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La construcción democrática de las normas como factor regulador y favorecedor de la convivencia escolar y del aprendizaje

M. Luz Lorenzo

0.- Necesidad de innovación en los mecanismos de regulación de la convivencia.

De todos es conocida la actual situación que parece manifestarse en amplios sectores del sistema escolar en cuanto a que existe cierto grado de dificultad colectiva para mantener el orden y disciplina en las aulas de Secundaria, y que genera un clima, que no es precisamente el más adecuado para el avance en el aprendizaje conductual y de razonamiento.

Con ello ya estamos aceptando correlación existente entre conductas en el aula, clima escolar, y posibilidad de desarrollo de capacidades de aprendizaje. Y aunque esta cuestión en sí misma ya es suficiente, no sólo por ello, sino por el grado de satisfacción o frustración, de capacidad o impotencia, de bienestar o ausencia del mismo que genera en el docente, es también por lo que es importante abordar este aspecto esencial de la educación.

Pero de todos es conocida también, la inutilidad del uso del Reglamento cuando sólo apercibe o sanciona conductas, pues es notorio que éstas continúan repitiéndose y demandando de un abordaje educativo.

Si la respuesta desde el exterior: la aplicación del Reglamento al yo del sujeto, en este caso al alumnado, nos va sumiendo poco a poco en cierto sentimiento de dificultad y de caos, habrá que pensar en qué mecanismos utilizar para que progresivamente se vayan dando cambios a conductas escolarmente aceptables que repercutan en un mejor clima escolar, así como en un mayor rendimiento, y por tanto poder hablar de logros en el aprendizaje, también conductual, y que puedan ser generalizables al ámbito social.

Si nos preguntamos sobre los mecanismos, lo ideal es que éstos contribuyan con la formación de un yo autónomo del sujeto, capaz de discernir entre lo aceptable y no aceptable, no sólo para uno, sino también para el grupo al que se pertenece, y en última instancia, también universalizable. Y no sólo de discernir, sino de comprometerse en la elección conductual y con la asunción de consecuencias que conlleva. Un yo que manifieste coherencia entre pensamiento y acción.

Este yo autónomo, responsable y democrático, surgirá en gran parte de la posibilidad de construir un aprendizaje con tales características. Es decir, un aprendizaje de construcción democrática de las normas que regularicen la conducta tanto individual como grupal, y en este caso, escolar.

Es aquí donde nos surgen las primeras preguntas, las primeras dudas. ¿ Es posible construir democráticamente desde el aula, toda la normativa escolar? ¿ Es posible hacerlo con un alumnado que manifiesta serias dificultades para mantener los mínimos conductuales necesarios para realizar un razonamiento que conduzca a tal fin? Y siendo posible, ¿habría que suprimir el reglamento normativo de los centros?

1.- Posibilidad de construir democráticamente las normas: Funcionalidad de la palabra del alumnado.

Respecto a si es posible construir democráticamente toda la normativa escolar desde el aula, cabe decir que ello no es estrictamente necesario para poder hablar de proceso de construcción democrática de las normas, aunque sí deseable y con posibilidad de avance gradual hacia tal logro, cuando así se constituye en objetivo de trabajo en el centro. Es decir, el alumnado puede ir construyendo normas necesarias para la convivencia en el aula y en el centro, como a modo de ejemplo, levantar la mano antes de hablar; exigir el derecho a ser respetado, respetar al otro para poder exigir ese derecho; escuchar; entrar y salir de clase al modo de personas que crecen: con tranquilidad; exigir el derecho al respeto del espacio común que le pertenece, respetar los espacios comunes; etc.. y con ello, preparar los contenidos de participación en espacios de la estructura formal del sistema, como Juntas de Evaluación que analizan la dinámica de aula, avances, logros.....Juntas de Delegados y Jefes de Estudio que analizasen los grados de participación y acuerdos tomados, de la repercusión del diálogo establecido en las aulas, y en definitiva donde se manifestase la importancia y funcionalidad de la palabra del alumnado. Ello indudablemente, contribuiría con un clima que ayudase en la construcción real de una comunidad democrática escolar, y que podría permitir la participación en la elaboración de las normas y acuerdos en los que también otros agentes de la comunidad educativa participan, como a modo de ejemplo, confección de horario, de calendario, distribución del uso de instalaciones, elección de actividades extraescolares, etc... pues al fin, qué es una norma mas que un acuerdo o convección que regula la manifestación de cierta conducta. De ahí la importancia del procedimiento, de la asunción de acuerdos, y de los valores que la sostentan.

2.- ¿Cómo construir democráticamente las normas?

a) Estilo dialógico en la relación: Importancia de la acogida.

Respecto a si es posible iniciar y mantener un proceso de construcción democrática con un alumnado que se muestra de modo indisciplinado, no sólo la respuesta es que es posible, sino que es precisamente, cuando es más necesario, para lograr ese clima por todos deseado, siendo entonces la cuestión, el cómo.

