Número 3 / Mayo - Agosto 2002
Artículos


Trabajo polivalente y conocimientos sobre la producción.
Tendencias en la industria brasilera

Noela Invernizzi(1)
Profesora Adjunta de la Facultad de Educación e investigadora del Núcleo de Estudios sobre Reestructuración Productiva y Educación de la Universidad Federal de Paraná, Curitba, Brasil


Resumen

Este artículo muestra como el proceso de reestructuración de la industria brasileña condujo a la difusión del trabajo polivalente, desencadenando nuevos requisitos de formación de la fuerza de trabajo. Si bien los requisitos mínimos de formación aumentaron, observamos que la polivalencia no conduce a una tendencia generalizada al aumento de la calificación de los trabajadores. Mostramos que el trabajo polivalente adopta formas muy diferenciadas que determinan un acceso desigual de los trabajadores al conocimiento de la producción. Este argumento se basa en una amplia revisión de investigaciones realizadas entre 1980 y 2000, comprendiendo seis sectores de la industria brasilera (automovilístico, de electrodomésticos, químico-petroquímico, textil, de calzados e de equipamientos para telecomunicaciones).

Palabras clave: formación de trabajadores, polivalencia, reestructuración productiva.

Este artículo muestra como el proceso de reestructuración de la industria brasilera condujo a la difusión del trabajo polivalente. Esta modalidad de trabajo responde a la nueva realidad tecnológica y organizacional de las empresas, como a los requisitos de flexibilidad productiva impuestos por el mercado. Las actividades de los trabajadores mudaron, tanto en su naturaleza como en su variedad, y esto desencadenó nuevas tendencias en la formación de la fuerza de trabajo. Si bien los requisitos mínimos de formación aumentaron como resultado de estos cambios, observamos que no es posible deducir de ello una tendencia general hacia un mayor conocimiento de los procesos productivos por parte de los trabajadores. Como la polivalencia adopta formas muy variadas, conlleva a necesidades diferenciadas de formación y, por lo tanto, a un acceso desigual de los trabajadores al conocimiento embutido en la producción. Tales observaciones se fundamentan en una amplia recopilación de investigaciones realizadas en Brasil entre 1980 y 2000, abordando los impactos de la reestructuración productiva sobre a fuerza de trabajo. Los abundantes datos empíricos recogidos se refieren a seis sectores industriales: automovilístico, electrodomésticos de línea blanca, químico-petroquímico, textil, calzados e de equipamientos para telecomunicaciones. Informaciones más detalladas sobre cada sector y sobre la metodología de investigación pueden encontrarse en Invernizzi (2000)(2).

Comenzamos, en la primera sección, identificando las diferentes formas de trabajo polivalente que están siendo practicadas en los seis sectores industriales. Enseguida, evaluamos el nivel de desarrollo de la polivalencia en cada uno de ellos, es decir, en qué medida la polivalencia ha tendido a sustituir las formas de división del trabajo previamente existentes. Finalmente, analizamos la amplitud o grado de difusión de tales prácticas en los sectores, en las cadenas productivas y en la industria en su conjunto.

La segunda sección trata sobre la formación para el trabajo polivalente. Señalamos la elevación de los requisitos de escolaridad y destacamos el aumento de las inversiones de las empresas en cursos de formación, que pasan a articularse con las formas más tradicionales de aprendizaje práctico on the job.

Concluimos el artículo enfatizando la existencia de nuevas desigualdades en el acceso de los trabajadores al conocimiento científico y tecnológico sobre la producción. Señalamos, además, que un grupo importante de trabajadores —la masa creciente de desempleados y subempleados— está siendo completamente excluida del acceso a ese conocimiento.

1. Del trabajo fragmentado al trabajo polivalente: transformaciones en el perfil de la fuerza de trabajo brasileña

La difusión de la polivalencia contribuyó decisivamente a tornar más flexible el conjunto de la fuerza de trabajo industrial. No obstante, sus impactos sobre los requisitos de calificación de los trabajadores fueron desiguales, en función de las diferentes formas que adoptó y de su desarrollo diferenciado entre los sectores y cadenas productivas.

Para el análisis de estas formas partimos de la distinción realizada por Salerno (1991:6) entre polivalencia multifuncional y multicalificante. La polivalencia multifuncional o cuantitativa es el resultado de la ampliación de funciones, sean éstas directamente productivas (integración horizontal de actividades), sean indirectas, tales como la manutención, el control de calidad, la gestión de la producción, etc. (integración vertical de actividades). La polivalencia multicalificante implica la superación del concepto taylorista de tarea por una nueva lógica organizacional, lo que no necesariamente ocurre en el caso anterior. Ya no se trata de una suma de tareas, sino de una síntesis de actividades directas e indirectas. Por ello, sus impactos sobre las exigencias de calificación son mucho más significativos.

