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El libro y los derechos de autor en la Sociedad de la Información (1)

Mónica Torres(2)
Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe –CERLALC

Presentado en: I Reunión de Ministros Iberoamericanos de Sociedad de la Información. Madrid, España, 27 y 28 de septiembre de 2001

Generalidades

Las denominadas redes digitales, fruto de la combinación de la informática y las telecomunicaciones, no sólo son una novedosa herramienta para la transmisión de datos e información, sino que marcaron el inicio de una nueva sociedad, la denominada sociedad de la información, lo que está causando alteraciones en las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales, y está incidiendo definitivamente en el desarrollo de las naciones: “estas superautopistas de la información -o más exactamente, redes de inteligencia distribuida- permitirán compartir la información, conectar y comunicar a la comunidad global…la Infraestructura Global de la Información es el prerrequisito esencial para el desarrollo sostenido”(3)..

La tecnología digital que permite la transmisión de información a costos más bajos y de manera más veloz, comparados con los medios tradicionales, hace posible la comunicación interactiva entre millones de usuarios conectados a la red. En razón a que gran parte de la información que circula a través de las redes digitales, está constituida por obras protegidas por el derecho de autor, la comunidad internacional ha volcado su atención sobre las adecuaciones que debe emprender el derecho de autor, de manera que sea el sistema apto para responder a los desafíos que las tecnologías de la comunicación y la información le han planteado, con el fin de garantizar la libre circulación de bienes culturales, su divulgación y acceso, y a la vez, asegurar a los autores y demás titulares de derechos una protección adecuada a sus obras y a las inversiones en su producción.

La circulación de obras a través de las redes implica un gran avance a los fines de la democratización de la información y del conocimiento, como también nuevas formas de difusión y explotación de las obras para los autores y las industrias del derecho de autor, pero si no se logra regular eficazmente la utilización de las obras en los medios digitales, esto podría entrañar graves perjuicios a los titulares. Se hace necesario, por tanto, propugnar por mantener el equilibrio entre el derecho de autor y el derecho de acceso a las fuentes del conocimiento y de la información, en el entorno digital.

Tecnología digital y el libro

La tecnología digital ha implicado cambios en los distintos órdenes. También ha incidido en los diferentes aspectos relacionados con el libro, en donde el tema adquiere connotaciones especiales, en razón a su poderosa repercusión en el campo educativo y cultural. Esta incidencia de las nuevas tecnologías para el libro se dirige a los diferentes eslabones de la cadena: desde la producción intelectual de obras literarias, en donde el autor se enfrenta a un nuevo universo de posibilidades para difundir sus obras, la industria editorial que cuenta con nuevas formas de explotar económicamente las obras y a la expectativa de conseguir mayores beneficios para sus inversiones y el usuario para quien se abren múltiples formas para acceder al libro, en la expectativa de su abaratamiento y mayor disponibilidad. Lo que implica que las relaciones autor-editor-usuario también sufran algunas variaciones.

Toda la cadena del libro, desde el autor, la industria, hasta el lector o usuario, tienen grandes expectativas acerca de los beneficios que para unos y otros promete la sociedad de la información, y a la vez están alerta acerca de las dificultades que ésta misma traiga. Todos ellos dependen, en fin, de las decisiones de los proveedores de servicios de red(4), ajenos al mundo del libro, cuyo propósito fundamental es simplemente responder a las necesidades del consumidor, en algunos casos, pasando por alto las normas sobre propiedad intelectual (derecho de autor), razón por la cual se hace imperativa una respuesta legislativa, acorde con el marco internacional que al efecto ha establecido el Tratado de la Organización Mundial de la Propiedad intelectual “OMPI” de 1996 sobre Derecho de Autor –TODA- para la adecuada protección de las obras en el entorno digital.

Hace 10 años Bill Gates predijo que con la llegada de la era digital pronto desaparecería el papel. Irónicamente hoy se venden grandes cantidades de libros a través de la red. Las nuevas tecnologías ofrecen nuevas formas de explotación, que han contribuido a abrir un nuevo canal de difusión del libro impreso(5).

Implicaciones para el derecho de autor de nuevas creaciones y de nuevos derechos

Todos estos avances de la tecnología digital tienen sus implicaciones para el derecho de autor, que aún no se acaban de conocer con certeza, en razón a la dinámica misma de la tecnología. No hay que perder de vista que las adecuaciones que deba emprender el derecho de autor para responder a los desafíos que le plantea el nuevo entorno digital, deben tener como uno de sus propósitos principales el de estimular la creatividad, la producción intelectual a nivel local.

