Número 1 / Septiembre - Diciembre 2001

Reseñas - Libros


El Siglo de la Ciencia. José Manuel Sánchez Ron

Reseña elaborada por Carlos Osorio
Universidad del Valle, Colombia
Red CTS+I de la OEI


El Siglo de la Ciencia, por José Manuel Sánchez Ron, Madrid: Grupo Santillana de Ediciones, S. A., 2000. 324 pp. ISBN: 84-306-0408-1.

Sánchez Ron, nos invita a pensar el siglo veinte, como el siglo de la ciencia. En adelante, no es posible entender los cien años que acaban de pasar, "sin tomar en consideración lo que la ciencia ha puesto a su disposición" (ibid: 11).

Para ello cuenta una historia de manera apasionante, la de la física del siglo veinte. Sin embargo, él mismo nos advierte que su libro no es exactamente un texto de historia de las ciencias, que usa la historia en el sentido de fundamentar su argumento: el veinte es el siglo de la ciencia; de ahí que se permita algunas libertades, las cuales sin duda hace más atractivo el libro a un público más amplio.

Sánchez Ron, delimita el inicio del siglo veinte de la ciencia con Planck en 1900 y lo termina con el anuncio del descubrimiento del Genoma Humano, el 26 de Junio de 2000. Como vemos, el tiempo civil y el tiempo de la ciencia no coinciden forzosamente. La historia cronológica de los instrumentos o de los resultados puede ser desglosada según los periodos de la historia general. El tiempo civil en el cual se inscribe la biografía de los sabios es el mismo para todos. El tiempo del acontecimiento de la verdad científica, el tiempo de la verificación, tiene una liquidez o una viscosidad diferentes para las disciplinas, diferentes a los mismos periodos de la historia general (Canguilhem, 1968: 19).

De entrada, en el capítulo 1, plantea una frase que resulta ser demoledora para cualquier investigador social: "Pretendo mostrar que para determinados propósitos dar prioridad a la política frente a la ciencia cuando se trata de caracterizar temporalmente al siglo XX es un error, una grave limitación" (Sánchez Ron: 18). Y efectivamente, a lo largo del libro, muestra las profundas implicaciones de la ciencia en las diversas manifestaciones de la vida económica, social, ambiental, etc., que hacen que, en ocasiones, la política sea incluso un apéndice de la ciencia.

Sus claves de interpretación las enuncia al comienzo, en el Capítulo 2, sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad. Nos recuerda, por ejemplo, cuál es la imagen tradicional de la ciencia, en tanto conocimiento puro, básico, mientras que tecnología sería ciencia aplicada. De ahí que el progreso de una nación se encuentre tras la consecución de la primera, la segunda vendrá casi que por añadidura. Como se sabe, este optimismo había surgido desde las postrimerías de la segunda guerra mundial y estaba asociado a una concepción política sobre el desarrollo científico y tecnológico. Concepción que consistía en proclamar por una autonomía de la ciencia y la tecnología con respecto a la interferencia social o política de los gobiernos, lo que se traducía en un apoyo incondicional, ya que algunos resultados por estas formas de conocimiento generaban tal intenso optimismo (González, et. al. 1996: 58-65).

Considerar la tecnología como ciencia aplicada, nos dice Sánchez Ron, refleja puntos de vista culturales y filosóficos propios de sus defensores. También es herencia de la filosofía del positivismo lógico. Frente a esta historia de la tecnología como ciencia aplicada, nos advierte que, gracias a los estudios de historia de la ciencia y la tecnología, hoy día es posible contar con una versión que muestra la relación ciencia-tecnología como algo complejo, variable a lo largo del tiempo, y operando en ambas direcciones, esto es, de la ciencia a la tecnología y de la tecnología a la ciencia. A lo largo del libro citará, por ejemplo, un caso que señala la relación de la tecnología a la ciencia, se trata del proyecto Manhattan, que "fue, ante todo, un proyecto tecnológico" (156).

