CAPÍTULO 2: LOS CAMPOS CONCEPTUALES

2.1. La tecnología

Si se le pregunta a un empresario qué entiende por tecnología, es común encontrar una respuesta que invoque a las máquinas y a las herramientas como los testimonios de lo que es la tecnología, es decir, aparatos, mecanismos, los cuales tienen utilidad o sirven para algo (CPP, 1997). Pero si la pregunta recae en el director de un laboratorio de investigación y desarrollo, la respuesta puede ser otra, y sin embargo estamos hablando de lo mismo, en este caso la tecnología sería ciencia aplicada.

Se trata de dos respuestas muy comunes en el ámbito de la definición de la tecnología, pero se trata de respuestas parciales, que fácilmente no dejan ver más que uno de los lados de la tecnología, y que por lo demás la convierten en un campo de representaciones, de un lado artefactual, en el caso de la alusión a las máquinas, y de otro lado, de tipo intelectualista, al considerar a la tecnología como aplicación de la ciencia. Veamos con un poco de detalle lo que tales representaciones o imágenes significan, con el objetivo de problematizar el concepto de tecnología, incluyendo algunos presupuestos histórico-filosóficos, antes de entrar a definirla.

 

2.1.1. La imagen artefactual de la tecnología

"La concepción artefactual o instrumentista de la tecnología es la visión más arraigada en la vida ordinaria. Se considera que las tecnologías son simples herramientas o artefactos construidas para una diversidad de tareas" (González, et. al., 1996: 130). Como vemos, esta definición recupera la noción del empresario citado arriba. Pero se trata de una imagen según la cual la tecnología tendría siempre como resultado productos industriales de naturaleza material, que se manifiestan en los artefactos tecnológicos considerados como máquinas. Automóviles, teléfonos y computadoras... serían ejemplos, entre otros muchos, de artefactos tecnológicos en los que se cumplirían las condiciones de la definición de tecnología antes comentada. Lo tecnológico sería lo relativo a la moderna producción de bienes materiales que la sociedad demanda.

Esta clase de definiciones corresponde a la tradicional visión de túnel de la ingeniería, al considerar que la tecnología empieza y termina en la máquina (Pacey, 1983). En ella, se privilegia a la utilidad como el fundamento del hacer tecnológico, descuidando así muchos otros factores que intervienen en la elaboración de una tecnología. Se sabe que otros factores adicionales intervienen en el hacer tecnológico, por ejemplo, los valores de goce existencial, ya que se ha detectado que en el corazón de la ingeniería yace una alegría existencial, por hacer obras bien hechas. Otros valores también participan en la actividad tecnológica además de los valores de utilidad, por ejemplo, la creatividad, que no es sólo potestad de la ciencia como en ocasiones se pretende ver. Los valores estéticos por las obras realizadas, bajo la creencia, por ejemplo, de que si lucen bien, están bien hechas. La idea de conquista de la naturaleza, en donde más allá de la experiencia del placer estético y de la capacidad acrecentada que las personas derivan de la tecnología, se encuentra otra fuente de placer asociada al tener bajo control propio la potencia mecánica y ser el amo de una fuerza elemental (lo que explica el entusiasmo de los adolescentes por las motocicletas). En todos estos casos, "...las metas económicas y los motivos utilitarios parecen completamente insignificantes, el imperativo tiene aquí su raíz en <valores virtuosos>, no económicos, e incluso en el impulso deportivo" (Pacey, 1983: 140). Algunas obras como las catedrales o ciertos proyectos como el avión Concorde, ponen de manifiesto que en la tecnología habría dos tipos de valores diferentes que se sobreponen: los relacionados con los objetivos económicos, racionales y materialistas; y otros valores referidos a la búsqueda de la máxima capacidad tecnológica, incluso a la búsqueda de la virtud en sí misma. Los dos conjuntos de valores pueden convivir si no plantean demandas conflictivas y por consiguiente el imperativo de la utilidad resultaría insuficiente para comprender la tecnología.