Lo cierto es que la Sociedad de la Información ofrecerá al usuario nuevos servicios, que aún no han sido plenamente apropiados por los usuarios. Nuevos servicios que son posibles gracias a la digitalización de las obras, su almacenamiento casi ilimitado y la posibilidad de la interactividad usuario-contenido que permiten ofrecer una amplia variedad de servicios, entre los cuales podemos enunciar las publicaciones periódicas electrónicas, los museos virtuales, las bibliotecas digitales y virtuales, la educación a distancia, entretenimiento (en los sectores de la música, el audiovisual, las obras visuales, los juegos, etcétera).

El libro es quizás uno de los sectores más afectados por las nuevas tecnologías y que ha traído mayores repercusiones para el derecho de autor, en razón a que otros sectores ya habían experimentado y solucionado los problemas derivados de su divulgación a través de soportes intangibles, el libro no. Los siguientes son algunos de los aspectos que el derecho de autor ha tenido que atender y que han tenido repercusiones para el libro:

1. Las producciones multimedia han traído ciertas repercusiones para el sector editorial o de lo escrito. La discusión se ha centrado en saber si se trata o no de una nueva categoría de obras protegidas por el derecho de autor. La novedad no está en la combinación de textos e imágenes (libro ilustrado no tiene nada de novedoso), como tampoco la combinación de texto, sonido e imagen (obras audiovisuales) Lo realmente novedoso es el paso del sistema tradicional al digital que permite la interactividad, la posibilidad de que el usuario extraiga la información según su elección personal. La tecnología digital permite la creación multimedia: que en un mismo soporte se contengan obras de diferentes géneros y que mediante un programa de computador se pueda acceder a la obra por diversas vías, posibilitando una interacción entre contenidos y usuario. Las incertidumbres derivadas de la creación o utilización de obras en el entorno digital acerca de su naturaleza, titulares, modalidades de explotación han ido resolviéndose aplicando los principios rectores del derecho de autor, asimilándolas a categorías ya existentes.

2. Derecho personal o moral ¿desaparición o cambio? A quienes se aventuran a promover tal desaparición, habría que informarles que estos derechos no tienen mayores inconvenientes para las nuevas tecnologías (¿cuál es la diferencia entre aparecer como autor de una obra publicada de forma tradicional y una publicada en la red?) El derecho de integridad, aquel según el cual el autor puede oponerse a cualquier alteración, mutilación o deformación de la obra, manipulación facilitada por la posibilidad de interacción usuario-contenido, podría ser el que suscitara mayores discusiones. Sin embargo, la conveniencia de este derecho en el entorno digital, ha sido defendida como un derecho del consumidor a recibir la información y el conocimiento de manera auténtica, sin distorsiones.

3. Derechos de explotación económica, sin duda importan ventajas para los titulares de derechos, pero al mismo tiempo, es un punto de profundas preocupaciones, como quiera que las nuevas tecnologías permiten nuevas formas de reproducción, de comunicación pública y de distribución de las obras, que permiten su explotación a través de nuevos canales, pero que a la vez implican riesgos que requieren de mecanismos que garanticen una seguridad jurídica en la explotación de las obras para sus titulares. El alcance del derecho de reproducción(6) se ha extendido a actos como la digitalización de textos (conversión de obras de formatos analógicos a formato digital -código binario-), lo que permite mayor facilidad y rapidez en la reproducción de obras, mayor velocidad para hacerlos accesibles al público, mejor calidad de las copias; el almacenamiento de obras en soportes electrónicos adecuados para su transmisión al público, bien sea off-line –soporte material CD-Roms, CD-I, disquete – u on line - soporte inmaterial de memoria donde está almacenada la obra y será transmitida hasta un computador con el que se encuentra conectado a través de la red; las copias intermedias que facilitan la transmisión digital desde el servidor hasta el computador del usuario final; la carga de una obra, su introducción en un soporte electrónico conectado a la red (uploading) para su circulación a través de las redes; y su descarga (downloading), desde el servidor hasta el computador del usuario. Así mismo la transmisión de obras en la red, acceso on-line, operación compleja que implica reproducciones permanentes, provisionales o efímeras y supone la transmisión propiamente dicha de la obra en la red, por el proveedor de servicios, su almacenamiento y visualización por el usuario, actos que constituyen un derecho exclusivo del titular pues consisten en poner a disposición de una pluralidad de personas(7) (más de 400 millones de usuarios de internet), la posibilidad de acceder a la obra en la red, aun cuando efectivamente tal acceso no suceda.