Otros dos elementos hacen parte de este segundo capítulo, merecen destacarse debido a la presencia permanente de ellos a lo largo del libro, por un lado, el tema de la figura del científico, por otro, la relación entre ciencia y sociedad. Se pregunta Ron si existe el científico puro y encuentra que el científico está inmerso en una sociedad y en una época, desde donde habría que situar, al menos una parte de su obra, y por otro lado, el científico hace parte de escuelas, de laboratorios específicos, de grandes corporaciones de investigación, etc., los cuales son citados a lo largo del texto en los numerosos episodios sobre la historia de la física. Pero es especialmente en la figura de Einstein, teniendo en cuenta la postulación que hizo la revista Time en diciembre de 1999 como el hombre del siglo, que Sánchez Ron despliega unas páginas que permiten comprender la vida personal del sabio así como su propio desarrollo teórico.

Hoy día los estudios sociales de la ciencia y la tecnología se han esforzado por trata de reconocer que, un practicante de las ciencias, es cualquiera que ha adquirido una cultura, ha sido formado, modelado por un cierto medio y por un grupo, y no una conciencia crítica, o un sujeto puro cognoscente. Aculturado en un conjunto de prácticas, de técnicas, de usos manuales, de experiencias materiales y sociales, el científico parte de una comunidad, de una escuela, una tradición, un país, de una época (Pestre, 1994).

La física del siglo veinte, -mecánica cuántica, mecánica ondulatoria, física del estado sólido, física de las altas energías, etc.-, es apasionante por que ha permitido conocer del universo muchos misterios que nos resultaban velados desde tiempos milenarios. Es la física cuántica la que más ha alterado el rumbo tanto de la ciencia como de la propia sociedad. A partir de ella hemos podido llegar a los aparatos electrónicos, el transistor, los chips, los circuitos integrados de silicio, entre otros. De todo ello nos habla Ron en su libro.

Decíamos que el otro elemento clave de interpretación es el tema de la ciencia y la sociedad. Sánchez Ron, va a desarrollar esta relación, ambivalente en principio para la ciencia, señalando los aciertos de la investigación pero también la forma como la ciencia se ha comprometido, por ejemplo, con la guerra, cuando en la primera de las guerras mundiales, gracias a la química, fue posible contar con armas poderosas de destrucción. O bien, la invención del radar, más importante al parecer que la bomba atómica, fue posible por la demanda de la segunda guerra mundial. La ciencia había entrado a las fuerzas armadas.

Son también expresiones problemáticas de esta relación ciencia y sociedad, el horizonte feliz que prometía el desarrollo de la energía nuclear para usos civiles, y que no llegó a tal; como el inicio del movimiento ecologista a partir de la denuncia de Rachel Carson sobre el DDT. En esta última expresión, la relación se ampliaba, de ahora en adelante había que tener en cuenta la ciencia, la sociedad y la naturaleza. Señala Sánchez Ron, que la historia le ha dado la razón a Carson, los agroquímicos contaminan la tierra, las aguas, el aire, los alimentos y aunque existen regulaciones al respecto, el empleo de pesticidas no ha disminuido, aunque sí el caso del DDT. Si el siglo veinte es el de la ciencia también lo es para la democracia, que libró una de las más importantes batallas durante la década del 60 en la extensión de los derechos civiles, frente a las amenazas relacionadas con el desarrollo científico-tecnológico.

El libro termina con el relato de las implicaciones, una vez más, de la mecánica cuántica, esta vez en el campo de la medicina y el surgimiento de la biología molecular. Hemos llegado a la era de la biotecnología, o de la ingeniería genética, cuyas perspectivas y amenazas se ciernen en el nuevo siglo que inicia.

Referencias

Canguilhem, G. (1968), Études d'histoire et de philosophie des sciences, Paris: Vrin, 1989.

González García, M., López Cerezo, J.L. y Luján, J.L. (1996), Ciencia, Tecnología y Sociedad: una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología, Madrid: Tecnos

Pestre, D. Comment écrit-on l'histoire des sciences: nouveaux objets, nouvelles pratiques et liens avec l'histoire culturelle et sociale, Paris, La Villette, Seminaire, 4 Octobre 1994.


       

Portada

Reseñas

Contactar