Esta imagen artefactual de la tecnología tiene otra connotación de grandes alcances, consiste en separar a los objetos tecnológicos de su entramado social. Bajo esta perspectiva se considera que las tecnologías son productos neutros, que pueden ser utilizados para el bien o para el mal, siendo la sociedad la responsable de su uso, ya que la tecnología no respondería más que al criterio de la utilidad y la eficacia y nada tendría que ver con los sistemas políticos o sociales de una sociedad. Pues bien, es posible hacer otra lectura de los mismos objetos tecnológicos, al considerar que la tecnología es un sistema de acciones en donde se plasman intereses sociales, económicos y políticos de aquellos que diseñan, desarrollan, financian y controlan una tecnología . "Lejos de ser neutrales, nuestras tecnologías dan un contenido real al espacio de vida en que son aplicadas, incrementando ciertos fines, negando e incluso destruyendo otros" (Winner, 1977: 38).

La tecnología, debemos empezar a considerarla como un sistema que integra conocimientos, procesos organizativos, valores y representaciones culturales, así como elementos técnicos; tal definición se aplica para sistemas materiales como sociales (pues la tecnología también puede ser un sistema organizativo y no sólo la construcción de una máquina o equipo). El trazado de una avenida, la construcción de un tipo de solución de vivienda, la elaboración de un coche de lujo, el diseño de una universidad, así como la reestructuración de una empresa, en fin, serían tecnologías, y como tales se diseñan con presupuestos técnicos, políticos, económicos y sociales, y no son sólo productos que sigan la noción instrumental de la utilidad y la eficacia.

La tecnología, lejos de ser neutral, refleja los planes, propósitos y valores de nuestra sociedad. Además, esta idea de tecnología artefactual y neutral, convierte a los expertos, científicos e ingenieros en aquellos que detentan el derecho a decidir lo que es tecnológicamente "correcto y objetivo", dejando por fuera la participación de la comunidad en toda decisión tecnológica.

 

2.1.2. La imagen intelectualista de la tecnología

La imagen intelectualista comprende la idea de que la tecnología es ciencia aplicada. Este punto de vista involucra el modelo sobre progreso humano que se preconiza desde mediados del siglo veinte: creer que a más ciencia, tendremos más tecnología y por consiguiente más progreso económico, lo cual nos trae inevitablemente más progreso social. Esta ecuación ha venido siendo cuestionada cuando se ha visto que al final de la misma no siempre sale más progreso social, también salen otros productos, como más contaminación, más riesgo tecnocientífico, más desigualdad entre ricos y pobres (no prevista), más desempleo relacionado con los cambios tecnológicos (al menos en una primera etapa).

Una de las formas de cuestionar el argumento de que la tecnología es solo ciencia aplicada ha sido estudiando algunos momentos históricos de la tecnología, los cuales demuestran cierta especificidad del conocimiento tecnológico y una relación más amplia con la ciencia. Tales momentos históricos nos dicen, según Staudenmaier (1985), que:

•  La tecnología modifica con frecuencia los conceptos científicos, o bien utiliza los propios de la ingeniería.

•  La tecnología utiliza datos diferentes a los que proporciona la ciencia, por ejemplo, los conceptos fundamentales del diseño, las consideraciones prácticas e instrumentales, entre otras.

•  La especificidad del conocimiento tecnológico: aunque existen fuertes paralelismos entre las teorías científicas y las teorías tecnológicas, los presupuestos subyacentes son diferentes.

•  La dependencia de la tecnología de las habilidades técnicas: se sigue considerando de gran importancia para la tecnología el papel de las habilidades técnicas.

Estas cuatro líneas de argumentación no niegan que exista una relación entre la ciencia y la tecnología, lo que niegan es que esta relación sea exclusivamente de ciencia aplicada. En otras palabras, aunque la conceptualización de la tecnología entendida como ciencia aplicada ha sido históricamente muy importante, hoy en día es difícil de defender. Parece existir un consenso en entender la ciencia y la tecnología como dos subculturas simétricamente interdependientes.

 

2.1.3. Precisiones sobre la tecnología

De manera más exacta, podemos definir la tecnología como sistemas diseñados para realizar alguna función. Se habla entonces de tecnología como sistemas y no sólo de artefactos, para incluir tanto instrumentos materiales como tecnologías de carácter organizativo.

Uno de los conceptos más significativos que ayudan a comprender a la tecnología a partir de su carácter sistémico, es la interpretación de la tecnología como práctica. El concepto de práctica tecnológica "...viene a ser la aplicación del conocimiento científico u organizado a las tareas prácticas por medio de sistemas ordenados que incluyen a las personas, las organizaciones, los organismos vivientes y las máquinas" (Pacey, 1983:21).