De acuerdo con lo anterior, todo acto de digitalización, almacenamiento en un soporte electrónico y la transmisión digital debe ser expresamente autorizado por el autor o titular, a menos que esté previsto como un caso de libre utilización establecido por el legislador.

4. Los casos de libre utilización de las obras, que serán analizados en cuanto afecten al libro, al tratar el tema del acceso al libro en el entorno digital.

5. Las medidas tecnológicas de protección, que serán analizadas en el aparte de la edición electrónica y los derechos de autor.

La edición electrónica y el derecho de autor

La industria editorial comparte las preocupaciones de las demás industrias culturales en el establecimiento del marco legal que les ofrezca seguridad jurídica, códigos comerciales uniformes, sistemas electrónicos de pago confiables, por mencionar tan sólo algunos aspectos. Las industrias culturales encuentran en la sociedad de la información el espacio ideal para la realización de nuevas actividades y una oportunidad insuperable para potenciar la comercialización del libro a través de las autopistas de la información.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que hacen posible la edición electrónica son tan revolucionarias e implican tantos cambios jurídicos, sociales, culturales, como en su momento lo causó la aparición de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, que terminó con más de 20 siglos de manuscrito, y cuyos efectos jurídicos tardaron casi tres siglos para ser incorporados en un ordenamiento legal.

Frente a estas nuevas realidades el editor deberá definir su nuevo rol en el entorno digital. Porque aun cuando algunos autores se hayan lanzado a publicar sus obras directamente en la red, (Stephen King y otros saltándose la cadena de editores, impresores, distribuidores), se afirma que el editor seguirá siendo necesario para que estas obras así publicadas no desaparezcan en el mar de la información(8). Harán un trabajo de selección y los sellos editoriales orientarán a los usuarios agobiados por una oferta editorial casi infinita.

A inicios del tercer milenio comenzamos a presenciar la era de los libros virtuales para ser leídos a través de las pantallas de los computadores, en los novedosos e-book (aparatos que simulan la página de un libro con una memoria que permite almacenar muchas obras a la vez, respecto de los cuales se afirma que tan solo se han vendido 50.000 ya que su costo es de U$300 y no hay variedad de títulos). Se plantea el debate acerca de la desaparición del libro en papel, que en el caso de las obras literarias seguirá vigente por un largo tiempo (algunos afirman que nunca desaparecerá); frente a las obras de referencia o de consulta (enciclopedias, diccionarios) o publicaciones que requieren una permanente actualización, el soporte digital ofrece grandes ventajas y se impone con rapidez, al aportar ventajas como ahorro en los costos del papel, impresión, distribución, transporte y bodegaje.

Las nuevas tecnologías también han permitido la impresión bajo demanda que a diferencia de la edición tradicional que requiere grandes tirajes para ser rentable, este sistema permite imprimir por el mismo precio unitario cien o un millón de ejemplares y al comprador acceder a obras fuera de catálogo o que el editor no publicó más. Son muchas las ventajas de este sistema en ahorro en manejo de inventarios, viabilidad de bajos tirajes (importancia para usos universitarios), ahorro en distribución, transporte, bodegaje. Es aún muy incipiente este sistema.

Acaban de inventar el papel digital (pantalla electrónica flexible, que tiene las ventajas del papel, con la comodidad, facilidad de lectura, que se le critica al e-book) y tiene la ventaja adicional de poder cambiar y actualizar. No se espera su comercialización antes de cinco años.

