fácil de hacer.

¿Qué tipo de radio?

A pesar del número significativo de emisoras universitarias y de los excelentes productos que algunas de ellas ofrecen, los niveles de audiencia, como media, son bastante reducidos. Y si la audiencia es baja, aunque pretendamos huir de sus esclavitudes, la utilidad real de dichas emisoras como medio de comunicación queda cuestionada. Si nadie nos oye, ¿de qué sirve? Si una emisora universitaria no aspira a estar entre las más oídas de su entorno, ¿para qué tanto esfuerzo?

Las emisoras universitarias sólo tendrán futuro si se convierten en auténticas emisoras comerciales que ofrezcan productos capaces de competir con los de las grandes cadenas nacionales. Convertirse en emisora comercial significa diseñar una estrategia de ingresos por publicidad que consiga hacer frente a los gastos propios de una emisora de este corte: costos de emisión de alta y baja frecuencia, cánones, impuestos, salarios, renovación de equipos.

Y en muchos casos significará también luchar contracorriente con las legislaciones nacionales, que han hecho de las concesiones de licencias de emisión una herramienta al servicio del clientelismo y del amiguismo político, como ocurre en España.

La legislación española contempla tres tipos de emisoras: las municipales, las culturales y las comerciales.

Para las radios municipales, la ley incluye exigencias específicas como la promoción y difusión de los valores del municipio solicitante y la garantía de participación de sus grupos sociales, culturales y políticos más significativos. A esta dependencia política, se añade la limitación de la baja potencia y, por ende, de cobertura, circunscrita al perímetro del municipio.

En relación con las emisoras culturales, éstas tienen sobre el papel un carácter no lucrativo, y se supone que se crean para atender a las demandas singulares que puedan plantear los centros educativos y las asociaciones vecinales y juveniles u otro tipo de organizaciones sociales. Estas emisoras deberían ofrecer una programación compuesta esencialmente por contenidos de carácter divulgativo, cultural, educativo y solidario. Su ámbito de cobertura, según la ley, se limita al propio recinto de emisión o a su entorno más próximo.

Además, tanto las radios culturales como las municipales no pueden emitir en cadena ni incluir publicidad comercial, si bien se admite la posibilidad de que estén patrocinadas para cubrir sus costes de funcionamiento, siempre que estos patrocinios no desvirtúen los objetivos sociales ni contengan mensajes publicitarios.

Visto lo anterior, está claro que en el caso español una universidad que quiera estar entre las estaciones más oídas no puede contentarse ni con ser emisora cultural ni municipal, aunque sólo sea por el triste ámbito de cobertura que se supone para ambas figuras.

Pero para ser emisora comercial, las universidades tendrán que cambiar definitivamente sus registros mentales y tendrán que constituir en su seno empresas audiovisuales autónomas, capaces de autofinanciarse mediante estrategias comerciales diseñadas a propósito, y dotarse de programaciones atractivas que les hagan estar en los máximos niveles de audiencia.

Respecto a este asunto de la programación, las emisoras universitarias tendrán que salir del puro registro que las ha encasillado en una programación exclusivamente musical o "cultural", reduciendo el campo de lo cultural a programas de divulgación científica. Mientras no se hagan programaciones divertidas, que realmente interesen no sólo a la comunidad universitaria sino al grueso de la población, será una falacia considerar que dichos esfuerzos están contribuyendo realmente a la reducción de la brecha que ha separado a la universidad de la sociedad. Y salvo excepciones en algunos países latinoamericanos, estas programaciones no consiguen audiencias significativas ni competitivas.

Pero ¿hasta dónde se puede llegar? ¿Qué tipo de programas pueden incluirse en la programación de una emisora universitaria para aumentar su audiencia? ¿Vale todo? ¿Justificaría la búsqueda de audiencia la inclusión de programas-basura de éxito garantizado?

Llegados a este punto, demos la vuelta a la pregunta: ¿qué le interesa a la gente? ¿Es posible articular mensajes de construcción cultural dentro de una programación que satisfaga a la mayoría? ¿Podemos colar de tapadillo esos mensajes dentro de una programación que interese a las masas?

¿Qué interesa a la sociedad?

A la sociedad le interesan muchas cosas. Pero nadie puede negar que el deporte es una expresión cultural de máxima importancia en las sociedades modernas y que concita el interés de multitudes. Es tanto el interés que despierta, que cualquier medidor de audiencias al que se recurra no hace más que confirmar esta obviedad.