En primer lugar habrá que respetar aquellos principios que hagan posible el aprendizaje para vivir en democracia construyendo desde el consenso democracia. Principios como el del “estilo dialógico en la relación” pues ya está claro que el profesor o profesora actual no es aquel que representando un ideal de la sociedad se eleva por encima de su individualidad apropiándose de una autoridad de la que proviene el respeto las normas. Ahora bien, ello nos dice de la importancia del “marco relacional” y cuya primera percepción por parte del alumno va a ir unida al estilo de acogida que se le manifiesta cuando se incorpora al centro. Será importante una acogida que le transmita que éste va a ser tenido en cuenta, que va a ser respetado y por lo tanto, también se le va a exigir lo mismo, que va a ser protagonista en su aprendizaje, que su punto de partida, que lo que desde su reflexión y autonomía manifieste en su participación, va a contribuir en la construcción del estilo de vida escolar, y mostrándole, que ya todo está preparado para que este proceso se de.

b) Estrategias metodológicas y finalidad de las mismas:

En segundo lugar habrá que cuidar las estrategias metodológicas que contribuyan a tal fin. Es decir a:

        1. - Elaborar una normativa de aula que responda a las necesidades, derechos y deberes de los alumnos y alumnas.
        2. - A que el alumno y alumna, al realizar una elección también lo haga de las consecuencias que implica, y por tanto, capacitarle para una elección autónoma de conducta.
        3. - Aprender a vivir en democracia, construyendo desde el consenso democracia.

Cuando el grupo de alumnos no nos plantea dificultad de intervención, es fácil preparar actividades que requiriendo de un razonamiento, posibiliten la toma de acuerdos con una metodología asamblearia.

La dificultad se presenta, cuando en el grupo existen alumnos y alumnas que así nos lo plantean. Entonces, importante son las estrategias metodológicas que se empleen, así como la finalidad de las mismas, en el sentido de que el objetivo para el que se utilicen no sea exclusivamente el del tratamiento de un contenido, sino que gracias a la secuenciación intrínseca de la propia actividad, y gracias al orden en que se presenten, se constituyan en hilo conductor o método de abordaje que conduce al fin que nos proponemos. Es así, que en el caso de grupos de los que estamos hablando, éstos nos demandan diferentes tipos de procedimientos, necesitando comenzar con los vivenciales que incidan en su campo afectivo, para continuar con los más relacionales, e ir preparando el terreno para una participación del alumnado en las actividades que inciden en el razonamiento. Además, las actividades deberán plantear una reflexión crítica y autocrítica sobre conductas reales, sobre los propios conflictos, reflexión que tiene que potenciar la autonomía e incitar a un cambio o reforzamiento de conducta, lo cual es necesario para lograr coherencia entre pensamiento y acción. Y sin olvidar que deben posibilitar el autocontrol respecto a los compromisos adquiridos y así contribuir al proceso de acuerdos en torno a la construcción de las normas, lo que es necesario en el intento de aprender a vivir en democracia.

Como puede apreciarse, serían actividades que trabajasen sobre la autoestima del alumnado, sobre el tipo de percepciones que percibe, sobre presión de grupo, sobre habilidades sociales, sobre distintos tipo de comunicación además del verbal, sobre situaciones que le ayudasen a situarse en el punto de vista de los compañeros, abordar la educación sexual, la existencia de personas con hándicaps, etc.. Actividades que permitirán tratar sobre el contenido concreto de la misma, pero a su vez, con la doble finalidad de adquirir ciertas habilidades, de ser potenciadoras de climas, de reflexión empática, crítica, autocrítica, de la toma de compromisos conductuales, etc..

3.- Reglamento normativo ¿para qué?

La ya larga experiencia me dice, que cuando el alumno construye y se compromete, también cumple. Y no sólo eso, sino que se siente satisfecho, se siente agente activo, que crece, y al que se tiene en cuenta, y por lo tanto que tiene un valor apreciable, al igual que los otros también. Y cuando no cumple, ahí está el grupo para hacer cumplir los compromisos democráticamente asumidos, pues como tal, el grupo también evoluciona desde la situación heterónoma hacia una autonomía gradual y que también incluye la exigencia a la tutora, al docente, para que así sea, pues ya éstos se han ganado ese ascendente que les hace líderes y gestionadores de la autoridad que el grupo les infiere.

El Reglamento de Centro va siendo diferente a los actuales, teniendo que responder a nuevos retos y exigencias, pues serían entendidos como instrumentos para que los poderes formales contribuyeran facilitando la construcción de esa democrática comunidad escolar, y sólo en contadísimas ocasiones, con carácter de apercibimiento o sancionador. El acólito dependiente tendería a desaparecer. La autoridad estaría en la comunidad: la escuela, y por ende, en el grupo social al que pertenece, pues se ha constituído en factor de cambio de una sociedad que se iría adueñando de esa libertad que genera la autonomía, y que exige, a su vez, a los poderes formales, ser gestores de la responsabilidad inferida.

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NOMBRE: Mª Luz lorenzo Vicente
e-mail: luzloren@euskalnet.net

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