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XI Cumbre

XI Conferencia Iberoamericana de Educación

Valencia, España, el 27 de marzo de 2001

Discurso de apertura del Secretario General de la OEI, Francisco Piñón

Señoras y Señores.

Creemos que esta Conferencia tiene un carácter particular, por los temas que vamos a tratar, y por las circunstancias en las que tiene lugar.

En concordancia con lo propuesto por la Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Gobierno, hemos querido, también nosotros, dedicar este espacio y esta oportunidad de encuentro a reflexionar sobre lo actuado durante la diez Conferencias que la OEI, en colaboración con los Ministerios de Educación de los respectivos países, ha organizado hasta este momento.

Consideramos que es el momento de realizar un balance que tenga en cuenta, por una parte, las intenciones y propuestas formuladas y, por otra, los resultados obtenidos a partir de la puesta en práctica de las mismas.

Si una mirada evaluativa de lo hecho hasta este momento nos parece absolutamente conveniente y necesaria, no resulta menos pertinente plantearnos otras cuestiones como: el modelo de Conferencia que queremos para el futuro; la relación entre las Conferencias y las Cumbres; las características que deben tener los programas surgidos de estas reuniones, incluyendo su financiamiento; la posibilidad y oportunidad de poner en marcha nuevas iniciativas de cooperación educativa; o de tomar decisiones sobre las que están en marcha.

La importancia y alcance de los temas a considerar resulta evidente, como evidente nos parece, la oportunidad que hoy tenemos de comenzar una nueva andadura en el terreno de la cooperación educativa iberoamericana.

Estamos convencidos de que nunca antes se había dado una conjunción de circunstancias y condiciones tan favorables para el desarrollo de proyectos comunes en favor del mejoramiento de la calidad de la educación en todos y cada uno de nuestros países.

Un recorrido por algunas de esas circunstancias y condiciones nos permite verificar la certeza de lo que venimos afirmando.

Al interior de cada país puede constatarse la existencia de algunos elementos que propician la ejecución de aquel tipo de proyectos.

Primero y ante todo, el reconocimiento que nuestras sociedades y gobiernos, han hecho de la educación como impulsor de los procesos de desarrollo, lo que ha supuesto una jerarquización del sector educativo en el contexto de las políticas públicas.

Segundo, la conciencia de que no basta la universalización de la enseñanza, aspecto en los que nuestros gobiernos han logrado extraordinarios logros en los últimos años, si no que el aumento cuantitativo de puestos escolares debe ir acompañado de una mayor calidad de la educación impartida.

Tercero, la voluntad de incrementar la cuantía de los recursos dedicados al sector educativo con el objeto de garantizar el logro de los objetivos planteados y en particular, ayudar corregir los problemas de inequidad que afectan a nuestras sociedades.

Esto, que en algunos casos no ha tenido un reflejo presupuestario significativo, se ha traducido, sin embargo, en el esfuerzo de las autoridades ministeriales por construir una educación que responda a las nuevas demandas formativas, elevando los niveles de calidad y corrigiendo las condiciones de inequidad que afectan a nuestros sistemas educativos.

Como muestra de las consecuencias de ese esfuerzo puede subrayarse el notorio mejoramiento de las capacidades técnicas de los equipos ministeriales, que ha permitido asimilar, incorporar y desarrollar de forma endógena desde metodologías pedagógicas hasta modelos de organización y gestión adecuados a las realidades locales y que están siendo aplicados con éxito por diferentes países.

En el contexto internacional ha venido tomando forma, desde hace ya algunos años, lo que algunos llaman un nuevo modelo de cooperación. Este modelo intenta coordinar los elementos clásicos de la cooperación: demanda; oferta financiera y oferta técnica eliminando o al menos relativizando los desiguales términos de la relación entre receptor y donante, recuperando la concepción de cooperación horizontal.

El modelo se complementa y apoya en fuertes desarrollos metodológicos de diseño, seguimiento y evaluación de los proyectos que sirven de recaudo, en particular, a la oferta financiera.

Un efecto, creemos que positivo, de esta forma de entender la cooperación es lo que podemos llamar la ‘multilateralización’ de los proyectos que, al posibilitar el desdoblamiento de la función de oferta, permite convocar a las mejores opciones técnicas para cada una de las etapas de los mismos.

La aplicación de este modelo al campo social está permitiendo que sectores como la educación no dependan casi exclusivamente de las donaciones que puedan derivarse de las relaciones bilaterales.

