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Carmen Rico


Número 5 - enero - abril 2004    

El caleidoscopio de la globalización, la cultura y la comunicación: una visión desde la otra Norteamérica

Carmen Rico*


Una reciente publicación de Peter Senge y Samuel Huntington que trata en forma sensible el tema de las globalizaciones múltiples y la diversidad cultural en el mundo contemporáneo me proporciona un excelente estímulo para repensar una experiencia académica de tránsito en la cultura occidental, desde el sur hacia el norte, en donde la comunicación internacional y las miradas sobre la comunicación y la cultura tienen algo que decir. Se trata de mi experiencia en la cátedra de Comunicación Internacional de la Universidad de Québec, en Montreal, que he venido ejerciendo desde hace un año y que me permite “pensar Iberoamérica” desde el norte de América, pero de una forma diferente a la convencional.

Canadá pertenece a esa Norteamérica que algunos restringen sólo a Estados Unidos. Los canadienses son americanos por su historia y geografía (con el agregado nada nimio de una fuerte influencia latina, vía Francia, en la provincia de Québec), pero ¿qué sucede con la cultura? Ciertos autores como Lloyd Wong sostienen que la globalización tiende a trascender y por momentos a suplantar las culturas nacionales. Esos procesos crean un entorno cultural común en el cual todos lo que están “conectados” tienen acceso a los mismos mensajes y símbolos, y a la misma caligrafía, todo lo cual está producido y difundido por medio de controladas redes trasnacionales de cine y televisión. Buena parte de esas redes tienen sus sedes centrales en Estados Unidos y sus productos dominan progresivamente los mercados culturales internacionales.

¿Por qué, entonces, reflexionar desde Montreal, corazón de Québec? Sociedad de raigambre latina, con una población de casi un millón y medio de habitantes, ciudad norteamericana por la geografía, francesa por sus orígenes y británica por su sistema parlamentario, es una urbe cada vez más cosmopolita en virtud de los fuertes movimientos migratorios que escenifica. Allá estoy inmersa en el caleidoscopio de la globalización, el sintagma viscoso como lo ha caracterizado Armand Mattelart en una experiencia cuyos principales lineamientos procuraré describir seguidamente.

Cultura y comunicación en Québec

Las cifras oficiales nos dicen que los rubros Comunicación y Cultura significan un 7.7% del PBI de Québec y generan más de ciento setenta y cinco mil puestos de trabajo. La provincia, con siete millones y medio de habitantes, en un territorio de millón setecientos mil kilómetros cuadrados, cuenta con más de un millar de medios de comunicación en los que trabajan unos dos mil periodistas profesionales. En los dos cuadros siguientes se aprecia el porcentaje de lectura, así como informaciones atinentes a la conectividad y equipamiento audiovisual.

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Cuadro 1. Tasas de lectura de diarios, semanarios, revistas y libros en Québec(en porcentajes de personas que declaran leer regularmente).

Diarios

Semanarios Regionales

Revistas

Libros

70.9

60.1

55.6

52

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Cuadro 2. Proporción de hogares con equipamiento audiovisual y telecomunicaciones.

 Modemcable

 4

 Teléfono celular

 30.1

 Lector de CD

 70.4

 Computador

 44.8

 Abono a Internet

 43

 Servicios de radiodifusión directa por satélite

 12.3

 Abono al cable

 61.9

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Como lo señala Robert Deibert, el Estado ha dejado de ser la principal arena de contestación de la acción política, a pesar de que su rol como actor político a nivel internacional permanece siendo esencial en lo que refiere a la toma de decisiones. Los habitantes del mundo, de Canadá, España, Africa o América Latina extienden sus relaciones más allá de fronteras en función de afinidades.

Pero no siempre y en todos los lugares el Estado se retira a un segundo plano. Las políticas de comunicación han sido siempre uno de los temas dominantes del discurso social canadiense desde los principios de la radio. El investigador canadiense Marc Raboy (4) lo afirma cuando señala que desde muy temprano la comunicación fue percibida en Canadá como un medio de reforzar la unidad nacional, a la vez que un vehículo de desarrollo social y un instrumento de afirmación cultural. Al mismo tiempo, hubo diversas iniciativas políticas que buscaron promover el desarrollo económico de las industrias canadienses de las comunicaciones.