Todos estos avances revolucionarios para la industria editorial tienen sus implicaciones para el derecho de autor, puesto que involucran actos de digitalización, almacenamiento y transmisión digital que constituyen actos de explotación de las obras protegidas por el derecho de autor. Estas nuevas formas de explotación, que sólo son algunas dentro de la inmensa gama de posibilidades que permitirán las nuevas tecnologías, deben estar soportadas en una legislación adecuada que garantice la plena seguridad jurídica en las transacciones electrónicas de obras. No obstante, la percepción en el sentido de que para lograr transacciones equitativas entre las partes (titulares y usuarios de obras) en el medio digital tendrán preponderancia las soluciones contractuales, a través de las cuales se establezcan acuerdos sobre los usos de los derechos de reproducción, comunicación pública y de distribución involucrados en la comercialización del libro en la red, y cuyo propósito no debe ser otro que el de asegurar un control adecuado para los titulares y una justa recuperación de la inversión para la industria.

En el comercio electrónico existen dos formas fundamentales de comercialización: 1. Indirecta: en cuyo caso la promoción, información, contratación, transferencia de pago se hace en forma electrónica, pero la distribución y entrega de los productos se hace en forma física. 2. Directa: todos los actos, incluso la distribución y entrega de los productos se hace electrónicamente. Los libros y otras publicaciones impresas y los textos en general, son aptos para su comercialización de ambas formas.

Para asegurar una efectiva protección de las obras en el entorno digital y responder a las amenazas que trae la tecnología se hace necesario acudir a la misma tecnología, tal como lo afirmó Charles Clark, en su muy conocida frase “la respuesta a la máquina está en la máquina misma”. Con este propósito, diferentes agrupaciones de titulares de derechos han impulsado el desarrollo de herramientas técnicas que impidan cualquier acto o uso ilegítimo de una obra protegida. Existen los sistemas anti-copia, que justamente impiden copiar una obra; los sistemas de acceso, para garantizar la seguridad y adecuado acceso a la información y a los contenidos protegidos, como la criptografía, la firma digital, el sobre electrónico; los sistemas de marcado y tatuaje, en los que se inscribe cierta información en un código digital, como la marca de agua.

En relación con este tema, la normativa internacional a través de los Tratados Internet(9), ha establecido la obligación para los Estados miembros de proporcionar protección jurídica adecuada y recursos jurídicos efectivos contra la acción de eludir las medidas tecnológicas efectivas que sean utilizadas por los autores en relación con el ejercicio de sus derechos en virtud del presente Tratado o del Convenio de Berna y que, respecto de sus obras, restrinjan actos que no estén autorizados por los autores concernidos o permitidos por la Ley.

La efectividad en la protección de los derechos intelectuales en el ámbito digital (tanto en las transacciones digitales como en los actos de comercio electrónico) dependerá en gran medida de la acción de sus titulares en la implantación de dispositivos técnicos de autotutela, en razón a ser quienes tienen el interés más legítimo, así como del Estado en la implantación de medidas efectivas que sancionen los actos que eludan estos sistemas de autotutela.

En este propósito de garantizar una efectiva protección de las obras en el entorno digital, la gestión colectiva de derechos de autor adecuada a este mundo digital podrá, mediante la aplicación de dispositivos de identificación y rastreo de obras, controlar su uso de las obras a través de las transmisiones digitales(10).

Acceso al libro y derecho de autor

Las nuevas tecnologías también han tenido repercusiones en las nuevas posibilidades de servicios que pueden ofrecer las bibliotecas para garantizar un acceso equitativo al libro en el entorno digital, así como las instituciones de enseñanza, en cumplimiento de sus propósitos educativos, culturales, científicos, de investigación, etcétera.

Si bien es cierto que en el contexto de la sociedad del conocimiento debemos propugnar por el acceso a la información para todos en el ciberespacio, para que todos los países puedan beneficiarse de las ventajas que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación les puedan reportar para el desarrollo de las naciones, propendiendo por la reducción de la brecha entre países desarrollados y en desarrollo en el entorno digital, también lo es, que las expectativas que ha creado la sociedad de la información tanto para titulares, como para usuarios, no se materializarán hasta que no se logre un delicado equilibrio entre los intereses económicos y los públicos(11).

El derecho de autor, como derecho de propiedad sui generis, tiene una función social que se ha expresado a través de los casos en que se restringe su ejercicio exclusivo, en aras de alcanzar propósitos de orden educativo, cultural y de información. Este tema de las limitaciones y excepciones (usos libres y gratuitos de las obras) ha sido un tema que tradicionalmente ha generado los más hondos debates, pues evidentemente toca intereses de gran impacto para la sociedad referentes a las necesidades de educación, cultura e información.

