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Organización
de Estados
Iberoamericanos

Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura

Cumbres Iberoamericanas

XI Cumbre

XI Conferencia Iberoamericana de Educación

Valencia, España, el 27 de marzo de 2001

Intervención del Presidente del Gobierno de España, D. José María Aznar, ante el Consejo Directivo de la OEI

(Valencia, 26 de marzo de 2001)

Señor Secretario General,
Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores,

La Organización de Estados Iberoamericanos ha mantenido unos objetivos claros desde su fundación hace ya 52 años. Estos objetivos, según expresión de sus fundadores, son "la cooperación de los países iberoamericanos en los campos de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura, en el contexto del desarrollo integral". A estos objetivos se suma el del logro de una integración regional a la que la OEI ha contribuido desde sus inicios.

España no solo comparte las metas de esta Organización y por ellas ha trabajado, sino que quiere seguir dando a las mismas todo el apoyo e impulso necesarios para alcanzar el mayor número de logros concretos.

Por eso recibo con especial agrado la Medalla de Oro de la OEI que hoy me entregan, en nombre propio y en el de todos los españoles que a lo largo de estos años han dedicado sus mejores esfuerzos en el quehacer de la Organización. Quiero, con mi asistencia hoy aquí, subrayar la importancia que España concede a los organismos de integración iberoamericanos y destacar, también, el protagonismo que tiene la educación en nuestras tareas de Gobierno.

Queremos un futuro mejor para Iberoamérica. Un mundo en el que la parcela iberoamericana que nuestras lenguas, el español y el portugués, delimitan, avance con voz propia, con dinamismo, utilizando el rico legado común que compartimos, hacia un futuro más desarrollado. Nos corresponde trabajar para que cada hombre o mujer pueda acceder a los conocimientos que le permitirán ser libre y responsable de su propio bienestar, sin las ataduras de la ignorancia. Esa será la mejor contribución que podamos hacer para consolidar un futuro de libertad, de democracia y de paz en Iberoamérica.

Para ese día de mañana que no queremos lejano, el esfuerzo ha de ser conjunto. La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura tiene una larga historia de cooperación entre nuestras naciones y un listado de avances y logros que corre paralelo a la consolidación de las instancias de encuentro y concertación regionales.

Señoras y Señores,

La Educación es el único instrumento capaz de transmitir a las nuevas generaciones el legado cultural y científico de la civilización a la que pertenecen y al que tienen derecho. Y, junto a ese legado, el conjunto de valores que dotan a cada persona de la capacidad para trazar sus propias metas personales. Me refiero a valores como el sentido del esfuerzo, la responsabilidad por los propios actos, el afán de superación personal o el respeto por las normas de convivencia. Es desde esos valores y desde esos conocimientos como se construye una sociedad capaz de progresar. Para ello hay que empezar desde el principio, allá donde es necesario. Por eso me parecen tan importantes los esfuerzos desarrollados en las iniciativas centroamericanas de alfabetización y educación básica para adultos que tanto en El Salvador como en República Dominicana, Honduras y Nicaragua, están dando importantes resultados.

La ultima década ha sido intensiva en reformas de los sistemas educativos en Iberoamérica. La década que acabamos de comenzar también augura importantes cambios. Pero no quisiera dejar en el tintero una alusión a algunos logros de los sistemas educativos en Iberoamérica: la extensión de la educación básica, la generación de mecanismos de evaluación de la calidad y los procesos de descentralización que han fortalecido la capacidad de gestión de los centros de enseñanza.

Pero Iberoamérica mira hacia delante. No se queda atrás. Ejemplo de ello son países como México, Panamá, Chile, Brasil, Argentina, Perú y otros, que han emprendido reformas importantes en sus sistemas de enseñanza. Estos países quieren seguir avanzando en su forma de hacer sociedad. Quieren hacer de la educación la mejor de sus apuestas. Reformas que tienen un objetivo claro: la modernización de sus sistemas educativos.