Haciendo abstracción de las particularidades inherentes a cada uno de los procesos productivos estudiados, cuatro variedades de trabajo polivalente fueron identificadas. Ellas van desde las formas más elementales de multifuncionalidad hasta formas desarrolladas de multicalificación. Son las siguientes:

· Integración vertical de actividades. A las actividades de producción son agregadas funciones indirectas. Lo más frecuente es la realización de actividades de control de calidad, particularmente el CEP (Control Estadístico de Proceso), con una difusión muy significativa en todos los sectores estudiados. En menor medida son incorporadas algunas tareas de manutención preventiva e, inclusive, reparaciones simples. Este tipo de polivalencia extiende las actividades de los trabajadores desde la producción hacia nuevas áreas que tradicionalmente les eran vedadas, envolviendo, por lo tanto, conocimientos y habilidades de naturaleza distinta.

Muchas empresas, en todos los sectores estudiados, parecen haber entrado en la “era de la polivalencia” a través de esta modalidad. Ella es, de hecho, un producto específico de los nuevos conceptos de calidad y productividad. La encontramos a lo largo de toda la cadena automovilística, aunque tiende a adoptar formas más amplias en la medida en que nos aproximamos a su vértice. Es también la forma de trabajo polivalente más común en la industria de electrodomésticos de línea blanca; es bastante utilizada por empresas del ramo químico (productos de consumo final) y en las actividades de montaje en la industria de tele-equipamientos.

En la industria textil, y más aún en la de calzados, la integración de actividades indirectas es un recurso poco utilizado aún en función de la adopción reciente y restricta de innovaciones organizacionales y de programas de calidad, que son sus principales estímulos.

· Rotación entre actividades productivas poco diferenciadas. Los trabajadores circulan por diferentes puestos de trabajo. Lo más común es que la rotación sea realizada dentro de un determinado sector de la producción involucrando actividades y/o manejo de máquinas e instrumentos poco diferenciados.

Esas prácticas de rotación constituyen un recurso flexibilizador en procesos o fases de la producción que pasaron por mudanzas organizacionales y tecnológicas limitadas. Generalmente, la rotación se realiza entre tareas fragmentadas, prescriptas y de ciclos cortos, sin que esa ampliación del trabajo supere significativamente la noción taylorista de tarea, con férrea imposición del ritmo de trabajo. La rotación es ampliamente utilizada en las líneas de montaje de electrodomésticos, en las líneas (o células) de costura y montaje de calzados, en las células de terminación y acondicionamiento de productos en la industria química y en los segmentos menos complejos de la industria de autopartes.

Estos casos muestran que la moderna organización celular de la producción no siempre se traduce en una reorganización significativa de la producción. Muchas células son, en realidad, mini-líneas de producción o montaje. La escasa complejidad de las funciones involucradas, y no solamente el mantenimiento de una fuerte división del trabajo, contribuye para que esta forma de polivalencia no propicie una ampliación de la calificación, constituyendo una forma poco desarrollada de multifuncionalidad.

Una forma de polivalencia resultante del avance de la automación en la industria textil, es la supervisión de varias máquinas semejantes por el mismo trabajador. Puede ser considerada semejante a la rotación, pues las actividades realizadas son simples y rutinarias y su consecuencia principal ha sido la intensificación del trabajo y no la ampliación del conocimiento de los trabajadores.

· Integración horizontal y vertical de actividades. En la integración horizontal de funciones se reúne una secuencia de actividades productivas antes distribuidas entre varios trabajadores. Esto se traduce en una participación más amplia del obrero en la fabricación del producto. La investigación mostró que es muy rara la puesta en práctica de integración horizontal de funciones disociada de la integración vertical antes señalada. Generalmente, ambas formas son sintetizadas en un conjunto de actividades productivas e indirectas, teniendo como resultado una ampliación de conocimientos en dirección de nuevas fases del proceso productivo y de actividades de naturaleza diferente de las productivas, tales como el control de calidad y el mantenimiento.

Encontramos esta forma de polivalencia en el segmento más calificado de la fuerza de trabajo operacional de la industria de tele-equipamientos. Los trabajadores, generalmente con formación técnica, desarrollan un amplio abanico de actividades productivas e indirectas, gozando de márgenes significativos de autonomía, representando, por excelencia, una forma de polivalencia multicalificante.

La integración horizontal y vertical de funciones fue la manera de flexibilizar la utilización de la fuerza de trabajo más adoptada por las grandes montadoras de automóviles y por las empresas líderes del sector de autopartes. Generalmente ocurre a través del trabajo en grupos. Sin embargo, es posible observar diferenciaciones entre las empresas en relación a los niveles de ampliación de conocimientos que fomentan. Esto depende de la naturaleza y de la amplitud de las funciones integradas, del grado de autonomía concedido a esos equipos para la distribución interna de las actividades y del tipo de decisiones transferidas a los trabajadores, aspectos que se combinan en diferentes arreglos. Las investigaciones en este sector mostraron la emergencia de formas de polivalencia multicalificante, especialmente en casos en que la organización del trabajo había sido radicalmente transformada a través de enfoques socio-técnicos, pero predominan las formas multifuncionales.

