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Número 9 - julio - octubre 2006

La experiencia del CERLALC para el fomento del libro y la Lectura

Isadora de Norden (Colombia) (*)


El tema sobre el cual la organización del IV Campus nos invita a reflexionar en este panel, es especialmente relevante para el organismo que dirijo; y lo es, porque es vital para los países iberoamericanos. Represento por lo tanto, un organismo de carácter técnico en el que convergen el interés, las inquietudes y los sueños de 20 naciones. Éstas integran una región y una comunidad: una región atravesada por elementos culturales comunes tales como las lenguas hispano- lusitanas; y una comunidad habitada por personas que conforman Estados con historia y presente propios, a través de los cuales logran reconocerse en el otro.

Esta región busca tender puentes con el mundo, a través de los cuales circulen valores,  necesidades e ideas constructivas, edificadas en pos de la realización de finalidades de interés y de beneficio común.

La silueta del mapa que hoy nos reúne, puede ser bien un ejercicio de cartografía o de delimitación político-administrativa; o bien, un territorio de sentido, lo que depende justamente de cómo suceda el tema que vamos a abordar esta semana: la cooperación. Tanto el significado de la palabra como el del territorio, están dados por un hecho muy simple: cooperar es hacer con. Entonces, dedicaré estos minutos a realizar un recorrido por los temas de la misión del CERLALC, en el los que se encuentran varias claves para la agenda de cooperación cultural entre Europa y América Latina.

En 32 años de trabajo continuo, el CERLALC ha brindado instrumentos útiles a los gobiernos de la región a través de la permanente asesoría y del apoyo técnico a procesos relativos al libro como bien cultural e industrial, al desarrollo y la difusión del derecho de autor y del acompañamiento en la formulación de políticas y en la circulación de experiencias de fomento a la lectura. El CERLALC se pensó hace tres décadas como una entidad de apoyo a los Estados, en un momento en el libro era visto fundamentalmente como un instrumento clave para el desarrollo de la educación; y la lectura, la práctica social que volvía realidad el sueño de pueblos ilustrados. En la actualidad, la lectura y la escritura se inscriben dentro de los Derechos Culturales, como mecanismos de participación efectiva en la producción de conocimiento del mundo. 

Asistimos a una época convirtió el conocimiento en una forma de interconexión, en la que la circulación de los saberes locales implica ya no sólo el reconocimiento, sino la supervivencia de los mismos; en la que las prácticas de la lectura y la escritura, como ya lo dijo Emilia Ferreiro, dejaron de ser ejercicios de sabiduría para convertirse en ejercicios de ciudadanía. En esta época, la tarea de integradora del CERLALC adquiere una importancia estratégica, y para llevarla a cabo tenemos que hacerlo con ustedes. Mi propuesta es que lo hagamos partiendo del principio del reconocimiento de las necesidades y los requerimientos mutuos, para que los puentes que tendamos, permitan el tránsito de la diversidad que le da sentido al mapa que hoy nos convoca. Lo que digamos en este Campus, los temas comunes que encontremos y las formas que elijamos para hacerlo como cómplices, son los verdaderos lazos que se tejerán entre nuestras culturas, serán la apuesta decidida por conocernos.

El CERLALC propone la construcción de alianzas basadas en aportes mutuos, para lo cual requiere de una mirada y de una voluntad, particulares. Esta propuesta es a la vez una invitación a actuar desde un espacio privilegiado en el contexto cultural iberoamericano: el CERLALC es el único organismo que congrega en sí a toda la región en torno a la red del libro, la lectura y los derechos de autor. Un sistema cultural en sí mismo, que se encuentra listo, que tiene la mirada y la voluntad de trabajar en conjunto con la Europa contemporánea, con la que, en esta coyuntura de vertiginosos cambios de naturaleza política y de reordenamiento del territorio global, tiene mucho que ver.

Ni el cine, ni el teatro, ni las artes visuales, ni ningún otro sector de la cultura, cuenta con una organización que los represente como región, y en la cual puedan confluir y construir, desde lo local, un territorio de sentidos.

Para pensar la cooperación hay que convocar a los gobiernos y a los sectores relacionados con la cultura, la educación, y por supuesto, la ciencia y la tecnología, a colectivizar el conocimiento, que en el presente, es el bien público primordial. El CERLALC, está pensándose en el nuevo contexto de la sociedad de la información, en la que los límites entre saberes se funden y el acceso a los mismos pasó de ser importante a ser vital.

Grandes desafíos supone la tarea de borrar la brecha entre quienes tienen acceso a la información y quienes no. Esta, sin duda, es una de las premisas de la cooperación entre América Latina y Europa, para lo que se necesita entablar un diálogo que involucre tanto a los sectores culturales como a los educativos, en torno a prácticas incluyentes que exploren la circulación de los modos de conocimiento que han cambiado radicalmente. Ya no estamos frente a ciudades que se autoabastezcan de la cultura letrada, nuestra labor es dar respuestas multimediáticas a ciudades ávidas de conocimiento y de participación, territorios que escriben y leen, lugares en los que la cultura y las comunicaciones no están divorciadas. 