La práctica tecnológica abarcaría tres dimensiones:

•  El aspecto organizacional, que relaciona las facetas de la administración y la política públicas, con las actividades de ingenieros, diseñadores, administradores, técnicos y trabajadores de la producción, usuarios y consumidores;

•  El aspecto técnico, que involucra las máquinas, técnicas y conocimientos, con la actividad esencial de hacer funcionar las cosas;

•  El aspecto cultural o ideológico, que se refiere a los valores, las ideas, y la actividad creadora. La práctica tecnológica encierra la integración de estos tres elementos en un sistema, así:

 

El concepto de práctica tecnológica considera a la tecnología como un sistema o sociosistema. El sistema permite intercambios y comunicaciones permanentes de los diversos aspectos de la operación técnica (instrumentos, máquinas, métodos, instituciones, mercados, etc.). el sistema también involucra a la administración, mediante el tejido de relaciones implicados; además, el sistema envuelve el marco de representaciones y valores de los agentes del proceso.

El carácter de sistema permite poner en relación, a los individuos y grupos (productores, consumidores, participantes del intercambio), con los materiales y medios disponibles, y los fines a desarrollar.

Tras este análisis de la tecnología y su relación con la utilidad y la ciencia, podemos concluir lo siguiente:

•  Se puede definir a la tecnología como sistemas diseñados para realizar alguna función.

•  La tecnología es producto del conocimiento tecnológico y de otros factores como valores, contextos sociales, económicos, políticos, etc.

•  La práctica tecnológica es un modelo de comprensión de la tecnología que tiene en cuenta la complejidad y heterogeneidad de sus componentes (físicos, organizativos y culturales), los cuales contribuyen directamente a las metas comunes del sistema.

 

2.2 La relación Tecnología y Sociedad

La relación tecnología y sociedad puede ser muy amplia y variada, puede comprender aspectos de la producción económica, la vivienda, el transporte, la recreación, la salud, la educación, etc. Es difícil tratar en unas pocas páginas todos estos aspectos, más aún cuando han variando a lo largo de la sociedad. En ese sentido, partiremos de una estructura global, tal como la entiende Javier Echeverría (1999), dicha distinción nos ayuda a ver las implicaciones de las nuevas tecnologías en la sociedad actual.

Según Echeverría (1999), si tenemos en cuenta la ciencia y la tecnología, podemos clasificar las sociedades, en sociedades de primer, segundo y tercer entorno. Veamos cada uno de estos entornos.

El primer entorno o E1, el, el medio característico es el natural, a este medio natural es al que evolutivamente ha ido adaptándose la especie humana. Son sociedades de este primer entorno las llamadas culturas de subsistencia -sedentarias o nómadas- basadas en la caza, en la agricultura, en la pesca, en la ganadería o en los recursos naturales. En este primer entorno sólo se percibe como existente lo que está presente físicamente y a corta distancia. Esa presencia física y cercana es simultánea a nuestra propia experiencia física. Las "formas propias" de este entorno, basado en actividades técnicas, son: el cuerpo humano, el clan, la tribu, la familia, la choza, el corral, la casa, la aldea, el trabajo, el trueque, la propiedad, la lengua hablada, la agricultura, la ganadería, los ritos, los lugares sagrados, las divinidades...

En el segundo entorno (E2), el medio característico es el medio cultural, social y urbano, es decir, una sobrenaturaleza producida gracias a la técnica y la industria. Las relaciones humanas que se dan en las sociedades de este entorno son las propias de las relaciones urbanas, y el ámbito de las relaciones se amplía a los conceptos de comarcas, territorios, países, etc. En las sociedades de este segundo entorno se han ido instituyendo distintas formas de poder que no existían en E1, como el poder religioso, el militar, el político, el económico, etc. Puesto que el desarrollo de este segundo entorno no significa la desaparición del primero, se producen conflictos y tensiones entre las formas de propias de cada uno de ellos. Son formas propias de E2 la vestimenta, la familia, la persona, el individuo, el mercado, el taller, la empresa, la industria, el dinero, los bancos, las escuelas, los cementerios, la escritura, las ciencias, las máquinas, el derecho, la ciudad, la nación, el estado, las iglesias...