Finalmente, en algunas empresas de línea blanca, en las fases de fabricación, también fue encontrada esa forma de polivalencia, con ampliación de las funciones productivas e incorporación de actividades indirectas, incluyendo preparación de máquinas y control de calidad.

· Síntesis compleja de actividades.Esta es la forma de polivalencia característica de los procesos productivos continuos altamente automatizados y complejos. Supone conocimientos sobre fases significativas de esos procesos, manejo de diferentes equipamientos e instrumentos y requiere de los trabajadores una alta capacidad de abstracción.

Esta forma de utilización polivalente multicalificante de la fuerza de trabajo es característica de muchas empresas petroquímicas. Aunque la integración de actividades es inherente a este tipo de proceso, fue observada en la última década una tendencia para ampliar la variedad de actividades de los trabajadores. La creciente automación de las actividades llamadas “de campo” permitió una ampliación de las actividades de monitoreo y optimización a partir de sistemas digitales de control distribuido (SDCD), de control de calidad, análisis de laboratorio, etc.

Identificadas las formas más frecuentes asumidas por la polivalencia en la industria brasilera, es necesario evaluar otras dos cuestiones. En primer lugar, cual es su nivel de desarrollo en los distintos sectores. Es decir, para evaluar los impactos de esos cambios en la división del trabajo sobre las tendencias de desarrollo de la calificación de los trabajadores necesitamos saber en qué medida esas formas de polivalencia han tendido a sustituir las antiguas formas de división técnica del trabajo. En segundo lugar, es necesario evaluar cuál es la amplitud o grado de difusión de tales prácticas en los sectores, en las cadenas productivas y en la industria en su conjunto.

La tendencia a utilizar la fuerza de trabajo de manera polivalente parece incontestable en la industria automovilística actualmente. La situación actual contrasta fuertemente con las tímidas incursiones en la división del trabajo realizadas por las empresas líderes en los años ochenta. Las formas de división del trabajo fueron significativamente transformadas. Sin embargo, hay también evidencias sobre la persistencia de formas de división del trabajo taylorizadas. La polivalencia está más desarrollada entre las montadoras de automóviles y las empresas de autopartes más modernizadas, pero algunas formas de polivalencia ya pueden ser observadas en pequeñas empresas. Consideramos, no obstante, que esta difusión de la polivalencia no llevará a homogeneizar la organización del trabajo a lo largo de las cadenas productivas. Esto porque, desde ya se observan diferenciaciones resultantes del grado de complejidad de los procesos productivos y de la capacidad de control de los trabajadores sobre la organización del trabajo. Formas de polivalencia más calificantes generalmente ocurren en empresas que tienen sindicatos más actuantes, en particular, las montadoras.

También en la industria petroquímica se verifica un amplio desarrollo del uso polivalente de la fuerza de trabajo, siendo en muchos casos multicalificante. No obstante, esta situación contrasta fuertemente con el resto de la cadena petroquímica y especialmente con la mano de obra subcontratada, donde predominan las formas más simplificadas de polivalencia. Los procesos productivos que componen el complejo químico-petroquímico, fuertemente diferenciados, actúan y continuarán actuando como factores que causan una utilización muy heterogénea de la polivalencia.

Formas desarrolladas y restrictas de polivalencia también coexisten en el sector de tele-equipamientos. Esa diferenciación puede ocurrir tanto dentro de una unidad fabril como entre empresas madres y subcontratadas, dependiendo de cómo se distribuyen las actividades más simples de montaje de placas de circuitos impresos y otras más complejas de diseño, testes, trabajo con softwares sofisticados. Sobreviven aún actividades de montaje manual, en las que la utilización multifuncional de los trabajadores es totalmente compatible con formas tayloristas de división del trabajo.

Las industrias química (especialmente en las fases discontinuas de la producción) y de electrodomésticos presentan niveles de desarrollo de la polivalencia más restrictos. En ellas, estas prácticas son más recientes y las investigaciones mostraron organizaciones híbridas que mezclan conceptos polivalentes con una supervivencia bastante amplia de los conceptos tayloristas y fordistas. Esto puede indicar que se está en una fase de transición en relación a los criterios de división del trabajo. Aunque sean notorios los trazos de permanencia de lo antiguo, consideramos que estas industrias acompañarán, con el tiempo la tendencia para una mayor difusión de la polivalencia.

Finalmente, las formas de división del trabajo taylorista/fordista continúan siendo dominantes en las industrias textil y de calzado. El trabajo polivalente es muy incipiente y concentrado en pocas empresas, resultado de cambios tecnológicos y organizacionales limitados y que llegan bastante atrasados en relación al resto de la industria. El contexto general se caracteriza por el trabajo simplificado y sujeto al ritmo de las máquinas o esteras de montaje. Ambos sectores enfrentan una situación crítica desde la abertura comercial de 1990 y han recurrido mucho más a asegurar su competitividad a través del uso de fuerza de trabajo barata que a través del ensayo de formas de flexibilidad interna.