Bien nos hace reflexionar José Antonio Millán anotando que “el desarrollo humano no avanza en zigzag ni a saltos, sino que normalmente construye sobre lo anterior. La lucha por comprender y utilizar las nuevas tecnologías digitales exige muchas cosas nuevas, sí; pero presupone las antiguas. Y la más importante de ellas es la lectura”. Enunciado al cual agrego la oralidad, como forma antigua y viva, que a diferencia de lo textual requiere la presencia de quienes acceden a sus saberes, y frente a la cual tenemos el compromiso de encontrar formas de circulación, que permitan a todos aquellas personas t comunidades que los contienen, desterritorializar su conocimiento acumulado.

Para lograr el encuentro que supone la cooperación, se necesita de creatividad, porque es la creatividad la que responde a preguntas como ¿Qué haremos para tender puentes entre sus necesidades y nuestras fragilidades? ¿Cómo diseñaremos conjuntamente instrumentos internacionales que reconozcan a los sujetos como portadores de los derechos culturales? ¿Cómo hacer de la creatividad social un indicador de desarrollo?

Invito a los juristas, a los editores, a quienes lideran las bibliotecas públicas, a los maestros, a los gestores culturales, a los autores, a los artistas, a los comunicadores, a los científicos, a los gobiernos y a los ciudadanos, para que trabajemos en una cooperación que sea un intercambio de principios, en la que se reivindique el papel de lo público, en la que se favorezca el flujo de la información y para la cual esta información se convierta en conocimiento colectivo.

El CERLALC, ofrece su conocimiento acumulado, pero sobre todo, ofrece servir como núcleo para pensar públicamente estrategias innovadoras que contengan los cambios y las diversas formas de narrarnos. Para desarrollar proyectos desde la perspectiva de los derechos culturales, para investigar y hacer programas que incluyan nuevas formas de leer, para diseñar nuevas estrategias para la circulación de autores y de pensadores locales, para ser socios de las Universidades, los Centros de Investigación y las Escuelas para que el pensamiento de los científicos e intelectuales de cualquier nacionalidad iberoamericana se difundan, para que los niños y jóvenes estudiantes sientan que además de aprender historia, están participando en la construcción de la historia del presente.

Como punto de partida para concretar todo lo anterior, propongo considerar unas líneas de trabajo:

  • Nuevas sociedades en el mundo de información
  • Necesidad de conservación de los valores que nutren la información y la creatividad
  • Inclusión social de los pobladores de las regiones para tener interlocutores técnicamente habilitados para dialogar en un mismo lenguaje
  • Discusión de la concepción de los derechos culturales en realidades económicas distintas
  • Desarrollo de potencialidades que nutran a quienes tienen las herramientas de hacerlos visibles. 
  • Pensar la circulación del libro, no sólo desde el mercado de consumo, sino desde el mercado simbólico, ese que produce bienes colectivos e intangibles
  • Considerar como creadores y potenciales escritores a los consumidores de lecturas

A través de proyectos como:

  • Promoción de la lectura a través de la recuperación de la tradición oral
  • Fortalecimiento de las bibliotecas como centros culturales de encuentro y de participación ciudadana
  • Construcción de indicadores mínimos de carácter regional, que permitan medir la incidencia del ejercicio lector en el desarrollo
  • Pensar las librerías como espacios prestadores de un servicio público
  • Poner en red la mayor cantidad de información contenida en libros y otros soportes impresos
  • Convocar encuentros y seminarios en los que se piense interdisciplinariamente sobre los retos que enfrenta el Derecho de Autor en la Iberoamérica de hoy
  • Diseñar líneas de apoyo público que propendan por la circulación del conocimiento
  • Buscar fórmulas para que los pensadores y sus obras circulen por toda la región

Tomando uno de los puntos de la Carta Cultural Iberoamericana en el que se reconoce “que la cultura iberoamericana es diversa y plural y que representa una singular expresión de la modernidad, estando dotada de una gran riqueza, una de cuyas manifestaciones más significativas es su riqueza lingüística”, dejo a consideración de los participantes en este Campus, las múltiples posibilidades de cooperación que el CERLALC puede adelantar.

Con la esperanza que los proyectos cooperación que en este encuentro logremos concretar, sean los que conviertan el mapa Iberoamericano en un sistema dinámico de diversidad.


Notas

Isadora de Norden (Colombia) (*)
Directora del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc).  Ha destacado en el ambiente cultural por liderar proyectos de gran envergadura entre los que sobresalen la asesoría para asuntos culturales de la Unión Latina en París (organismo intergubernamental que promueve las culturas y las lenguas de los países latinos) y la dirección del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), donde impulsó la Ley General de Cultura que dio origen al actual Ministerio de Cultura de Colombia.
Asimismo, ha sido fundadora y directora de la Cinemateca Distrital de Bogotá, fundadora, gerente general de la Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine) de Colombia, directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT) de Bogotá y directora general y coordinadora académica de los Encuentros para la promoción y difusión del patrimonio folclórico de los países andinos.
Isadora de Norden ha relacionado con el ámbito del libro y la lectura mediante la gerencia de la Filial Colombia de la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica (FCE) y la participación en la junta directiva de Fundalectura, fundación colombiana especializada en el fomento de la lectura, entre varias actividades.

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