De entrada, un baremo interesante puede ser el del consumo de medios especializados no gratuitos. En España, el diario de mayor audiencia es el diario Marca, por encima del resto de diarios de información general existente en el país(4).

Difusión prensa española 2000(5)

1. El País (Información general)

436.302

2. Marca (Deportes)

403.049

3. El Mundo (Información general)

291.063

4. El Periódico de Cataluña (Info. general)

184.251

5. As (Deportes)

158.780

6. Mundo Deportivo (Deportes)

100.407

Audiencia prensa española 2000(6)

Lectores habituales mayores de 14 años

1. Marca (Deportes)

2.256.000

2. El País (Información general)

1.447.000

3. El Mundo (Información general)

996.000

4. El Periódico de Cataluña (Info. general)

839.000

5. As (Deportes)

625.000

10. Mundo Deportivo (Deportes)

462.000

Los mayores índices de audiencia televisiva también lo consiguen las retransmisiones de acontecimientos deportivos(7). Hasta que la final del concurso Operación Triunfo se pusiera a la cabeza, el récord de audiencia televisiva en España lo encabezaba la final de la Liga de Campeones de mayo de 1998 entre el Real Madrid y la Juventus, con una media de algo más de doce millones y medio de espectadores.

La sociología no encuentra ningún obstáculo en reconocer que el deporte, tanto en el seguimiento de los grandes eventos como en su práctica, se ha convertido en parte importante e integrante de la cultura de las sociedades actuales.

Con esto añadiríamos una nueva conclusión a nuestro trabajo: si el medio de comunicación más accesible para una universidad es la radio, los contenidos de programación que más audiencia tendrían serían los deportivos.

¿Son buenos compañeros "deporte" y "universidad"?

La sociedad griega ponía el fin de la educación en la “areté”, compendio de valor físico, integridad moral, espíritu social y disciplina militar.

Los Juegos Olímpicos, iniciados hacia el año 776 a. C., reflejan el gusto por el juego, la competición, el cuidado del cuerpo y la satisfacción por el triunfo. Nacieron como grandes festivales en los que la religión, atletismo y la música se unían para honrar a los dioses y determinar quiénes podían asumir el título de mejores "deportistas" de la época.

También la medicina establece una estrecha relación con el deporte desde que Hipócrates pone de moda el uso de la gimnástica como medicina preventiva.

Pero es la academia ateniense la que incluye el ejercicio físico entre sus actividades, desde una valoración estética del cuerpo. Los ejercicios físicos se empiezan a concebir ya no como instrumentos para conseguir la fortaleza militar o la victoria en la competencia, sino como medio para alcanzar el equilibrio, la armonía y el perfeccionamiento personal. Es tanto el peso que adquiere la educación física en la academia griega, que un grupo especializado de docentes, los “pedotribas”, se encargarán de estas tareas, con un estatus similar al que ocupaban gramáticos y citaristas.

Platón, el filósofo de las ideas, llega a afirmar que la formación insuficiente del cuerpo puede ser un obstáculo insuperable en la búsqueda del bien por parte del alma.

Sin embargo, a partir de Aristóteles, y su predominio del alma sobre el cuerpo, la educación empieza a concentrase en el estudio de la literatura, la filosofía y la oratoria, relegándose la gimnasia al apartado de las “técnicas” para conseguir bienes considerados por él como secundarios: la salud y la defensa militar.

El declive de la educación física pasa a los romanos y se consuma hacia el siglo IV de nuestra era(8), aunque sobreviven y se consolidan la gimnástica médica y el atletismo de alta competición. Desaparece el deporte de las escuelas, pero no de los grandes espectáculos destinados a las masas. Desaparece el “pedotriba”, pero aparece el “gimnastés”, o entrenador(9).

El Renacimiento y las filosofías naturalistas recuperan la importancia del deporte en el desarrollo humano. Y es definitivamente la pedagogía del siglo XIX la que recupera el deporte como juego, competición y formación. Así, llega a nuestros días un mapa conceptual en el que hay que distinguir contextos y espacios diferentes, como la “educación física”, la “gimnasia terapéutica y de rehabilitación”, el uso deportivo del “ocio y tiempo libre”, el deporte como “diversión y entretenimiento”, la “alta competición deportiva” o el “deporte espectáculo de masas”.

Desde entonces el deporte está presente junto a toda experiencia formativa. La educación física, por ejemplo, es de inclusión obligatoria en los currículos de la formación preuniversitaria de casi todos los sistemas educativos modernos.