Antes de realizar una evaluación de conjunto de los cambios en la división del trabajo, debemos considerar que las tendencias de desarrollo de la polivalencia no están libres de contra-tendencias. El movimiento en dirección de la ampliación del trabajo coexiste con movimientos que actúan en sentido contrario, simplificando las actividades realizadas por los trabajadores polivalentes. Cuatro contra-tendencias fueron identificadas:

Considerando los sectores industriales en su conjunto, es claro que, a pesar de los diferentes niveles de transformación de la división del trabajo, de la distribución desigual de las prácticas de trabajo polivalente y de la diferente incidencia del juego de contra-tendencias está en curso una tendencia para la difusión de un patrón más flexible de uso de la fuerza de trabajo. Este modifica de forma importante la división del trabajo precedente e impone nuevos criterios de formación para el trabajo.

Este nuevo patrón de uso polivalente de la fuerza de trabajo no debe, necesariamente, desembocar en una superación completa de las formas tayloristas/fordistas de división del trabajo. Como vimos sobreviven en algunas fases de los procesos productivos. Tal vez ellas sean atenuadas por la automación o pueden subsistir perfectamente en áreas intensivas en trabajo poco complejo, junto a las nuevas tendencias.

Las evidencias tampoco muestran que tienda a surgir de este proceso una fuerza de trabajo homogéneamente más calificada. Por el contrario, muestran que la difusión de la polivalencia ha tenido efectos diferenciadores. La polivalencia multicalificante se da en sectores bastante reducidos de la fuerza de trabajo, distribuidos desigualmente dentro de cada empresa, sector y cadena productiva. La transformación que afecta más significativamente a la clase trabajadora industrial brasilera es la emergencia de un nuevo trabajador “padrón” multifuncional, cuyas funciones fueron ampliadas, en magnitudes variables según el proceso considerado y según el resultado del juego de tendencias y contra-tendencias ya apuntado. De esta forma, la fuerza de trabajo fue adaptada a una nueva base tecnológica y a nuevos arreglos organizacionales. Puede afirmarse, por cierto, que los conocimientos de esos trabajadores se ampliaron en relación al trabajador “padrón” de tipo fordista. Sus requisitos mínimos de calificación, como veremos, se elevaron en relación al pasado. Sin embargo, el nuevo contingente de trabajadores ordinarios multifuncionales está lejos de constituir una fuerza de trabajo calificada representada, en las condiciones productivas actuales, por los trabajadores multicalificados. En términos más ajustados, las transformaciones en los procesos de trabajo propiciadas por la reestructuración productiva están forzando la redefinición de los contenidos del trabajo simple y del trabajo complejo(3).

2. La formación para el trabajo: acceso desigual al conocimiento

Las formas de división técnica y social del trabajo condicionan el alcance o extensión del conocimiento sobre los procesos productivos a los cuales los trabajadores tienen acceso(4). Como vimos, las formas de polivalencia amplían el conocimiento en diferentes niveles, para nuevas fases de la producción. No obstante, hay diversos niveles de conocimiento. El impacto de la polivalencia sobre el nivel de calificación del trabajo depende, justamente, de qué tipo de conocimiento es requerido para practicarla. Su impacto es notoriamente diferente según requiera conocimientos basados exclusivamente en un aprendizaje práctico —como el que se obtiene por la vía de rotaciones entre los puestos de trabajo u otras formas de aprendizaje on the job— o se base en una formación escolar y profesional más amplia, que envuelva el acceso a conocimientos científico-tecnológicos sistematizados, y no apenas conocimientos tácitos(5).

La formación escolar y profesional, dentro y fuera de la empresa, permiten el acceso de los trabajadores al conocimiento en profundidad de la producción, esto es, a sus fundamentos científicos. Evaluaremos, en esta sección, los cambios ocurridos en la formación de los trabajadores en las industrias investigadas, comenzando por la escolaridad.

2.1 El papel clave de la escolaridad

En todas las industrias estudiadas, con excepción del sector del calzado, se verifica una clara tendencia en dirección al aumento de las exigencias escolares. El nivel de enseñanza fundamental completa (8 años en el Brasil) está imponiéndose como requisito mínimo de contratación en el mercado de trabajo formal. Esa tendencia tuvo inicio en algunos sectores en los años 80, pero sólo comenzó a acelerarse en la década de noventa. En una país como Brasil, con históricas deficiencias en la escolarización de la población, estas nuevas exigencias provocaron un serio desajuste en relación a la fuerza de trabajo disponible.