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Cuadro 3. Gasto público en cultura y comunicación en Québec y Canadá(incluidas radio y televisión).

Gobierno de Québec: 546 millones de dólares canadienses

Gobierno de Canadá: 888 millones de dólares canadienses

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Como se sabe, la globalización tiene orígenes económicos, infraestructuras tecnológicas y consecuencias políticas, pero más que nada ella ha puesto en evidencia el poder de la cultura “americana” en el entorno mundial.. Esa cultura representa un poder que divide por una parte y por otra congrega, en un momento en que las tensiones entre la integración y la separación penetran todas las esferas de las relaciones internacionales.

La incidencia de la mundialización sobre la cultura, y a la inversa, el impacto de la cultura sobre la mundialización merecen una reflexión atenta, pues la influencia homogeneizante de la cultura es uno de sus efectos más discutidos. Martín Hopenhayn nos informa sobre esa irrupción de lo cultural, lo político y el reclamo de la diferencia, un reto de identidad que se plantea también a nivel de la comunicación.

La provincia francoparlante de Québec es particularmente sensible a las dinámicas culturales mundiales, a su “quebecitud”, al vecino hegemónico, a la madre Francia y a Europa, así como a las fuertes corrientes migratorias de América Latina y a los intensos contactos que sostiene con Asia y África. Québec es la provincia de mayor PBI de Canadá, con más de 7 millones de habitantes, de los cuales el 80% es francoparlante y el 20% restante angloplarlante en su mayoría.

Dice Jean Paul Lafrance, docente e investigador de Montreal: “Tenemos la suerte y la desgracia de estar muy cerca de los Estados Unidos... Fuimos nosotros quienes constituimos la vanguardia a nivel de comunicación y ello no se conoce: inventamos los medios comunitarios y las radios locales. La comunicación comunitaria es un concepto esencialmente quebequense que luego retomaron los franceses. Fuimos los primeros, en los años 70, en emplear la tecnología del video como forma de producción comunitaria. También fuimos primeros en el tema cable y en general de todas las tecnologías democratizadoras que luego fueron retomadas por pequeñas comunidades de otros países”.

Cultura y Conmunicación en la Universidad de Québec

En ese mundo, lejano en teoría, pero más cercano a lo iberoamericano de lo que creemos a priori, la Universidad de Québec en Montreal (UQAM) es un laboratorio cuyo análisis, como punto de partida de este artículo, resulta sugestivo desde el punto de vista de la comunicación y la cultura. En lo relativo a la organización académica de la comunicación, presenta características singulares. Anualmente hay unos mil quinientos candidatos a los cursos de comunicación, de lo cuales se aceptan únicamente ciento cincuenta estudiantes. Cuenta además con opciones innovadoras como la licenciatura en “Animación e investigación cultural”, enmarcada en una perspectiva comunicacional ligada a la democratización de la cultura, cuya estructura vale la pena reseñar ya que la UQAM es la única universidad de Norteamérica que ofrece este programa. Su contenido es multidisciplinario, nutrido especialmente por la comunicación, la sociología, la historia del arte, el teatro y las ciencias de la gestión. Procura formar profesionales capaces de concebir actividades culturales, buscando promover la democratización de la cultura y de intervenir metódicamente en variados ambientes. Es una licenciatura que responde a la creciente demanda existente en Canadá para organizar actividades culturales a nivel nacional, regional y local.

Otra opción que merece destacarse es el Bachillerato en Comunicación que forma creadores y realizadores en las áreas de cine, TV y multimedia, de los cuales hay buena demanda de acuerdo a los constantes llamados de la Dirección de Empleo de Québec. El curso se inicia con el estudio del panorama actual de los medios masivos, lo que permite una reflexión crítica sobre los contenidos de los medios, sus objetivos y su impacto en la sociedad. La concentración elegida a nivel de los cursos de primer ciclo puede ser completada con estudios de género y étnicos. Hay sin duda un mercado laboral muy promisorio en el terreno de la cultura y la comunicación, al que apunta la formación que se imparte en la UQAM en estos niveles.