A pesar de las diferencias, lo que acerca a E1 y E2 y las aleja de E3, son las propiedades relevantes desde la perspectiva de la interacción entre los seres humanos. Las propiedades más importantes en E1 y E2 son, por un lado, topológicas, pues nos encontramos con recintos con interior, frontera y exterior; y por otro lado, métricas, pues hay una gran dependencia de la vecindad y la proximidad, tanto espacial como temporal.

El tercer entorno o E3, propuesto por Echeverría, es una nueva forma de sobrenaturaleza que depende en gran medida de una serie de innovaciones tecnológicas. Conforme surjan nuevos avances tecnocientíficos, las propiedades del tercer entorno se irán modificando por ser un espacio básicamente artificial. E3 está posibilitado por una serie de tecnologías, entre las cuales mencionaremos siete: el teléfono, la radio, la televisión, el dinero electrónico, las redes telemáticas, los multimedia y el hipertexto. La construcción y el funcionamiento de cada uno de esos artefactos presuponen numerosos conocimientos científicos y tecnológicos (electricidad, electrónica, informática, transistorización, digitalización, óptica, compresión, criptología, etc.), motivo por el cual conviene subrayar que la construcción del tercer entorno sólo ha comenzado a ser posible para los seres humanos tras numerosos avances científicos y técnicos. El tercer entorno es uno de los resultados de la tecnociencia, y por ello ha emergido en aquellos países que han logrado un mayor avance tecnocientífico.

Echeverría llama Telépolis (la ciudad global, la ciudad a distancia) al conjunto de formas de interacción social que se han ido desarrollando en E3 durante las décadas finales del siglo XX; E3 como Telépolis tienden a expandirse por todo el planeta. E3 está modificando profundamente la vida social, tanto en los ámbitos públicos como en los privados: incide sobre la producción, el trabajo, el comercio, el dinero, la escritura, la identidad personal, la noción de territorio y la memoria, y también sobre la política, la ciencia, la información y las comunicaciones, y la educación. Esta idea de Echeverría de E3, es un nuevo tipo de sociedad, que no se aleja mucho de la idea de sociedad mundial, de la idea de "aldea global", "tercera ola", entre otras ("ciberespacio", "sociedad de la información", "frontera electrónica", "realidad virtual"), etc.

Ahora bien, puesto que las tecnologías son sistemas de acciones humanas, no basta con los artefactos. Se requieren además de agentes tecnosociales , es decir, sectores sociales interesados en promover el desarrollo de los sistemas. En las sociedades agrarias del primer entorno no basta con disponer de buena tierra, buenos pastos, buenos caladeros o buenos recursos minerales en el subsuelo. Tampoco basta con haber inventado los utensilios y herramientas para cultivar los campos, criar el ganado, pescar en mar abierta, extraer los minerales de los posibles filones o sacar agua de las capas freáticas del subsuelo mediante pozos. Además, son precisos agentes que hagan esas labores, y todavía más, se requiere de una sociedad organizada en torno a dichas actividades, de modo que la productividad y la riqueza social dependan de dichas acciones.

Otro tanto ocurre en el caso de una sociedad basada en el comercio y la industria, si bien los escenarios (tiendas, ferias, mercados, fábricas, polígonos industriales, zonas comerciales en las ciudades), las herramientas (escaparates, libros de cuentas, muestrarios, máquinas, transportes) y los agentes sociales (empresarios, trabajadores, transportistas, almacenistas, vendedores, consumidores) son distintos a los de las sociedades agrarias. Sigue siendo fundamental que la propia sociedad se organice en torno a la producción industrial y al intercambio comercial, desarrollando para ello nuevas técnicas de organización social.

Pues bien, otro tanto ocurre con la emergencia de la sociedad de entorno 3. Para su desarrollo no basta con el sistema de las nuevas tecnologías, ni con la construcción y mantenimiento del espacio electrónico. Se requieren además agentes informacionales (infoagentes, teleagentes, agentes-red) que produzcan, distribuyan y utilicen el nuevo tipo de bienes. Ante todo es preciso que las sociedades se organicen en torno a la nueva fuente de riqueza y poder: la información y el conocimiento (Echeverría, 2004).

Vivimos en sociedades donde los principales flujos ya no son de energía, sino de información. Quizás lo que se necesita ahora, para tener poder, es saber cómo utilizar y manejar responsablemente ese caudal de informaciones, a veces contradictorias y complejas. Al respecto, la Educación en Ciencia, Tecnología y Sociedad puede aportar en dicho proceso.

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