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Número 6 - mayo - agosto 2004 

Presentación

Jesús Prieto(*)
Coordinador Académico del II Coloquio de los Tres Espacios Lingüísticos (TEL)

La presente revista recoge las aportaciones de los participantes en el II Coloquio Tres Espacios Lingüísticos, celebrado en la ciudad de México durante los días 2 a 4 de abril de 2003. Como coordinador académico del coloquio, me corresponde hacer una breve nota introductoria a la revista que tiene en sus manos el lector.

El mundo está rompiendo las costuras de su traje anterior formado por un conjunto de Estados nacionales que han sido los protagonistas de la historia humana de los cuatro últimos siglos y, en buena medida, de la historia cultural reciente. Así como la vida medieval europea estuvo marcada por el principio cuius regio, eius religio, la conformación cultural de la vida contemporánea se ha levantado en torno al axioma de cada Estado su cultura y, en la mejor de las hipótesis, su propia diversidad. En este contexto, el mundo podía ser representado mediante un traje de arlequín, en el que los pedazos de tela de colores se correspondían con esas unidades estatales. Sin embargo, la aceleración de la mundialización a la que asistimos en las últimas décadas ¯hablo de aceleración, pues la mundialización no es un hecho nuevo, sino un fenómeno con raíces antiguas y con hitos muy claros: ¿Cómo no reconocer aquí el impulso mundializador del llamado «descubrimiento» de América?¯ provoca ahora convulsiones y estertores que apuntan un nuevo panorama cuyo dibujo final aún no percibimos bien, pero que no obstante está germinando en torno de nosotros. Probablemente sea verdad que no se puede evaluar lo que ha pasado hasta que la tormenta no ha terminado y uno recorre el terreno y hace recuento de lo ocurrido. ¿Pero sabemos cuándo va a terminar? Aparte, la ceguera sobre lo que está sucediendo no es total. Hay cosas claras que ya se ven y otras que se adivinan.

Entre las que ya se ven encontramos, por supuesto, la tendencia a la homogeneización cultural, que no deja de ser un fenómeno complejo. Complejo, pues en su seno coexisten fuerzas de distinta naturaleza, presididas por una tendencia dominante a la reducción aculturadora de la diversidad cultural, que impulsan unas grandes industrias culturales altamente concentradas y oligopolísticas en su propiedad y fuertemente descompensadas y asimétricas por la enteca «riqueza» cultural de la que se hacen portadoras; pero no por ello dejan de existir en el interior de este fenómeno flujos, determinados por un intercambio más equitativo, de universalización cultural enriquecedora de la experiencia simbólica de los individuos y de los grupos. Dicho en breve, vivimos una fuerte imposición vertical alógena de sentidos de vida y de formas de simbolizar que subyugan y destruyen los propios, pero a la vez descubrimos unas posibilidades desconocidas hasta ahora, que traen los nuevos sistemas de información y comunicación, para el desarrollo de una convivencia más enriquecedora.

El otro fenómeno constatado en este panorama se halla en el repliegue identitario sobre lo local, en la reacción ensimismada sobre el pasado que desea recuperar la seguridad perdida ¯horror vacui¯ mediante la vuelta a las identidades conocidas.

Sin duda, los Estados, en tanto los ámbitos más plenos y articulados de la democracia política de que disponemos, hoy por hoy son, y desde luego lo seguirán siendo durante tiempo, un lugar primordial de realización también de la democracia cultural y del pluralismo cultural interno. Pero éstos solos no son sino un castillo de naipes ante los vientos del ciclón uniformizador que les llega de fuera.

La articulación de un plano mundial de preservación de la diversidad cultural es, a su vez, una tarea que no admite demoras. Un problema planetario necesita, obviamente, respuestas conceptuales y operativas planetarias o, lo que es lo mismo, articular un proyecto global de «pluralismo cultural mundial» como gran proyecto «político», según palabras de la UNESCO, de protección de la diversidad cultural. Y ahí es donde se revelan necesarias tareas como erigir la preservación de la diversidad cultural en principio jurídico general del derecho internacional ¯objetivo que debería ser el principal cometido de la Convención de protección de la diversidad cultural que está proyectando la UNESCO¯; articular un sistema de derechos culturales que eleve a los individuos y grupos a protagonistas de su desarrollo cultural y de la nueva arquitectura de pertenencias múltiples, y elevar la cultura al rango de los grandes desafíos políticos del nuevo siglo, afrontándola ¯según la certera propuesta de Jean Tardif¯ como un «desafío geocultural». En este mismo plano se hace también necesaria la tarea de articulación de nuevos cauces de encuentro y reflexión. Esta tarea es clave, pues, no obstante la proliferación en los últimos años de estudios y análisis sobre la mundialización, no se puede evitar la sensación de que seguimos viviendo de los réditos de las grandes teorías acerca de la cultura formuladas en la primera mitad del siglo xx ¯así, la aportación de Frankfurt¯ que ya no alcanzan a aprehender y explicar, con la facilidad con la que lo hacían antes, la realidad de hoy. Es como si nuestra capacidad de ver no fuera más allá de la condición de «enanos a hombros de los gigantes», de aquellos gigantes que formularon las grandes teorías antropológicas y que nos explicaron la trascendencia de la cultura de masas y de las industrias culturales, pero que ahora dejan ver sus limitaciones ante la nueva realidad de la cultura. Se precisa una reflexión teórica renovada desde nuevas atalayas de observación adecuadas a las circunstancias y al panorama de los nuevos tiempos, y en este sentido resulta de especial importancia el diálogo y el enfoque multidisciplinar, que tome en cuenta las aportaciones de todas las visiones de especialidad (sociología, antropología, teoría de la comunicación, derecho, economía, etc.), así como el enfoque multisectorial, que integre todos los trozos de realidad y experiencia que guardan los diferentes actores políticos, económicos y sociales.