Pero aún quedan desafíos que ganar. En la pasada Cumbre Iberoamericana que celebramos en Panamá, me referí a los principios democráticos que forman parte de la civilización que compartimos. Que hace que veamos como indeseable cualquier otro sistema de organización política. Pues bien, la capacidad para formar criterio propio, indispensable para tomar parte en un sistema basado en la opinión y en la participación ciudadana, depende sustancialmente de la educación recibida. Se necesitan conocimientos, se necesitan criterios, para que las poblaciones no sean manipulables y para que las democracias no resulten ficticias. Este es un desafío que hay que afrontar.

Otro desafío es el del incremento de la cobertura de la educación. Una "educación para todos" que debe hacerse realidad. Deben continuar los esfuerzos para garantizar a todos los niños y niñas una educación básica de calidad, como insistimos también en la ultima Cumbre Iberoamericana. Y a partir de ahí una extensión paulatina del Nivel Inicial.

Y un tercer desafío es la incorporación de las Nuevas Tecnologías en la educación, lo que abrirá sin duda extraordinarias posibilidades a la difusión de los conocimientos y a la formación y perfeccionamiento docente. El equipamiento telemático para centros educativos, los contenidos digitales para la enseñanza obligatoria, la formación de profesores en el uso de las nuevas tecnologías y el acceso generalizado a Internet en las bibliotecas publicas nunca podrán sustituir ni las enseñanzas del maestro ni el esfuerzo que cada alumno ha de hacer para aprender. Pero pueden reforzar ambos, y por ello debemos considerarlos tareas que deben estar en el horizonte de nuestras ambiciones. El Gobierno español otorga especial importancia al Programa CIBEROAMERICA, de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana, que quiere hacer realidad el anhelo de conformar una "comunidad virtual iberoamericana", al servicio de las instituciones educativas y de toda la población.

Señoras y Señores,

España no es ajena a esta era de reformas educativas. Nuestro país también afronta un proceso de reflexión educativa profundo, serio, pero sobre todo prometedor. Un proceso que ha dado lugar a un programa reformista que abarca cambios en todos los niveles de nuestro sistema educativo; desde la Enseñanza Primaria, pasando por la Educación Secundaria y la Formación Profesional, hasta llegar a la Universidad. Un proyecto que asume las reformas como condición indispensable para asegurar que cada alumno adquiere un bagaje de conocimientos suficiente para afrontar su propio futuro.

El ámbito educativo es reacio a las reformas. Todos lo hemos experimentado. Pero también sabemos, como sabe la sociedad, que una parte importante de los criterios pedagógicos introducidos en las últimas décadas han demostrado ampliamente su fracaso. No podemos conformarnos con la mediocridad. No podemos darnos por satisfechos si algunos alumnos terminan sus años de formación sin dominar los saberes básicos.

Por eso, la meta de las reformas que estamos emprendiendo es la calidad. Una calidad que ha de ser medida en términos de resultados -es decir, de conocimientos y valores adquiridos por el alumno- y no, como equivocadamente se hace en ocasiones, en términos de los recursos empleados.

Hay demasiados dogmas en el ámbito educativo. Muchos de ellos de orden pedagógico. Otros de naturaleza social. Uno de ellos -el primero que debe ser puesto en cuestión- es el que considera que la extensión de la educación debe llevar necesariamente aparejada un descenso de la exigencia y de la calidad. Hace dos décadas España logro universalizar la enseñanza. Ahora el reto es evitar que ello se traduzca en enseñar menos o en consentir que se aprenda menos. Nuestros escolares deben aprender más. Solo así podrán hacer frente a un mundo que cada vez les va a exigir más.

Tenemos una tasa de fracaso escolar demasiado elevada en enseñanza secundaria obligatoria y bachillerato, lo que pone en evidencia la desmotivación que soporta una parte de nuestro alumnado. Desmotivación que es compartida y padecida, muy a pesar suyo, por el propio profesorado, y los directores de los centros escolares, que vienen demandando un cambio profundo en el seno de sus escuelas e institutos. El estudiante ha de ser consciente de que él es el primer responsable de su propia educación. Que sin el estudio y el esfuerzo que solo él puede hacer no habrá aprendizaje posible. Tenemos que hacer un esfuerzo por recuperar ese espíritu.

No podemos dar por bueno que haya alumnos que terminen sus años de escolarización sin dominar los saberes básicos: la lectura, la escritura, las reglas matemáticas y los fundamentos de nuestra cultura tanto en el ámbito de las Ciencias como en el de las Humanidades.