En el cruce de varios campos disciplinarios, otra propuesta que merece señalarse es el bachillerato en Comunicación y Relaciones Humanas, que apunta a formar profesionales responsables de la elaboración de estrategias psicosociales de intervención a nivel de individuos, grupos y organizaciones. Los ámbitos de desempeño profesional refieren a la comunicación, la salud, la educación, el medio ambiente y el desarrollo social, en donde los egresados trabajan en la concepción y evaluación de programas de formación, en la creación y funcionamiento de redes de apoyo para personas con dificultades de naturaleza diversa, o en el diseño de planes de mejora para el funcionamiento de los diversos equipos de trabajo. El programa incluye una pasantía de trabajo obligatoria. Para quienes eligen la especialización internacional(relaciones y organizaciones internacionales, relaciones interétnicas) las pasantías deberán realizarse en el exterior y particularmente en el área de cooperación con países en desarrollo.

A nivel de Maestría en Comunicación, el programa está orientado hacia la investigación, la experimentación, la producción multimediática y la intervención, a partir de la posibilidad de cuatro concentraciones: medios y nuevas tecnologías de información, comunicación organizacional, comunicación internacional y multimedia interactivo. Lo interesante de esta propuesta es la formación de especialistas a partir de una perspectiva sociopolítica, psico-sociológica, semiótica y antropológica, y en la concentración en multimedia interactivo de la ergonomía cognitiva. Precisamente, es desde los cursos de maestría con énfasis en Comunicación Internacional que se ensanchan los horizontes de todos los cursantes, incluidos los docentes, como es mi caso.

Otra especialización novedosa en el plano de la investigación y la docencia concierne al Doctorado Conjunto en Comunicación. Se trata de un programa de doctorado ofrecido en forma conjunta por las Universidades de Montreal, de Concordia y de Québec, utilizando en forma sinérgica los recursos académicos más calificados, y que se dicta en forma bilingüe. Los cursos se brindan indistintamente en francés o inglés y el programa habla de una apertura interesante hacia distintas vertientes: ideológicas, políticas, culturales y académicas. Se privilegian cuatro ejes de investigación: aspectos sociales y culturales de las tecnologías, análisis de los discursos y mensajes mediatizados, organización y redes de comunicación, y comunicación internacional y desarrollo.

Mientras que los dos primeros ejes se sitúan en una dimensión sociopolítica, los dos últimos se inscriben en una perspectiva socioeconómica, utilizando aportes de la micro y la macroeconomía. Una característica innovadora de este doctorado es que permite que la investigación tenga como resultado una producción comunicacional de nivel relevante, muy distinta de la tradicional tesis doctoral.

El planeta, en pequeña escala

El cuadro de las dinámicas culturales es a veces inverosímil, pues como afirman Berger y Huntington, “supuestamente el reto lo plantea una cultura emergente, de procedencia occidental en su mayor parte(estadounidense en realidad) que permea el resto del mundo tanto en el plano de las elites como en el plano popular”. Sin embargo, las sociedades destinatarias juegan también un papel activo aún como receptoras, en un abanico que pasa por la aceptación, la coexistencia, la síntesis hibridante y el rechazo. Los alumnos nucleados en la Maestría en Comunicación Internacional así lo reflejaban, a la manera de un remedo del planeta, a escala reducida.

Senegaleses, marfileños, togoleses, ghaneses, camerunenses, marroquíes, chinos y franceses, mezclados con españoles y latinoamericanos, y por cierto, los dueños de casa quebequenses y canadienses de otras provincias que intentaban abordar la comunicación desde una perspectiva internacional. A través de ese crisol cultural se hizo patente la experiencia intelectual de la alteridad, a partir de la etnia, el color de la piel y de la geografía, ésa que las redes electrónicas pretenden desdibujada. Estudiantes que representaban esa inmigración constante que se anota en Canadá y que, sin renunciar a sus culturas nacionales, practicaban una admirable dinámica de integración a su país de adopción, ducho en el arte del melting pot más exitoso.