La LOGSE española considera que uno de los objetivos de la educación primaria es “utilizar la educación física y el deporte para favorecer el desarrollo personal” (LOGSE(10), art. 13). La considera como una de las áreas obligatorias por su carácter global e integrador(11), y entiende que debe ser impartida por especialistas y profesionales. El mismo trato recibe su inclusión en la educación secundaria obligatoria(12) y el bachillerato(13).

Sin embargo, el deporte está ausente en la legislación universitaria: la reciente LOU apenas lo menciona, dedicándole sólo una disposición adicional en la que anuncia que se dictarán normas para coordinar las actividades deportivas de las Universidades y para compatibilizar los estudios de deportistas de alto nivel con sus actividades deportivas.

En el terreno del ejercicio deportivo, a diferencia, por ejemplo, de cuanto ocurre en Estados Unidos, en España existe muy poca experiencia en la práctica del deporte en las universidades y de su concreción en grandes ligas universitarias que tengan incidencia real sobre la comunidad universitaria.

Los esfuerzos de las direcciones generales y los vicerrectorados de Deporte no se ven compensados con la involucración real de la comunidad universitaria en el seguimiento del deporte. Los deportistas de elite suelen tener más obstáculos que ayudas. Todo el engranaje universitario parece orientado en otra dirección. Probablemente la propia estructura universitaria, el diseño de los planes de estudio y horarios y el conjunto de relaciones que se tejen en torno a la universidad viven de espaldas al deporte.

Resulta paradójico, no obstante, que los valores que pregona y consagra la doctrina educativa preuniversitaria no sean trasladables a la formación posterior. Esto hace que el deporte quede arrinconado en la práctica al espacio de las actividades marginales de la universidad y al mundo de las aficiones subjetivas.

A pesar de este vacío que se aprecia en la etapa universitaria, y que parece ser constante en casi todo el escenario iberoamericano, la cercanía entre formación y deportes no sólo cuenta con el aval histórico mencionado sino también con el hecho de compartir valores comunes.

Los valores del deporte

La pedagogía y las ciencias del deporte han investigado en las últimas décadas minuciosamente la relación existente entre educación y deporte, sin desconocer todas las miradas posibles, mediante métodos de investigación muy avanzados y evitando demonizar o sacralizar sus distintas expresiones.

De tales estudios se desprende una idea simple: como ocurre en otras actividades de la vida, los valores socialmente aceptados suelen tener sus antivalores paralelos. Unos y otros han sido estudiados exhaustivamente. Y hay una constante: si los procesos de reflexión que se instauran en este contexto son críticos y analíticos, el mero debate que se puede gestar en la academia o en los medios de comunicación colabora ya mucho a favor de tales valores.

Cuando hablamos de los valores del deporte estamos refiriéndonos no sólo a su práctica o a su enseñanza sino también a su seguimiento cuando se convierte en espectáculo de masas. El simple espectador de un gran acontecimiento deportivo participa también, lo quiera o no, de valores que son intrínsecos al deporte: todos reconocemos, por ejemplo, que la victoria deportiva es el resultado del entrenamiento, del esfuerzo, de la constancia.

Tampoco desconocemos, como se acaba de decir, que el deporte espectáculo puede fomentar la violencia, el sectarismo, el racismo, etc. Hay ejemplos de sobra para ilustrar esto.

Como afirma García Ferrando, “cuando las manifestaciones sociales y políticas del gran deporte, esto es, del deporte-espectáculo de las ligas de ámbito nacional e internacional y del deporte de alto nivel, ponen continuamente de manifiesto el cúmulo de intereses, no precisamente deportivos, que giran en torno del mismo, puede parecer atrevido e irreverente afirmar que el deporte es cultura, que forma parte sustancial de la cultura de masas de nuestras sociedades, y que es preciso orientar y desarrollar el deporte para que su práctica sea incluida de una forma espontánea, pero disciplinada, en el cotidiano vivir de las gentes"(14).

Pero también es cierto que los valores sociales del deporte están tan consolidados que cuando aparecen esos antivalores suelen generar escándalo, debate y repulsa. Como añade el mismo autor, “la calidad de vida de los pueblos pasa necesariamente por un adecuado desarrollo de la educación física en todos los ciudadanos, y por la práctica generalizada de juegos y deportes, como forma creativa y espontánea de utilización del ocio y del tiempo libre”(15).

¿Por qué la calidad de vida de una sociedad pasa por el deporte?