Estos casos de libre utilización pretenden crear un equilibrio entre el derecho de autor y el derecho a la cultura, a la educación, a la información, los cuales deben enmarcarse dentro de parámetros internacionales, conocidos como usos honrados(12), en razón a que su uso masivo a nivel universal causaría graves perjuicios a la producción y comercialización de bienes intelectuales. Estos casos de libre utilización deben ser expresamente establecidos en la ley y son de interpretación restrictiva(13).

Esto significa que la libre utilización de obras en el entorno digital con fines de enseñanza y las establecidas para las bibliotecas deberán revisarse para establecer si deben ser ampliadas en el entorno digital o no, para adecuarse a los parámetros internacionales señalados por el TODA en su artículo 10, según los cuales debe tratarse de casos especiales, que no atenten contra la normal explotación de la obra y no causen un perjuicio injustificado a los intereses del autor. En qué casos la digitalización, el almacenamiento o la transmisión digital de fondos bibliográficos, o de material educativo, está permitida y en qué casos no lo está.

Habría que analizar si la reproducción digital de fondos bibliográficos con fines de preservación o sustitución de los ejemplares, que se encuentra reglamentada para los usos en los medios analógicos se mantienen en el mundo digital o no.

En relación con las libres reproducciones autorizadas con fines de enseñanza, deberá estudiarse y acordarse qué usos digitales se requieren y no representan perjuicio para los titulares de derechos de acuerdo con la naturaleza y alcance de la explotación de las obras en el medio digital o sujetar las utilizaciones de las obras con fines de enseñanza al pago de una remuneración para sus titulares. Según su reglamentación en las legislaciones de la región, la reproducción digital para la enseñanza no sería posible, pues las normas en general sólo han autorizado la reproducción por medios reprográficos, y la digital no es uno de ellos por la misma razón tampoco se permitiría la libre transmisión digital de obras a través de la red.

En relación con la polémica excepción de la copia privada (según la cual se permite la copia de un solo ejemplar para uso personal), cabría preguntarnos ¿qué ocurriría si una obra impresa que hasta el momento viene siendo reproducida para uso personal a través del fotocopiado, fuera digitalizada e introducida en la red, donde puede ser consultada por millones de personas (más de 400 millones de usuarios), quienes en ejercicio de la excepción de la copia privada podrían realizar copias personales?. Es evidente el perjuicio que se ocasionaría a los titulares de derechos. Frente a la copia privada debe hacerse una profunda reflexión, dado el impacto que su práctica generaría en el ámbito digital para las industrias culturales y titulares de derechos, la cual no podría justificarse más, si se tiene en cuenta que la misma tecnología permite un control sobre tales copias.

Desde las técnicas analógicas ya se anotaba que no se justificaba más como caso de restricción al derecho exclusivo del autor. Evidentemente las técnicas digitales agravan la situación puesto que, como lo afirma André Lucas se aumenta la oferta y mejora la calidad.....hasta tal punto que es de temer que, gracias a la difusión de las técnicas digitales , al autor no le quede ya nada que explotar(14), agregamos: si no se controla su explotación a través de los mismos medios tecnológicos que pueden permitir un seguimiento riguroso de la explotación de obras. Mantener la copia privada como libre reproducción no tiene justificación alguna en el ámbito digital, donde tendría un impacto mucho más negativo para la economía, en razón a que su difusión sería muy superior. ¿Se justificará entonces mantenerla como simple derecho de remuneración, si tenemos en consideración que la misma tecnología puede permitir un control sobre cualquier copia, y el titular podría ejercer su derecho exclusivo?

Como alternativa para atenuar los efectos de la copia privada y ante la imposibilidad de que el titular ejerciera un control sobre la práctica de ésta en hogares y locales privados, vimos que se justificó el establecimiento de licencias no voluntarias, legales u obligatorias. Sin embargo, la tecnología digital podría permitir el control de la copia para uso personal, en razón a su capacidad de detectar y monitorear cualquier copia que se realice de obras protegidas, a través de medidas tecnológicas que impidan o restrinjan las utilizaciones no permitidas. Se puede admitir entonces que los sistemas de copia privada basados en exacciones sobre los soportes y los aparatos, como contrapartida de la legalización de la copia privada, sigan siendo una respuesta válida en los casos en que la técnica no permita impedir la copia. En cambio si se crean medios técnicos que limiten o impidan la copia privada, la justificación de la licencia legal que constituye un sistema de remuneración deja de existir(15).