Como docente culturalmente tributaria de Iberoamérica, ese microcosmos me planteó estimulantes perplejidades y, como es natural en el campo de la enseñanza, la oportunidad de aprender de alumnos de tan diversos orígenes. Y así, tuve que debatir por ejemplo con musulmanes ortodoxos y drusos que concurrían a sus mezquitas separados por género, dotados de matrices culturales absolutamente distanciadas de las nuestras, la iberoamericanas. Un conjunto de estudiantes brillantes, interesados en comunicación y relaciones internacionales que, a la par que rechazan radicalmente la apuesta bélica y mediática hegemónica del presidente de Estados Unidos de América, por poner un ejemplo, cuestionaban la imposición de nuestros modelos políticos democráticos iberoamericanos y occidentales. Me encontré muchas veces ante apasionadas y bien fundadas reivindicaciones de su historia, sus tradiciones, su riqueza cultural y su capacidad, todo ello aunado al reclamo de una mayor equidad en las relaciones. Y en otras tantas ocasiones me quedé sin respuestas, sepultada bajo un alud de interrogantes.

En ese ámbito fermental de debates sobre la comunicación y cultura desterritorializada emergieron con frecuencia algunos de los siguientes temas:

-La oposición y el rechazo radical a lo que proviene del Gran Vecino, ya fuera el Macmundo, el cine hollywoodense o el mensaje hegemónico. El rechazo al poder panóptico y sus íconos mediáticos implicaba la reacción al espacio cultural mundial dominante, progresivamente homogeneizado y, por el contrario, significaba la adhesión a los principios de apertura que esa particular provincia canadiense ofrecía.

  • Una especial reivindicación de la producción y cultura quebequenses, a partir de la vivencia y el análisis de la enjundiosa reflexión teórica sobre la “quebecitud”. Dato curioso, el ejemplo de Cataluña, en España, surgía con frecuencia cuando se hablaba de la lengua, la música, la literatura, etc. Hay que decir al respecto que la cultura de Québec desarrolló su famosa “revolución tranquila” en los años sesenta, lo que se sigue reflejando fuertemente en su comunicación con numerosas producciones audiovisuales de ficción y documentales, cine de autor, y un vasto elenco de productos culturales animados por una fuerte identidad local.
  • La apertura a la cultura masmediática iberoamericana, y en particular, a las producciones independientes con especial mención de las de origen español así como las de otro sector de especial atracción como las telenovelas brasileñas. El conocimiento y dominio de la lengua española por la gran mayoría de los interesados en comunicación internacional a pesar de su diversidad y de sus multicolores orígenes, resulta llamativo y estimulante a la vez. Ello se debe al interés de los estudiantes de Québec por acercarse a América Latina, aferrarse y ahondar en los espacios contrahegemónicos que constituyen materia de análisis en la mayoría de las tesis de Comunicación Internacional. De ese modo, era explicable la seducción ejercida a la hora de elegir tesis por el estudio de las estrategias multimediáticas a favor del “empowerment”, tecnologías de comunicación y desarrollo al servicio de organizaciones femeninas, la experiencia de agencias noticiosas alternativas como Interpress Service, las estrategias de comunicación de las ONG internacionales en materia de desarrollo, el rol de los organismos internacionales, la incidencia de la comunicación internacional y el análisis de sus discursos, etcétera. Todo lo que tuviera relación con “el otro”, con lo distinto, con lo que escapa al dominio de las grandes redes comunicacionales, atrae la atención de los estudiantes de la UQAM.
  • El vínculo con el otro, en especial al que vive en el subdesarrollo, al que no es tratado de manera equitativa ni a nivel mediático, ni político ni comercial. Sobre este último punto, hay que destacar la gran participación estudiantil en movimientos en pro de un comercio internacional más justo. En esas corrientes de estudio y militancia participaban por igual los canadienses y los otros, los del Sur.