El deporte permite el disfrute del tiempo libre. La sociedad industrial, marcada por objetivos como la eficacia, el trabajo, la competitividad, el pluriempleo, los trabajos no deseados, etc., se orienta hacia una "sociedad del ocio" que recupera el espíritu lúdico de la vida. El deporte está presente en este nuevo tipo de sociedad y, al mismo tiempo, prepara para vivirla. Actúa como contrapeso del sedentarismo.

El deporte, además, fomenta la socialización: participación de todos, respeto de los otros, amistad, cooperación, espíritu de pertenencia, trabajo en equipo, responsabilidad social, preocupación por los demás(16).

Esta dimensión social del deporte contrarresta algunos importantes problemas de integración de las sociedades modernas: asociacionismo deportivo contra pandillas en grupos marginales, ejercicio físico contra drogadicción; aventura, riesgo y competición contra delincuencia y violencia; participación contra apatía social.

Incluso el deporte permite el logro de valores personales como la autonomía, la percepción de la individualidad, la creatividad, el autocontrol, la autodisciplina, el mantenimiento y mejora de la salud, el espíritu de sacrificio, la constancia, el juego limpio y la elegancia en el trato, la humildad, la autorrealización, la aceptación del propio cuerpo, el desarrollo psicomotor, la expresión no verbal.

Desde esta perspectiva, universidad y deporte son excelentes compañeros de viaje. Y si llegados a este punto retomamos el hilo de nuestra argumentación, concluiríamos que una emisora universitaria cuya programación se centre en la información deportiva, además de garantizarse altos niveles de audiencia, estará ayudando a sembrar valores que son consustanciales a los procesos educativos. El deporte no es ajeno a la educación y puede ser un original instrumento para transmitir otros mensajes de construcción cultural.

Una emisora temática deportiva: sólo una experiencia

Sólo a manera de ejemplo, traemos a debate la experiencia de la emisora Cadena Mar, adscrita a la universidad EADE, en la ciudad española de Málaga. Esta emisora nace por el deseo de dicho Centro de dotarse, por un lado, de un medio de comunicación que proyectase sus actividades al exterior y, por otro, de un espacio que garantizase las prácticas de sus alumnos de la Facultad de Comunicación.

El articular la espina dorsal de su programación en torno a la información deportiva la convirtió, sin esperarlo, durante el pasado Mundial de Fútbol de Corea y Japón, en líder de audiencia en dicha ciudad e hizo que se consolidase en el tiempo entre las tres emisoras más oídas, compitiendo con las grandes cadenas nacionales y superando a la mayoría de ellas.

El secreto: la información deportiva. Alrededor de esta información, servida al minuto a partir de despachos de agencias de noticias especializadas, esta emisora ha tejido una programación en la que articula una telaraña de mensajes añadidos, que cuenta con la participación de especialistas de distintas ramas del saber, en espacios como “Deportes al minuto”, que incluye microespacios dedicados a la ciencia, la historia, el medio ambiente, las nuevas tecnologías, la poesía, la historia del arte, la lengua, la economía, las ciencias del deporte, la universidad, el alumno, la información juvenil, la narrativa, la arquitectura, la salud, el mundo del trabajo, el mundo de la empresa, la lengua inglesa, la sociología, la política de empresas, la filosofía, la expresión escrita, la ciencia y tecnología de los alimentos o la asesoría fiscal.

Sirva como ejemplo la distribución de espacios del programa, de varias horas de duración, “Deportes al minuto”:

MINUTADO DE “DEPORTES AL MINUTO”

MINUTO

ESPACIOS

0

BOLETÍN INFORMATIVO AGENCIA EFE

5

PUBLICIDAD

7

UN MINUTO CON... (LA CIENCIA, por ejemplo)

8

MÚSICA

12

NOTICIAS (8 noticias)

16

MÚSICA

20

PUBLICIDAD

22

UN MINUTO CON... (LA FILOSOFÍA, por ejemplo)

24

MÚSICA

28

NOTICIAS (8 noticias)

32

MÚSICA

35

PUBLICIDAD

37

MÚSICA

41

NOTICIAS (8 noticias)

45

MÚSICA

50

UN MINUTO CON... (LA POESÍA, por ejemplo)

52

MÚSICA

56

NOTICIAS (8 noticias)

59

PROMOS

Las retransmisiones deportivas, los programas deportivos locales y la información continua sobre el deporte, va acompañada, colándose casi de tapadillo, de programas como El pinsapo encantado, de divulgación medioambiental, producido por la Facultad de Ciencias Ambientales, o como Jaula de grillos, programa realizado por mujeres y para mujeres de la Facultad de Comunicación, o como Parlamento juvenil, programa de debate político hecho por estudiantes de distintas carreras, o como Málaga hoy, informativo local sobre política y cultura, o como el Consultorio fiscal, programa realizado por profesores de la Facultad de Administración de Empresas, por citar algunos ejemplos.