De hecho, el tiempo transcurrido no ha sido suficiente para una renovación o actualización completa de la mano de obra empleada en ese nivel de escolaridad. En las industrias automovilística, textil, química y de electrodomésticos aún persisten amplios sectores de trabajadores con niveles de escolarización por debajo de las nuevas exigencias. Se observó que ellos van siendo empujados para las áreas no modernizadas de la producción o para las funciones menos calificadas. La situación es bastante diferente en el sector de tele-equipamientos, porque una parte importante de su fuerza de trabajo tiene nivel medio o superior y porque inclusive para las operaciones menos calificadas, las exigencias de mayor escolaridad ya venían siendo colocadas desde los años ochenta. En la industria petroquímica, los trabajadores directamente contratados por las grandes empresas siempre constituyeron una excepción, teniendo niveles de escolaridad bastante superiores a la media, y ese diferencial continúa siendo significativo(6). En el otro extremo, la industria de calzado permanece prácticamente ajena a las nuevas exigencias, produciendo con trabajadores sub-escolarizados.

Sin embargo, el mercado de trabajo se está adaptando a estas mayores exigencias de escolaridad. Por un lado, tiende a aumentar la oferta de personas más escolarizadas como resultado de las políticas de ampliación del sistema escolar —especialmente en el nivel fundamental— conducidas por el Ministerio de Educación en los últimos años(7). Por otro lado, la reducción de los niveles de empleo aumenta la competencia de los trabajadores por un puesto de trabajo, permitiendo mayor selectividad en relación a la escolaridad.

¿Qué factores hicieron mudar el perfil de educación de la masa de trabajadores industriales? Si consideramos el conjunto de los sectores podemos decir que los cambios en la organización del trabajo tuvieron un peso decisivo. El uso de herramientas de calidad, como el CEP; de formas de gestión participativa conteniendo programas de sugestiones; la difusión de células de producción que exigen habilidades de comunicación; así como los requisitos de formación contenidos en las normas ISO resultaron imposibles de aplicar sin un aumento de escolaridad de los trabajadores. Les fue exigida capacidad para leer, escribir, realizar cálculos, expresarse oralmente, interpretar y seguir instrucciones y padrones de trabajo, datos y manuales. Portugués y matemáticas: he aquí dos demandas fundamentales de la producción a la escuela. Llama la atención la escasa importancia atribuida a las ciencias(8).

Dado que la difusión de nuevas tecnologías se mostró bastante más heterogénea entre los sectores que las innovaciones organizacionales, también lo fueron sus impactos sobre las exigencias de escolaridad. Con frecuencia se observó que trabajadores más escolarizados (por ejemplo, con enseñanza media completa) son ubicados en las áreas tecnológicamente más modernas de las empresas. Eso se explica por la exigencia de formas de raciocinio más complejas y abstractas para manejar las nuevas tecnologías, con sus informaciones codificadas. Además, ellas son mucho más “oscuras” para permitir un tipo de aprendizaje práctico en comparación con los sistemas electro-mecánicos, cuyos principios de funcionamiento son más explícitos y transparentes.

El estudio realizado nos permite argumentar que el aumento en los requisitos de escolaridad funciona como una pieza clave en la transformación de las formas de utilizar la fuerza de trabajo. Sus impactos son visibles en varios dominios:

Es necesario resaltar la importancia del proceso de elevación de los niveles de escolaridad de la fuerza de trabajo brasileña, que hasta hace poco tiempo atrás podía calificarse de semi-analfabeta. El nivel de escolaridad de 2/3 de los trabajadores industriales del Estado de São Paulo —el corazón industrial del país— no superaba los cuatro años al inicio de la década de 90. La escolaridad media en la industria de transformación —esto es, incluyendo desde obreros hasta ingenieros y técnicos— era de 7 años en 1989 y aumentó para 9 años en 1999.

El aumento de los niveles de escolaridad no es apenas importante desde el punto de vista de la calificación para el trabajo, sino también para el desarrollo de la ciudadanía en todas sus formas. Sin embargo, destacados estos aspectos positivos, debemos también, prestar atención a las limitaciones de ese avance. De un lado, vale la pena llamar la atención sobre la calidad de la educación que reciben los trabajadores. Frecuentemente se alude a la fragilidad de los cursos llamados “supletivos” (educación de adultos) realizados en las empresas, instrumentales y orientados para las necesidades más puntuales y urgentes de la producción. El sistema escolar regular, por su vez, registró avances cuantitativos importantes, pero no acompañados por un aumento de su calidad, cuestión objeto de fuertes críticas de los educadores y de la sociedad en general. De otro lado, cabe preguntar si el nivel de escolaridad brindado por la enseñanza fundamental, que la mayor parte de la fuerza de trabajo tenderá a alcanzar en el correr de esta década, es suficiente para que los trabajadores manejen conocimientos cada vez más complejos presentes en la producción y en la vida en general. Creemos que el nuevo trabajador padrón, aunque más escolarizado, no está suficientemente capacitado para acompañar esas transformaciones en un sentido amplio, que incluya no apenas un cierto grado de comprensión de los principios de la ciencia y de la tecnología, sino también la capacidad de reflexión ética sobre su desarrollo, cada vez más necesario.