Nuestras preocupaciones

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación están permitiendo la construcción de la llamada sociedad de la información, que otros preferimos denominar sociedad del conocimiento, frente a lo cual cabría preguntarnos ¿cuál ha de ser la participación de nuestra producción intelectual, cuál la participación económica y cultural de nuestras industrias culturales en las redes? ¿cuál será la presencia de nuestra lengua (que según los conocedores hoy no llega siquiera al 2%)? Los países iberoamericanos son importantes generadores de contenidos (obras protegidas por el derecho de autor y otras prestaciones para su circulación en la red), es reconocida a nivel internacional su producción de obras protegidas por el derecho de autor: en el campo literario, en el artístico, en el audiovisual e incluso en el del software a medida. Frente a fenómenos como el de la concentración de empresas al cual estamos asistiendo (a través de grandes fusiones entre dueños de la red y dueños de contenidos), la producción intelectual iberoamericana podría constituir un importante factor en la competitividad internacional, teniendo en cuenta el mercado superior a los 400 millones de hispanoparlantes. ¿Cómo garantizar la protección a esos contenidos, sino es a través de un sistema riguroso de propiedad intelectual, particularmente, de derecho de autor?

Es de destacar el esfuerzo que en la última década han hecho nuestros países para la modernización, actualización y adecuación de las leyes de derecho de autor a los parámetros internacionales, a través de la adhesión y ratificación de los diferentes tratados y acuerdos internacionales sobre la materia: Convenio de Berna, Acuerdo sobre los Aspectos de los derechos de Propiedad intelectual relacionados con el Comercio, ADPIC, los Tratados Internet(16) (de 24 ratificaciones actuales, 9 son de países latinoamericanos). Hoy debemos propugnar por una legislación que atienda las especiales necesidades de nuestra región en materia de acceso a la educación, a la cultura y a la información, pero que a la vez contribuya a fortalecer la producción intelectual local y a favorecer el crecimiento de las industrias culturales de la región, propendiendo por una presencia cada vez mayor de las obras iberoamericanas en el espectro internacional, asegurando de esta manera, la preservación de nuestra diversidad cultural.

En el proceso de construcción de la Sociedad de la Información al cual se ven abocados los países iberoamericanos en el contexto de la globalización, el Centro Regional para el Fomento del Libro para América Latina y el Caribe, CERLALC, tiene un vivo interés en contribuir para que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación estén al servicio del desarrollo de la educación, la cultura y la construcción de la sociedad del conocimiento, así como para garantizar el acceso al libro y para fortalecer la presencia de la cultura iberoamericana en las redes digitales, a través del libro.

En consecuencia, el CERLALC tiene el firme propósito de trabajar con los países de la región hacia el logro de un óptimo aprovechamiento de estas nuevas tecnologías, con el propósito de crear condiciones para hacer posible el acceso equitativo al libro, respetando los derechos y libertades fundamentales del hombre y propendiendo por una mejor calidad de vida para nuestros pueblos.

Notas

(1) Este escrito más que una ponencia sobre “El Libro y los Derechos de Autor en la Sociedad de la Información”, es una aproximación a los principales problemas que se han identificado, derivados del proceso de construcción de dicha Sociedad de la Información y a los cuales ya se empiezan a enfrentar los diferentes actores del mundo del libro

(2) Subdirectora de Derecho de Autor del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe –CERLALC-, Secretaria Técnica del Convenio Antipiratería para Colombia, Profesora de la materia en la Universidad del Rosario, de Bogotá.

(3) Al Gore, en Discurso para el lanzamiento del Global Information Infraestructure Program, Buenos Aires, 1994.

(4) SALELLES, José Ramón. El Internet y el libro. En: Seminario Nacional de la OMPI sobre Internet y la Edición Electrónica, OMPI-DIRECCION NACIONAL DE DERECHO DE AUTOR-CÁMARA COLOMBIANA DEL LIBRO, abril de 1999, p. 8.

