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Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

Ciudad de Panamá, Panamá, 5 y 6 de septiembre de 2000

Educación y cultura

Ricardo Santillán Gúemes

1 - En tierras del desencuentro

En los tiempos que corren, vaciados de sentido y pletóricos de incertidumbre, es de fundamental importancia reflexionar, una vez más, sobre el tipo de relación que suele darse entre Educación y Cultura en tanto espacios de gestión de alta relevancia por tener a su cargo la responsabilidad de orientar la forma en que se expresa y se construye un determinado modelo de humanidad y no otro/s.

A nuestro entender dicha relación sigue siendo harto problemática cuando no directamente conflictiva especialmente porque entre los protagonistas del campo de la gestión educativa y los del campo de la gestión cultural suele primar el desconocimiento y/o el desencuentro sobre lo que, cada vez más, se hace necesario lograr: la comprensión y el encuentro fundante y fecundo.

Es evidente que, hasta el momento, no existen carriles eficaces que posibiliten poner en marcha un proceso dinámico dentro del cual ninguna de las dos partes tenga la necesidad de perder su identidad como sector pero sí la obligación de promover acciones signadas por la sinergia.

El desencuentro se manifiesta tanto en el nivel político como en las producciones teóricas y en las prácticas concretas. Entre otros entendemos que los principales motivos que generan esta realidad son los siguientes:

Frente a este panorama, por supuesto que brevemente esbozado, nos proponemos:

2 - La visión restringida de cultura como obstáculo para una acción integrada

Hay un viejo y conocido refrán que asevera: "dime con quién andas y te diré quién eres".

Tomando en cuenta la aguda observación antropológica que encierra podemos jugar a convertirlo en este otro: “dime qué mapa de la naturaleza humana tienes (o sea: cómo te contestas la pregunta “qué es el hombre”) y te diré qué universo cultural y educativo construyes desde allí ”.

Y, en una escala más concreta y relacionada con nuestra temática específica, podemos presentarlo así: "dime qué concepción de cultura tienes o con cuál te identificas y te diré qué programas, proyectos y acciones culturales y educativas podrás desarrollar desde la misma".

En la actualidad se siguen confrontando dos concepciones de cultura: una restringida y elitista que la considera como “el cultivo de las ciencias, las artes y las letras” y otra amplia y socio – antropológica cuya expresión más exacerbada se sintetiza en decir que “todo lo hecho por el hombre es cultura”.

Con relación al tema que nos ocupa podemos afirmar que ninguna de las dos aporta elementos para gestar una acción integrada entre los dos campos. La segunda por su extensión desmedida y la primera porque, al ser implementada políticamente, no sólo genera el desencuentro sino también la desigualdad social e, incluso, la injusticia al no reconocer a otros, a las mayorías, como creadoras y transmisoras de producciones culturales varias.

Hace algunas décadas en el seno de la UNESCO se realiza la siguiente reflexión que sonó como una voz de alerta no escuchada y que, a nuestro entender sigue vigente: “La cultura definida únicamente a partir de criterios estéticos no expresa la realidad de otras formas culturales. Hay una tendencia unánime a favor de una definición socio - antropológica de la cultura que abarque los rasgos existenciales, es decir concretos de pueblos enteros: los modos de vida y de producción, los sistemas de valores, las opiniones y creencias, etc."(1).

Pero lo destacable es que, a pesar de los esfuerzos y de las posteriores recomendaciones producidas por dicha institución, y de los importantísimos aportes realizados por la Antropología (especialmente las definiciones de Klemm (2) y Tylor (3) en el siglo XIX y la de Kroeber y Kluckhohn en 1952 (4)) desde su fundación como ciencia hacia mediados del siglo XIX, aquel modelo cerrado y socialmente discriminatorio que se impuso a mediados del siglo XVIII, sigue sosteniendo políticas y acciones culturales, tanto oficiales como privadas y subyace, por lo menos como actitud, en la casi totalidad de los planes de estudios y, lo peor de todo, en el "sentido común".

Continúa apuntalando la concepción patrimonial, museal y artística de la política cultural cuyas preocupaciones principales son, según E. Ander Egg (5), “el fomento de las actividades superiores y la conservación del patrimonio cultural”. Esta concepción por lo menos hasta los años sesenta se ocultaba detrás de una aparente ausencia de política cultural aunque, obviamente y como bien lo señala V. J. Ventosa Pérez (6), sus representantes promovían una cultura de elite cuyas principales características eran el academicismo, el individualismo, el dogmatismo y el exclusivismo.

Pero además sigue fundamentando políticas centradas en la difusión cultural (“transmitir y difundir las riquezas del patrimonio cultural y, de manera especial, la producción artística”) que derivan en la propuesta que, de manera general, Ander Egg denomina democratización de lacultura y que puede llegar a expresarse ligada a la cultura de masas.

En esta línea se parte de la premisa de que la cultura "es algo ya establecido que hay que acercar a la población...(y, de esta manera)...elevar el nivel cultural de las masas (7)".

Sin desconocer la buena voluntad que tienen algunos de sus mentores, esta forma verticalista de hacer política cultural podría sintetizarse en consignas tales como “llevar la cultura a los barrios” o “la cultura se mueve: del centro a la periferia”. Esto significa, indudablemente, que algunos tienen la llave de la cultura y se dignan divulgarla y “mostrarla” a los que carecen de ella lo que, como dice A. Colombres (8), "no deja de ser una empresa unilateral, sin interacción recíproca, que a la postre funciona como un obstáculo y no como puente a la democracia cultural. Más importante que poner en manos del pueblo una cultura "universal" recortada, desactivada, descontextualizada y epidérmica es abrir al pueblo los espacios de expresión y cederle los recursos que le corresponden para que pueda desarrollar su propia cultura, descolonizarla, explorar sus posibilidades y alcanzar su florecimiento. En el camino éste irá tomando lo que le interese, conforme a sus proyectos, puntos de vista y necesidades reales, de la llamada cultura universal".

Desde hace más de una década se han comenzado a plantear políticas que tienen como objetivo estratégico la realización de la democracia cultural considerada como un sistema que pretende repartir " en forma equitativa entre los grupos sociales los espacios y recursos de la cultura, dando así a todos igual oportunidad de desarrollar sus propios valores y de acceder a los creados por otros pueblos. Sería el (ejercicio del)pluralismo cultural" (9).

Es justamente dentro de este tipo de planteos que pretendemos hacer algunos aportes presentando enseguida, y con cierto detalle, una concepción socio - antropológica de cultura que recupera el sentido original del término y que, además, puede colaborar en la articulación creativa de los sectores Educación y Cultura y, fundamentalmente pasar de un modelo cultural cerrado, vigente en ambos sectores, a otro abierto, integrador, plenificante.

Pasar de un modelo desde el cual se generan solamente cierto tipo de actividades (ver recuadro) a otro creativo y abierto que incorpore, contenga y despliegue otras expectativas de la vida comunitaria.

Clarificar esto desde "lo teórico" ayudará a resolver, en "lo práctico", ciertas tensiones, olvidos y paradojas presentes desde hace tiempo pero pocas veces explicitadas y que, lamentablemente, producen ruido y malestar en el campo de la gestión cultural y educativa y profundizan el desencuentro. Asimismo se evitará seguir cayendo en la superposición de actividades, ofreciéndose más de lo mismo, y continuar desconociendo otras necesidades y aspiraciones de los ciudadanos.

Sector Cultura - Principales Actividades

3 - La cultura como forma integral de vida: un puente posible

No es común recordar que, en su origen, la palabra cultura está relacionada o menta el cultivo de la tierra (cultus) con todas sus implicancias: la transformación de la naturaleza a partir del trabajo y los cuidados pertinentes, las relaciones comunitarias, los rituales a los dioses y las fiestas de principio y fin de cosecha.

Tampoco se recuerda que el término está ligado a la acción de habitar (collo, collere) dentro de un mundo, de un ámbito labrado o trabajado por el hombre. Indica, por lo tanto, una fuerte relación con un suelo, con un territorio que de mero espacio natural es cambiado, a través de un proceso de apropiación material y simbólica, en un espacio cultural.

La expresión nace, entonces, en un determinado contexto y asociada a esa acción de transformar la naturaleza (cambio de forma y sentido), a la creación de un orden humano, de un cosmos, de una morada, de un hogar existencial y dando cuenta, además, de un hecho social total que transcurre en la vida cotidiana y que incluye la participación social.

Como es sabido con el tiempo este significado "terrenal" y ligado al mundo doméstico, al pago, a la querencia, a un espacio cultural muy concreto, se fue desplazando a otro tipo de cultivos: el de la conciencia racional en sus variantes científica y tecnológica y, también, a otras concreciones del "mundo del espíritu"; muy especialmente al desarrollo de las "bellas" artes, la música "seria" y la "gran" literatura.

Esta visión, sin duda restringida y que ya fue comentada, comienza a instituirse de a poco a partir del Renacimiento y, al afirmarse, se torna excluyente porque termina jerarquizando un determinado tipo de cultivos - los recién mencionados - en detrimento y/o directa exclusión de muchos otros,los relacionados con los saberes y modos de ser de las clases subalternas.

De esta manera el término cultura queda asociado a diversos procesos de "refinamientoespiritual"a través de los cuales cortesanos y burgueses devienen hombres "cultos", "ilustrados", "instruidos", "educados", "leídos", "refinados" y "sofisticados"."Poco a poco - dicen G. Magrassi y otros (10) -, el sentido aristocratizante connotado concluirá por escindir al individuo "cultivado" del resto de la comunidad a la que pertenece".

Y esto es importante, el cómo los poderes van desplazando de la escena todo lo relacionado con lo comunitario y exacerbando la separatividad y el consecuente individualismo.

Frente a esta concepción restringida, etnocéntrica y luego egocéntrica, proponemos recuperar esa atmósfera de integralidad que el termino cultura tuvo en sus orígenes e ir en busca de lo que llamaremos “matriz cultural básica”.

Es sabido que el hombre (11) aislado carece de sentido y sólo se es humano entre los humanos. Por eso nuestro punto de partida operativo es "el hombre en comunidad", la comunidad o, dicho de otra manera, el hombre en relaciónporque su naturaleza social lo lleva a entablar, en cada momento de su vida, infinidad de conexiones, tangibles o no.

Ante la imposibilidad de dar cuenta del sinnúmero de relacionesque se gestan nos vemos obligados a agruparlas alrededor de algunas que, a nuestro entender, son esenciales y fundantes porque conforman la plataforma, el molde, la matriz,a partir de la cual una comunidad gesta una determinada forma de vida. A saber:

a) Las relaciones que la comunidad entabla con la naturaleza, con el entorno natural en el cual se asienta. Nos referimos a ese conjunto de relaciones que tienen como eje todo lo que tiene que ver con la instalación humana y la participación en un nicho ecológico del cual se saca el sustento a través del trabajo. En este "bloque" de relaciones se asientan y despliegan los procesos adaptativos que, a su vez, combinan elementos culturales varios pero, fundamentalmente, tecno - económicos y organizativos.
b) Las relaciones que los hombres de una comunidad, al organizarse, establecen entre sí. Relaciones de producción y humanas en general, estructura social, poder, sistemas de participación y parentesco, despliegue del ciclo vital, rituales de todo tipo, fiestas, códigos comunicacionales y configuraciones simbólico - expresivas varias.
c) Las relaciones que una comunidad mantiene con otras comunidades. Encuentros y desencuentros. Guerra, paz, intercambios varios.
d) Las relaciones que la comunidad establece con lo que ella vive y califica como sagrado. Con todo aquello que es sentido como desbordante respecto de lo humano y que fue denominado de las más diversas maneras: lo sobrenatural, el misterio, lo indeterminado, lo incognoscible, lo trascendente, lo numinoso, etc. Según los casos habrá una afirmación o una negación de está relación.
e) Hay un quinto grupo de relaciones a tener en cuenta en determinado tipo de sociedades históricas: las que cada miembro de una comunidad, en tanto persona, mantiene consigo mismo (con su cuerpo, su mundo interno) y con la totalidad(naturaleza, comunidad, otras comunidades, lo sagrado). Esto permite observar, también, las diversas formas de realización social.

A lo largo de sus experiencias colectivas e históricas los distintos grupos humanos irán gestando maneras propias y recurrentes de resolver estas relaciones y de construir un sistema o dominio relacional que los identificará y, por lo tanto, los diferenciará de otros grupos.

Por supuesto que al hablar de "resolver" las relaciones estamos considerando los aspectos tangibles e intangibles de la resolución y, por lo tanto, incorporando lo intersubjetivo con toda su complejidad. Así, otorgamos relevancia al “cómo" un grupo las encara, tanto desde lo físico (elementos y procesos materiales) como desde lo emocional y mental (motivaciones, principios y propósitos que fundamentan su hacer). Desde esta óptica el "resolver" contiene el cómo se tiende a: percibir, concretar, sentir, intuir, pensar, significar, valorar, imaginar, expresar y organizar las relaciones. Y, esto, no sólo respecto de cada relación sino también de la totalidad de las mismas.

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta el momento, y tratando de recuperar aspectos de la acepción original del término, proponemos definir culturacomo el cultivo (cuidado, atención, despliegue) de:

una forma integral de vida creada histórica y socialmente por una comunidad a partir de su particular manera de resolver - desde lo físico, emocional y mental - las relaciones que mantiene con la naturaleza, consigo misma, con otras comunidades y con lo que considera sagrado,con el propósito de dar continuidad y sentido a la totalidad de su existencia (12).

Entendida de esta manera, la cultura no aparece como un fin en sí sino como el medio creado por los hombres en comunidad para entablar, con voz propia, su diálogo con el universo.

El medio a través del cual cada pueblo, cada grupo humano, se mancomuna sobre la base de sentimientos, lenguajes, conocimientos, valores y prácticas similares, transmitidas y recreadas de generación en generación y en función de determinados principios y propósitos que, al actualizarse históricamente, identifican y aglutinan al grupo en torno a horizontes simbólicos comunes y estrategias de vida compartida.

Entendemos que con esta propuesta se comienza a ordenar, jerarquizar y operativizar, de alguna manera, la clásica definición que dice que “todo lo hecho por el hombre es cultura”.

Al mismo tiempo queda claro que las dos principales finalidades de una cultura son: garantizar la "continuidad" de una comunidad y otorgar "sentido" a la totalidad de su existencia.

El otorgar relevancia a la continuidad introduce lo temporal, lo histórico, la necesidad de concretar una traspaso cultural de una generación a otra, la existencia de una tradición factible de ser transgredida (o no), la presencia de una identidad básica y de una memoria colectiva.

Entre otros aspectos esto es viable gracias a la creación de múltiples recursos y/o “mecanismos" de comunicación (verbal, no verbal, contextual) que posibilitan la construcción y transmisión (tradición oral, ejemplaridad y, hoy, educación formal y no formal) de:

Estos múltiples recursos que una comunidad pone en juego para asegurar la transmisión y reproducción de las claves técnicas y simbólicas de su estilo de vida (14), de su modo de habitar o de estar siendo en el mundo, están íntimamente relacionados con la otra finalidad de la cultura: la producción de sentido en el seno de un determinado dominio relacional.

Gustavo González Gazqués(15), reflexionando sobre la concepción de cultura de Rodolfo Kusch dice que "la totalidad de una cultura difícilmente se obtenga por la sumatoria de sus " partes", sino en todo caso por el hallazgo de aquello que le imprime un sentido específico a cada una de ellas y las integra como totalidad .En consecuencia, la cultura no consiste en una mera totalidad de "cosas", si no de sentidos".

A través de diversos y complejos caminos una comunidad crea un determinado "universo simbólico expresivo" que, por un espacio de tiempo, va a contener las claves simbólicas del estilo general de vida con los modos concretos de garantizar la reproducción de esas claves.

Dentro de ese "universo" y por diversos motivos sociales, voluntarios y/o involuntarios, ciertas "significaciones" (símbolos, imágenes primigenias, ideas y creencias) y "valoraciones" (valores, sentimientos, valoraciones) se irán manifestando con mayor relevancia y resonancia que otras y operarán, implícita o explícitamente, como una red que conecta y da coherencia a los modos de resolver cada "bloque" de relaciones y a esa totalidad histórica y significativa donde se integran:

el percibir, el sentir, el intuir, el pensar, el hacer, el decir, el valorar, el saber, el expresar, el conocer y el organizar de una comunidad.

Es en esa especie de "fondo” entramado, profundo y fundamentador donde se condensan aquellos principios formativos del estilo de vida de una comunidad histórica, que hacen posible la correspondencia entre pensamiento, sentimiento y acción.

Y es justamente en la exploración, comprensión, estudio y enseñanza – aprendizaje y expresión democrática de los distintos “fondos simbólicos” en juego en el seno del espacio cultural contemporáneo que se pueden producir los encuentros.

Es en función de todo lo dicho que proponemos que, cuando en la gestión se tome en cuenta y se explore la realidad con este tipo de enfoque de la cultura, se hable del "campo de la cultura integral". Esto de por sí, y literalmente hablando, amplía el panorama.

Si observamos nuevamente ese esquema de actividades culturales que podría pertenecer a un hipotético Sector Cultural de un determinado gobierno y/o institución privada, podemos darnos cuenta de que las diversas actividades que se desarrollan tienen algo en común: el hecho de que, aunque respondan a diversas ideologías políticas - que, por supuesto, desde la primer perspectiva son construcciones culturales - las actividades mencionadas enfatizan y jerarquizan, dentro del campo más general de la producción de sentido, sólo "algunas parcelas" dejando afuera (excluidas) otras tantas dentro de códigos afines y más aún de otros posibles tipos de creaciones humanas.

Todas las áreas de gestión, cada una a su manera, apuntan con sus acciones a determinado tipo de producción simbólica.El problema aparece, como ya dijimos, cuando sólo se apoya, produce y fomenta una gama de actividades y proyectos y no a otros y, asimismo, cuando algunas corrientes políticas las presentan como la única o más "alta" forma de expresión cultural de "la" sociedad.

En este sentido y por razones estrictamente operativas proponemos denominar a ese conjunto de producciones simbólicas y actividades que expresan algunos aspectos del "campo de la cultura integral" con el propósito de operar dentro y desde el Sector Cultura como: "el campo de lo cultural".

Alguien, frente a estas consideraciones podría, lícitamente, preguntarnos ¿Pero entonces, cuando algunos dicen que "la cultura es una parte", de qué están hablando? Las respuestas posibles son múltiples pero sólo damos una:

Estamos hablando de lo mismo pero en distintas "escalas" y valorizando (recortando) pragmática, ideológica y/o políticamente determinados elementos, procesos y configuraciones culturales sobre otras.

El asunto entonces - tanto en la vida social en general como en la gestión cultural y educativa en particular - es preguntarse) sobre que se ponen en juego en una política cultural.

Por nuestra parte consideramos que “el campo de la cultura integral” es la matriz donde deben abrevar el Sector Educación y el Sector Cultura para promover el encuentro entre ellos y, más que nada, con la gente, con los ciudadanos y sus necesidades y aspiraciones materiales y simbólicas más significativas.

4 - El espacio cultural contemporáneo

Está demás aclarar que esta manera de observar la cultura se complejiza cuando, en un mismo espacio social e histórico y tal como sucede en la actualidad, interactúan y se confrontan actores sociales (gobiernos, grandes corporaciones, grupos, sectores, clases, etnias) que representan distintas formas y proyectos de vida. Al entrecruzarse cotidianamente en un mismo escenario, dichos actores se manifiestan y operan como verdaderas fuerzas culturales que se interpenetran, se afirman, se niegan, buscando concretar hegemonías y posicionamientos que apuntalen sus propios proyectos de vida en el seno de una sociedad.

Es evidente entonces que, al historizar, se hace figura un espacio cultural heterogéneo, dinámico y complejo en el seno del cual se confrontan fuerzas sociales que crean y “encarnan” tendencias culturales de distinto origen y significación, diferentes maneras de percibir, sentir, valorar, pensar, organizar (construir), controlar y reproducir lo “real”.

Hoy lo multicultural se manifiesta en todas las escalas de la vida social y opera como trasfondo a tener en cuenta al encarar tareas de gestión sea en el área que fuera.

Al tratar de describir y comprender esta dinámica que, en muchos casos, adquiere una intensa conflictividad social, se torna relevante esa herramienta que el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla (1982) llamó control cultural y que posibilita la diferenciación entre el campo socio – cultural (y educativo) de “lo propio” y el de “lo ajeno” categorías que, a nuestro entender y más allá o más acá de la tan mentada globalización y el postmodernismo, siguen vigentes y continúan siendo de gran utilidad en el momento de plantear políticas culturales y educativas.

El control cultural tiene que ver, justamente, con la intervención, gobierno, manejo o dirección que se le da a un asunto y es definido por Bonfil como “la capacidad de decisión que tiene un grupo o sector social sobre los elementos culturales” que son todos los recursos de una cultura que resulta necesario poner en juego para formular y realizar un propósito social (16). De esta manera se torna relevante la relación que se establece entre: QUIÉN (grupo o sector social) DECIDE y SOBRE QUÉ DECIDE(elementos culturales) conformándose entre el polo de la autonomía (cultura autónoma, elementos y decisiones propias) y el de la imposición (cultura impuesta, elementos y decisiones ajenas) otras posibilidades: cultura apropiada (elementos ajenos y decisiones propias) y cultura enajenada (elementos propios y decisiones ajenas) (17).

Este tipo de conceptualizaciones dan luz sobre las complejas relaciones que se dieron, y se siguen dando, entre culturas hegemónicas y culturas subalternas. Y, de la misma manera, nos traen a la mano otras categorías que fueron tiradas en “la región del olvido” y que, tal vez, habría que volver a analizar en un contexto como el actual: cultura popular, cultura de masas, cultura de elite, cultura globalizadora o mundializada, etc.

5 - La articulación de los campos

De existir una decisión de abrir y articular los modelos y las prácticas de la gestión cultural y educativa en función de construir un proyecto democrático cultural ¿qué otros aportes, además de los anteriormente enunciados, ofrece la cultura entendida como "una forma integral de vida"?

Yendo desde lo general a lo particular contestamos que, en principio, ofrece una mirada socio-antropológica global al campo de la gestión y ayuda a reflexionar sobre cómo satisfacen distintos grupos humanos tres necesidades insoslayables: vivir, en comunidad, con un sentido.

Al tener en cuenta los modos de resolver las relaciones tanto desde lo físico como desde lo emocional y mental instala la necesidad de reparar en la integralidad de lo humano en el momento de diseñar proyectos de cualquier tipo.

Al ser sistémica (y, por lo tanto, relacional) se vuelve impracticable considerar un objeto, una situación o un determinado proceso cultural sin referirlos al fondo sociohistórico y simbólico dentro del cual adquieren sentido. Así la más pequeña acción o concreción cultural debe ser considerada como un elemento (auto, cuadro, ritual, escultura, dibujo animado, video juego, institución, contenidos educativos, etc.) que siempre forma parte y remite a una determinada totalidad (matriz) de la cual emerge (es construido) y dentro de la cual adquiere funcionalidad y sentido político.

De esta manera al "ponerse en foco" (hacer figura) ya sea un ritual, la sala de exposiciones o, incluso, un partido o movimiento político, debemos recordar que, en el fondo, está "operando" el horizonte simbólico que le otorga un sentido a esa cosa, institución o estrategia. Y, al revés, cuando se hace figura (se pone en foco) cierto sistema de símbolos, valores, ideas y / o creencias irremediablemente se deberá abordar el cómo se plasman, expresan y organizan en la praxis.

Alguien dijo que todo hecho humano es “culturalmente culpable” y, desde nuestra concepción de cultura, así es. Toda actividad humana, toda obra, instrumento o institución nos remiten indefectiblemente a un determinado contexto cultural: a unas coordenadas relacionales, a un tiempo, a un espacio, a unas formas de comunicación y de organizar socialmente la supervivencia y a ciertas maneras de producir y reproducir un universo significativo.

Es evidente entonces que, desde este punto de vista, toda forma de desarrollo humano es cultural y, muy especialmente, el Sector o Sistema Educativo que podría considerarse como “doblemente culpable” porque, dentro de cualquier contexto y desde que existe históricamente como institución, su función principal fue formar culturalmente no sólo a niños y jóvenes sino también a los restantes miembros de una sociedad.

Desde este punto de vista lo obvio se diluye y toda acción educativa (formal, no formal, informal) aparece como una construcción socio- histórica y, en un sentido amplio, cultural.

Lo decimos de otra manera: la educación es siempre emergente de una cultura entendida esta como una forma integral de vida.

No hay educación sin cultura simplemente porque ésta es la matriz, el marco, el contenido y el fin de todo proceso de formación humana. Porque nunca, nadie, educa en el vacío. Se educa desde y por el mantenimiento y proyección de determinadas formas de vida y tomando constantemente decisiones sobre cómo imbricar sistémicamente los elementos culturales (materiales, de organización, de conocimiento, simbólicos y emocionales) en función de la construcción de un determinado proyecto y no de otro.

De allí la importancia que adquiere, en el encuentro entre ambos sectores, el investigar, entender y estudiar la cultura como forma integral de vida y el tener como meta común el desarrollo y la formación humana integral. Porque, al mismo tiempo, todo proceso formativo (educativo) es “total” y cualquier separación entre lo físico, emocional y mental debe ser temporal y operativa. Lo que significa, además, que "alguien" o "todos" deberían tener como función "recordar", poner en marcha y monitorear la unidad.

Y, desde un punto de vista ético hacerse (hacernos), una y otra vez, preguntas como éstas: ¿Desde qué modelo de humanidad estamos operando en nuestra práctica profesional? ¿Es ese el modelo al cual aspiramos y en cuya construcción queremos colaborar? Y si no es ¿Cómo construimos algún otro?

De ninguna manera se pretende, con todo lo dicho, negar a la educación, en tanto campo cultural específico porque ella es, indudablemente, el principal vehículo a través del cual una determinada sociedad o sectores de la misma producen continuidad y sentido en función de la necesidad de concretar sus intereses generales y/o particulares (hegemonías culturales) y de ir actualizándose históricamente en el seno de espacios culturales concretos.

Sólo pretendemos suplantar la obviedad o el desconocimiento del vínculo entre educación y cultura y señalar, enfáticamente, la recurrencia y circularidad que existe entre ambos campos. Es más, desde esta perspectiva no dudamos en decir:

a)que todo docente es un gestor cultural y que, en gran medida, todo gestor cultural educa con su hacer y
b) que haga lo que se haga es imposible no culturar porque consciente o inconscientemente siempre estamos educando en cultura: enculturando (18).

Desde un punto de vista estrictamente operativo consideramos que si se decide, ya sea desde cada sector o desde ambos, tomar “la matriz cultural básica” y el “campo de la cultura integral” como marcos de referencia y acción, se torna imposible no tener en cuenta los siguientes aspectos que, lamentablemente, no siempre están presentes al diseñarse las estrategias de gestión cultural y/ o educativa:

  1. El mundo de la vida cotidiana porque es en la cotidianeidad donde se satisfacen las necesidades básicas y se construye lo subjetivo y lo intersubjetivo, público y común. Se generan distintos circuitos de reciprocidad (positiva o negativa); se “cocinan” los símbolos y se cultiva la forma de cómo vivir con dignidad y justicia (o no). Tomar la cotidianeidadde los distintos protagonistas (alumnos,educadores, gestores culturales, ciudadanos) implica jerarquizarla como campo deexploración y estudioy, primordialmente, como punto de partida y de llegada de toda acción integrada.
  2. Las diferencias y/o desigualdades socioculturales(locales y regionales) entre los sujetos sociales que al interactuar están jugando, también, su identidad cultural.Dar relevancia a la problemática del multiculturalismo,la interculturalidad y la identidadsignifica tener presente que en el conocimiento y el respeto de las diversas formas de estar siendo en el mundo podría hallarse la llave de la democracia cultural. Al tenerse en cuenta estas problemáticas no se pretende considerar a las identidades en juego como fijas y "eternas" porque sería cristalizar algo que, actualmente, es sumamente dinámico y conflictivo especialmente en los grandes conglomerados urbanos. La inclusión y preocupación por lo identitario es clave en estos tiempos de globalización "salvaje" e incertidumbre en los que una supuesta e inquietante "universalidad" tiende a desdibujar cualquier rasgo o señal cultural que no forme parte de ese proyecto expansivo. Desde ya que para nada esto implica negar mecánicamente "lo universal" sino el intento de llegar a ello desde lo propio, aportando ciertas "diferencias que importan" porque tienen valor cultural y sentido. En la libre expresión de las identidades está la clave de la democracia entendida, como lo hace H. Maturana (19), como “la estética del respeto mutuo” y “la aceptación del otro como un legítimo otro en convivencia” (no en desigualdad).
  3. La participación social porque la cultura, mal que les pese a muchos, se sigue caracterizando en gran parte, y más allá o más acá de las concreciones individuales, por ser una constante creación y recreación colectiva y anónima. Un campoen el cual los diversos grupos y / o comunidades se abocan, simultáneamente, a desplegar múltiples “cultivos” enredados, contiguos y/o yuxtapuestos.
  4. La memoria históricaporque ésta, más allá de sus contradicciones, da cuenta de los estilos de vida transitados y deseados que expresan y sintetizan los principios ordenadores de una forma de vida en común y las semillas de su actualización, transformación y futuro.
  5. La creatividad socialque se manifiesta tanto en diversas estrategias para sobrevivir como en la capacidad de renovar los mecanismos de apropiación y resignificación de los elementos de la cultura ajena o impuesta y de reaccionar con nuevas propuestas frente al impacto del proceso globalizador. O. Fullat (1982) (20) dice que "Los griegos, a la producción creadora, la llamaron "poesía" - concretamente poíesis. Con tal "poética" salían templos, ánforas y espadas". Y de eso se trata (sacando las espadas): de que en nuestra poética profesional (conjunto de procedimientos para construir algo) esté incorporada la posibilidad de producir creativamente lo nuevo. De esta manera lo que se debería buscar a través del despliegue de la creatividad es la ampliación de los modelos vigentes y los cursos de acción que se desprenden de los mismos incorporando, como algo fundamental, el mejoramiento de la calidad de vida y la inclusión metodológica de ciertos aspectos que, como la comunicación no verbal, la aceptación de loemocional y otros, fueron descuidados tanto por los agentes del campo educativo como por los de la gestión cultural. No está demás recordar que educar es también descubrir y crear, poneren marcha un proceso de exploración y de invención continua.Un camino para el reconocimiento de las propias bases culturales y la confrontación existencial y reflexiva con lo “otro”, lo “nuevo”, lo “no habitual”. Esto no sólo puede ser altamente enriquecedor y liberador, también puede convertirse en la base de la creación y del descubrimiento de lo que cada uno es.
  6. La problemática de la integración cultural en general. La palabra integración no tiene por qué ser considerada como sinónimo de hibridez y/o degradación. Integrar significa simplemente "componer una totalidad de partes originariamente dispersas" y de nuestro accionar en lo cotidiano, en lo profesional, en lo político o en el campo que sea, dependerá el sentido que finalmente se le otorgue a la integración cultural. Así ésta podrá ser o degradante o plenificante según cómo se resuelva el conflicto de fondo por el control cultural (21). Entendemos que el encuentro fecundo entre educación y cultura significaría un gran aporte en función de componer una totalidad significativa que otorgue sentido a un desarrollo humano y social completo, en el sentido de que satisfaga las necesidades físicas, emocionales y mentales de las mayorías y de las minorías, siempre y cuando éstas no atenten contra los derechos humanos. En el actual contexto globalizador el énfasis debería centrarse, entonces, en la necesidad de un diálogo multicultural y en el respeto por los diversos estilos de vida. No, como suele suceder, en la enajenación y en la imposición cultural.

La consideración e inclusión de estos aspectos propios del “campo de la cultura integral” en "el campo de lo cultural", en el campo educativo y en proyectos de acción integrada significaría el reconocimiento y la valorización democrática del pluralismo y la diversidad.

Y, al mismo tiempo, evidenciaría el esfuerzo de abocarse a rediseñar las áreas existentes y/o a proyectar un nuevo espacio al que proponemos llamar Gestión Integrada: Educación y Cultura.

Somos conscientes que tal vez no sea fácil concretar, en lo inmediato, aunque sea algunas de estas ideas pero también sabemos que el desafío vale la pena y que, el sólo hecho de transmitirlas, es una manera de acercar la utopía y de usarla como un aguijón que nos impulsa a actuar en un determinado sentido y no en otro.

Notas

(1) AA. VV. (1981): Documento de la UNESCO. Subrayados nuestros

(2) Gustav Klemm, hacia l855, incorpora en su definición de cultura: “costumbres, información y destrezas, vida doméstica y pública, en la guerra y en la paz, religión, ciencia y arte”... (y que) "se manifiesta en las ramas de un árbol si están deliberadamente conformadas; en la fricción de maderas para obtener fuego; la cremación del cadáver del padre fallecido; la pintura decorativa de un cuerpo humano; la transmisión de la experiencia pasada a la nueva generación".

(3) Edward B. Tylor, en el año l87l e influido por Klemm, la presenta como “ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, ley, costumbres y toda otra capacidad y hábitos adquiridos por el hombre en tanto miembro de una determinada sociedad ”.

(4) "La cultura consiste en patrones ("patterns" o modelos) explícitos o implícitos, de y para la conducta, adquiridos y transmitidos mediante símbolos, constituyendo los logros distintivos de los grupos humanos, incluyendo sus expresiones en artefactos; el núcleo central de la cultura se compone de las ideas tradicionales (es decir, derivadas y seleccionadas históricamente) y especialmente de los valores que se les atribuyen; los sistemas culturales pueden, por una parte, ser considerados como los productos de la acción; por otra parte, como elementos condicionadores para otras acciones".

(5) Ander – Egg, Ezequiel (1992): Desarrollo y política cultural. Buenos Aires, Ediciones CICCUS.

(6) Ventosa Pérez, Victor J. (1993): Fuentes de la animación socio-cultural en Europa. Madrid, Editorial Popular

(7) Trilla Bernet, Jaume (1997): "Concepto, discurso y universo de la animación sociocultural". En: Trilla, Jaume (coordinador): Animación Sociocultural. Teorías, programas y ámbitos. Barcelona, Editorial Ariel, p. 16.

(8) Colombres, Adolfo (1992): Manual del Promotor Cultural. (I) Bases teóricas de la acción. Buenos Aires, Humanitas Colihue, Tomo I, p. 53. Subrayados nuestros.

(9) Colombres, Adolfo Op. cit., p. 176.

(10) Magrassi, G. E. ; Maya, M. B. y Frigerio, A. (1986: 20): Cultura y Civilización desde Sudamérica. Buenos Aires, Búsqueda - Yuchán.

(11) Obviamente nos referimos al humano varón y/o mujer.

(12) Una primera versión de esta definición fue desarrollada por un equipo de antropólogos formado, además del que suscribe, por: Mariano Garreta, Graciela Palmeiro, Daniel López, Eugenio Carutti y Carlos Martínez Sarasola. Ver: Carutti, E. y otros (1975): La problemática de la cultura, Salta, UNSA. Ver también: Santillán Güemes, R. (1985): Cultura creación del pueblo, Buenos Aires, Guadalupe y Garreta, M. y Bellelli, C., compiladores (1999): La Trama Cultural. Textos de antropología y arqueología. Buenos Aires, Ediciones Caligraf (en este texto Mariano Garreta da su propia versión de la definición en cuestión). Además: Olmos H. A. y Santillán Güemes, R. (2000): Educar en Cultura, ensayos para una acción integrada. Buenos Aires, CICCUS.

(13) Categoría de Estela Ocampo (1985): Apolo y la Máscara. Icaria, Barcelona. Designa como prácticas estéticas imbricadas a aquellos dispositivos simbólico expresivos, por lo general de pueblos no europeos, que desde la mirada occidental podrían considerarse como artísticos pero que tienen como característica fundamental "su dependencia de la cultura íntegra y particularmente de la religión". Esto significa que no prima, en su realización, la función estética. Su opuesto es el arte autónomo occidental especialmente a partir del Renacimiento.

(14) En este caso entendemos por estilo: la predisposición o tendencia social a resolver las relaciones con el medio natural y humano a partir de la valoración y puesta en práctica de ciertas estrategias, facultades, actitudes, aptitudes, habilidades y formas de significar y no de otras.

(15) González Gazqués, Gustavo (1989): "Cultura y "Sujeto Cultural" en el pensamiento de Rodolfo Kusch”. En: Kusch y el Pensar desde América. Compilación y prólogo E. Azcuy. Buenos Aires, CELA, Fernando García Cambeiro, p. 17.

(16) Bonfil Batalla, Guillermo (1982): “Lo propio y lo ajeno. Una aproximación al problema del control cultural”. En: Adolfo Colombres (compilador): La Cultura Popular. México, La red de Jonás Premiá Editora. Este autor clasifica los elementos culturales de la siguiente manera: materiales, de organización, de conocimiento (incluye la capacidad creativa); simbólicos (códigos de comunicación y representación, signos y símbolos) y emocionales (sentimientos, valores y motivaciones compartidas; la subjetividad como recurso). También, entre otras cosas, afirma que: "todo proyecto social requiere la puesta en accion de elementos culturales. no solo para realizarlo: tambien para formularlo, para imaginarlo".

(17) Para Bonfil la imbricación de la cultura autónoma y la apropiada conforma la cultura propia.

(18) Todo el libro, ya citado, de Olmos, H. A. y Santillán Güemes, R. (2000), gira en torno a estos conceptos ofreciéndose, además, herramientas metodológicas ad hoc. El neologismo “culturar”, así, como verbo en infinitivo, pretende recalcar que hagamos lo que hagamos siempre está la matriz cultural operando en el fondo. Aldous Huxley dijo algo que puede parecer lapidario y que tiene que ver con ésto: somos víctimas y beneficiarios de nuestra propia cultura”.

(19) Maturana, Humberto (1992): Emociones y lenguaje en educación y política. Chile, Hachette, l992.

(20) Fullat, Octavi y Sarramona, Jaume (1982): Cuestiones de Educación. (Análisis Bifronte). Barcelona, Ediciones CEAC.

(21) Ver: Santillán Güemes, Ricardo (1985): Cultura creación del pueblo. Buenos Aires, Guadalupe.

Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura 2000
X Cumbre Iberoamericana

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