Con excepción de los sectores más calificados de la fuerza de trabajo —el cuadro de trabajadores permanentes del sector petroquímico, una parte de los trabajadores del sector de tele-equipamientos, y algunos trabajadores de la industria automovilística—, se está lejos de una tendencia generalizada a la intelectualización del trabajo, tal como se suponía, en los años 80, inexorablemente asociada al nuevo paradigma productivo. En este, y en otros tantos aspectos, la reestructuración productiva ha tenido impactos diferenciados sobre el colectivo de los trabajadores.

2.2 Formación sistematizada y entrenamiento práctico: una nueva síntesis

Abordemos ahora otras fuentes de obtención de conocimientos para el trabajo: la formación profesional sistemática fuera o dentro de la empresa, el entrenamiento práctico y la experiencia adquirida en el trabajo. De modo general, podemos decir que las nuevas condiciones tecnológicas y organizacionales, producto de la reestructuración productiva, están conduciendo a una nueva síntesis de esos componentes. En ella pasan a adquirir mayor relevancia las instancias de formación sistemática. Estas no substituyen, sino que se acoplan, a las instancias más tradicionales de entrenamiento en la práctica y de aprendizaje por la propia experiencia en el trabajo. Veamos tales cuestiones con mayor detalle.

En los sectores que emprendieron procesos de reestructuración productiva más significativos, como el automovilístico, petroquímico y de tele-equipamientos y, en menor medida, en la industria de electrodomésticos, las inversiones de las empresas en formación profesional ha aumentado. Esto se ha traducido en una mayor carga horaria anual por trabajador dedicada a la formación. Los sectores textil y de calzados se encuentran, también en ese aspecto, más atrasados, aunque algunos cambios estén comenzando a ocurrir en las empresas líderes.

¿En qué áreas fueron canalizadas estas inversiones? En las industrias automovilística, de electrodomésticos, química y de tele-equipamientos fueron identificados tres ejes: a) cursos técnicos tradicionales: diseño, metrología, soldadura, mecánica, hidráulica, electricidad, neumática, así como seguridad e higiene; b) nuevos contenidos relacionados a las innovaciones tecnológicas y, principalmente, organizacionales, como CEP, TMP, Calidad Total, normas ISO, 5S y, menos difundidos, electrónica e informática; y, c) cursos comportamentales y motivacionales.

La industria petroquímica presentó particularidades, porque en ella, ya era tradicional una formación específica bastante extensa en la empresa, siguiendo a la formación en escuelas técnicas de nivel medio. En los últimos años, se reforzaron las inversiones en entrenamiento, acompañando los niveles de automatización creciente y la introducción de los PQTs.

En la industria textil, a la par de los recientes cambios organizacionales, fue verificado el surgimiento de formas de entrenamiento más formalizadas, orientadas a difundir los conceptos de calidad, clientes internos, etc., incluyendo contenidos técnicos y comportamentales. Situación similar se verifica en algunas empresas líderes de la industria de calzado, que incursionaron en procesos de reestructuración más significativos y están invirtiendo, aunque tímidamente, en una formación de motivación y concientización sobre la calidad.

Este aumento de las inversiones en entrenamiento no se dio de manera uniforme, ni siquiera entre empresas del mismo sector, ni a lo largo de las cadenas productivas. Por ejemplo, en la industria automovilística y en la de tele-equipamientos, fueron las grandes empresas las que más aumentaron la carga horaria en formación. En la industria de electrodomésticos, los entrenamientos formalizados tendieron a ser de corta duración. En el complejo químico-petroquímico, hay fuertes contrastes en las políticas de formación destinadas a los trabajadores permanentes, subcontratados y temporarios; lo mismo ocurre al comparar las industrias petroquímicas y químicas.

La distribución de la formación tampoco fue homogénea dentro de los colectivos obreros de las empresas. Aunque eso no sea perceptible mediante indicadores como “carga horaria media anual por trabajador”, observaciones realizadas por investigadores indicaron la existencia de varias formas de diferenciación. Fueron más beneficiados los trabajadores “centrales” y permanentes de las empresas, algunas categorías de técnicos, los trabajadores incorporados a las nuevas tecnologías y, en algunos casos, los hombres en relación a las mujeres. Así ocurrió en las industrias automovilística, química, de electro domésticos, de tele-equipamientos y textil.

Además de la formación realizada en las empresas, Leite, E. (1997:131-137) considera la ampliación de las matrículas para cursos y entrenamientos en el SENAI(10), ocurrida a partir de mediados de los años 80, otro indicador del aumento de las inversiones en formación por parte de las empresas. La autora constató que en el SENAI del Estado de São Paulo las matrículas pasaron de 252.200 en 1984 a 726.000 en 1992, y a 1.000.000 en 1995, siendo que la mayor parte de esos cursos fue destinada a reciclar trabajadores ya en actividad e incluía una participación creciente —aunque aún muy minoritaria— de trabajadores de medias y pequeñas empresas. Los cursos, en general de corta duración, entre 40 y 80 horas, tuvieron participación creciente de los trabajadores ligados a la producción y tendieron a privilegiar los conocimientos generales en lugar de habilidades puramente operacionales.