Tenemos niños inmigrantes en los que tenemos depositadas muchas de nuestras esperanzas, pero que necesitan una atención especial de forma que su integración en el sistema educativo sea efectiva.

Necesitamos dar solución a estos problemas y otros más. Necesitamos rigor, exigencia y calidad. Necesitamos también introducir elementos que transformen nuestras escuelas, que las haga diferentes. La diversidad debe ser nuestra norma, no la excepción. Y aquí desempeñan un papel fundamental los profesores y directores de nuestras escuelas e institutos.

Si queremos de verdad que nuestros hijos tengan acceso a una educación de calidad, que responda a sus habilidades y aptitudes, que no les desmotive, es fundamental que en nuestras escuelas haya profesionales capaces de liderar las mismas. Por eso, es nuestra obligación procurar el cambio; profesionalizar la función directiva de los centros escolares, hacerla atrayente para nuestros profesores, establecer mecanismos en la elección del director, y sobre todo otorgar reconocimiento profesional de la función directiva. No se trata sólo de mejorar la formación de nuestros directores, o concederles mejoras económicas y profesionales, sino además de dotarles de medios que refuercen su propia autoridad y la de sus profesores.

Tenemos una formación profesional que desde hace tiempo pide mejoras. Debemos reforzar el reconocimiento de las cualificaciones adquiridas, y encontrar mecanismos que hagan atractivo para los empresarios colaborar en la formación de los alumnos.

Necesitamos inyectar prestigio y calidad a nuestra formación profesional. Reforzar en ella la calidad y la adecuación para su meta principal: ser útil a la hora de lograr un empleo.

Las reformas deben llegar al ultimo escalón del sistema educativo: la Universidad. Desde que en 1983 se aprobara la Ley de Reforma Universitaria, el desarrollo que ha tenido lugar en las universidades españolas ha sido muy considerable. Y hoy muchos de los elementos que motivaron aquella han sido superados, y otros necesitan ser revisados y adaptados.

Necesitamos premiar la excelencia universitaria, adecuar el sistema universitario a las nuevas exigencias de calidad que su propio desarrollo viene exigiéndole. Ello significa apostar por el binomio autonomía/responsabilidad: autonomía docente y organizativa, unida a una efectiva rendición de cuentas ante la sociedad de los medios que ésta le proporciona para cumplir su tarea. También significa mejorar el gobierno de las universidades y hacer más fiable la selección del profesorado universitario.

Señoras y Señores,

España comparte con Iberoamérica muchos elementos comunes en política educativa que ilustran nuestra cercanía y preocupación en un tema tan prioritario y trascendental como es la educación de nuestros pueblos. Los lazos que unen a España con Iberoamérica y que, por consiguiente, nos identifican, hacen que la colaboración activa sea un elemento de cooperación que trasciende más allá del mero intercambio de experiencias y conocimientos entre nosotros.

Debemos seguir impulsando iniciativas y proyectos que tanto ayudan en la consecución de un nuevo entorno de cooperación educativa capaz de guiar al sistema educativo en el siglo XXI más allá de localismos estrechos a los que en tantas ocasiones nuestro conocimiento universal se quiere someter y reducir. Ello pasa por conseguir sistemas educativos maduros y modernos, ajenos a los dogmas fracasados, que tengan como principal distintivo la preocupación por la calidad y la excelencia.

En este sentido, el marco que inspira la Organización de Estados Iberoamericanos es merecedor de elogio por cuanto contribuye a fortalecer el conocimiento, la comprensión mutua, la integración, la solidaridad y la paz entre los pueblos iberoamericanos a través de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura.

Debemos seguir haciendo esfuerzos en fomentar la educación como la alternativa válida y viable, la mejor, para la defensa de las libertades. Nuestros pueblos han de ser libres, han de sentirse libres, han de proveer a sus ciudadanos una educación de calidad que prepare al ser humano para el ejercicio responsable de la libertad, la defensa de los derechos humanos y el progreso que deseamos para Iberoamérica y España. La OEI, no me cabe la menor duda, que contribuirá sin medir esfuerzos en pro de estos nobles fines. Unos fines que yo hago míos y de todos los españoles.

Muchas gracias.

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