La creciente importancia que la educación está adquiriendo en el contexto del proceso de globalización y las mencionadas características de este modelo de cooperación parecen ser dos de las condiciones que han impulsado a los organismos internacionales de financiación a comprometer, una cantidad cada vez mayor de recursos, en el desarrollo de proyectos orientados al sector educativo.

Si los grandes bancos han percibido el cambio de las condiciones en que se desarrolla la cooperación en educación y están actuando en consecuencia, otro tanto podemos decir de los organismos internacionales dedicados a este tema.

Después de muchos años de demanda por parte de los países miembros, parece haber llegado la hora de asumir que la eficacia y la eficiencia de la cooperación dependen, entre otros factores, de la unidad de acción que estos organismos sean capaces de generar en los proyectos en que intervengan.

La coordinación interagencial ha dejado de ser una meta deseable para convertirse en una necesidad inexcusable si queremos que la cooperación vuelque, en los destinatarios de la misma, toda su capacidad y el máximo de sus recursos.

Por eso, queremos aprovechar la oportunidad de esta Conferencia para invitar a todos los ministerios aquí presentes y a las instituciones con las que compartimos ámbitos de actuación geográficos y temáticos, a que continuemos con el esfuerzo que desde la OEI hemos impulsado durante estos dos últimos años. Acordemos y coordinemos nuestras intervenciones de forma que podamos asegurar el mejor uso de los recursos aplicables a proyectos, para que el resultado de estos tienda a optimizarse.

Si la actitud de las agencias financieras y de cooperación permiten una lectura esperanzadora del panorama internacional, las condiciones políticas del mismo son precisamente, las que nos llevan a afirmar que estamos ante unas circunstancias que no debemos desaprovechar.

Para verificarlo no tenemos más que recurrir a las manifestaciones que las máximas instancias gubernamentales de nuestros países han realizado en foros como la Cumbre de las Américas; la Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe; las reuniones de Educación para Todos realizadas en Santo Domingo y Dakar y más recientemente en el PROMEDLAC de Cochabamba y muy especialmente las Conferencias Iberoamericanas de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno y las mismas Conferencias Iberoamericanas de Educación.

En todos los casos, los Presidentes y los Ministros han demostrado la determinación de los gobiernos de la región de mantener a la educación en el centro de las políticas públicas orientadas al desarrollo. En todos los casos la cooperación ha sido un mecanismo privilegiado con el que apoyar la ejecución eficiente de esas políticas.

Los espacios y actividades de intercambio, concertación y compromiso arriba señalados han sido una permanente fuente de inspiración para todas las instituciones que intentamos colaborar en el fortalecimiento del papel de la educación en Iberoamérica.

En el caso de la OEI la principal referencia ha sido, como no podía ser de otra manera, la de las Conferencias de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno.

En ellas han encontrado cabida las propuestas, definiciones, declaraciones y proyectos salidos de nuestras Conferencias. Ellas han definido con claridad las prioridades que marcan las agendas educativas de la región y desde ellas se ha dado forma a los objetivos educativos que representan las metas propuestas por nuestras sociedades.

Si las pautas de las Cumbres para el sector educativo han sido muchas, claras y precisas, lo actuado por las mismas en materia de cooperación tiene, por lo menos, igual significación.

La convicción de que la cooperación resulta uno de los mecanismos más adecuados para la aplicación solidaria de recursos a la prevención y resolución de problemas que requieren de la intervención pública, llevó a las Cumbres a la creación de instancias e instrumentos que facilitasen la puesta en marcha y el seguimiento de programas y acciones de ese tipo. Con este sentido se aprobó el Convenio para la Cooperación en el Marco de la Conferencia Iberoamericana y su respectivo Manual Operativo, se instituyó la figura de la Comisión de Coordinación y de Responsables de Cooperación y, más recientemente, se creó y puso en funcionamiento, la Secretaría de Cooperación Iberoamericana.

La creación de la SECIB, con la que venimos colaborando desde su misma creación, ha resultado una de las más importantes decisiones tomadas por las Cumbres. Ella se ha constituido, rápidamente, en una instancia de coordinación y seguimiento que, sin lugar a dudas, está potenciando y ordenando la cooperación desarrollada en el marco de las Cumbres.

Todo ello nos pone frente a la evidencia de que el desarrollo coordinado de programas de cooperación en el ámbito educativo iberoamericano cuenta con las condiciones necesarias para una ejecución respaldada por las máximas instancias políticas de la región.

Pero también nos pone ante la necesidad de revisar y adaptar nuestras formas operativas para hacer consistente nuestra acción con las pautas planteadas.