Este desarrollo de instancias formales de entrenamiento dentro y fuera de la empresa no abaló, sin embargo, la importancia de los sistemas de formación práctica, on the job. El aspecto más destacado de estos cambios ocurridos en los procedimientos de formación de la fuerza de trabajo, acelerados en la última década, reside en la síntesis de esas modalidades tradicionales de formación práctica con otras más sistematizadas, cuya duración varía según el sector y la posición de los trabajadores en la producción y cuya profundidad está condicionada por el nivel de escolaridad. Esta síntesis sugiere, de un lado, que los sistemas tradicionales de entrenamiento exclusivamente práctico —generalmente orientados a trabajadores sub-escolarizados— se mostraron limitados para acompañar los cambios tecnológicos y organizacionales y para sostener una fuerte necesidad de motivación y transmisión de nuevos valores relacionados al trabajo. Por otro lado, la síntesis entre entrenamiento práctico, conocimiento tácito e instancias formales de educación —orientada a trabajadores más escolarizados— se muestra adecuada a la actual revalorización y canalización de los conocimientos prácticos como fuente continua de innovaciones “menores”, imprescindibles para el desarrollo de los PQT. El conocimiento práctico, tácito, poco sistemático e inseparablemente unido a la situación que lo originó, es de esta forma potenciado y se vuelve más fácilmente transmisible (a través de los programas de sugerencias) por la complementación con conocimientos más sistematizados y formalizados.

Dependiendo del peso relativo que adoptan el entrenamiento práctico y la educación formalizada, y de su combinación con el nivel de escolarización, podemos diferenciar tres situaciones entre los sectores industriales estudiados. La primera es el caso de la industria petroquímica, en la cual la formación sistematizada tiene un peso muy importante y, unida a una escolarización larga, ofrece las bases teóricas que se complementan con un demorado período de adquisición de experiencia práctica. Una situación similar se observa entre los trabajadores más calificados de la industria de telecomunicaciones.

En una segunda situación, conocimientos obtenidos de modo sistemático y práctico se combinan, de la manera ya descripta, tal como está ocurriendo en la industria automovilística, de tele-equipamientos (área de montaje), de electrodomésticos y química. La potencialidad de esta combinación depende de la extensión del entrenamiento formalizado y del nivel de escolaridad.

La tercera situación es la de las industrias textil y de calzados, en las cuales prevalecen las formas tradicionales de formación en la práctica. Los trabajadores obtienen de colegas y a través de la propia experiencia conocimientos empíricos sobre la producción, sobre una base de escolaridad frecuentemente deficiente.

3. Conclusiones

La transformación de las bases tecnológicas y organizacionales de la producción, resultantes del proceso de reestructuración productiva, incitaron cambios significativos en la calificación de la fuerza de trabajo industrial brasilera. Sin embargo, no afectaron por igual a todos los trabajadores. Las viejas diferenciaciones, teorizadas frecuentemente como una tendencia a la polarización de las calificaciones, fueron sustituidas por otras, talvez más profundas, porque aparecen asociadas a nuevas condiciones, muy desiguales, de empleo.

Argumentamos que está ocurriendo un proceso de transformación de los contenidos que definen el trabajo simple así como los diferentes niveles del trabajo complejo. Nuevas condiciones de educación y entrenamiento están difundiéndose entre la fuerza de trabajo industrial. Esta se volvió multifuncional para responder a los requisitos de la nueva base tecnológica y de flexibilidad y a la rápida reducción de efectivos. Las funciones más amplias ahora asumidas, así como el manejo de las nuevas tecnologías requirieron un aumento de su nivel de escolaridad y nuevos procedimientos de formación profesional. Ese nuevo perfil está difundiéndose de manera bastante acelerada en los últimos diez años y consideramos que en los próximos años sea el que caracterice a la mayor parte de los trabajadores industriales que se mantengan empleados.

A partir de este perfil básico, observamos una serie de particularidades que derivan de las características de cada sector productivo, en que se agregan calificaciones específicas. Pudimos ver claramente las diferencias entre un trabajador multifuncional de la industria automovilística, de la industria química y de la industria de calzados: ellos realizan actividades de diversa complejidad, con diversos grados de autonomía, abarcando fases más o menos significativas del proceso productivo. No obstante, son mucho más decisivas las diferencias entre un trabajador multifuncional y otro multicalificado de la industria automovilística o del complejo petroquímico. Esto es, podemos distinguir niveles crecientes de complejidad del trabajo hasta llegar a las características que definen un trabajador industrial calificado: escolaridad más larga (nivel medio o, incluso superior), formación profesional más amplia, alta carga horaria de entrenamiento formalizado dentro de la empresa, manejo del lenguaje informático, márgenes de autonomía considerables, amplia capacidad de razonamiento abstracto y de solución de problemas complejos.

Finalmente, hemos observado cómo los trabajadores incapaces de adecuarse a este nuevo perfil de calificación están en una situación de extrema inestabilidad, sujetos a una peregrinación por empleos intermitentes, desempleados por largos períodos, o ya decididamente marginados del empleo formal. Los aumentos de productividad conseguidos a través de la reestructuración productiva hacen que las empresas no necesiten readecuar todo su cuadro de efectivos a los nuevos requisitos. Los que están en peores condiciones para hacerlo son despedidos.

Los diferentes niveles de acceso de los trabajadores al conocimiento de la producción se combinan con situaciones de empleo también diferenciadas. Estas van desde la estabilidad que goza el núcleo de trabajadores más calificados y flexibles, pasando por la relativa inestabilidad que experimenta la gran masa de trabajadores multifuncionales, hasta la rotatividad permanente, combinada con períodos de desempleo, que sufren los trabajadores más obsoletos en relación a los nuevos requisitos de calificación. Esta estrecha vinculación entre niveles de calificación y calidad del empleo constituye una característica específica de las nuevas formas de utilización de la fuerza de trabajo que resultaron de la reestructuración productiva, formas estas que están generando una profunda heterogenización entre los trabajadores industriales.

Bibliografía

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SALERNO, Mário. Flexibilidade, organização e trabalho operatório: elementos para análise da produção na industria. Tesis de Doctorado en Ingenieria de Producción, POLI/Universidad de São Paulo, São Paulo, 1991.

Notas

(1)Doctora en Política Científica y Tecnológica. Profesora Adjunta de la Facultad de Educación e investigadora del Núcleo de Estudios sobre Reestructuración Productiva y Educación de la Universidad Federal de Paraná, Curitba, Brasil. E-mail: noela@ufpr.br

(2) Las referencias bibliográficas de los 144 informes y artículos resultantes de investigaciones que fundamentan este trabajo no se detallan aquí por su extensión. Pueden ser consultadas en Invernizzi (2000).

(3) Entendemos el trabajo simple como el empleo de la capacidad de trabajo que todo ser humano común posee en su organismo corpóreo, acrecida del nivel de instrucción que prevalece en determinado momento y lugar para la mayoría de la población. El trabajo complejo, por su parte, requiere de una formación especial, más larga o compleja. El trabajo simple y el trabajo complejo sólo pueden ser comparados, en términos de valor y de contenido, en una sociedad y momento histórico determinados. Su relación en valor es determinada por el mercado, mientras que su contenido varía con las condiciones económico-sociales de cada país, su desarrollo científico-tecnológico, el tipo de relación capital/trabajo que en él predomina, etc. (Traté esta cuestión de forma amplia en Invernizzi, 1996).

(4) En este artículo tratamos solamente de la división técnica del proceso de trabajo, o sea, aquella que ocurre en el interior de un proceso productivo. No obstante, la reestructuración productiva ha propiciado una fuerte profundización de la división social del trabajo, como resultado de las prácticas de subcontratación. En la medida en que un mismo producto pasa a ser producido por muchas unidades fabriles, la calificación del trabajo requerida para su producción se fragmenta.

(5) Forma de conocimiento obtenida a partir de la experiencia de trabajo, fuertemente ligada a la experiencia subjetiva y de difícil trasmisión.

(6) En una refinería de la empresa estatal Petrobrás donde actualmente estoy realizando una investigación, 60 % de los operadores de planta tienen nivel terciario completo o incompleto. Esa situación es completamente excepcional entre la fuerza de trabajo industrial brasilera.

(7) El Censo de Población realizado en 2000 confirma la tendencia a la universalización de la educación en la faja de 7 a 14 años, llegando a 95% la tasa de matrícula de los niños entre esas edades. Estas tasas de escolarización nunca antes habían sido alcanzadas (IBGE, 2002).

(8) Observación semejante realiza Amsdem (1989:219) analizando la rápida escolarización da fuerza de trabajo en el proceso de industrialización de Corea. Según la autora, el contenido curricular de la escolarización formal se orientó más a la socialización política, la educación moral y el disciplinamiento de la fuerza de trabajo, que a su formación técnica a través de la educación en ciencia y tecnología.

(9) Melo (1999:108-108) argumenta que las exigencias de formación de trabajadores contenidas en las normas ISO son bastante genéricas y flexibles. Así por ejemplo, las normas ISO 9002 establecen que: “ [...] el personal que ejecuta tareas específicamente designadas debe ser calificado con base en la instrucción, entrenamiento y/o experiencia apropiados conforme requerido.” (NBR ISO 9002:1994, ítem 4.18 p. 8).

(10) El SENAI, Serviço Nacional de Aprendizagem Industrial, es la principal institución brasilera de formación de mano de obra industrial. Es administrado por organizaciones patronales de industriales y su presupuesto proviene de contribuciones obreras y patronales.