Quienes colaboramos en este proyecto estamos convencidos de estar creando nuevos modos de construcción cultural y de diálogo universidad – sociedad, aunque estos nuevos modos se estén creando al amparo y bajo la sombra de un buen compañero de camino como es el deporte. La comunidad universitaria, sobre todo los alumnos de las distintas ramas de la Comunicación, se ha involucrado totalmente en el proyecto, a pesar de los exigentes requisitos que la emisora ha fijado para sus colaboradores. Quizá todos hemos entendido que ya no estamos “jugando a las casitas” o “haciendo prácticas”, y que cuanto sale a través de nuestras ondas debe cumplir los más altos estándares de calidad, profesionalidad y responsabilidad social, porque la audiencia no perdona. Por lo menos ahora se nos oye.


(*) Gabriel Arrabal
Licenciado en Comunicación Social (Periodismo),

Licenciado en Filosofía y Letras, Máster en Pedagogía.

Máster en Relaciones Internacionales y Doctorando en Periodismo. Actualmente es Coordinador Académico de EADE - Estudios Universitarios (Universidad de Gales) en

Málaga, España.


Notas

(1) LOU, Ley Orgánica de Universidades, de 20 de diciembre de 2001.

(2) Según algunos estudios sociológicos, la radio y la televisión son los medios de comunicación más creíbles. Véase Balsebre, Armand, La credibilidad de la radio informativa, Feed-Back Ediciones, 1994, 117 pp

(3) Los más puristas ven en ello un síntoma del deterioro social español y de su incultura. Desde nuestro punto de vista, como investigadores, no podemos más que constatar simplemente este dato, que pone en evidencia un punto caliente de la cultura española y una expresión más de la misma.

(4) Fuente AIMC/EGM; citado por AA.VV., Díaz Nosty, Bernardo (coord..), Informe Anual de la Comunicación 2000/2001. Estado y tendencias de los medios en España. Grupo Zeta, Madrid, 2001.

(5) IDEM

(6) Véase la noticia publicada en El País, el 25 de mayo de 2001:
La tanda de penaltis que puso fin al Bayern-Valencia pasará a la pequeña historia de la televisión como la emisión más vista en España desde la irrupción de las cadenas privadas en 1991. Un total de 13.630.000 aficionados siguieron los 14 lanzamientos previos a la victoria del equipo alemán. Dos de cada tres espectadores (68,8%) estuvieron atentos a esos 17 minutos fatídicos.
A medida que se prolongaba la ronda de penaltis, aumentaba el interés. A nueve minutos del final, estaban pegados ante la pantalla de TVE 14.121.000 personas, según los datos de Sofres facilitados ayer por la cadena pública.
Al margen de los penaltis, el partido fue visto por una media de 9.479.000 espectadores (60,9%), dos millones menos de los que concentró el año pasado el Real Madrid- Valencia en la final de la Liga de Campeones. El porcentaje se disparó, hasta el 80%, en la Comunidad Valenciana, donde el partido se difundió por TVE-1 y La 2.
Pese a todo, la audiencia del Bayern-Valencia está lejos de la que logró el Juventus-Real Madrid en mayo de 1998 y que ostenta el récord de la última década: 12,5 millones.

(7) Cfr. Marrou, M., Histoire de l’education dans l’antiquité, París, Seuil, 1955, p. 504.

(8) Vázquez Gómez, Benilde, La educación física en la educación básica, Ed. Gymnos, Madrid, 1989, p. 61

(9) Ley 1/1990 de 3 de octubre, Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo. Artículo 13

(10) IDEM, Artículo 14.

(11) IDEM, Artículo 19.

(12) IDEM, Artículo 26.

(13) García Ferrando, Manuel, Aspectos sociales del deporte. Una reflexión sociológica. Alianza Deporte, Madrid, 1990, p. 87.

(14) IDEM, p. 88.

(15) Cfr. Gutiérrez Sanmartín, Melchor, Valores sociales y deporte. La actividad física y el deporte como transmisores de valores sociales y personales, Gymnos, Madrid, 1995, p. 227.

(16) Cfr. Vázquez Gómez, Benilde, o.c., pp. 161-162.

Estudios y experiencias

Gabriel Arrabal