(5) Según cifras de la Unión Internacional de Editores del año 1996 al 2000 se duplicó el porcentaje de publicaciones electrónicas en general, del 5% al 10%. En España el crecimiento por sectores ha sido impresionante, por ejemplo, el sector de publicaciones periódicas pasó del 1% al 6%, las publicaciones de carácter educativo del 2% al 10%, de las publicaciones de carácter científico, médico y técnico del 1.5% al 15% (fuente: DELIBROS, año XIV No. 139, enero 2001, p. 23

(6) El Tratado de la OMPI sobre derecho de autor –TODA-, obliga al cumplimiento de los artículos 1 a 21 del Convenio de Berna, el cual en la declaración concertada al artículo 1.4. establece que:”El derecho de reproducción tal como se establece en el artículo 9 del Convenio de Berna, y las excepciones permitidas en virtud del mismo, son totalmente aplicables en el entorno digital, en particular a la utilización de obras en forma digital. Queda entendido que el almacenamiento en forma digital en un soporte electrónico de una obra protegida constituye una reproducción en el sentido del artículo 9 del Convenio de Berna.

(7) El artículo 8 del Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor, prevé que el derecho de comunicación pública comprende la puesta a disposición del público de sus obras, de tal forma que los miembros del público puedan acceder a estas obras desde el lugar y en el momento que cada uno de ellos elija.

(8) FICSOR, M. “La transferencia del derecho de autor en el marco de la edición electrónica. Las relaciones legales entre el autor, el editor y el usuario”. En: Seminario Nacional de la OMPI sobre Internet y la Edición Electrónica. OMPI-DIRECCION NACIONAL DE DERECHO DE AUTOR-CÁMARA COLOMBIANA DEL LIBRO, abril 7 a 9 de 1999, p. 1.

(9) Disposición contenida en el artículo 11 del Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor, norma que fue transcrita mutatis mutandis en el artículo 18 del Tratado de la OMPI sobre Interpretación, Ejecución y Fonogramas –TOIEF-.

(10) Por ejemplo para el manejo de obras multimedia, en donde se involucran diferentes categorías de obras protegidas, las sociedades de gestión que administran derechos sobre diferentes categorías de obras, se han unido para desarrollar proyectos que permitan realizar una administración, negociación y licencia de los derechos que se transmiten electrónicamente, creando una red entre ellas. En Europa se han lanzado varios proyectos con este propósito dentro de los cuales vale destacar el VERDI (very extensive rights data information), el INDECS (interoperability of digital content identification systems and rights metadata within multimedia e-commerce), EFRIS (sector specific multimedia rights clearance systems for book publishing), específicos para el audiovisual (TVFILES, PRISAM), para la música (ORS) y otros.

(11) NORMAN, Sandy. Los bibliotecarios: tratamiento de un caso singular. En: Boletín de Derecho de Autor, volumen XXXII, No. 2, abril-junio, 1998, Ed. UNESCO, p. 38.

(12) Conocidos también como la prueba de los tres pasos: que se trate de casos especiales, que no atenten a la normal explotación de la obra y no causen un perjuicio a los intereses de los autores. Principio aplicado en el mundo tradicional (por disposición expresa del Convenio de Berna en su artículo 9.2) y que los tratados Internet trasladaron al entorno digital (el TODA en el art. 10) es decir, que se permite aplicar y ampliar debidamente las limitaciones y excepciones al entorno digital y establecer nuevas, siempre que se cumpla con la prueba de los tres pasos.

(13) El establecimiento de las limitaciones o excepciones en el sistema jurídico o continental, al cual están adscritas las legislaciones iberoamericanas de derecho de autor está sujeto al régimen cerrado, sólo los casos expresamente contemplados por el legislador, acordes con los parámetros internacionales. Por el contrario, las legislaciones del copyright, régimen que está determinado por el concepto del “fair use” o “uso razonable”, así que de manera opuesta al sistema jurídico latino, en el sistema del copyright los casos de limitaciones y excepciones son ilimitados, siempre que se apliquen dentro de este concepto del “fair use”.

(14) LUCAS, André, Boletín de Derecho de Autor, Volumen XXXII, 1999, ediciones UNESCO. pp.8 y 9.

(15) LIBRO VERDE. Los derechos de autor y los derechos afines en la Sociedad de la Información. Comisión de las Comunidades Europeas. Bruselas, Bélgica, 1995, p. 50

(16) Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor y Tratado de la OMPI sobre Interpretación, Ejecución y Fonogramas, aprobados por la Conferencia Diplomática el 20 de diciembre de 1996, conocidos como los tratados Internet y de los cuales forman parte: Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, México, Panamá y Paraguay.

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