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Número 4 - Junio - Septiembre 2003  


Este número de la Revista Pensar Iberoamérica dedicado a las ciudades y a la cultura reúne un conjunto de aportaciones que fueron expuestas en ocasión del Foro Iberoamericano de Ciudades para la Cultura, celebrado en Montevideo, en marzo de 2003 y que aspiran a enriquecer el debate sobre el papel de la cultura en los centros urbanos de Iberoamérica.

El foro convocado por la OEI, la Diputación de Barcelona y la Intendencia Municipal de Montevideo, acogió la creación de la Red Interlocal de Ciudades Iberoamericanas para la Cultura. Esta iniciativa ha surgido ante la necesidad de alcanzar posiciones más relevantes para las políticas culturales locales y con el objetivo de provocar una rica dinámica entre poder local y cultura, avanzar hacia poderes locales más sólidos y participativos como condición indispensable para la gobernabilidad; contribuir a la consolidación de los sistemas democráticos, fomentar la cooperación multilateral, el diálogo entre ciudades y municipios y reforzar el papel que posee la cultura en el contexto de las políticas para el desarrollo.

Se trata de una serie de reflexiones y experiencias acerca del tema cultura-ciudad, de dinámica intensa y peculiar, espacio al que concurren diferentes fuerzas de diverso calibre, y que se configura como un lugar de síntesis, como “… el producto cultural más complejo y cargado de significado que hemos recibido en toda la historia y que cada día construimos y destruimos entre todos…”(1)

En conjunto se ofrece un panorama general sobre los aspectos que más atañen y preocupan a esta cuestión en un mundo enmarcado por un intenso proceso de globalización y ante la nueva realidad en la que el espacio local se perfila como ese lugar próximo y cercano a los ciudadanos donde su intervención cobra interés y valor, y en el que las personas pueden efectivamente ver los resultados de su intervención.

Los diversos enfoques presentados han coincidido en remarcar que las dinámicas urbanas más hostiles e desequilibradas, disuelven el espacio de la urbe-ciudad, y agravan la ruptura del tejido social y que por ello un urbanismo más integrador y participativo puede contribuir al restablecimiento de la ciudad como lugar de “amable” de encuentro.

Ramón Zallo trató especialmente esta cuestión con su exposición sobre “Nuevas políticas para la diversidad: las culturas territoriales en riesgo por la globalización”, en la que se refirió a los nuevos territorios creados en el marco de las nuevas dinámicas sociales.

Las ideas aportadas han venido acompañadas del reconocimiento general del potencial que posee la cultura como factor clave en la economía de las ciudades. A pesar que los defensores del arte y la cultura pueden haber exaltado este efecto, existe consenso general acerca de la importancia del papel que desempeña la cultura en la revitalización económica de los espacios urbanos y el peso que ella puede tener a la hora de afrontar la realidad actual multicultural y su aporte a la integración social y a la recuperación de este espacio como foro de la vida comunitaria.

Así, Tulio Hernández nos llevó al particular mundo de la investigación y la gestión cultural de las ciudades, Gerardo Caetano, al de las políticas culturales y el desarrollo social y Hugo Achugar a la nueva frontera de las políticas públicas para la cultura en el marco de los derechos culturales.

Por su parte, Jordi Martí se refirió a la Agenda 21 de la Cultura y a la experiencia del proyecto cultural de la ciudad de Barcelona: Jorge Telerman al plan estratégico de cultura “Buenos Aires crea” y Rocío Londoño nos aportó conocimiento sobre las líneas de investigación e intervención de los programas de cultura ciudadana que se llevan a cabo en la ciudad de Bogotá.

Las reflexiones aportadas en el Foro han insistido en la necesidad de contar con políticas culturales locales que desarrollen estrategias integradas con el fin de equilibrar necesidades tanto de los espacios centrales urbanos, como de la periferia y que, además, éstas no estén marcadas por una identidad fija de prácticas tradicionales, sino que adviertan y preserven la diferencia y los cambios sociales y culturales.

La cultura puede devolver la vida y la confianza a los centros urbanos, puede constituirse en factor dinamizador, como espacio para la iniciativa común, para el ocio y disfrute de los ciudadanos, para transmitir valores y experiencias. Por ello interesan las estrategias que confluyan en la armonización del desarrollo cultural con el económico, que se creen alianzas y y vinculaciones entre el mundo de los negocios, la promoción del patrimonio cultural, la vida artística, política y social de los municipios.

El foro nos dejó el convencimiento que la cultura no sólo es un recurso a explotar, sino una fuerza que crea, que provoca, que incita a la participación y al enriquecimiento de la vida cotidiana de los ciudadanos.

Mónica García Alonso

(1) Jordi Borja “La ciudad como pedagogía” artículo resumen del documento “Los desafíos del territorio y los derechos de la ciudadanía” que el autor ha escrito para el Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona.