Educación en Valores Sala de lectura Programa Educación en Valores OEI

Está en:
OEI - Programas - Educación en Valores - Sala de lectura

El pensamiento social y normativo del adolescente. Nociones acerca de la responsabilidad, las leyes, las sanciones y los roles sociales y políticos

Facultad de Filosofía, Cs. de la Educación y Humanidades. Universidad de Morón

Conclusiones

De acuerdo con la concepción de la autoridad, de las leyes y sus funciones, de la responsabilidad y del tipo de sanciones propuestos, pudimos evaluar diferentes niveles de autonomía o heteronomía en el juicio de los adolescentes entrevistados.

Hemos considerado como signos de heteronomía:

Observamos que, si bien los niveles de autonomía tienden a aumentar con la edad de los adolescentes entrevistados, se dan niveles de heteronomía y transición más altos que los esperados de acuerdo con las edades de los sujetos. Así pues, en adolescentes de 17 y 18 años, más de un 20 % conserva un juicio heterónomo y alrededor de un 20 % presenta características de transición. A los 13 años los niveles de autonomía son de un 27 % y los de heteronomía de un 50 %.

Los niveles de autonomía son, por otra parte, mayores en el sexo femenino que en el masculino.

En cuanto al sector social de proveniencia, los niveles observados están dentro de lo esperado:

Recordamos que, desde la perspectiva piagetiana, la moralidad está asociada a la exigencia y el respeto por la ley, que las reglas y su aplicabilidad son efecto de la acción generalizadora de la inteligencia. De este modo, se produce un doble desarrollo: por un lado a nivel de las estructuras intelectuales y, por otro lado, a nivel de la conciencia moral a través del pasaje desde una concepción retributiva de la justicia con reconocimiento de sanciones expiatorias y autoridad externa, a una concepción distributiva de la justicia con reconocimiento de sanciones reparatorias. De este modo, la autonomía sólo aparece con la reciprocidad y el respeto mutuo. Por otra parte, los estadios de desarrollo de la percepción social o asunción social de roles preceden al desarrollo de los estadios de juicio moral. En este sentido, la asunción de roles no implica sólo la capacidad de ponerse en el “lugar” del otro sino en la perspectiva de la comunidad. Una red de reconocimientos recíprocos es lo que permite arribar a una “posición” desde la que se comprende que “la libertad de uno termina donde comienza la de los demás”. De manera que, en la medida en que adquiere una conciencia de las interrelaciones recíprocas que permiten la constitución de la propia identidad, el sujeto transita de la heteronomía a la autonomía.

Adherimos al planteo de Kohlberg en cuanto a que las diferencias entre un juicio moral autónomo o heterónomo por parte de distintos sujetos, estarían asociadas a diferencias previas en la asunción de roles en la familia y en la sociedad en general a partir de diversas interacciones. De modo tal que son la sociedad y las familias las que brindarían al niño, en mayor o menor medida, las oportunidades de asumir roles y así, madurar, hasta lograr la autonomía. Las sociedades modifican sus instituciones y sus prácticas y van generando interacciones que permitirían promover roles complementarios a partir de expectativas compartidas y de reglas que favorecen tales expectativas. El reconocimiento de la sociedad en las oportunidades que brinda a sus miembros para el ejercicio de roles sería, al mismo tiempo, lo que facilitaría o dificultaría el acceso de dichos miembros a una autonomía plena.

Dado que, salvo en el caso de adolescentes provenientes de sectores sociales marcadamente carenciados, la mayor parte de los sujetos entrevistados muestra haber accedido al pensamiento formal, creemos que los altos niveles de heteronomía observados (particularmente en clase baja), estarían relacionados con la insuficiencia de oportunidades para la asunción de roles en el seno de las familias y de la sociedad en su conjunto.

No podemos dejar de correlacionar los resultados obtenidos en el caso de adolescentes provenientes de sectores marcadamente desfavorecidos, con las condiciones de marginalidad y exclusión crecientes que se viven en nuestro país y que tienen repercusiones en distintos espacios en los que estos adolescentes crecen, se forman e interactúan: fundamentalmente la familia, la escuela y la comunidad barrial. Observamos en estos casos, serias dificultades de expresión, a través de un lenguaje pobre en cuanto al léxico y notoriamente deficiente a nivel sintáctico. En muchos de ellos se advierte que no han accedido al pensamiento formal, condición necesaria para el desarrollo de nociones sociales y políticas, y de un pensamiento moral autónomo.