Por todo esto es que creemos que el objetivo de esta Undécima Conferencia debe ser el de abordar cada uno de los temas que trataremos a lo largo del día de hoy, con nuestro pensamiento puesto en la construcción de formas cooperativas innovadoras, que aúnen pertinencia con simplicidad, concreción y sostenibilidad de las acciones que nos propongamos.

No debemos olvidar que las Conferenciaa, además de constituir un ámbito de encuentro, intercambio y consenso, han logrado convertirse en punto de referencia para los Jefes de Estado y de Gobierno en lo relativo a los temas educativos. Desde ella y a través de sus Declaraciones los ministros y ministras de educación dan a conocer, a las Cumbres, a la comunidad y a la Secretaría General de la OEI, sus propuestas, intenciones, preocupaciones, e intereses sobre la realidad educativa de Iberoamérica.

Para la OEI las Conferencia, se han convertido en fuente principal de orientación e inspiración para el diseño y actualización de su Programación. De la simple comparación entre las recomendaciones realizadas por las CIE y las líneas programáticas seguidas por la OEI, queda en evidencia que estas últimas han ido reflejando y adecuando su definición de acuerdo con el interés de los ministerios de educación por los diversos temas y cuestiones expresados en aquellas

Por otra parte, las resoluciones adoptadas por las Conferencias, ponen de manifiesto la diversidad de situaciones que vive el sector educativo en cada uno de los países participantes, postulándose como verdaderos planes de acción para el corto plazo. En este sentido resulta deseable que algunas de esas resoluciones puedan concretarse en propuestas de proyectos a presentar a la Cumbre Iberoamericana o directamente a ser incorporados por la OEI a su actividad programática.

Hemos tratado de describir las oportunidades que presenta la situación actual de la cooperación en el ámbito de la educación en estos momentos. Creemos que esas condiciones, tanto por las circunstancias de cada país como por las del contexto internacional, justifican el esfuerzo y dedicación necesarios para profundizar en ellas y obtener, a corto plazo, importantes y positivos resultados.

Para ello necesitamos contar con los medios técnicos e institucionales que nos faciliten la tarea. Creemos que resulta evidente que ese medio no puede ser otro que esta Conferencia Iberoamericana y que el instrumento para ejecutar la labor no es otro que la propia OEI.

Nos atrevemos a afirmar esto porque la OEI es la única organización que, operando principalmente sobre el sector educativo tiene, en sus órganos directivos y en esta misma Conferencia, representados a los mismos países que las Cumbres Iberoamericanas, siendo este un elemento que relaciona directamente las decisiones de los Presidentes con la acción de los ministerios y de la misma institución.

También lo decimos porque la particular composición de esta Conferencia y de la OEI nos permite recoger y representar a las distintas sensibilidades y posibilidades que se dan a ambos lados del Atlántico tanto en políticas educativas como en políticas de cooperación.

Nos reafirmamos en nuestra idea cuando podemos constatar que los países europeos presentes en nuestra Organización, facilitan la relación con uno de los más activos actores de la movilización de recursos dedicados a la cooperación: la Unión Europea.

Aunque podríamos seguir enumerando argumentos de este tipo, el último que nos vamos a permitir mencionar tiene relación con nuestra todavía corta gestión. Los acuerdos y convenios, informados durante el Consejo Directivo, con UNESCO, la GTZ, el Convenio Andrés Bello, la OEA y próximamente con el BID, más la colaboración directa con UNICEF, CEPAL y otras instituciones de similar peso y cualificación, han abierto la posibilidad de que la OEI asuma el papel de catalizador de una corriente de cooperación técnica y financiera en el ámbito educativo iberoamericano.

Todos ustedes saben que las Conferencias son una instancia prevista en los Estatutos de la OEI. En realidad, con el nombre de Congreso, fue la instancia que dio origen a la OEI.

También saben, porque ustedes o sus antecesores en el cargo así lo han decidido, que no se ha necesitado ningún tipo de indicación para poner a las Conferencias, desde casi el inicio de las Cumbres, al servicio de las mismas.

Hoy, tenemos la obligación, pero también el derecho de hacer de este espacio un instrumento más eficaz, más eficiente, y por lo tanto, más adecuado, para proponer, diseñar y ejecutar las acciones necesarias para atender a los requerimientos educativos de nuestros pueblos.

Estas son nuestras oportunidades y estos son los desafíos que las mismas nos presentan. De nuestra capacidad y decisión dependerán los resultados que obtengamos.

Muchas gracias.

Valencia, 27 de marzo de 2001

XI Conferencia Iberoamericana de Educación
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