Como se dijo, el Estado comparte ahora su poder con movimientos y tendencias que operan en los intersticios del sistema de comunicación. Desde Québec se afirma esa perspectiva de afirmación de grupos que irrumpen en el ámbito internacional portando ideas discrepantes con las mayoritarias, preconizadas por los gobiernos. Una irrupción que aprovecha con habilidad las brechas comunicacionales y que une en su seno, con un entusiasmo contagioso, a los estudiantes de Québec con estudiantes del resto del mundo, todos identificados en un ejercicio contracultural, de oposición a los poderes dominantes y a su comunicación. Es una comprobación que permite abrigar expectativas sobre una comunicación y una cultura menos homogénea, más sensible a las necesidades humanas y a las expresiones locales, y por ende más democratizadora.

Una política de medios

Esta efervescencia que se anota en Québec no es un hecho aislado, que brota como por milagro en el Canadá de hoy. Hay lineamientos que, por encima del comprensible localismo de Québec, vienen dados desde el Estado canadiense. Las políticas de comunicación, por ejemplo, han sido siempre uno de los temas dominantes del discurso social canadiense. Desde los círculos políticos y de gobierno ha sido clásico avizorar la comunicación como un instrumento para reforzar la unidad nacional en un país que fomenta el permanente aluvión migratorio y que necesita integrar a representantes de culturas tan distintas que no cesan de confluir en su sociedad.

Desde el ámbito político surgieron desde siempre iniciativas para promover el desarrollo económico de las industrias canadienses de la comunicación, lo que provocó tensiones de múltiple naturaleza. Algunas, de carácter interno, por los enfrentamientos entre el poder económico y un poder mediático más crítico que lo que suele verse en la mayoría de los países occidentales. Otras, de carácter internacional ya que la defensa de la industria comunicacional canadiense, “excepción cultural” incluida, ha sido una fuente de tensiones en la relación con el vecino estadounidense, en debates que llegaron incluso al plano político y diplomático

Ocurre que Canadá, un país democrático y abierto como el que más, necesita defenderse de la invasión de la poderosa industria mediática de Estados Unidos. Hay una idea generalizada de que es preciso dar cierta protección a sus medios y brindarles ciertas ventajas frente a la competencia avasallante del vecino, lo que se ha evidenciado en los últimos años en el área de los diarios y revistas. Los canadienses tienen claro que, además de la defensa de sus empresas de comunicación en la competencia con las estadounidenses, también están en juego temas de identidad cultural, muy significativos para la sociedad canadiense.

No es casual que los roces más notorios hayan ocurrido en el rubro publicaciones pues a pesar de la audiovisualidad predominante, el periodismo escrito ocupa una posición de privilegio en Canadá, un país en donde los periódicos son imprescindibles referentes de opinión. Junto a ellos abundan las publicaciones barriales y estudiantiles, revistas culturales con buena aceptación y cotidianos gratuitos con densa información nacional e internacional(como Metro Montreal y Manieres de Voir, por citar dos casos).

Radio Canadá, por su lado, es un excelente emprendimiento de servicio público, con una dirección y programación especializada en algunos sectores dirigidos especialmente al público iberoamericano. En el terreno de la televisión hay esfuerzos por salir de la medianía, entre los cuales resalta “Zona libre”, programa semanal que rescata el enorme potencial de la TV para recoger aspectos en apariencia menores, pero que conforman el día a día del ciudadano canadiense. También son destacables los espacios dedicados al periodismo científico, que reclutan una audiencia interesada en la calidad de las producciones y, sobre todo, en la madurez profesional de los periodistas especializados en difusión de la ciencia y la tecnología.

Otro detalle no menor es el auge del cine. En una provincia como la de Québec en donde un 5% de sus habitantes habla el español resulta llamativo el interés por el cine iberoamericano. Las producciones latinoamericanas gozan de un público creciente, al igual que las españolas, en particular las que llevan el sello de Pedro Almodóvar, uno de los directores más aplaudidos en aquellas latitudes.