Hemos dejado para el final la referencia a otra dimensión territorial escasamente atendida hasta el momento en los análisis, donde se situaría el engarce entre lo mundial con lo estatal y lo local. Como decíamos antes, ni lo estatal ni lo local poseen ya la virtualidad de afrontar por sí solos el reto de la preservación de la diversidad, y el plano de lo mundial puede resultar excesivamente abstracto y lejano para concitar la adhesión y movilización de los ciudadanos y de las comunidades. Éste es, precisamente, el intersticio de los «espacios culturales y lingüísticos» ¯el iberoamericano, la francofonía, la lusofonía, el mundo árabe, etc.¯ en tanto sistemas dinámicos de diversidad cultural, nichos complejos y consolidados de diferencia cultural y caracterizados por una alta institucionalización organizativa, de la que es buena muestra el nutrido racimo de organismos suprarregionales de esta naturaleza participantes en el coloquio. Complejos porque son portadores en su interior de múltiples niveles de diversidad cultural y lingüística, en diferentes grados de integración y ensamblaje, pero en todo caso con rasgos culturales y lingüísticos compartidos que recorren y sueldan todas esas expresiones culturales internas. De estos grandes sistemas de diversidad cultural hemos de esperar un papel sobresaliente en la construcción del pluralismo cultural mundial, por su privilegiada capacidad, hacia fuera, de actuar como sujetos activos del diálogo y de la cooperación cultural y, hacia su interior, de comprometer en dicho gran objetivo del pluralismo a todas y cada una de las diferentes expresiones que abarcan.

En este intersticio es donde, a nuestro entender, adquiere su razón de ser el proyecto de los Tres Espacios Lingüísticos inaugurado en 2001 en París, donde tuvo lugar el primer coloquio, y que ha proseguido dos años después ¯con claras muestras de estar cuajando¯ el nuevo coloquio de Méjico, del que da constancia la presente publicación.

En el II Coloquio los participantes han debatido acerca de éstas y de otras cuestiones focalizadas en torno al tema general «Cooperación, diversidad y paz», conceptos que construyen un auténtico triángulo virtuoso de acción para dichos espacios lingüísticos, por su intrínseca capacidad de estimularse recíprocamente en su buen desarrollo.

La publicación no pretende ser sin más la edición literal de las actas del coloquio, sino que, aprovechando la oportunidad que brinda la reflexión posterior, ésta se ha organizado temáticamente en torno a los cuatro apartados siguientes: 1. Unidad en la diversidad: un proyecto institucional, donde se recogen las intervenciones de los Secretarios Generales de las organizaciones convocantes (OEI, OIF, Unión Latina); 2. Globalización, ciudadanía y paz, que incluye las aportaciones de los ponentes Joseph Maila («La diversidad cultural y la paz») y Jorge Fonseca («Estado de Direito e paz»); 3. Cooperación para el pluralismo cultural, que incorpora las ponencias de Jean Tardif («Identidades culturales y desafíos geoculturales») y Eduard Delgado («Hacia una nueva articulación de los espacios lingüísticos y culturales»); y 4. Los desafíos de la cooperación en la sociedad de la información, donde se reproducen las ponencias de Tadao Takahashsi («Diversidade cultural e direito à informação») y Alejandro Pisanty («Acceso equitativo a la sociedad de la información»).

Asimismo, este espacio recoge a continuación las conclusiones y propuestas formuladas por los participantes de las mesas de trabajo y el texto de las dos significadas Declaraciones adoptadas en Méjico: Declaración sobre la diversidad Cultural, firmada por la OEI, OIF y Unión Latina, y la Declaración Universal sobre Diversidad Cultural y Paz, adoptada por ALECSO, Consejo de Europa, Liga Árabe, OEI, OIF, Unión Latina y UNESCO.

Confieso, como coordinador académico del Coloquio, que me parecía una tarea imposible volcar en unas breves líneas -so pena de incurrir en simplificación- el contenido de un espacio que es fruto de un debate intenso y tan vivo como el que tuvo lugar en la reunión de Méjico. Por ello, valgan estas reflexiones más personales, que lo que pretenden no es ni resumir ni sustituir la lectura de estos artículos, sino, por el contrario, motivar vivamente a su lectura y al descubrimiento por el lector de su riqueza y polémica interna. Hay en él, sin duda, un lúcido ejercicio de diversidad intelectual.


Nota:

(*) Jesús Prieto

Director del Instituto para la Comunicación Cultural de la Universidad Carlos III / Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España. Ha sido Vicerector de la UNED. Titular de la Cátedra Andrés Bello de Derechos Culturales, patrocinada por el Convenio Andrés Bello, la UNED y la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor Titular de Universidad. Vicerector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Decano de la Facultad de Derecho de la UNED (años 1994 a 1998). Doctor en Derecho (Premio extraordinario de doctorado y premio Nicolás Pérez Serrano del Centro de Estudios Constitucionales). Participó en numerosos congresos, seminarios y conferencias nacionales e internacionales sobre derecho y legislación cultural. Director del I Congreso Iberoamericano de Derecho de la Cultura (Madrid, 1999) y del Seminario Iberoamericano Derechos culturales y propiedad intelectual (Madrid, junio 2001). Consultor de la administración cultural española y europea en diversos proyectos de legislación y administración cultural. Autor de diversos estudios y publicaciones sobre temas de Derecho Público. Es autor de una treintena de estudios sobre diversos aspectos del derecho de la cultura. Pertenece a los consejos directivos de diversas instituciones sociales relacionadas con la defensa del patrimonio cultural y miembro de los comités de redacción y consejos editoriales de varias publicaciones.