Dice María R. Michel (L. Kohlberg ,1998, Estudio Preliminar) “[…] las normas que nos damos, los argumentos que hacemos utilizando conceptos y juicios no son ya productos biológicos, sino determinaciones culturales, tal como resulta ser también el contenido de nuestras intuiciones, que son productos de la cultura propia de una comunidad con particulares rasgos sociohistóricos. Las intuiciones tiene que ver con el mundo propio en el que nos encontramos, con un tipo de saber empírico […]. Este saber empírico surge de espaldas al conocimiento sistemático, científico, y de cara a las aprehensiones directas […] Aquí la influencia decisiva la ejerce la comunidad en la que vivimos que nos provee de creencias tan fuertes, como el contar como el que el suelo donde estamos parados no se abrirá bajo nuestros pies, y del mismo modo sabemos que hay ciertas normas dentro del grupo que fijan las pautas con las cuales contamos para valorar positivamente algunas acciones pero no otras”. (pag. 67, 68)

En este sentido, nos preguntamos si la dificultad de muchos de nuestros adolescentes para comprender determinadas nociones sociales y políticas y para acceder a un pensamiento autónomo, no es producto de las interacciones y el saber empírico que nuestra sociedad - incluyendo en ella, obviamente, los ámbitos familiar y escolar - les permite construir.

Por otra parte, coincidimos con el señalamiento de Hart, Yates, Fegley y Wilson (1995), de la necesidad de los jóvenes de encontrar una continuidad entre pasado, presente y futuro para lograr un pensamiento autónomo y una identidad social. En este aspecto, nuestros adolescentes han nacido, crecido y viven en el presente de una democracia, pero la historia que la precede, permanece en muchos sentidos “opaca”, soslayada e irresuelta (como así también muchos de los hechos presentes que tienen que ver con la corrupción política y económica y su tratamiento en el ámbito de la Justicia), a la vez que la dimensión futura se muestra cargada de incertidumbre, no sólo en el aspecto laboral, sino en uno más amplio y fundante: el del proyecto de vida de nuestro jóvenes.

Admitiendo que el ejercicio del juicio moral permite cuestionar las normas instituidas, las prácticas y las instituciones mismas, observamos que nuestros adolescentes ponen de manifiesto esta capacidad crítica fundamentalmente respecto de las acciones y de las personas de los gobernantes y también de la institución escolar. Sin embargo, muchos de ellos no pueden deslindar las instituciones y la organización política de la sociedad, de la imagen de quienes ejercen funciones políticas en la realidad concreta y más inmediata, en la que ellos viven. De este modo, la vía mediante la cual “resuelven” el problema es la de “cancelar” las instituciones; esto es, arrojan, por así decirlo, al niño junto con el agua sucia. Sus intuiciones están, en estos casos, impregnadas emocionalmente y no se da un nivel de juicio crítico que permita cuestionar desde el previo reconocimiento de la necesidad de funciones e instituciones sociales y desde la anticipación de ciertos mecanismos para preservarlas.

Desde la perspectiva enunciada, creemos que resulta necesario constituir espacios favorecedores y estimuladores del desarrollo del pensamiento social, político y moral ( recordemos que él es condición necesaria, si bien no suficiente de un obrar moral maduro y autónomo) de los adolescentes:

· A través de la educación: no sólo en el espacio áulico, mediante estrategias didácticas adecuadas favorecedoras de interacciones e intercambios que posibiliten la generación de “conflictos” y la “visión” desde diferentes perspectivas (versiones), sino también en el trabajo con los padres. Ello requiere, sin duda, de docentes y profesionales formados y capacitados para el desarrollo de programas y proyectos de esta naturaleza. Además, y a partir de lo expuesto anteriormente, es preciso enfatizar la necesidad de construir en el ámbito escolar ( para que el adolescente las pueda respetar y cumplir), reglas que hagan a la convivencia y al respeto mutuo y, por otro lado, ejercitar y afianzar prácticas democráticas, más allá de lo meramente enunciativo o discursivo. En este sentido, no olvidamos que la escuela es ( o debería serlo), el espacio fundamental de construcción de lo público y de saberes públicamente legitimados, mediante una igualdad de oportunidades real y no tan sólo declamada (espacio que, hoy por hoy, parece estar predominantemente en manos de los medios masivos de comunicación, particularmente la TV).

· A través de programas de servicio social: Como señalan muchos de los autores mencionados a lo largo de este trabajo, coincidimos en la importancia fundamental de motivar a los adolescentes para su incorporaración en tareas de servicio social para las que, en la mayoría de los casos, se sienten naturalmente inclinados (así lo reflejan también en sus respuestas). Ello, indudablemente, favorecería una mejor autoimagen, a la vez que impulsaría conductas morales solidarias.

Creemos que al favorecer el desarrollo del pensamiento autónomo y crítico de los adolescentes en la actualidad, no sólo se contribuye al crecimiento moral de ellos en tanto personas sino, también, al futuro de la sociedad que los tendrá como protagonistas plenos y al de la democracia misma.

Finalmente, es nuestro propósito, que esta investigación constituya un aporte válido para el desarrollo de programas y proyectos que posibiliten el crecimiento y desarrollo de nuestros adolescentes en el sentido señalado. Nosotros mismos, deseamos dar continuidad a este trabajo en el futuro, a través de una propuesta de proyecto educativo para el desarrollo del pensamiento social, político y normativo del adolescente.

Sigue Boletín

Regresar Índice

Formulario de suscripción gratuita a las Novedades del Programa Educación en Valores

Programa Educación en Valores
Inicio Programa | Sala de lectura

Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Buscador | Mapa del sitio | Contactar
| Página inicial OEI |