La compleja relación Canadá-Estados Unidos suele reflejarse en el cine de Québec, como señala Gilles Therrien, quien cita una larga serie de obras en las que analizan los vínculos con el país vecino, lo que no evita que muchas de ellas caigan bajo la influencia del modelo americano de hacer cine. Lo que resulta llamativo es que muy pocas de esas obras enfocan las relaciones de Québec con Francia, las que suelen examinarse para el ángulo de la continuidad y la tradición de un vínculo fuerte, pero poco problemático. Mención especial merece Denys Arcand, autor de Jesús de Montreal y de El Ocaso del Imperio Americano, este último el mayor éxito del cine local en el exterior. Arcand suele exhibir sus preocupaciones sobre el problema de la identidad y de la afirmación canadiense ante la influencia estadounidense.

Por supuesto, no todo es conformidad con respecto a lo que se recibe de los medios. En la UQAM menudean los análisis críticos de lo que puede verse en la televisión. Y así, los estudiantes suelen tomárselas con el discurso de CNN, los talk-show y las soap-opera propios y ajenos, y con un ensañamiento particular, hacen blanco en Star Academie, equivalente a Operación Triunfo. Por cierto, la mayoría de los descontentos suelen apuntar sus baterías contra los programas de la TV estadounidense a los cuales acusan, entre otras faltas, por su carencia de sustancia y, sobre todo, por las exhibiciones de violencia contenidas en muchos de sus programas de entretenimiento. La película documental de Michael Moore, “Bowling for Columbine”, reciente ganadora del Oscar, replanteó este tema al comparar las estadísticas de violencia en Estados Unidos y Canadá, con inmensa ventaja para este último. Canadá es un país con baja tasa de criminalidad y uno de los porcentajes más bajos del mundo en delitos de sangre. En esa discusión nunca cerrada sobre los efectos de la televisión en el público, muchos creen que esas cifras tan positivas reflejan el cuidado que pone la televisión canadiense en lo relativo a las exposiciones de violencia, en particular cuando se trata de horarios para los menores.

Puente entre dos mundos

Convertida en una isla de cultura y comunicación latinas en medio de un mundo anglonorteamericano, conmueve la lucha de Québec por mantener su identidad y la fidelidad a sus orígenes. Son evidentes las ansias de comunicarse con el mundo iberoamericano con el que la gente de esta provincia se siente afín culturalmente. Cada vez que salta el tema de su conexión con el mundo “hispánico” surgen por doquier voces que esbozan para Québec la función de puente entre las dos culturas: la anglonorteamericana, con la que ellos conviven y a la que, pese a todo, han sabido adaptarse, y la iberoamericana, que tiene sobre ellos una creciente capacidad de seducción. ¿Será éste un nuevo espacio plausible para la reflexión comunicacional, capaz de vehicular una cultura con nuevos horizontes para lo “latiberoamericano”?

Bibliografía

BERGER, Peter y HUNTINGTON, Samuel. Globalizaciones múltiples. La diversidad cultural en el mundo contemporáneo. Paidos. Barcelona, 2002.

CAMERON, D. y GROSS, J. Contestation et Mondialisation. Repenser la culture et la communication. Presses de Université de Montreal, 2003.

Gouvernement du Québec, Chiffres, 2003. Quebec.

KUPER, Adam. Cultur. La versión de los antropólogos, Paidos, Barcelona, 2001.

RIST, Gilbert. Le developpement, histoire d une croyance occidentale, París, Presses de Science Politique.

TREMBLAY, Gaetan. El sitio virtual de las ciencias de la comunicación. Revista Iberoamericana de la Comunicación, Universidad Iberoamericana de México, RIC, No. 2, 2002.


Autor:

Carmen Rico*
Socióloga, actual profesora titular de Comunicación Internacional en la Universidad de Québec, Montreal, fue decana de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Católica del Uruguay. Es vicepresidente de ORBICOM (Red mundial de cátedras UNESCO de comunicación) e integrante del Consejo Directivo de la Federación Latinoamericana de Comunicación Social (FELAFACS). Periodista e investigadora ha publicado numerosos artículos en publicaciones especializadas en comunicación y varios libros, entre ellos, Candidatos en el aire. Políticos y periodistas radiales construyendo el hecho político, editorial Fin de Siglo, Montevideo, 1994.